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WestPoint · Incendios · Fike

Detectar y disparar es nuestro. La botella y su tubería, no.

Detección y extinción en el mismo sistema. Es la marca donde la frontera de lo que hacemos y lo que no se nota de verdad, así que aquí va explicada con detalle y no en una línea al final.

Qué es, y dónde te la vas a encontrar.

Fike — Detección y extinción. Que son dos cosas, y conviene separarlas desde el principio.

La segunda es la que la pone en un sitio propio: esta casa está pensada para mandar sobre una extinción. No sólo avisa de que hay fuego, también ejecuta la secuencia que acaba en una descarga de agente extintor, con todo lo que eso arrastra: confirmar antes de disparar, avisar a quien está dentro, darle tiempo a salir, permitir que alguien pare la descarga, y no soltar nada si la sala no está en condiciones de recibirla.

Uno se la encuentra donde el agua no es opción porque mojar es tan malo como quemar: salas de servidores y cuartos de comunicaciones, salas eléctricas y de transformación, archivos y depósitos documentales, salas de control, bancos de baterías, cabinas de máquinas. También en industria, donde además de incendio hay riesgo de explosión y la protección tiene otras reglas.

Cómo está construida la parte de detección.

En una sala protegida por gas la detección se monta de otra manera que en una oficina, y por un motivo físico: hay que detectar en los tres sitios por donde puede circular el humo. En el techo, en el falso suelo si lo hay, y en el retorno del aire acondicionado, que es por donde el humo va a pasar primero porque es donde está la corriente. Un cuarto de servidores con detectores sólo en el techo y el aire moviéndose puede tardar mucho en enterarse.

Y se monta con doble confirmación: hacen falta dos detectores de grupos distintos para que el sistema dé por bueno que hay fuego. Eso alarga unos segundos la detección y evita lo único que no se puede permitir en una sala con gas, que es una descarga por un detector equivocado. Una descarga innecesaria cuesta el agente, la recarga, la parada de la sala y la confianza de todo el mundo en el sistema.

La frontera del gas, contada entera.

Una instalación de extinción por gas tiene dos mitades, y las hacen dos oficios distintos. Conviene saber cuál es cuál antes de firmar nada.

Lo nuestro es todo lo que lleva corriente y lógica. Los detectores y dónde van. La central y su programación. La doble confirmación. El temporizador de aviso previo, que es el tiempo que se da para que la gente salga. Las sirenas y los rótulos luminosos de dentro y de fuera de la sala, que son los que dicen «no entres». El pulsador de disparo manual y el pulsador de paro. El enclavamiento con la puerta y con la climatización, porque la descarga no sirve de nada si el aire sigue moviéndose o si la puerta está abierta. La orden eléctrica que sale hacia el actuador de la botella. La vigilancia de que ese circuito de disparo sigue conectado. Y la integración con la central general del edificio, para que lo que pasa en esa sala se vea en recepción.

Lo que no es nuestro es todo lo mecánico. La batería de botellas y su soporte. El agente que llevan dentro y su recarga. La tubería, los difusores y el cálculo de cuánto agente hace falta y por dónde sale. El actuador montado sobre la válvula. Y dos cosas que son obra y no instalación: la estanqueidad de la sala, porque un gas que se escapa por los pasos de cable no mantiene la concentración el tiempo que tiene que mantenerla, y el alivio de sobrepresión, porque al descargar se mete mucho volumen de golpe en un recinto cerrado y eso empuja.

Y lo que de verdad aporta que alguien lo diga: el punto débil de estas instalaciones no está en ninguna de las dos mitades, está en la junta. La central programada y probada por un lado, la mecánica montada y probada por el otro, y nadie que haya comprobado junto que la orden sale, llega, y hace lo que tiene que hacer. Nosotros pedimos esa prueba conjunta con las dos empresas delante, con la descarga inhibida, y que el resultado quede en el acta con las dos firmas.

Y el agua, para que no quede duda.

