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WestPoint · Detección de incendios

Aquí un fallo no se nota nunca. Hasta el único día.

Detección de incendios: proyecto, detectores, central, coordinación con el resto de la instalación, pruebas y revisiones. Es el área donde menos se negocia, y la única de la que preferimos retirarnos antes que hacerla a medias.

Un sistema de incendios no avisa de que está mal.

Una cámara mal puesta se ve: alguien abre el mosaico y ahí está el seto. Una puerta que no abre se nota el primer día. Un detector mal situado no se nota nunca. Está ahí, con su led, en una instalación que pasó la puesta en marcha, y todo el mundo da por hecho que funciona porque no hay ningún motivo para pensar lo contrario.

Lo mismo con una zona que se quedó sin cubrir porque a mitad de obra se montó un entreplanta, con una central a la que nadie ha mirado los avisos de avería en año y medio, o con una instalación que no se ha probado entera desde el día que se entregó. Ninguna de las tres da señal de vida. Las tres se descubren el mismo día, y ese día el fallo ya no cuesta dinero: cuesta otra cosa.

Por eso esta área no se gobierna como las demás. Aquí no vale el «ya lo revisaremos cuando haya presupuesto», y no porque lo diga la normativa: porque es la única parte de una instalación de seguridad donde el margen de error se mide en personas.

Qué se decide en el proyecto.

Detectar un incendio pronto, y no detectar un incendio que no hay. Las dos cosas salen de la misma decisión: qué detector va en cada sitio.

No hay un detector bueno: hay un detector adecuado para cada sitio. Donde hay polvo, vapor, humo de escape o los gases de una carretilla, un detector de humo va a dar falsas alarmas hasta que alguien lo desconecte — y un detector desconectado es peor que no tenerlo, porque sigue figurando en los planos. Hay sitios donde lo que hay que detectar es el calor, otros donde hay que detectar la llama, y otros donde hay que aspirar el aire y analizarlo porque hace falta enterarse muy pronto.

Después está la altura y el reparto. Un techo de doce metros, un entreplanta, un falso techo con cableado dentro, un hueco de ascensor o un pasillo de racks no se cubren como una oficina, porque en ninguno de esos sitios el humo llega al techo como llegaría en una oficina.

Y está lo que hace el aire. Una climatización moviendo aire puede llevarse el humo antes de que llegue al detector. Eso no se ve en un plano: se piensa en el proyecto, con el de mantenimiento de la instalación delante.

Una nave con oficinas vista desde el aire y con el tejado quitado, a plena luz del día. A la izquierda, las oficinas con detectores de humo repartidos por el techo; a la derecha y al fondo, el almacén y la zona de máquinas, recorridos por una tubería roja que termina en un armario de control. Tres recuadros amplían los detalles: un detector, un rociador soltando agua y otro rociador sobre una cinta transportadora.

El día que salta hay que hacer cinco cosas a la vez.

Avisar a las personas que están dentro, y de forma que se entienda por dónde hay que salir. Abrir lo que tiene que abrirse: las puertas de evacuación, los tornos, la barrera del aparcamiento. Cerrar lo que tiene que cerrarse: las puertas que cortan el paso del humo. Parar lo que tiene que pararse: la climatización que está moviendo ese humo, y algunas máquinas. Y saber quién queda dentro, que es lo primero que pregunta quien llega a ayudar.

Ninguna de esas cinco cosas la hace sola la detección de incendios. Las hace hablando con el control de accesos, con la ventilación, con la megafonía y con quien está mirando las cámaras. Son cuatro o cinco sistemas coordinados, y sólo se coordinan si alguien los pensó juntos.

Es el motivo de fondo por el que esta área no se compra aparte, al proveedor que la daba más barata. Una detección impecable que no puede abrir una puerta porque el control de accesos es de otra empresa y no se hablan no es media solución: es un problema nuevo.

Los papeles, que aquí son parte del sistema.

La protección contra incendios es la parte más regulada de una instalación de seguridad. Hay normativa sobre qué equipos se pueden poner, cómo se instalan, quién puede firmar, qué revisiones hay que hacer, cada cuánto y quién puede hacerlas. No es burocracia añadida: es la forma que tiene esto de ser comprobable por alguien de fuera.

