WestPoint · Cámaras · i-PRO
i-PRO viene de Panasonic, y sigue obsesionada con la imagen difícil.
La antigua división de seguridad de Panasonic, hoy empresa propia. Pocas gamas, muy cuidadas, pensadas para sitios donde la imagen tiene que servir de prueba. No es barata y no pretende serlo.
Qué clase de fabricante es.
Un fabricante de imagen, en el sentido literal: lo que cuida es la calidad de lo grabado antes que la longitud del catálogo.
Viene de una casa japonesa de electrónica de imagen y se nota en las prioridades: sensibilidad con poca luz, tratamiento del movimiento sin arrastre, y color que se mantiene reconocible cuando la luz baja. Son cosas que no lucen en una ficha técnica y que deciden si una cara sirve el día que hay que entregar un vídeo.
Lo segundo que la define es que se toma en serio la seguridad del propio equipo: quién puede cambiarle el firmware y con qué se identifica en la red. Donde la informática del cliente aprueba cada cosa que se enchufa, eso ahorra reuniones.
Lo que sacrifica es precio y amplitud. El catálogo es corto, no hay gama de entrada pensada para competir en precio, y el parque instalado en España es menor que el de las marcas más vendidas — que importa para los plazos de reposición, no es un defecto del producto.
Dónde se porta bien.
Donde la imagen tiene que servir como prueba. Zonas de caja, recuentos, mostradores, sala de juego, un vestíbulo con mucho paso: sitios donde no basta con ver que alguien pasó —hay que poder decir quién era y qué llevaba en las manos— y donde la luz es artificial, mezclada y peor de lo que parece.
En escenas con movimiento y poca luz también se defiende bien. Una persona caminando por un pasillo mal iluminado sale con menos arrastre, y eso es la diferencia entre una cara reconocible y una mancha con forma de cabeza. Aquí es donde se paga la diferencia de precio, y donde se justifica.
Y en instalaciones con requisitos de red exigentes: hospital, banca, transporte, administración con su propio departamento de sistemas. El equipo aguanta ese examen sin que haya que pedir excepciones raras al cortafuegos.
Dónde no la pondríamos.
En la mayoría de los puntos de una instalación normal, y conviene decirlo así de claro.
En un perímetro de nave, un aparcamiento exterior o un pasillo de almacén donde lo único que se pide es ver que pasa alguien y por dónde, esta marca está por encima de lo que la escena necesita. El dinero rinde más poniendo la cámara buena en los tres puntos que importan y una gama media correcta en los otros quince.
Tampoco en instalaciones grandes con presupuesto por cámara cerrado y apretado, porque ahí la cuenta no sale y acabar recortando el número de puntos para mantener la marca es el peor de los dos errores posibles.
Y no como marca única de una instalación que va a crecer de forma desordenada, donde lo que más se va a necesitar es encontrar un modelo concreto a dos días de plazo. Para eso los catálogos grandes van mejor, y decirlo es parte del trabajo.
La analítica que lleva dentro, y dónde se acaba.
Lleva analítica en el equipo y admite aplicaciones instaladas dentro, propias y de terceros: clasificar personas y vehículos, contar, detectar intrusión en una zona, leer matrículas. Lo hace con buena base, porque el detector parte de una imagen mejor: media analítica falla por mala imagen y no por mal algoritmo, y eso se ve enseguida en exteriores de noche.
El límite, aun así, es el mismo de siempre. La cámara ve su propio encuadre y aplica reglas que se pueden dibujar: una línea, una zona, un tiempo. No relaciona lo que pasa en dos cámaras, no recuerda lo de ayer y no entiende una situación que no quepa en una regla.
Lo que viene ahora es una recomendación con parte interesada, así que va declarado: en la misma casa está IRIS Neural, el NVMS de Infinity Neural, la otra empresa del grupo. Es producto nuestro. Preferimos que lo sepas leyendo esta línea.
Lo que aporta es justo eso que la cámara no hace: comprender la escena y relacionarla con el resto de la instalación. Y conviene decir lo contrario también — en una zona de caja con buena imagen y una regla sencilla, la cámara sola hace el trabajo.
Qué hacemos nosotros.
- El reparto del presupuesto antes que la marca: qué puntos necesitan identificar a alguien y qué puntos sólo necesitan ver que pasa. Los primeros mandan el equipo bueno; los segundos no deben arrastrarlo.
- La óptica y la distancia calculadas para el detalle que hace falta en el sitio exacto, que en estas aplicaciones suele ser un metro cuadrado concreto —la boca de la caja, el paso del torno— y no el encuadre entero.
- La luz, que en interiores es la mitad del problema. A veces la solución no es la cámara: es cambiar dos luminarias, y sale mucho más barato.
- La puesta a punto con la escena en funcionamiento y no en una sala vacía: con gente pasando, a la hora de más tránsito y a la hora en que se queda sola.
- El mantenimiento: firmware con criterio, contraseñas del cliente, limpieza de la cúpula —una burbuja sucia tira por tierra el sensor más caro— y revisión del encuadre en cada visita.
El ángulo y la altura no se discuten en el montaje.
Donde la imagen tiene que identificar a alguien hay una regla que se olvida: cuanto más alta se pone la cámara, más bonito sale el plano general y menos cara se ve. Una cúpula en el centro de la sala a cuatro metros no da ninguna cara utilizable.
El ángulo, la altura y la luz deciden para siempre qué se podrá hacer con esa imagen, así que se discuten en el proyecto y no el día del montaje. Es la parte más barata de la instalación y la única que después no se corrige sin volver a pagar la mano de obra.
Dónde seguir.
Antes de elegir marca hay que decidir qué se le pide a cada imagen: ver, reconocer o identificar. No cuestan lo mismo.
Empezar
¿Necesitas que de esa imagen salga una cara?
Dinos qué puntos tienen que servir como prueba, a qué distancia están y con qué luz trabajan. Con eso te decimos en cuáles compensa esta marca, en cuáles no, y si el problema se arregla antes con dos luminarias que con una cámara más cara.