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WestPoint · Infraestructura de hardware

Los treinta días de grabación nunca fueron treinta.

Servidores, almacenamiento, corriente de respaldo, armarios y sala técnica: lo que sostiene por debajo un sistema de seguridad. Se dimensiona con una cuenta y se comprueba con el sistema funcionando, no en la hoja de características.

El día que hay que sacar la grabación.

Y resulta que de aquello ya no queda nada.

Alguien pregunta por un camión que entró hace tres semanas. El contrato decía treinta días de grabación, así que se va a buscar y no está: el sistema guarda dieciocho. Nadie lo ha cambiado, nadie ha borrado nada y nadie se había dado cuenta.

Lo que pasó es fácil de explicar y nadie lo explicó a tiempo. Los treinta días salieron de una cuenta hecha en invierno, con doce cámaras y con el caudal medio de cada una. Después se añadieron seis, se subió la calidad de dos para leer matrículas y llegó el verano, con catorce horas de luz. El disco es el mismo y la cuenta ya no sale.

Un número de terabytes no es un número de días. Los días dependen de cuántas cámaras hay, de cuánto detalle tiene cada una, de cuántas horas se mueve algo delante y de si se graba siempre o sólo cuando pasa algo. Cambia una de las cuatro y cambian los días.

Dimensionar no es elegir el modelo de arriba.

Un servidor de vídeo hace tres trabajos distintos, y cada uno pide una cosa distinta de la máquina.

El primero es recibir las imágenes y escribirlas en disco: no es difícil, pero no para nunca, y lo que pide es aguante. El segundo es mostrarlas, y es el que más cuesta, porque para ver dieciséis cámaras en una pantalla hay que descomprimir dieciséis vídeos a la vez. El tercero es entender lo que se ve, y ése no se arregla con más potencia del mismo tipo: se arregla con la pieza que sirve para eso, que es una tarjeta gráfica.

Por eso un servidor bien elegido para grabar se atasca el día de la inauguración, cuando seis personas abren a la vez mosaicos de dieciséis cámaras. No está mal comprado: está dimensionado para el trabajo que no se ve.

Y hay una decisión previa que cambia el resto: si algún día se va a analizar ese vídeo. Dejar sitio para eso desde el principio cuesta muy poco; hacerlo después es cambiar el servidor. En la misma casa está Infinity Neural, así que la pregunta la hacemos siempre, aunque casi siempre la respuesta sea que no.

Un cuarto técnico como una caja abierta, con dos paredes quitadas para ver dentro. En el centro, un armario negro con las bandejas apiladas: el panel de conexiones arriba, debajo el conmutador, los servidores, la cabina de discos y la batería de respaldo. A la izquierda, un aparato de aire acondicionado sopla aire frío hacia el armario en flechas azules, y por la rejilla de la derecha sale el caliente en flechas naranjas. Junto a la puerta, un extintor.

Un conjunto de discos no es una copia de seguridad.

Es la confusión más repetida de este oficio, y la que deja a más gente sin su grabación.

Un sistema de discos con redundancia protege de una cosa concreta: que se rompa un disco. Se rompe, el sistema sigue funcionando y se cambia la pieza sin apagar nada. Eso es mucho, y es todo lo que hace.

No protege de que alguien borre la grabación, ni de que la borre a propósito quien tenía permiso. No protege del incendio que se lleva el armario, ni del robo del grabador, que es lo primero que se lleva quien sabe lo que hace. Y si lo que se escribe está mal, se escribe mal en todos los discos a la vez.

Además, reconstruir tiene un precio del que no se habla. Mientras el sistema rellena el disco nuevo —horas, o días en conjuntos grandes— los demás discos trabajan al máximo, y es justo el momento en que es más probable que caiga el segundo. Si cae ahí, ya no hay nada que reconstruir.

Así que el almacenamiento se decide con dos preguntas: cuánto aguanta esto funcionando si se rompe una pieza, y qué pasa si desaparece el sitio entero. La segunda no tiene respuesta técnica — la decide el cliente.

Los primeros cinco minutos sin luz.