En la práctica eso significa que el sistema viene con un calendario y con un expediente. El calendario dice qué se revisa y cuándo. El expediente guarda qué se hizo, quién lo hizo y qué resultado dio. Cuando falta el expediente, lo que hay es una instalación que probablemente funcione y que no se puede demostrar, y eso aparece en la inspección, en la renovación del seguro y en la investigación de cualquier incidente.

Nosotros entregamos las dos cosas y las mantenemos. Y avisamos de la parte incómoda: cumplir ese calendario cuesta dinero todos los años, no sólo el de la instalación. Conviene saberlo antes de firmar, y no la primera vez que llega la factura de una revisión.

Dónde decimos que no.

Es la única línea de la que preferimos retirarnos antes que firmarla a medias.

Pasa más de lo que parece: un presupuesto general que no cuadra, y alguien propone ajustar por aquí porque es la parte que nadie va a echar en falta. Poner menos detectores de los que dice el proyecto. Cubrir la zona principal y dejar el almacén del fondo para más adelante. Entregar sin haber probado la instalación entera. Firmar la obra y dejar el mantenimiento fuera del contrato para que el número de la oferta baje.

Cualquiera de esas cuatro se puede hacer. El sistema se enciende igual, pasa la puesta en marcha igual y no se nota nada durante años. Y las cuatro trasladan el riesgo entero al cliente sin que el cliente se entere, con nuestra firma debajo.

Así que la respuesta es que no. No es una postura moral: es que si el día que pasa algo esa instalación lleva nuestro nombre, tenemos que poder explicar cada decisión que se tomó. Preferimos perder el trabajo completo —que lo hemos perdido— antes que quedárnoslo recortando por aquí.

Y funciona en la otra dirección también: si hay algo que no podemos resolver con el presupuesto o los plazos que hay, se dice en la primera reunión. Lo que no vamos a hacer es descubrirlo a mitad de obra, cuando ya es tarde para que el cliente decida otra cosa.

Qué se prueba y qué se entrega.

Una instalación de incendios se entrega probada punto por punto, o no se entrega.

  • Cada detector, probado de uno en uno, comprobando que la central lo identifica en el sitio donde está de verdad y no en el que dice la etiqueta. Una zona mal rotulada manda a quien llega a ayudar a la parte equivocada del edificio.
  • La secuencia completa, y no el detector suelto: que al disparar suene lo que tiene que sonar, se abra lo que tiene que abrirse, se cierre lo que tiene que cerrarse y se pare lo que tiene que pararse.
  • Que el aviso sale de ahí. A quién llega, en cuánto tiempo y qué pasa si no contesta nadie. Probado, con el teléfono delante.
  • El acta, con fecha, con el resultado de cada punto y con la firma de quien lo probó. No un resumen que diga «instalación correcta».
  • Los planos de lo que hay, con cada detector y cada zona, colgados donde se miran y no sólo en un PDF en el correo de alguien.
  • La formación de quien está ahí todos los días: qué significa cada cosa en la central, qué hacer con un aviso de avería, qué hacer con una alarma y qué no hacer nunca. Un sistema que nadie sabe leer es una sirena sonando mientras tres personas se preguntan qué significa ese led.
Un edificio de cuatro plantas en un pueblo costero, dibujado en sección para que se vea el interior de cada piso. Abajo, la recepción y un local a pie de calle; encima, dos plantas de viviendas y, arriba, una de oficinas. En los techos hay detectores repartidos, por los suelos corren flechas verdes de evacuación hacia las escaleras y una tubería roja sube en vertical de la planta baja al tejado. A la derecha, una leyenda.

Cómo lo compruebas tú mismo.

Cuatro cosas, sin conocimientos técnicos, esta semana y en la instalación que ya tienes.

  • Mira la central. Si hay un aviso de avería encendido y nadie sabe desde cuándo, el sistema lleva tiempo sin estar completo y nadie se ha dado cuenta.
  • Pide el acta de la última revisión y mira si dice detector por detector. Si dice «instalación revisada, correcta», no te han dicho nada.
  • Coge los planos y busca un detector cualquiera en el sitio donde el plano dice que está. Es la comprobación más rápida que existe para saber si la documentación es del sistema que hay o del proyecto que se pensó antes de la obra.
  • Pregunta a dos personas del turno qué hacen si suena. Si las dos respuestas no se parecen, falta formación — y eso no lo arregla ningún equipo nuevo.

