WestPoint · Sistemas de cámaras
Hay una cámara apuntando a un seto desde hace dos años.
Y no lo sabe nadie, porque grabar no es lo mismo que ver. CCTV completo: proyecto, equipos, instalación, puesta a punto y mantenimiento — con el encuadre decidido antes de subir al poste y comprobado en cada revisión.
Nadie mira lo que graban.
Es la frase incómoda de cualquier instalación de cámaras, y conviene empezar por ella.
En la mayoría de los sitios donde entramos ya hay cámaras, y funcionan: el grabador tiene disco, las imágenes llegan, el monitor de recepción va pasando mosaicos. Lo que no hay es nadie capaz de decir qué se ve desde cada una, porque desde el día del montaje no lo ha vuelto a comprobar nadie.
Así que conviven tres cosas sin que se note. Una cámara que lleva dos años mirando un seto que creció. Otra que da de frente al sol a las seis de la tarde y durante cuarenta minutos es una mancha blanca. Y una tercera que está perfectamente encuadrada pero graba con tan poco detalle que la cara que se necesita sale en doce píxeles.
Las tres aparecen el mismo día: cuando hay que sacar una imagen. Y ese día ya no se arregla nada, porque lo que no se grabó no existe. De las cámaras no se queja nadie hasta que se necesitan, y es justo por eso que hay que montarlas pensando en ese día.
Qué le vas a pedir a esa imagen.
Toda la instalación sale de esta pregunta, y hay que contestarla cámara por cámara antes de comprar ninguna.
Una cámara no sirve «para vigilar». Sirve para una de estas cosas: ver que hay alguien, saber qué está haciendo, reconocer a una persona que ya conoces, identificar a un desconocido o leer una matrícula. Cada una necesita más detalle que la anterior sobre la misma escena, y el detalle se reparte: una cámara que abarca veinte metros de ancho no puede tener en una cara el mismo detalle que una que abarca tres.
De ahí sale lo demás. Cuánta escena coge cada cámara, qué óptica lleva, a qué distancia está del sitio donde pasa lo que importa, a qué altura y con qué inclinación. Diez grados de más dejan de leer una matrícula y empiezan a ver el techo del coche, y eso no lo arregla ningún software después.
Y hay un recorte que se hace siempre y casi nunca se dice en voz alta: repartir en veinte cámaras el dinero que daba para doce bien puestas. Veinte cámaras que no llegan al detalle que hacía falta no cubren más que las doce. Cubren lo mismo, peor, y con veinte sitios donde fallar y veinte encuadres que revisar.

La noche, el sol y la lluvia.
Las cámaras se eligen mirando una imagen de catálogo tomada a mediodía. Después trabajan de noche, con lluvia, con niebla, con el sol de frente y con los faros de un coche entrando de cara. Casi todos los problemas de una instalación de CCTV están ahí, y no en la cámara.
Contra la luz de frente hay equipos que compensan bastante, y hay sitios donde lo único que funciona es mover la cámara, porque ninguno compensa un sol de poniente directo. De noche, la pregunta no es si la cámara «ve en la oscuridad»: es si hay luz suficiente, de dónde sale, si es nuestra o de la farola de la calle, y qué pasa el día que el vecino apaga la suya.
Todo eso se comprueba antes, en la visita, a la hora mala. Es la diferencia entre entregar una instalación y entregar una instalación que funciona los días en los que hace falta.
Lo que se decide sobre la grabación.
La parte que no se discute en la reunión y la que más disgustos da después.
- Cuánto tiempo se guarda. No es un número técnico: depende de en cuánto tiempo te enteras de las cosas. Si un descuadre de almacén se detecta al hacer inventario, quince días de grabación no sirven para nada.
- Qué pasa cuando se rompe un disco. Se rompen. La pregunta es si el sistema avisa y sigue grabando, o si se entera alguien tres semanas después al ir a buscar una imagen que ya no está.
