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WestPoint · Servicio de asistencia técnica

A las tres de la mañana se ve si hay un SAT.

Soporte 24 × 7, mantenimiento preventivo con fechas, vigilancia del sistema para enterarnos antes que tú y repuestos a mano. Un servicio técnico que sólo existe cuando llamas no es un servicio técnico: es un número de teléfono.

Llamas a las tres de la mañana. ¿Qué pasa?

Ésta es toda la pregunta. Comparado con ésta, el resto del contrato de mantenimiento es literatura.

Ha saltado la alarma del almacén, o se ha caído el sistema entero, o hay una puerta que no abre y dentro hay gente. Se coge el teléfono del mantenimiento y pasa una de cuatro cosas: contesta un buzón de voz; contesta una centralita que apunta el aviso y lo pasa por la mañana; contesta alguien que no puede hacer nada hasta que a las nueve llegue un técnico; o contesta alguien que entra en el sistema mientras habla contigo.

Las cuatro se escriben igual en un presupuesto —soporte 24 horas— y cuestan parecido cuando se comparan en una hoja, porque en una hoja son una línea.

La diferencia se nota una vez al año, y ese día se nota entera. Por eso esta página no va de lo que ofrecemos: va de las preguntas que hay que hacer antes de firmar un mantenimiento. A nosotros también.

Qué tiene que haber detrás de un 24 × 7.

Tres cosas. Si falta una, las otras dos no sirven de nada.

La primera es alguien que descuelgue a cualquier hora y sepa de lo que se le habla. No un servicio que recoge el mensaje: alguien capaz de hacer la primera pregunta correcta, que es casi siempre la que ahorra el viaje.

La segunda es poder entrar en el sistema en ese momento. Sin un acceso remoto preparado y probado, con su permiso y su registro, cualquier problema se resuelve a la velocidad de un coche. Con él, buena parte de las incidencias se acaban antes de colgar.

Y la tercera es que exista un camino cuando lo anterior no basta: quién va, con qué, desde dónde y con qué pieza en el maletero. Eso no es una promesa, es un turno escrito, y es la parte que más cuesta sostener — por eso hay tanta gente vendiendo las dos primeras y llamándolo lo mismo.

Un polígono portuario de madrugada, visto desde una loma. Al fondo, la bahía con las luces del pueblo en la otra orilla, dos grúas amarillas, un buque atracado y el faro de la punta. En medio, las naves y los depósitos están a oscuras y sólo hay una ventana encendida en un edificio de oficinas. Abajo, junto a la puerta del recinto, una furgoneta blanca aparcada ilumina la entrada con los faros.

Qué se arregla sin salir, y qué obliga a ir.

En remoto se arregla más de lo que la gente espera. Un servicio que se ha quedado parado, una configuración que alguien cambió, un usuario que no entra, un grabador que ha dejado de hablarse con dos cámaras, un aviso que dejó de enviarse porque cambió una dirección de correo. Todo eso es media hora y nadie se mueve de donde está.

Y hay cosas que no se arreglan desde una pantalla por mucho que se quiera: un disco roto, una fuente quemada, un cable cortado, una cámara girada por un camión, una óptica que ha perdido el foco con los años, un detector sucio, un lector que ha dejado de leer. Eso es ir, y lo honesto es decirlo en la primera llamada en vez de tener al cliente dos horas probando cosas por teléfono.

La diferencia entre una instalación donde casi todo se resuelve en remoto y otra donde casi todo obliga a ir no está en el equipo: está en si hay acceso preparado, documentación de lo que hay y alguien que conozca el sitio. Las tres se preparan el día del montaje, cuando no cuestan nada.

Enterarnos antes que tú.

Porque una cámara que ha dejado de ver no se queja.

Aquí es donde más se separan un mantenimiento de verdad y un número de teléfono. Una cámara que se ha quedado ciega sigue encendida y sigue enviando imagen: sólo que la imagen es negra, o el interior de la bolsa que alguien le colgó delante. El grabador no ve nada raro, porque está recibiendo vídeo. Y nadie avisa, porque nadie mira cuarenta pantallas.