Casi todas las instalaciones tienen equipo de respaldo. Casi ninguna sabe cuántos minutos da con lo que tiene enchufado hoy, que nunca es lo que tenía el día que se calculó.

Hay un error que se repite muchísimo: respaldar el grabador y no los switches. El grabador sigue encendido, perfectamente, grabando nada — porque las cámaras se alimentan del switch y el switch está apagado. Si algo tiene que seguir funcionando durante un corte, tiene que seguir funcionando la cadena entera: cámaras, switch, grabador y el puesto desde el que se mira.

Después está el orden. Cinco minutos de respaldo sirven para que un parpadeo no se note; dos horas son otra decisión y otro precio. Y si el corte es largo, hay que haber decidido qué se apaga primero y qué se apaga último, y que el servidor se apague solo y ordenado en vez de quedarse sin corriente a mitad de escribir — la forma más habitual de estropear una grabación.

Y las baterías envejecen sin decirlo: un equipo de seis años da la mitad de lo que daba y sigue enseñando las luces verdes hasta el día del corte. Por eso la autonomía se mide con todo en marcha, y se vuelve a medir cada año. Es media hora que casi nadie dedica.

El armario está en el cuarto de la limpieza.

Lo hemos encontrado muchas veces, y casi siempre con la puerta cerrada.

Un grabador y un switch juntos dan calor todo el día. Dentro de un armario cerrado en un cuarto sin ventilación, en julio ese armario pasa de cuarenta grados. Los discos son lo primero que se muere de calor, y no de golpe: duran dos años en vez de seis, y nadie lo relaciona con la temperatura.

Así que el armario es una decisión, no un sitio donde quepa. Cuánto espacio libre deja, por dónde entra y sale el aire, qué lo filtra si el ambiente tiene polvo —una nave de carpintería no es una oficina— y si hace falta refrigerar o basta con mover el aire. Más un termómetro que avise, que es lo único que convierte un problema futuro en un aviso.

Dentro hay dos cosas más que parecen menores. El cableado: cuarenta latiguillos iguales, cruzados y sin etiquetar convierten cualquier cambio en una hora de riesgo, porque para mover uno hay que tocar treinta. Y la llave, porque todo el sistema de seguridad del edificio vive dentro de ese armario, y llegar hasta él suele ser bastante más fácil que entrar en el almacén que las cámaras vigilan.

Aquí, fuera, o las dos cosas.

Las tres valen. Lo que no vale es elegir sin saber qué se pierde con cada una.

Todo en casa es lo que tiene casi todo el mundo: el vídeo no sale de la instalación, funciona aunque se caiga la línea y nadie de fuera toca las imágenes. A cambio el equipo es tuyo — lo pagas, lo mantienes, lo refrigeras y lo sustituyes —, y si el sitio se quema o alguien se lleva el grabador, se va con él lo que había dentro.

Todo fuera quita ese trabajo y añade una dependencia: una subida de internet que aguante todo el vídeo todas las horas —mucho más de lo que la gente imagina— y una cuota que no se acaba. Para cuatro cámaras en una tienda puede ser la mejor decisión posible; para ochenta en una nave, no sale.

Lo que funciona en instalaciones grandes casi siempre es repartir: grabar todo en casa y sacar fuera sólo lo que tiene que sobrevivir al sitio — lo que ha disparado una alarma, lo que hay que conservar por un expediente abierto, o una copia en baja calidad de las cámaras que no se pueden perder. Y hay un argumento que no es técnico y decide bastante: dónde están las imágenes y quién puede mirarlas. En banca eso no es una preferencia.

El hardware envejece con fecha.

Y la fecha se puede saber con dos años de margen, que es la diferencia entre un presupuesto y una urgencia.