Rociadores, columna seca, bocas de incendio equipadas, grupos de presión, depósitos y toda su tubería: no lo hacemos. Es el mismo razonamiento que con las botellas y con más motivo, porque ahí hay cálculo hidráulico, presiones y una habilitación que no es la nuestra.

Qué la hace fiable, y qué la hace saltar cuando no debe.

Lo que la hace disparar cuando no debe es casi siempre un fallo de proyecto, no de equipo. Un solo grupo de detección en vez de dos. Un detector de humo puesto donde hay vapor o polvo. La sensibilidad heredada de otro proyecto. O la trampa más habitual en salas técnicas: una sala que se llenó de armarios después de la puesta en marcha, con lo que el aire ya no circula como circulaba y los detectores están mirando donde ya no pasa nada.

Y hay un modo de fallo que no es técnico y es el más frecuente: el pulsador de paro usado como si fuera un botón de silencio. Alguien lo pulsa porque la sirena molesta, y mantiene la descarga inhibida. Eso no se arregla con electrónica: se arregla con formación y con un procedimiento en la pared de la sala.

Para quién encaja, y para quién no.

Encaja donde hay un recinto cerrado, con algo dentro que no se puede mojar ni se puede parar, y con poca gente habitualmente dentro. Sala técnica, sala eléctrica, archivo. Y encaja cuando se quiere la detección y el disparo gobernados por la misma cabecera en vez de por dos sistemas atados con un relé.

No encaja como sistema de detección general de un edificio de oficinas si no hay nada que extinguir: ahí se está pagando una capacidad que no se va a usar. Y no encaja —esto es importante— en un recinto que no se puede sellar. Si la sala tiene pasos de cable abiertos, un falso techo compartido con el pasillo o una puerta que no cierra, el gas se va y la protección es decorativa. Eso hay que resolverlo antes con obra, o elegir otra estrategia. Decirlo después de instalar es tarde.

Qué hacemos nosotros con ella.

  • El estudio de la sala antes de nada: qué hay dentro, cómo se mueve el aire, si el recinto se puede sellar, por dónde entran los cables y qué pasa con el falso suelo y el falso techo. De ahí sale si la estrategia de gas tiene sentido o no, y eso se dice antes de presupuestar.
  • La secuencia escrita y conformada por el cliente: cuánto tiempo de aviso previo, qué suena dentro y qué suena fuera, qué se para, qué se cierra, quién puede pulsar el paro y qué pasa si lo pulsa.
  • La prueba conjunta con la descarga inhibida, punto por punto, con las dos empresas presentes y acta firmada por las dos. Incluido el corte de corriente y la comprobación de que el aviso sale del edificio.

Quién la opera cuando nos vamos.

La parte de extinción no. Aquí hay una función que sí tiene que saber usar el cliente y sólo una: el bloqueo del disparo cuando va a haber trabajos en la sala, y su reposición al acabar, anotados los dos en un registro con nombre y fecha. Todo lo demás —cambiar tiempos, tocar grupos de detección, modificar la secuencia— no se toca desde dentro, porque un cambio mal hecho aquí no se nota hasta el día que importa.

Y el mantenimiento tiene dos calendarios, no uno. El de la detección, que es el de cualquier central, y el de la parte mecánica: comprobación del peso o la presión de las botellas, estado del actuador, y la verificación de que la sala sigue siendo estanca, que es la que más se salta y la que más falsa seguridad genera. Cuesta dinero todos los años y conviene saberlo antes de firmar.

Qué se decide en el proyecto de detección

Dónde seguir.

Si lo que tienes delante es una sala técnica y estás decidiendo la estrategia, el área cuenta cómo se toma esa decisión y con quién hay que hablar antes.

Empezar

¿Gas en esa sala? Primero mira si la sala aguanta.

Cuéntanos qué sala es, qué hay dentro, cómo entra y sale el aire y si el recinto se puede sellar. Te decimos qué parte hacemos nosotros, qué parte necesita una contrata mecánica y qué obra hay que hacer antes. Si la sala no se puede cerrar, te lo decimos también.