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Cuarenta terabytes no son cuarenta días. Hagamos la cuenta.
Almacenamiento en red para instalaciones medianas: sencillo de administrar, barato por terabyte y suficiente para mucha más instalación de la que la gente cree. Con dos sitios donde deja de ser la respuesta, y conviene saber cuáles son.
Qué clase de fabricante es.
Synology · Almacenamiento — Almacenamiento en red para instalaciones medianas. Y lo que de verdad vende no es el hierro.
Lo que vende es que se administra sin ser especialista. Se pone en el armario, se meten los discos, se configura desde el navegador y a partir de ahí hay avisos por correo cuando un disco se pone raro, un sistema de copias con horarios y usuarios y permisos. Para una empresa sin departamento de informática grande, eso vale más que unas décimas de rendimiento.
En vídeo aparece de tres formas. Como almacenamiento donde graba un servidor de vídeo, con el volumen montado por red. Como sitio donde se deja la copia de lo que hay que conservar más tiempo. Y, en instalaciones pequeñas, como grabador él mismo, con el software de vídeo corriendo dentro de la propia caja.
Y tiene una cosa que conviene mirar y casi nadie mira: la lista de discos validados. Que un disco entre en la bahía no significa que esté probado ahí. Con grabación continua esa lista importa, porque un disco no validado puede funcionar meses y luego dar problemas que nadie atribuye al disco.
La cuenta que nunca coincide con el folleto.
Vamos a hacerla despacio, con números de ejemplo, para que se pueda repetir con los tuyos.
Una cámara que manda tres megabits por segundo escribe, en un día entero, algo más de treinta gigabytes. Veinte cámaras así son más de seiscientos gigabytes al día. Con eso, cuarenta terabytes dan unos sesenta días. Ésa es la cuenta del folleto, y es la que nunca se cumple.
Lo que se lleva por delante esos días son cuatro restas que nadie hace. Primera: la capacidad que pone en la caja no es la que queda después de formatear, y lo que se pierde no es poco. Segunda: si hay redundancia, uno o dos discos no cuentan como capacidad —son los que permiten que se rompa uno sin perder nada—. Tercera: un volumen lleno al tope se porta mal, así que se reserva un margen. Y cuarta, la peor: los tres megabits de la cámara son una media, y en una escena con movimiento se van bastante más arriba.
Esa cuarta es la que rompe los contratos. La compresión moderna gasta poco cuando la imagen está quieta y mucho cuando se mueve todo. La cuenta se hizo en enero, con doce cámaras y pocas horas de luz; llega el verano, con catorce horas de sol, árboles moviéndose y el aparcamiento lleno, y el caudal real sube. El disco es el mismo y los sesenta días se han quedado en treinta y cinco.
Así que la forma honesta de dar un número es ésta: se hace la cuenta, se deja margen, y a las dos semanas de funcionamiento se mide lo que está escribiendo de verdad y se corrige. Un plazo de grabación sin esa segunda parte es una estimación vestida de compromiso.
Qué pasa el día que falla un disco.
Y por qué la reconstrucción es el momento de más riesgo de toda la vida del sistema.
Con redundancia, un disco se rompe y no pasa nada visible: el sistema sigue grabando y avisa. Se mete el disco nuevo y empieza a reconstruir, es decir, a rellenarlo a partir de los demás. Eso tarda, y cuanto más grandes son los discos, más: en una cabina llena pueden ser muchas horas, y en algunos casos días.
Durante todo ese tiempo pasan dos cosas a la vez. Los demás discos están trabajando al máximo, que es cuando es más probable que uno de ellos se rinda; y el sistema está sin red de seguridad, porque el disco que protegía ya se ha gastado en esta avería. Si cae el segundo disco ahí, no hay nada que reconstruir. Por eso con discos grandes conviene tolerar dos fallos y no uno, y por eso un disco de repuesto esperando en la propia cabina —que entra solo en cuanto falla uno— vale lo que cuesta.
Y el recordatorio que hay que repetir siempre: eso no es una copia de seguridad. Protege de que se rompa un disco y de nada más. No protege de que alguien borre las grabaciones, ni del incendio del cuarto, ni de que se lleven el equipo entero, que es lo primero que se lleva quien sabe lo que hace.