Lo mismo con un disco que empieza a dar errores, con un equipo de respaldo que ya no carga, con un armario que lleva una semana a cuarenta y dos grados o con una cámara que se reinicia todas las noches a las cuatro. Son avisos: el sistema los está dando y no hay nadie escuchándolos.

Vigilar eso es comprobar todos los días, de forma automática, que cada cámara sigue ahí, que lo que manda se parece a lo que mandaba ayer, que los discos están sanos, que la grabación cubre los días que debe y que la temperatura es la de siempre.

Cuando la instalación lleva esa vigilancia contratada, el aviso lo abrimos nosotros y llamamos: nadie tiene que darse cuenta primero. Y cuando no la lleva, conviene saberlo y decidirlo, en vez de descubrirlo el día que hace falta — así que es de las primeras cosas que ponemos sobre la mesa al hablar del mantenimiento.

Es la diferencia entre enterarse de que faltan tres semanas de una cámara el día que esas tres semanas hacían falta, y enterarse a la mañana siguiente.

Preventivo con fecha, y qué se hace en cada visita.

Un mantenimiento que consiste en venir cuando llamas es un correctivo con otro nombre. Esto es lo otro, y lleva calendario.

  • Las cámaras, una por una: qué se ve hoy desde cada una comparado con lo que se veía el día de la entrega. Encuadre, foco, suciedad de la cúpula, el seto que creció, el cartel que alguien colgó delante. Es la revisión que más cosas encuentra y la que más veces se salta. Y a la hora mala, no a mediodía: si el sistema trabaja de noche, al menos una revisión al año se hace de noche.
  • Los discos y la grabación: estado de cada disco y comprobación real de que están los días que tienen que estar — no que el sistema diga que sí, sino sacar una grabación del día más antiguo y verla.
  • La corriente de respaldo: medir la autonomía con todo en marcha y cambiar las baterías por edad, no cuando lo decidan ellas.
  • Los detectores y los lectores, de uno en uno, comprobando que la central los identifica en el sitio donde están de verdad y no en el que dice la etiqueta.
  • La cadena del aviso, entera y con el teléfono delante: que al disparar llegue a quien tiene que llegar, y que quien lo recibe siga trabajando aquí.
  • El armario: temperatura, polvo, filtros, espacio y que el etiquetado siga correspondiendo a lo que hay dentro.
  • Y un informe escrito de todo lo anterior: lo que está bien, lo que hay que arreglar ahora y lo que habrá que cambiar el año que viene. Una visita sin informe no se distingue de una visita que no ocurrió.

Qué condiciona el tiempo de respuesta.

Los números de un contrato de soporte se parecen todos. Lo que los cumple o no los cumple es esto.

Si hay acceso remoto preparado. Con él, el tiempo de respuesta útil es lo que se tarda en descolgar; sin él, lo que se tarda en llegar, y llegar depende del tráfico.

Si hay documentación y alguien que conozca esa instalación. Un técnico que entra en un sitio sin planos ni esquemas empieza por averiguar qué hay, y eso se cuenta en horas.

Si la pieza está. Una respuesta en cuatro horas que acaba en «hay que pedirlo» no es una respuesta en cuatro horas: es una visita en cuatro horas y una reparación en dos semanas. Por eso el repuesto se decide al proyectar —qué piezas, cuántas y dónde— y no el día que se rompe algo.

Y si se puede entrar. En muchas instalaciones el técnico no accede solo: hace falta acompañamiento, una autorización o un horario concreto, y una oficina bancaria no se abre a las cuatro de la mañana porque lo pida un técnico. Conviene haberlo pensado antes y no descubrirlo con el sistema parado.

Lo que se entrega, y a quién se le enseña.

Un sistema que sólo sabe manejar una persona se rompe el día que esa persona se va de vacaciones. Y uno que sólo entiende el proveedor que lo montó es una dependencia, aunque el proveedor sea bueno.

Así que se entrega lo que hay: planos de lo montado, esquemas de armarios y líneas, los equipos con modelo, número de serie y sitio, las direcciones de red, las actas de prueba, el calendario de mantenimiento y las claves de administrador a nombre del cliente.