  • Los discos de un grabador se eligen para escribir sin parar, porque eso es lo que hacen: un disco de ordenador de oficina funciona y dura mucho menos, porque está pensado para estar parado casi todo el día. Y uno que lleva cinco años escribiendo está al final de su vida aunque funcione: cambiarlos por calendario cuesta dinero, cambiarlos cuando fallan cuesta la grabación de esos días.
  • Las actualizaciones se aplican con plan y con forma de volver atrás: buena parte tapan agujeros por los que se entra, y la otra mitad de los problemas de un sistema estable llega el día que alguien actualizó a mediodía.
  • Todo equipo tiene una fecha en la que deja de tener soporte y recambios. Saberla con dos años de margen convierte una sustitución en una línea del presupuesto del año que viene; no saberla convierte una avería en una urgencia con lo que haya. Y un repuesto que tarda tres semanas en llegar no es un repuesto: qué piezas conviene tener a mano se decide al proyectar.
  • Un servidor de siete años no se sustituye por otro igual, porque ya no existe. Por eso la documentación vale tanto: con ella la máquina nueva se pone en un día; sin ella, a base de pruebas.

Lo que no hacemos.

No damos días de grabación sin decir de qué cuenta salen: treinta días con estas cámaras, con esta calidad y con este movimiento delante. Si mañana se añaden seis ya no son treinta, y eso se dice el día que se añaden.

No apretamos un servidor al límite para que entre en el presupuesto: una máquina que va al noventa por ciento el día de la entrega no tiene sitio para lo que se va a añadir, y siempre se añade algo. Y no montamos un armario donde sabemos que en agosto no va a poder estar: si no hay sitio adecuado, lo honesto es decir que hay que hacer uno.

Y no llamamos copia de seguridad a un conjunto de discos con redundancia. Lo escribimos aquí porque nos lo han dicho a nosotros, en una reunión, delante del cliente — y el cliente se lo creyó.

Cómo lo compruebas tú mismo.

Cinco comprobaciones, esta semana, sin tocar nada.

  • Pide una grabación de hace exactamente los días que te prometieron. No de hace una semana: del plazo entero. Es la comprobación que más sorpresas da.
  • Pregunta qué pieza se tarda más en conseguir si se rompe hoy. Si nadie lo sabe, la respuesta la vas a descubrir el día que se rompa.
  • Abre el armario un día de calor y mete la mano. Si el aire de dentro está caliente y quieto, ya sabes qué se va a romper primero.
  • Pregunta cuántos minutos aguanta el sistema sin luz y si alguien lo ha medido con todo encendido. Un número que viene de la caja no es una medida.

Lo que preguntan sobre el equipo.

Las que más se repiten. Hay 25 sobre esto, y las otras 19 están en el índice de preguntas.

Todas las preguntas, por tema
¿Cuántos días de grabación caben en mi sistema?

Los que salgan de la cuenta, y en la cuenta hay cuatro variables: cuántas cámaras hay, qué caudal genera cada una, cuántas horas al día graba de verdad y cuánto espacio queda utilizable después de la redundancia de discos y del propio sistema. Cambia una de las cuatro y cambian los días.

Por eso un número de terabytes no es un número de días, y por eso el dato que aparece en muchos contratos —«treinta días»— es una consecuencia, no una característica del equipo.

Y la comprobación honesta no es mirar la configuración, que dirá lo que se le puso. Es pedir una grabación del día más antiguo del plazo prometido y verla. Es la comprobación que más sorpresas da.

Cómo se dimensiona el almacenamiento Cómo graba y busca IRIS Neural

¿Cómo se hace de verdad la cuenta de los días de grabación?

Se convierte el caudal en volumen y se multiplica por los días. La equivalencia que hace falta es una: un megabit por segundo sostenido son unos diez coma ocho gigabytes al día. Con eso ya se puede hacer la cuenta con lápiz y papel.

Un ejemplo, y es solo un ejemplo: veinticuatro cámaras con un caudal medio de cuatro megabits por segundo son noventa y seis megabits por segundo, que a razón de diez coma ocho gigabytes al día por megabit dan algo más de un terabyte diario. Treinta días serían unos treinta y un terabytes de vídeo. Sobre eso hay que sumar lo que se lleva la redundancia de discos y dejar espacio libre para que el sistema trabaje con holgura, así que la compra real es bastante mayor que la cifra de la cuenta.

El punto flojo de todo esto son esos cuatro megabits. Si vienen de la hoja de características, la cuenta ya nace mal. Se miden con las cámaras puestas, en la escena real y a la hora peor, que es de noche y con movimiento delante.