Dónde encaja, y dónde deja de encajar.
Es la sección importante de esta página, porque es donde se decide el presupuesto.
Encaja muy bien en instalaciones medianas: una sede, entre unas pocas y unas decenas de cámaras, un plazo de grabación razonable y una o dos personas mirando. Encaja como destino de la copia de lo que hay que conservar, y como segundo sitio donde dejar lo que no se puede perder. Y encaja donde no hay departamento de informática, porque se puede administrar con formación corta.
Deja de encajar por tres motivos. El primero es el caudal: muchas cámaras escribiendo a la vez sobre un volumen en red, y a la vez gente leyendo grabaciones de hace días, es un perfil que pide más de lo que parece. El segundo es la continuidad: estos equipos tienen una sola controladora, así que una avería de la propia caja —o una actualización— deja el almacenamiento parado, y un sistema que no puede parar necesita otra clase de cabina. El tercero es la capacidad: llega un punto en que crecer a base de cajas de expansión se convierte en un montón de cajas encadenadas, y eso es frágil de mantener y difícil de vigilar.
Dónde no lo pondríamos.
Como único sitio donde vive la grabación de algo importante, no. Si la grabación de esa nave es lo que va a sostener una reclamación, tiene que haber una copia en otro lugar, por pequeña que sea o por selectiva que sea.
Tampoco como almacenamiento de una instalación grande con muchos puestos leyendo a la vez, ni en un sistema que no puede detenerse ni media hora. Y no lo pondríamos con discos de sobremesa dentro: es la forma más rápida de ahorrar hoy y perder grabaciones dentro de dos años.
Y no lo pondríamos expuesto a internet. Un almacenamiento en red accesible desde fuera, sin actualizar y con la contraseña de fábrica, es un blanco: ha habido oleadas enteras de ataques contra equipos así. Esto vive en su red, sin salida directa, y se actualiza.
Qué hacemos nosotros con él.
- La cuenta escrita y con sus restas a la vista: capacidad real después de formatear, discos de redundancia, margen libre y caudal medido por cámara. Y la revisión a las dos semanas con el sistema funcionando.
- Redundancia elegida según el tamaño de los discos, no por costumbre, y un disco de repuesto esperando dentro de la cabina cuando los discos son grandes.
- Los avisos configurados y probados de verdad: sacar un disco y comprobar que llega el correo a alguien que lo va a leer. Un aviso que nadie recibe no es un aviso.
- La copia de lo que no se puede perder, en otro sitio, con la restauración probada delante del cliente. Y el equipo en su propia red, actualizado y sin salida a internet.
Quién lo administra cuando nos vamos.
Esto lo lleva tu gente sin problema, y es una de las razones para elegirlo.
La administración es de las más sencillas de todo este terreno: se hace desde el navegador, los avisos son claros y cambiar un disco roto es abrir la bahía y meter el nuevo. Una persona de informática, o incluso de mantenimiento con un par de horas de formación, puede llevarlo: mirar el estado, atender un aviso, sustituir un disco y comprobar que las copias se hacen.
Las tres cosas que conviene que queden por escrito son: que las actualizaciones del equipo se aplican con una ventana acordada, porque el almacenamiento se reinicia y la grabación se detiene mientras tanto; que nadie guarda ahí otras cosas de la empresa, porque el día que el volumen se llena la grabación se para; y que cuando se cambia un disco se anota la fecha, para saber cuántos años llevan puestos los demás.
Lo nuestro después es rehacer la cuenta cuando entran cámaras nuevas o se sube la calidad de alguna, decidir si toca cambiar de liga y revisar una vez al año si el plazo de grabación que pone el contrato es el que el sistema está dando de verdad. Pedir la grabación del día más antiguo que se prometió es la comprobación que más sorpresas da.
Dónde seguir.
Los días de grabación dependen de los discos que haya dentro, y los discos tienen su propia conversación.
Empezar
¿Cuántos días de grabación tienes de verdad?
Dinos cuántas cámaras hay, con qué calidad graban y cuántos terabytes tienes puestos. Hacemos la cuenta con las restas a la vista y te decimos los días reales, no los del folleto. Si dan de sobra, también se dice.