Y se enseña a usarlo a quien está ahí todos los días, no al que firma: qué significa cada aviso, qué hacer con una avería, cómo se saca una grabación y se entrega con garantías, qué no hay que tocar nunca. Por escrito y pensado para quien entre dentro de dos años, que es quien lo va a leer.

La formación es la parte del mantenimiento que más llamadas ahorra, y la primera que se cae de un presupuesto apretado.

Lo que no hacemos.

No vendemos un mantenimiento que sea sólo un número de teléfono. Si lo que se busca es poder llamar cuando algo se rompe y nada más, eso existe y tiene su precio — pero no hay que llamarlo mantenimiento.

No facturamos visitas preventivas que no se hacen. Es la trampa más común del sector y la encontramos en muchas instalaciones que llegan a nosotros: un informe anual de una línea que dice «instalación revisada, correcta», con fecha y sin nada más.

No firmamos tiempos que dependen de cosas que no controlamos sin decir de qué dependen. Un tiempo de respuesta puesto por escrito sin haber hablado antes de accesos, repuestos y documentación es un número para la firma, no un compromiso.

Y seguimos sin ser los más baratos. Un mantenimiento que se hace de verdad tiene horas dentro, y las horas se ven en el precio. Quien compare dos contratos por el total anual va a elegir el otro, y tiene razón hasta el día que llama a las tres de la mañana.

Cómo lo compruebas tú mismo.

Seis preguntas para el mantenimiento que ya tienes contratado. Las respuestas se entienden sin saber de esto.

  • Llama al número del soporte esta noche, a la hora mala. No hace falta inventar una avería: con saber quién descuelga y qué puede hacer, ya lo sabes casi todo.
  • Pide el último informe de mantenimiento preventivo. Si no existe, o si cabe en una línea, no se ha hecho.
  • Pregunta cuándo fue la última vez que alguien revisó qué se ve desde cada cámara. Si la respuesta es el día de la instalación, hay encuadres perdidos.
  • Pregunta si alguien se enteraría de que una cámara ha dejado de grabar, y cómo. Si la respuesta es que se vería al mirar, no hay nadie vigilando el sistema.
  • Pregunta qué repuestos hay a mano para tu instalación: la respuesta honesta es una lista, no un «lo que haga falta».
  • Y mira a nombre de quién están las claves de administrador. Si no están al tuyo, el mantenimiento no es un servicio: es una puerta cerrada.

Lo que preguntan sobre el mantenimiento.

Las que más se repiten. Hay 22 sobre esto, y las otras 16 están en el índice de preguntas.

Todas las preguntas, por tema
¿Qué es un contrato de mantenimiento y qué incluye?

Es un acuerdo con dos mitades distintas: las revisiones que se hacen aunque no pase nada, que es el preventivo, y la atención cuando algo se rompe, que es el correctivo. Un contrato serio dice qué se revisa, cada cuánto, quién descuelga fuera de horario, cómo se entra en el sistema, qué está incluido y qué se factura aparte.

Lo que conviene mirar porque muchas veces está fuera: el material y las piezas, las ampliaciones, los desplazamientos fuera de horario, la vigilancia del sistema y la formación de las personas que lo usan. Ninguna de las cinco es un extra menor.

Y un mantenimiento que consiste en venir cuando llamas es un correctivo con otro nombre. Existe, tiene su precio y a veces es lo que hace falta; lo que no hay que hacer es llamarlo mantenimiento y compararlo con uno que sí lo es.

Qué cubre el mantenimiento de WestPoint Instalación y mantenimiento, de corrido

¿Qué diferencia hay entre mantenimiento preventivo y correctivo?

El preventivo se hace con calendario y encuentra lo que todavía no ha fallado: el encuadre que se perdió, la óptica sucia, el disco que empieza a dar errores, la batería que ya no aguanta, el detector con polvo, el aviso que va a un correo de alguien que ya no trabaja allí. El correctivo es lo que se hace cuando algo ya se ha roto.

La mayor parte de las averías caras que nos llegan eran cosas que una revisión hecha de verdad habría visto meses antes. No todas: un rayo o un camión que gira una cámara no se previenen. Pero sí la mayoría de las que dejan a alguien sin grabación.