Lo que preguntan sobre la normativa.

Las que más se repiten. Hay 42 sobre esto, y las otras 36 están en el índice de preguntas.

Todas las preguntas, por tema
¿Estoy obligado a tener un sistema de detección de incendios?

Depende del uso del edificio y de su superficie, y quien lo decide no es una norma sino tres. En obra nueva y en reformas de edificios que no son industriales manda el Código Técnico de la Edificación, y en concreto su Documento Básico DB-SI. En establecimientos industriales manda el RSCIEI, el Reglamento de seguridad contra incendios en los establecimientos industriales, aprobado por el Real Decreto 2267/2004. Y sobre cualquier instalación ya puesta manda el RIPCI, el Real Decreto 513/2017: qué equipos valen, quién los instala, quién los mantiene y cada cuánto.

La confusión más común es creer que una de las tres sustituye a las otras. El CTE o el RSCIEI dicen QUÉ hay que poner; el RIPCI dice CÓMO se pone, con qué producto y qué hay que hacer con ello los años siguientes. Un edificio puede cumplir el CTE el día de la licencia y estar incumpliendo el RIPCI tres años después porque nadie ha revisado nada.

Y hay una cuarta fuente de obligación que no es una norma técnica: la licencia de actividad del ayuntamiento, la póliza del seguro y, donde corresponda, el plan de autoprotección. Las tres pueden pedir más que el mínimo reglamentario, y las tres se miran antes de proyectar y no después.

Detección de incendios: qué obliga y a quién

¿Qué es el RIPCI y qué me obliga a hacer exactamente?

El RIPCI es el Reglamento de instalaciones de protección contra incendios, aprobado por el Real Decreto 513/2017, y regula tres cosas: los productos que se pueden instalar, las empresas que pueden instalarlos y mantenerlos, y el mantenimiento obligatorio de lo instalado. Sustituyó al Real Decreto 1942/1993 y, a diferencia de aquel, su régimen de mantenimiento alcanza también a las instalaciones que ya existían.

Para el titular de un edificio se traduce en cuatro obligaciones concretas: que los equipos tengan la conformidad que les corresponde, que instale y mantenga una empresa habilitada, que las operaciones se hagan con las periodicidades de su anexo II, y que quede constancia escrita de cada una. Esa constancia es lo que se enseña en una inspección; sin ella, la instalación no cuenta como mantenida aunque lo esté.

Lo que el RIPCI no dice es cuántos detectores necesita tu edificio. Eso lo dice el CTE o el RSCIEI según el caso, y el reparto concreto lo dice la UNE 23007-14.

Detección de incendios: qué obliga y a quién

¿Qué dice el CTE y a partir de qué superficie exige detección?

El DB-SI es el documento del Código Técnico que fija la seguridad en caso de incendio en edificios no industriales, y tiene seis secciones: propagación interior, propagación exterior, evacuación de ocupantes, instalaciones de protección, intervención de bomberos y resistencia al fuego de la estructura. La que dice si hace falta detección es la SI 4, con su tabla 1.1, y los umbrales van por uso y por superficie construida.

En uso Hospitalario, detección y alarma en todo caso. En Residencial Público —hoteles y similares—, a partir de 500 m². En Pública Concurrencia, detección a partir de 1.000 m², y sistema de alarma cuando la ocupación pasa de 500 personas, en cuyo caso tiene que poder emitir mensajes por megafonía. En Administrativo, Docente y Comercial, alarma a partir de 1.000 m² y detección a partir de 2.000 m². En aparcamientos convencionales, detección a partir de 500 m². En Residencial Vivienda, sólo cuando la altura de evacuación pasa de 50 m.

Conviene leerlos como lo que son: mínimos pensados para que las personas salgan a tiempo. Por debajo del umbral se puede instalar detección igual, y en muchos sitios compensa, porque el umbral no está pensado para que el edificio y lo que hay dentro sigan existiendo al día siguiente.

Detección de incendios: qué obliga y a quién

Tengo una nave industrial, ¿qué reglamento me aplica?