- Quién puede ver qué, y quién puede borrar. Las cámaras graban también a los trabajadores, y eso es lo más delicado que va a haber en la instalación. Tiene que haber usuarios con nombre y rastro de quién ha mirado y quién ha exportado.
- Cómo sale una imagen de ahí. El día que hay que entregar un vídeo a la policía o a un seguro tiene que poder salir en un formato que se vea fuera y con constancia de que no se ha tocado. Si para exportar hay que llamar al instalador, el sistema no es tuyo.
- Dónde está el grabador. Un equipo de grabación dentro del mismo local que se está vigilando es lo primero que se llevan. Es una decisión de sitio, no de marca.
Y una cosa que sólo podemos hacer aquí.
Montar la cámara sabiendo qué se le va a pedir a esa imagen dentro de dos años.
En la misma casa está Infinity Neural, que es la parte del grupo que hace que una cámara entienda lo que ve: contar personas, avisar de que alguien ha entrado en una zona sin casco, leer matrículas, medir cuánto tiempo lleva ocupado un muelle. Nosotros montamos las cámaras y ellos trabajan con esas imágenes, así que sabemos de primera mano qué clase de imagen les sirve y qué clase no.
Eso cambia una cosa pequeña en el proyecto y grande después: cuando una cámara se pone sabiendo que algún día va a tener que contar o leer algo, se pone donde hay que ponerla desde el primer día. El ángulo, la altura y la luz son los mismos que harían falta dentro de dos años.
No es obligatorio y la mayoría de nuestras instalaciones no lo llevan. Pero deja la puerta abierta sin coste, que es lo contrario de descubrir más adelante que para analizar hay que volver a subir a los postes y pagar la instalación dos veces.
Infinity Neural
Lo que hace que una cámara entienda lo que ve, afinado para tu escena concreta: tu ángulo, tu luz, tu forma de trabajar. Aquí está qué se puede pedir a una imagen y qué no.
IRIS Neural
La otra forma: un sistema que se instala y cubre la instalación entera, con el vídeo, las reglas y los avisos en un solo sitio. Funciona con el cable de internet desconectado.
Qué se entrega y qué se prueba.
Una instalación de cámaras se entrega con una hoja por cámara. Lo demás es palabra.
- Una hoja por cámara: dónde está, qué se ve desde ahí, para qué sirve, qué no cubre — y su imagen de día y su imagen de noche, tomadas el día de la entrega. Esa hoja es lo que permite comprobar dentro de un año si la cámara sigue viendo lo mismo.
- El cálculo de grabación: cuántos días se guardan con la configuración entregada, y qué pasa con ese número si mañana se añaden cinco cámaras.
- Los datos de cada equipo: marca, modelo, número de serie, dirección y contraseña, a nombre del cliente.
- La formación de quien lo va a usar: buscar, exportar y, sobre todo, qué hacer cuando algo no aparece.
- El plan de revisiones, con lo que se comprueba en cada una. Y lo que más importa: que en cada revisión se vuelva a mirar el encuadre de cada cámara, porque los setos crecen, los camiones empiezan a aparcar en sitios nuevos y las naves se reorganizan sin avisar a nadie.

Lo que no hacemos.
No damos un precio por cámara sin haber visto el sitio. Quien lo da está poniendo la misma cámara en los veinte puntos, y en una instalación real no hay dos puntos iguales.
No prometemos que de cualquier imagen se pueda sacar una cara o una matrícula. Depende del detalle que llegue a ese punto concreto, y se dice delante, con la imagen puesta, antes de firmar y no el día del incidente.
No nos casamos con un fabricante. Trabajamos con muchos y se elige por lo que hace falta en cada punto. Cuando un proveedor monta siempre la misma marca, el proyecto se parece sospechosamente a su catálogo.
Y no facturamos un mantenimiento que no se hace. Una revisión de cámaras que no incluye volver a comprobar qué se ve desde cada una es una visita, no una revisión, y es la forma más común de cobrar por nada en este oficio.
