Recintos feriales y estadios
Donde el aforo es una obligación legal y una cifra equivocada es un problema con la administración, no un error de informe.
Neural Pax · Homologado por el CEM
Contar personas es fácil. Que el número resista una inspección, un contrato de alquiler por afluencia o la pregunta de un juez, no. Neural Pax es el único contador europeo homologado por el Centro Español de Metrología para hacerlo de forma autónoma, automática y en tiempo real.
Cualquiera puede poner un contador en una puerta. Hay sensores de barrera por cien euros, hay analítica en casi todas las cámaras modernas y hay hojas de cálculo con el número que apuntó alguien. Todos dan un número.
El problema llega el día que ese número tiene que salir de tu casa. Lo pregunta una inspección cuando hay que justificar un aforo. Lo pregunta el propietario cuando el alquiler se calcula por afluencia. Lo pregunta el anunciante que paga por impactos. Lo pregunta el comité cuando hay que decidir cuánto personal poner un sábado. Y lo pregunta un juez, si algo salió mal y hay que reconstruir cuánta gente había.
En ese momento «lo cuenta un sistema que tenemos» no vale. Hace falta poder decir quién ha comprobado que ese sistema cuenta bien — y que ese alguien no seamos nosotros.
Y qué NO significa, que es la mitad que nadie explica.
El Centro Español de Metrología es el organismo que en España decide si un instrumento mide bien. Es el mismo que homologa una báscula de carnicería, un surtidor de gasolina o un radar de tráfico: cuando compras un kilo de algo, el CEM está detrás de que sea un kilo.
Homologar no significa que el sistema no se equivoque nunca. Significa que un organismo independiente midió cuánto se equivoca, en qué condiciones, y lo puso por escrito con su sello. Eso es exactamente lo que hace falta cuando el número va a un expediente: no una promesa del fabricante, sino la medición de un tercero que no vende el producto.
La precisión que recoge esa homologación es del 98 al 99 %. No es una cifra nuestra y por eso se puede decir: es la que midió quien homologó, y está en el documento.
Y ojo con el alcance, que es donde suele haber trampa: lo homologado es el conteo de personas hecho como marca el protocolo, con la cámara donde debe estar y con el encuadre que exige. Montado de otra manera cuenta igual de bien o de mal, pero ya no está homologado. Eso hay que decirlo antes de instalar, no después.
Va aquí arriba y no escondido al final, porque es lo que hace creíble el resto.
Que sea el más preciso del mercado. No lo sabemos: para afirmarlo habría que haber medido todos los demás en las mismas condiciones, y no lo hemos hecho. Lo que sí sabemos y se puede comprobar es que es el único europeo homologado para hacer esto de forma autónoma.
Que tenga efectividad absoluta. No existe. Un sistema que mira imágenes se equivoca, y el valor de éste es justo que alguien de fuera midió cuánto.
Que funcione igual montado de cualquier manera. No: la homologación cubre un montaje concreto, y si tu puerta no permite ese montaje, te lo decimos antes de venderte nada.
Y que valga para todo. Esto cuenta personas. No las identifica, no las reconoce y no sabe quiénes son — por diseño, como se explica más abajo.
Cinco situaciones concretas, que son las que se repiten.
La parte que le interesa a quien va a integrarlo o a mantenerlo.
La diferencia entre contar y contar bien está en no perder a nadie de vista. Un sistema que detecta personas en fotogramas sueltos cuenta dos veces a quien se para en la puerta y no cuenta a quien pasa tapado por otro.
Aquí cada persona se sigue como un rastro continuo desde que entra en el área de conteo hasta que sale, así que cruzar la línea dos veces no suma dos. En aglomeración, que es donde todos los contadores se rompen, es lo único que sostiene el número.
Y descarta lo que no es una persona. Un carro de la compra, un cochecito de bebé, una caja, un paraguas, la sombra de alguien a las siete de la tarde. Todos ellos se mueven y todos ellos hacen que un contador barato cuente de más.
Y no es una promesa: es la geometría del montaje.
La cámara se instala en ángulo cenital, mirando hacia abajo. Desde ahí lo que se ve de una persona es la parte superior de la cabeza y los hombros — no la cara, no los rasgos, nada que permita distinguir a alguien de otro alguien.
Eso no es una configuración que se pueda desactivar: es dónde está puesta la cámara. Un sistema que cuenta desde arriba no puede identificar aunque quisiera, y esa es la diferencia entre cumplir el RGPD por diseño y cumplirlo por promesa.
Cuenta personas; no sabe quiénes son, no las reconoce entre visitas y no guarda nada que permita hacerlo después. Cuando alguien pregunta si esto es reconocimiento facial, la respuesta es que no puede serlo.
Aforo actual, máximo y medio. Entradas y salidas por acceso. Total de pasos. Y el dato que casi nadie tiene: por dónde entra la gente de verdad, que casi nunca es por donde se pensaba.
Las estadísticas se actualizan cada minuto, así que sirven para decidir ahora —abrir otra puerta, mandar a alguien a una cola— y no sólo para el informe del mes que viene.
Y como el criterio no cambia, la serie histórica vale. Comparar este noviembre con el anterior es una comparación de verdad y no dos estimaciones puestas una al lado de la otra.
Con la mayoría de las cámaras IP del mercado. Cuáles exactamente en tu instalación depende de tu instalación: de dónde están puestas, de qué ángulo tienen y de qué se ve desde ahí. Eso se comprueba antes de prometer nada.
No publicamos una lista de marcas compatibles porque una lista de marcas le dice a quien tiene otra que lo suyo no encaja, y normalmente no es verdad. La pregunta útil no es qué marca tienes: es dónde está esa cámara y qué se ve desde ella.
Y si la cámara que hay no permite el montaje que exige la homologación, se dice. Contar se puede contar igual, pero entonces ya no es un número homologado — y si lo que necesitabas era el papel, más vale saberlo antes.
Lo que Lemon Neural entiende
Personas: cuántas, por dónde y cuánto tiempo.
Cada una es una grabación del sistema funcionando. Pasa el ratón por encima —o tabula hasta ella— para verla en movimiento.
Los sitios donde el número tiene consecuencias.
Donde el aforo es una obligación legal y una cifra equivocada es un problema con la administración, no un error de informe.
Donde el alquiler de los locales se calcula por afluencia y el número lo miran dos partes con intereses contrarios.
Andenes, vestíbulos y accesos: cuánta gente hay ahora decide si se abre otra puerta o se refuerza un turno.
Donde el aforo protege lo que hay dentro y hay que poder demostrar que se respetó.
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Antes de hablar de precio hay que ver una cosa: dónde está la cámara que vigila ese acceso y qué se ve desde ella. La homologación exige un montaje concreto, y en algunas puertas ese montaje no cabe.
Si cabe, esto se instala sobre lo que ya hay y el número empieza a salir desde el primer día. Si no cabe, hay dos caminos: mover la cámara —que a veces es media hora y a veces es una obra— o contar sin homologar, que sirve para operar pero no para un expediente.
Los tres caminos son respuestas válidas. La que no vale es descubrirlo el día de la inspección.
Empezar
Mándanos una imagen de la cámara que vigila el acceso que quieres contar y te decimos si permite el montaje homologado, qué haría falta si no, y qué número puedes esperar. Sin compromiso y sin coste.