El RSCIEI, el Real Decreto 2267/2004, y sus umbrales no van por metros cuadrados a secas: van por la configuración del edificio y por el nivel de riesgo intrínseco. La configuración es tipo A, B o C según el establecimiento comparta estructura con otros, esté adosado o esté exento. El riesgo intrínseco —bajo, medio o alto— sale de un cálculo de carga de fuego hecho con lo que hay dentro y con cómo está almacenado.

Con esas dos cosas salen los umbrales de detección automática de su anexo III. En tipo A, 300 m² en actividades de producción y 150 m² en almacenamiento, sea cual sea el riesgo. En tipo B con riesgo medio, 2.000 y 1.000 m²; con riesgo alto, 1.000 y 500. En tipo C con riesgo medio, 3.000 y 1.500 m²; con riesgo alto, 2.000 y 800. Cuando no se llega al umbral de detección automática, lo que hay que poner son pulsadores manuales, y la distancia máxima a recorrer hasta alcanzar uno no debe pasar de 25 m.

El cálculo del riesgo intrínseco no es un trámite de la licencia: es la cifra de la que cuelga todo lo demás, incluida la sectorización y cada cuánto hay que pasar inspección. Se hace con el inventario real del almacén, y cambia el día que cambia el producto que se guarda. Nadie avisa de eso desde fuera.

Reglamentos de incendios en uso industrial Industria: naves vistas en escena real

¿Qué es la UNE 23007-14 y por qué la nombra todo el mundo?

Es la norma que dice cómo se diseña, se instala, se pone en servicio y se mantiene un sistema de detección y alarma. El CTE y el RSCIEI dicen si hace falta; la UNE 23007-14 dice dónde va cada detector, cuánta superficie cubre, cómo se parte el edificio en zonas, qué se comprueba en la puesta en servicio y qué se hace en cada revisión. El RIPCI remite a ella, así que no es una recomendación de buenas prácticas.

De ella salen los números con los que se discute un proyecto: la superficie que vigila un detector, la distancia máxima desde cualquier punto hasta el detector más cercano, la altura de techo a partir de la cual un detector puntual deja de servir, el tamaño máximo de una zona y cuánto se puede tener que recorrer dentro de ella buscando el elemento que ha saltado.

También es la que exige que todos los detectores se prueben dentro de un plazo de doce meses. Un mantenimiento que se limita a mirar la central no cumple esa parte, y es la más fácil de detectar leyendo un acta.

Cómo se proyecta la detección según la norma

¿Qué significa que un equipo cumpla la UNE-EN 54?

La serie UNE-EN 54 es la norma de producto: cada parte define qué tiene que cumplir un tipo de equipo y cómo se ensaya. La parte 2 es la central, la 4 la fuente de alimentación, la 5 los detectores de calor, la 7 los de humo puntuales, la 10 los de llama, la 11 los pulsadores, la 12 los lineales de haz óptico, la 16 y la 24 los sistemas de alarma por voz y sus altavoces, la 17 los aisladores de cortocircuito, la 20 los de aspiración, la 23 los dispositivos de alarma visual, la 26 los de monóxido de carbono y la 28 el cable termosensible no reinicializable.

Que un equipo lleve marcado CE referido a su parte de la EN 54 quiere decir que ha pasado esos ensayos en un laboratorio y que un organismo notificado vigila la producción. Es lo mínimo, y el RIPCI lo exige. Donde no existe norma armonizada, el reglamento pide en su lugar un certificado de conformidad emitido por un organismo acreditado.

Lo que el marcado no dice es que dos equipos de marcas distintas trabajen juntos. La compatibilidad entre los componentes de un sistema es otra cosa y se declara aparte: en la práctica, un lazo se monta con elementos de la casa de la central salvo que el fabricante diga lo contrario por escrito.

Qué significa que un equipo cumpla EN 54

Empezar

¿Cuándo se probó entera por última vez?

Si la respuesta es el día de la entrega, ahí hay trabajo. Cuéntanos qué instalación es, qué hay puesto y qué documentación existe, y te decimos qué falta. Si lo que hace falta no entra en el presupuesto que hay, eso también te lo decimos en esa conversación.