Las otras siete áreas.
Las cámaras casi nunca van solas: verifican la alarma, documentan un acceso y el día del incendio son los ojos de quien decide.
Las marcas con las que montamos.
No somos de ninguna. Un integrador que sólo sabe montar una marca es un distribuidor con mono de trabajo, y lo que decide qué cámara va en un punto es EL PUNTO: la luz que hay a las seis de la tarde, la distancia, el contraluz, si hay que leer una matrícula o basta con ver que pasa alguien. Cada una con dónde se porta bien y dónde no la pondríamos.
Lo que preguntan sobre las cámaras.
Las que más se repiten. Hay 40 sobre esto, y las otras 34 están en el índice de preguntas.
Todas las preguntas, por tema▸¿Domo o bullet? ¿Cuál me conviene?
La decide el sitio, no el gusto: el domo va donde la cámara está al alcance de la mano o donde no se quiere que se note hacia dónde mira, y la bullet va donde hay que llegar lejos, con óptica larga y una visera que la proteja del sol y de la lluvia de lado.
La diferencia real está en la burbuja. Un domo mete una cúpula de policarbonato delante del objetivo, y esa cúpula ensucia, refleja y con los infrarrojos encendidos devuelve luz a la propia lente si el sellado interior no es bueno. A cambio, es más difícil de desviar de un golpe y no se le posan los pájaros encima. La bullet no tiene cúpula, así que la imagen sale más limpia de noche, pero es un tubo que se orienta desde fuera y a un palmo de altura cualquiera la mueve.
Hay un tercer caso que se olvida: en interiores altos y limpios, el domo va colgado del techo y no ocupa pared; en fachada, la bullet con visera evita que el agua corra por el cristal y deje churretones que se ven en todas las imágenes de lluvia.
▸¿Para qué sirve una cámara multisensor y cuándo compensa?
Sirve para cubrir un área ancha con detalle uniforme desde un solo punto de anclaje: son varios objetivos independientes en la misma carcasa, cada uno con su propio encuadre, que salen al sistema como varias cámaras aunque haya un solo cable y una sola toma de corriente.
Compensa cuando el sitio para colgar es caro y la escena es ancha. Una esquina de nave, un cruce de pasillos, la marquesina de un aparcamiento: donde haría falta llevar tres cables a tres puntos distintos, aquí se lleva uno. Y compensa cuando el ancho está a distancias distintas, porque cada sensor puede llevar óptica distinta y mirar uno a diez metros y otro a treinta con el mismo detalle en el suelo.
No compensa cuando lo que hay es una escena estrecha y una sola dirección de interés: ahí se paga por sensores que miran a una pared. Y hay que mirar la licencia del software antes de comprar, porque muchos sistemas cuentan cada sensor como una cámara y lo que se ahorra en cable se paga en licencias.
Cobertura: cuántas cámaras y desde dónde Ingeniería: el proyecto antes de comprar
▸¿Necesito una PTZ o me apaño con cámaras fijas?
Una PTZ sólo sirve de verdad si hay alguien moviéndola, o algo que la mueva. Una cámara motorizada que nadie toca está mirando a un sitio fijo con el problema añadido de que nadie sabe a cuál, porque el último operador la dejó donde la dejó.
Los dos casos en los que tiene sentido son claros. Uno: hay sala de control con gente a turnos que sigue a alguien por el recinto. Dos: está atada a otra cosa —una fija que detecta, un lector de accesos, una alarma— y salta sola a una posición preprogramada cuando ocurre el evento, que es como funcionan la mayoría de las que trabajan bien.
Y hay un detalle que no se ve al comprar: cuando la PTZ está mirando al norte, el sur no se está grabando. Por eso en un recinto donde importa tener el histórico completo, la PTZ se pone además de las fijas y no en lugar de ellas. Además es la cámara con partes móviles, y el motor y el anillo colector son piezas que se gastan con los años.
