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WestPoint · Incendios · Protectowire

Un detector de doscientos metros de largo.

Detección lineal de temperatura: un cable que detecta en todo su recorrido. Existe para los sitios donde un detector de techo no sirve de nada — y hay bastantes más de los que parece.

Qué es, y cómo funciona.

Protectowire — Detección lineal de temperatura. El mecanismo es de una sencillez casi mecánica, y eso es parte de su valor.

Imagina dos hilos de acero trenzados uno sobre el otro, separados por un plástico que aguanta la temperatura normal del sitio y que se reblandece a una temperatura determinada. Mientras nada se calienta, los dos hilos están separados y el cable es un circuito abierto vigilado. Si en cualquier punto del recorrido la temperatura llega a ese valor, el plástico cede, los hilos se tocan y el circuito se cierra. Eso es la alarma.

Lo notable es dónde ocurre: en cualquier punto. No hay detectores repartidos con huecos entre ellos; el detector es el cable entero, metro a metro. Y el equipo que lo vigila puede además decir a cuántos metros del inicio se ha producido el contacto, midiendo la resistencia hasta el punto donde se han tocado. Eso convierte doscientos metros de cinta transportadora en una ubicación concreta en vez de en «hay fuego en la cinta».

No detecta humo y no lo pretende: detecta calor, y por tanto detecta más tarde que un sistema de humo bien puesto. La pregunta correcta no es si detecta antes o después. Es si en ese sitio hay alguna otra cosa que pueda detectar algo, porque muchas veces no la hay.

Dónde no hay alternativa.

Esta lista no es un catálogo de aplicaciones: es la lista de sitios donde un detector puntual es decorativo.

Cintas transportadoras. El riesgo está en el rodillo que se agarra y calienta la goma, y está en movimiento a lo largo de cientos de metros. Un detector en el techo de la nave no se va a enterar; un cable tendido a lo largo de la cinta sí, y además dice en qué tramo.

Túneles y aparcamientos. Techos largos, corrientes de aire, gases de escape y vehículos. El humo de un detector puntual se lo lleva la ventilación o se lo genera un camión al arrancar; el calor de un coche ardiendo no se confunde con nada. Es el sitio clásico de la detección lineal, y suele ir asociada a sectorizar la respuesta por tramos.

Qué pide su instalación.

Es barato de material y exigente de criterio. La mayor parte de los problemas son decisiones, no averías.

Lo primero es la temperatura del cable, y es la decisión que más instalaciones estropea. El cable se fabrica para varios valores de actuación, y hay que elegir uno que esté suficientemente por encima de la temperatura máxima que alcanza ese sitio un día de verano con la máquina a tope. Un cable elegido para una nave templada, puesto sobre una cinta en un proceso caliente, va a dar alarma en agosto. Y un cable elegido demasiado alto por miedo a eso va a detectar cuando ya no sirva.

Lo segundo es por dónde va. No se tiende «por la zona»: se tiende pegado al riesgo, que en una cinta es la línea de rodillos, en una bandeja es junto a los cables, y en un aparcamiento es el recorrido y la altura que dice el proyecto. Con sus sujeciones, respetando el radio de curvatura, sin tensiones y sin apoyarlo sobre algo que se caliente por otro motivo.

Y lo tercero, lo que nadie avisa: cuando el cable actúa, el tramo que ha reaccionado se ha estropeado. El plástico ha cedido y esa parte ya no vuelve a su sitio. Hay que cortar el trozo afectado, empalmar cable nuevo y volver a comprobar el lazo. Es barato y es rápido, pero hay que tenerlo previsto: rollo de repuesto en el almacén, empalmes de los buenos y alguien que sepa hacerlo. Si no, un conato pequeño deja la zona sin detección durante semanas.

Qué lo hace fiable, y qué lo hace saltar cuando no debe.

Fiable lo hace que no tiene electrónica dentro. Un cable con dos hilos y un plástico no se ensucia, no se desconfigura, no se queda sin pila y no envejece como un sensor. El equipo que lo vigila supervisa el circuito de punta a punta, así que un cable cortado da avería y no silencio. En ambientes donde cualquier otra cosa se estropea, eso es la razón principal para elegirlo.