Y el preventivo se demuestra con un informe. Una visita sin informe no se distingue de una visita que no ocurrió, y esa es exactamente la trampa más común del sector.

Revisiones y averías, cómo se reparten Cómo se mantiene una instalación

¿Cada cuánto hay que revisar la instalación?

Lo marca el tipo de instalación y la normativa que le aplique: la detección de incendios y los sistemas conectados a una central receptora tienen su periodicidad establecida, y el resto se fija por lo que hay montado, por el uso y por lo que el cliente no puede permitirse perder.

Como criterio de trabajo, al menos una revisión completa al año, repartida en más visitas cuando la instalación es grande o crítica. Y al menos una de ellas a la hora mala: si el sistema trabaja de noche, revisarlo a mediodía es revisar otra cosa.

Lo que fija de verdad la frecuencia son los elementos que se degradan solos y sin avisar: encuadres, ópticas, baterías, filtros del armario y discos. En un ambiente con polvo o con vibración, todo eso va más deprisa.

El calendario de revisiones La detección de incendios y su norma

¿Qué pasa si llamo a las tres de la mañana?

Pasa una de cuatro cosas, y las cuatro se escriben igual en un presupuesto. Contesta un buzón de voz. Contesta una centralita que apunta el aviso y lo pasa por la mañana. Contesta alguien que no puede hacer nada hasta que llegue un técnico. O contesta alguien que entra en el sistema mientras habla contigo.

Para que sea la última hacen falta tres cosas a la vez: alguien que descuelgue y sepa de lo que se le está hablando, un acceso remoto preparado y probado —con permiso y con registro—, y un camino para cuando eso no basta, que es quién va, desde dónde y con qué pieza en el maletero. Si falta una, las otras dos no sirven.

La forma de comprobarlo en el mantenimiento que ya se tiene contratado es llamar al número del soporte una noche cualquiera. No hace falta inventar una avería: con saber quién descuelga y qué puede hacer, ya se sabe casi todo.

La atención 24 × 7, cómo funciona Los teléfonos y el correo de contacto

¿Cómo se escala una avería?

Por lo que ha dejado de funcionar, no por lo nervioso que esté quien llama. Una cámara caída de veinte no es lo mismo que el grabador entero parado, ni que una puerta que no abre con gente dentro, ni que una central de incendios en avería.

Ese orden se escribe en el contrato y lo decide el cliente, porque solo él sabe qué le duele: qué se considera crítico en su instalación, quién lo atiende en primera línea, cuándo sube a un técnico especialista o al fabricante, y a quién de su casa hay que avisar en cada nivel.

Y hay una parte que no está en nuestra mano: si el técnico puede entrar. Muchas instalaciones exigen acompañamiento, autorización previa o un horario concreto, y una oficina bancaria no se abre de madrugada porque lo pida un técnico. Conviene haberlo resuelto antes y no descubrirlo con el sistema parado.

Cómo se clasifica y se atiende una avería Cómo se gestionan las incidencias en IRIS

¿Qué se puede arreglar sin desplazarse?

Más de lo que la gente espera. Un servicio que se ha quedado parado, una configuración que alguien cambió, un usuario que no entra, un grabador que ha dejado de hablarse con dos cámaras, un aviso que dejó de enviarse porque cambió una dirección de correo, una actualización que hay que deshacer. Todo eso se resuelve sin que nadie se mueva.

Y hay cosas que no se arreglan desde una pantalla por mucho que se quiera: un disco roto, una fuente quemada, un cable cortado, una cámara girada por un camión, una óptica que ha perdido el foco con los años, un detector sucio, un lector que ha dejado de leer.

Lo honesto es decir en la primera llamada de cuál de las dos se trata, en vez de tener al cliente dos horas probando cosas por teléfono para acabar yendo igual.

Qué resuelve el soporte en remoto El estado de las cámaras, al día

Empezar

¿Llamas y qué pasa?

Cuéntanos qué hay instalado, quién lo mantiene hoy, qué documentación existe y qué fue lo último que se rompió. Con eso te decimos qué falta y qué no hace falta. Si lo que tienes está bien mantenido, también te lo decimos y no te vendemos nada.