La cuenta del almacenamiento, paso a paso Cómo se dimensiona un proyecto

¿Por qué tengo menos días de grabación de los que me prometieron?

Casi siempre porque la instalación cambió y la cuenta no se rehízo. Se añadieron cámaras, se subió la calidad de dos para poder leer matrículas, llegó el verano con catorce horas de luz y con mucho más movimiento delante. El disco es el mismo y la cuenta ya no sale.

La segunda causa es que la cuenta original se hiciera con el caudal medio de las cámaras en lugar de con el real. Un sistema calculado con la media guarda los días prometidos los días tranquilos, que son justo los que a nadie le hacen falta.

No es un fallo del equipo ni hay nada borrado: el sistema va tirando lo más antiguo, que es lo que tiene que hacer. Lo que falló fue no rehacer la cuenta. Por eso cada vez que se añade una cámara hay que decir cuántos días quedan a partir de ese momento.

Por qué los treinta días nunca fueron treinta Qué comprueba cada revisión del sistema

¿Grabar solo cuando hay movimiento ahorra tanto como parece?

Ahorra mucho donde no pasa nada y casi nada donde pasa algo, que suele ser donde importa. Un almacén cerrado de noche puede bajar muchísimo; una calle con tráfico o un muelle de carga en horario laboral graban prácticamente en continuo, así que el ahorro previsto no aparece.

Y tiene un coste que hay que aceptar: la detección tiene que dispararse antes de que ocurra lo interesante. Se configura con unos segundos de pregrabación para no perder el principio de la escena, y aun así una detección mal ajustada se deja cosas fuera. En una zona que importa de verdad, ese riesgo no compensa el disco que ahorra.

Lo que solemos hacer es mezclar: continuo con pocos fotogramas por segundo y subida de calidad cuando hay evento. Así no hay agujeros en la línea de tiempo y el disco dura bastante más.

Qué ocupa de verdad el vídeo guardado Qué detecta IRIS Neural en la escena

¿Por qué no valen los discos de un ordenador normal?

Porque el trabajo es distinto. Un disco pensado para vigilancia está hecho para escribir sin parar, todos los días, con varios flujos entrando a la vez y con la vibración de otros discos girando al lado. Uno de sobremesa está pensado para estar parado casi todo el día y trabajar a ratos.

Puesto en un grabador funciona, y dura mucho menos. Además se comportan distinto ante un error de lectura: uno de escritorio puede quedarse reintentando un rato largo, y la controladora del conjunto lo interpreta como que el disco ha muerto y lo expulsa. Con eso basta para desencadenar una reconstrucción que nadie había pedido.

Y hay una parte que no depende del modelo: un disco que lleva años escribiendo sin parar está al final de su vida aunque funcione. Cambiarlos por calendario cuesta dinero; cambiarlos cuando fallan cuesta la grabación de esos días.

Los discos y las cabinas que montamos Discos Seagate para grabación continua Discos Western Digital, ficha de marca

¿Qué tipo de RAID conviene para vídeo?

Depende de cuántos discos hay y de cuánto se puede perder. Con pocos discos, un esquema que aguante la caída de uno suele bastar. Con muchos, conviene uno que aguante dos, porque el riesgo real no es que falle un disco: es que falle el segundo mientras se está reconstruyendo el primero.

La redundancia se paga en capacidad, y eso hay que contarlo en la compra, no descubrirlo al formatear. Un conjunto de discos siempre ofrece menos espacio del que suman las etiquetas de sus discos.

Y hay una decisión previa que se piensa poco: repartir en varios conjuntos medianos en vez de montar uno enorme. Reconstruir un conjunto muy grande tarda mucho más, castiga a todos sus discos a la vez y deja más tiempo la instalación sin red de seguridad.

Cómo se monta la redundancia de discos Cabinas NetApp, ficha de marca Almacenamiento Synology, ficha de marca

Empezar

¿Cuántos días de grabación tienes de verdad?

Cuéntanos cuántas cámaras hay, qué se graba, cuánto tiempo hay que guardarlo y dónde está el equipo. Con eso hacemos la cuenta y te decimos si lo que está puesto da para lo que te prometieron. A veces da, y también se dice.