Detección de incendios · Schrack Seconet
La central en la red del edificio. Con todo lo que eso implica.
Una casa austríaca muy vista en hospitales, túneles e infraestructura. Une sus centrales por la red de datos en vez de por un cable propio, y eso abre puertas y mete a informática dentro del sistema de incendios. Lo segundo hay que decirlo antes, no después.
Qué es, y dónde aparece.
Schrack Seconet — Detección profesional, hospitales e infraestructura. En la práctica, esto.
Una central de incendios es el armario que pregunta a cada detector y a cada pulsador varias veces por segundo y que decide qué pasa. Cuando hay varios edificios hay varias centrales, y hace falta unirlas para que todo se vea desde un sitio. Lo habitual es unirlas con un cable propio del sistema de incendios.
Esta familia las une por red, como se une cualquier otra cosa del edificio, y en anillo para que un corte no deje a nadie solo. Eso resuelve instalaciones donde tender un cable propio de punta a punta es media obra: un hospital con diez edificios y galerías, un túnel, una red de estaciones.
Se la encuentra uno sobre todo en sanidad, en infraestructura y en edificios con mucha instalación técnica. En hospitales hay además un motivo práctico: la misma casa hace los sistemas de llamada de enfermería, así que muchas veces ya está dentro del edificio antes de que se hable de incendios.
Cómo está construido.
El armario es modular: procesador, tarjetas de lazo, salidas y fuentes con sus baterías, y crecer es añadir tarjetas. De cada lazo cuelgan los elementos con dirección propia, y con aisladores repartidos para que un cortocircuito se coma un tramo y no la planta.
De detector, el criterio de siempre: óptico en habitaciones, pasillos, oficinas y falsos techos con cable; térmico en cocinas, aparcamientos y salas de máquinas; multicriterio donde hace falta sensibilidad en un ambiente que no es limpio; de llama en exteriores y naves altas; aspiración cuando hay que enterarse muy pronto o el techo está a doce metros. En túneles y galerías, cable lineal de temperatura, que es lo único que aguanta ahí.
La parte de avisar: pulsadores junto a las salidas, sirenas y luces donde hay ruido, y megafonía de evacuación cuando hay que decir algo más que «sal» — en un hospital eso es lo normal, porque no se evacúa un hospital, se traslada por partes. Y el resto del edificio acompaña: puertas de humo que cierran, clima que para, compuertas, ascensores que bajan, control de accesos que suelta los tornos.
Lo que implica ir por la red.
Es lo que más aporta esta familia, y la conversación incómoda que más ahorra si se tiene a tiempo.
Si las centrales se comunican por la red del edificio, la red es parte del sistema de incendios. Eso significa que los equipos por los que pasa tienen que estar alimentados como está alimentado el resto del sistema, tienen que estar en un armario cerrado y no en un rincón, y no los puede reconfigurar alguien un martes por la tarde sin avisar.
Así que en el proyecto hay que sentar a informática y dejar tres cosas escritas: qué tramo es del sistema de incendios y quién responde de él, qué pasa si alguien toca un equipo de ese tramo, y cómo se prueba que el anillo sigue siendo un anillo. No es burocracia: es que cuando la red es de otro departamento, la avería de las tres de la madrugada la coge quien no sabe que eso era de incendios.
Dicho eso, cuando está bien planteado resuelve cosas que de otra forma no se hacen: supervisar diez edificios sin tender kilómetros de cable, o llevar a un puesto único lo que pasa en una red de instalaciones repartidas por una ciudad.
Lo que lo hace saltar cuando no debe.
En un hospital una falsa alarma no es una molestia: mueve a gente que no se puede mover. A la tercera, alguien pide anular la zona.
Los sitios conocidos son los de siempre y conviene nombrarlos: cocinas, vestuarios y duchas con vapor, aparcamientos con gases de escape, almacenes con polvo, obras dentro del edificio con soldadura y lijado, y salas de máquinas. En todos ellos un detector óptico va a dar avisos falsos, y la respuesta no es bajarle la sensibilidad: es poner la tecnología que corresponde.
