En recorrer el sitio entero con quien va a proyectar, no con un comercial. Se mira dónde da el sol a las ocho de la mañana y dónde a las seis de la tarde, qué se mueve con el viento, qué tapa un camión cuando aparca, por dónde se entra de verdad cuando no mira nadie, de dónde sale la corriente y por dónde puede ir un cable sin picar media pared. Y se mira lo que ya está puesto, en qué estado y con qué documentación.
Dura lo que dure el sitio. Una nave con dos accesos se ve en una mañana; un edificio en uso, con varias plantas, turnos distintos e instalaciones de tres épocas, no. Lo que no se hace es proyectar desde un plano y una lista de necesidades dictada por teléfono: es la forma más fiable de descubrir en el montaje que la cámara del plano mira a un pilar.
De la visita sale también una lista de preguntas, no sólo medidas. Quién abre por las mañanas, quién se queda el último, qué pasa cuando viene el camión de la basura, quién tiene llave del cuarto técnico. Ahí está la mitad de lo que hay que saber, y no se ve en ninguna pared.
Pedir una visita técnica al sitio →Qué se mira antes de proyectar →