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WestPoint · Cámaras · IDIS

IDIS se configura sola si todo es de IDIS. Ahí está su gracia y su límite.

Coreana. Fabrica la cámara, el grabador y el programa, y los hace reconocerse entre ellos sin apenas configurar nada, sin licencias por cámara y con garantías largas. Cuanto más mezclada esté la instalación, menos ventaja tiene.

Qué clase de fabricante es.

De los pocos que hacen toda la cadena y la venden como una sola cosa.

La cámara, el grabador y el programa son de la misma casa y están pensados para encontrarse solos: se conecta el equipo y aparece en el sistema sin pelearse con direcciones ni usuarios. Eso, que parece poco, son horas de puesta en marcha y son errores que no se cometen.

Lo segundo es el modelo comercial: el programa de gestión no se paga por cámara y las garantías son largas. En una cadena con cuarenta tiendas, lo que eso cambia no es el precio de compra: es la factura anual y el número de llamadas.

Lo que sacrifica es especialización. No es la casa a la que acudir para el punto imposible, ni la que más lejos llega en analítica, y su ventaja se diluye en cuanto la instalación se mezcla con equipos y programas de otros.

Dónde se porta bien.

En instalaciones repetidas: cadenas de tiendas, sucursales, clínicas, colegios, gimnasios, comunidades grandes. Sitios de entre ocho y sesenta cámaras donde no hay informático, donde todas las sedes se quieren ver desde la misma aplicación y donde reponer un equipo tiene que ser cambiarlo y nada más.

Y donde el cliente quiere que el sistema sea suyo de verdad: buscar, exportar y dar de alta a un usuario sin llamar al instalador. Eso depende más de la sencillez del programa que de cualquier característica de la cámara, y aquí está resuelto.

Dónde no la pondríamos.

La regla es sencilla: cuando la cadena se rompe, la ventaja desaparece.

Si el software de vídeo ya está decidido y es de otra casa, o si la instalación tiene que convivir con cámaras de tres marcas, se paga la comodidad de un sistema cerrado y se usa como si fuera abierto. Ahí hay opciones mejores.

Tampoco en los puntos difíciles —contraluz fuerte, lectura de matrícula, luz casi nula— ni en grandes centros de control con integración a accesos, intrusión y sistemas de terceros, donde lo que se pide a la plataforma es otra liga.

La analítica que lleva dentro, y dónde se acaba.

Trae lo que una instalación de este tipo necesita: intrusión en zonas, cruce de línea, distinción entre personas y vehículos en la gama que lo lleva, y aviso a la aplicación. Bien ajustado, eso cubre el noventa por ciento de lo que se pide en una tienda o una clínica.

El límite es el de siempre: reglas dibujadas sobre la imagen, cada cámara por su cuenta, y nada que entienda una situación. En comercio eso se nota enseguida, porque lo que de verdad interesa —cómo se mueve la gente, qué pasa en la cola, por qué nadie entra en ese pasillo— no se dibuja con una línea.

Lo que viene ahora es una recomendación con parte interesada, así que va declarado: en la misma casa está IRIS Neural, el NVMS de Infinity Neural, la otra empresa del grupo. Es producto nuestro. Preferimos que lo sepas leyendo esta línea.

Lo que aporta es eso: comprender lo que pasa en la escena y convertirlo en datos de operación. Conviven sin problema sobre las mismas cámaras. Y si lo que hace falta es grabar bien y avisar de una intrusión de madrugada, el sistema solo ya lo hace.

Qué es IRIS Neural

Qué hacemos nosotros.

  • Un diseño tipo para la sede repetida, con la misma cámara en el mismo sitio en todas: una cadena con veinte tiendas distintas cuesta veinte veces más de mantener.
  • La elección del punto donde la imagen tiene que servir de prueba —la caja, la puerta— y, si hace falta, una cámara mejor ahí aunque rompa la uniformidad.
  • El plan de grabación: cuántos días se guardan de verdad, qué pasa cuando se rompe un disco y cómo sale un vídeo para un seguro o para la policía.
  • La formación de quien lo va a usar, que en estas instalaciones es la mitad del proyecto: buscar, exportar y qué hacer cuando algo no aparece.
  • El mantenimiento: firmware, contraseñas del cliente, estado de discos y revisión del encuadre en cada visita, porque en una tienda los muebles se mueven cada temporada.

El ángulo y la altura no se discuten en el montaje.

En comercio la cámara se pone donde queda disimulada, y así se pierde la mitad de lo que se ha pagado: una cúpula en el centro de la tienda a tres metros y medio ve cabezas y cestas, no caras. Quien tiene que salir identificado pasa por la puerta y por la caja, y ahí es donde va una cámara a la altura de la cara y con la luz de frente, no a contraluz del escaparate.

El ángulo, la altura y la luz deciden para siempre qué se podrá hacer con esa imagen. Se discute en el proyecto, con el plano del local, y no el día del montaje.

Qué le vas a pedir a esa imagen

Dónde seguir.

Empezar

¿Muchas sedes iguales y nadie de informática?

Ése es el escenario donde esta casa tiene algo que ofrecer. Cuéntanos cuántas sedes son, cuántas cámaras en cada una y quién va a usar el sistema, y te decimos qué diseño tipo proponemos y en qué punto conviene salirse de él.