Salta cuando no debe por tres motivos, y los tres son de proyecto. Temperatura de actuación mal elegida, que es el primero con diferencia. Cable apoyado contra algo que se calienta y no es un incendio: una tubería de vapor, un motor, un foco, una cubierta metálica al sol. Y daño mecánico, que no da falsa alarma pero da avería: un cable pisado por una carretilla, aplastado por una estantería o cortado por un gremio que no sabía qué era ese cable.

Para qué no es, y cuándo decimos que no.

No es un sustituto de la detección de humo en un edificio con gente. En una oficina, un pasillo o una sala, detectar calor significa detectar cuando el fuego ya está formado, y eso no es aceptable donde hay que evacuar a nadie. La detección lineal cubre recorridos y recintos, no ocupación.

Decimos que no cuando alguien lo quiere porque sale más barato que lo que toca. Pasa en naves grandes: un cable por el techo en vez de un proyecto de detección en condiciones. Se enciende igual, pasa la puesta en marcha igual, y traslada el riesgo entero al cliente sin que el cliente se entere. Esa es la línea que no cruzamos, y es la misma que cuenta el área.

El disparo es nuestro. Lo que sale por la boquilla, no.

En esta aplicación la frontera se ve mejor que en ninguna otra, porque casi siempre hay agua al otro lado.

En un aparcamiento, en una cinta o en una cámara, la detección lineal suele estar ahí para hacer dos cosas: avisar, y dar la orden a una instalación de agua pulverizada o a un diluvio que moja ese tramo. La orden es nuestra. El cable, el equipo de zona, la lógica que decide qué tramo, el enclavamiento que para la cinta, los avisos y la señal a la central del edificio: todo eso es electrónica, y lo hacemos.

La tubería, las boquillas, la válvula, el cálculo del caudal y el grupo de presión que lo empuja, no. Es instalación mecánica con otra habilitación y otra firma, y va con una contrata distinta. Lo mismo para rociadores, columna seca, bocas de incendio equipadas y depósitos. No lo hacemos, y lo decimos el primer día.

Qué hacemos nosotros con ella.

  • Medir antes de elegir: qué temperatura alcanza de verdad ese sitio en el peor día del año con el proceso a tope. De ahí sale la temperatura de actuación del cable, y es la decisión que no se deshace sin retirarlo todo.
  • El trazado pegado al riesgo y no a lo que es cómodo de sujetar, con las sujeciones, los radios y la separación que pide el fabricante, y sin apoyarlo contra nada que se caliente por otro motivo.
  • Las pruebas con acta: provocación real por tramos comprobando que el equipo localiza el punto donde está, la secuencia completa, el enclavamiento con la maquinaria, el corte de corriente y la salida del aviso. Y la prueba conjunta con la contrata mecánica si hay agua detrás.

Quién lo lleva cuando nos vamos.

El día a día es poco: mirar el equipo y anotar lo que se deja fuera de servicio, que aquí pesa más que en una central. Y hay dos cosas más que no cuestan dinero y salvan la instalación. La primera es mirar el cable. Es un detector que se ve: un recorrido pisado, aplastado por una estantería, colgando o tapado por producto es un hallazgo que cualquiera puede hacer en una vuelta por la nave. La segunda es avisar antes de cualquier trabajo en esa zona, porque el gremio que no sabe qué es ese cable lo corta.

La reparación de un tramo que ha actuado puede hacerla el equipo de mantenimiento del cliente si se le ha formado y tiene el material, y casi siempre conviene: son horas de diferencia. Lo que no se toca desde dentro es la configuración de zonas ni los enclavamientos con la maquinaria. Y el calendario de revisiones sigue siendo obligatorio y sigue costando dinero todos los años.

Qué se decide en el proyecto de detección

Dónde seguir.

La detección lineal casi nunca va sola: acompaña al sistema que cubre el resto del edificio. El área cuenta cómo se reparte ese trabajo.

Empezar

¿Cinta, galería, túnel o aparcamiento?

Cuéntanos qué hay que cubrir, cuántos metros, a qué temperatura trabaja ese sitio y qué tiene que pasar cuando salte. Te decimos qué cable toca, cómo se reparte en zonas y qué parte necesita una contrata mecánica si hay agua detrás.