Tipos de cámara y para qué sirven El puesto de operador, funcionando en IRIS
▸¿Cuándo hace falta una cámara térmica?
Cuando lo que hay que hacer es detectar presencia en oscuridad total o en un perímetro largo, y no identificar a nadie. Una térmica no ve luz: ve diferencias de temperatura, así que funciona igual a las cuatro de la mañana sin una farola, con niebla ligera y con el intruso vestido de camuflaje, y no la ciegan los faros de un coche.
Su límite es que no da una cara ni una matrícula ni un color de ropa. Una silueta blanca sobre fondo oscuro no identifica a nadie ante un juez. Por eso la pareja habitual es térmica para disparar el aviso a mucha distancia y cámara de espectro visible con luz que se enciende, o con infrarrojos, para tener la imagen que sirve después.
Es una cámara cara para el número de píxeles que da, así que se pone donde no hay alternativa: vallados largos sin iluminación, balsas y depósitos, campas de material a la intemperie. En un patio con luz de farola, una cámara normal bien elegida suele resolver lo mismo por menos.
Tipos de cámara y para qué sirven FLIR: térmicas, para qué sirven y qué no Detección sobre la escena, funcionando en IRIS
▸¿Sirve una cámara de ojo de pez para cubrir una sala entera?
Sirve para ver todo lo que pasa en la sala y saber por dónde se movió cada uno, y no sirve para reconocer a nadie que esté lejos del centro. El sensor reparte sus píxeles en trescientos sesenta grados, así que el detalle en un punto concreto es una fracción del que daría una cámara apuntando a ese punto.
La regla práctica es la altura del techo y el radio útil. Colgada en el centro de una sala de techo normal, lo que queda debajo se ve bien; a partir de cierto radio la persona se ve desde arriba, achatada y con pocos píxeles en la cara. Por eso encaja muy bien en salas cuadradas y medianas —una tienda, una oficina diáfana, un vestíbulo— y mal en naves largas y estrechas.
Casi todas corrigen la deformación por software, en la propia cámara o en el software de vídeo. Conviene comprobar dónde se hace esa corrección antes de comprar, porque si se hace sólo en el puesto de visualización, el vídeo exportado puede salir con la imagen circular sin corregir y eso es lo que verá quien lo abra fuera.
▸¿Cuántas cámaras hacen falta para cubrir un patio?
Salen del detalle que se necesite y de la anchura que abarca cada cámara, y esa cuenta se hace antes de comprar nada. Una cámara cubre una anchura de escena que depende de su óptica y de la distancia; los píxeles del sensor se reparten en esa anchura; y de ahí salen los píxeles por metro que llegan a cada punto. Si a la entrada de personal hacen falta caras y a la campa de camiones basta con ver que hay alguien, no es el mismo número de cámaras aunque sea el mismo patio.
La cuenta se hace por zonas, no por metros cuadrados totales. En un patio corriente suele haber tres cosas distintas: los accesos, donde hace falta detalle de cara o de matrícula y las cámaras van bajas y estrechas; el perímetro, donde basta con detectar y las cámaras van altas y abiertas; y los puntos donde de verdad pasan cosas —el muelle, la zona de residuos, donde se aparcan las carretillas—, que llevan su cámara propia.
Lo que no funciona es repartir en veinte cámaras el dinero que daba para doce bien puestas. Veinte cámaras que no llegan al detalle que hacía falta cubren lo mismo, peor, y con veinte encuadres que revisar.
Cobertura: cuántas cámaras y desde dónde Ingeniería: el proyecto antes de comprar
Empezar
¿Qué se ve desde tus cámaras?
Si ya tienes instalación, la primera conversación útil es mirar juntos qué se ve de verdad desde cada punto y qué no. Si hay que montarla, cuéntanos qué hay que proteger y qué te gustaría poder sacar de esas imágenes el día que haga falta.