La central guarda la evolución de cada sensor y avisa del que se está ensuciando antes de que empiece a molestar, lo que permite una revisión dirigida en vez de un recorrido completo. Eso ayuda mucho y no sustituye al proyecto: un detector mal situado seguirá mal situado con el informe más bonito del mundo.
Y hay una cosa específica de hospitales que sólo se aprende estando: las zonas que cambian de uso. Una sala que era almacén y ahora es un espacio técnico, un pasillo donde ahora se aparca material, una planta en obra con el falso techo abierto durante cuatro meses. Eso hace saltar sistemas que estaban bien proyectados, y se resuelve revisando el uso de las zonas y no la sensibilidad de los detectores.
Para quién encaja, y hasta dónde llegamos.
Encaja en recintos grandes y repartidos, en sanidad y en infraestructura, y donde ya existe una red de datos bien llevada con gente que responde de ella. No encaja —o encaja con cuidado— donde la red es de todos y de nadie: ahí es más honesto un cable propio del sistema de incendios, aunque cueste más obra.
Y hay una parte que no es nuestra y conviene decirla pronto, porque en un hospital están las dos mitades: somos de electrónica. Detección, alarma, evacuación, central, integración y mantenimiento, sí. Rociadores, bocas de incendio equipadas, columna seca, grupo de presión y depósitos, no: otro oficio, otra habilitación y otros gremios. Lo decimos en la primera reunión para que el presupuesto cuente con las dos empresas desde el principio.
De la extinción por gas hacemos la mitad electrónica —detección, temporizado, avisos de no entrar, disparo, aborto y el enclavamiento que para el clima antes de descargar— y no la batería de botellas ni su tubería.
Qué hacemos nosotros con ella.
Con una reunión más que en otros proyectos, y es la de la red.
- El proyecto por zonas y por usos: qué detectar en cada sitio y con qué tecnología, cómo se corta el edificio y qué pasa en cada zona cuando salta la de al lado.
- El acuerdo escrito con informática: qué tramo de red pertenece al sistema de incendios, cómo está alimentado, quién responde de él y qué no se toca sin avisar.
- La tabla de lo que pasa con cada zona, firmada antes de programar: qué se abre, qué se cierra, qué se para, qué se dice por voz y a quién se avisa.
- La puesta en marcha punto por punto, la secuencia completa, el corte de corriente, la prueba de que el anillo aguanta un corte, y el acta firmada con el resultado de cada punto.
- El mantenimiento con calendario y expediente: qué se revisa y cuándo, qué se hizo, quién y con qué resultado. Cuesta dinero todos los años y se dice antes de firmar.
Quién la opera después.
En sanidad esto pesa más que en ningún otro edificio, porque el turno cambia tres veces al día.
Tu gente tiene que poder silenciar, rearmar después de comprobar, leer el histórico —a qué hora, qué punto, qué pasó antes— y entender un aviso de avería. Y en un hospital hace falta algo más: que esté decidido y ensayado qué se hace con la planta afectada, porque lo que se ordena aquí no es salir a la calle, es mover gente a la zona de al lado.
La anulación temporal de una zona es de tu gente también, porque en un hospital siempre hay obra en alguna parte. Se enseña, con regla escrita y registro de quién anula y quién repone. Una zona anulada durante una reforma de cuatro meses que nadie repuso es el agujero clásico de estos edificios.
Lo que no es de tu gente: añadir o mover elementos, tocar la programación, cambiar sensibilidades, actualizar centrales y tocar el tramo de red del sistema. No es una preferencia nuestra — la instalación tiene que estar en manos de una empresa mantenedora habilitada, con calendario y expediente firmado. Y lo que decide si pueden operarla son los planos, los procedimientos de una página y una formación por papeles y por turnos.
Las otras ocho.
En un recinto repartido, la decisión de fondo es cómo se unen las centrales y quién responde de ese camino. De eso habla el área.
Empezar
¿Las centrales van por la red del edificio?
Si la respuesta es sí y nadie sabe de quién es ese tramo, ahí hay trabajo antes de tocar un detector. Cuéntanos cómo está montado, cuántos edificios hay y qué documentación existe, y te decimos qué falta y qué parte del trabajo no es nuestra.