Saltar al contenido

WestPoint · Cámaras · Hanwha Vision

Hanwha se fabrica hasta el chip. Y eso se ve a contraluz.

Coreana, viene de la antigua división de seguridad de Samsung y hace su propio procesador de imagen. Buena relación entre lo que cuesta y cómo se porta en luz difícil, y un programa de gestión que entra con el equipo.

Qué clase de fabricante es.

Un fabricante vertical: diseña el sensor, el procesado y el software, y los vende juntos.

Hacer el chip propio tiene una consecuencia práctica: el fabricante decide cómo se trata la luz en vez de heredar lo que traiga un procesador comprado a otro. Eso se nota en las escenas con mucho contraste y con poca luz, que son las que rompen la mayoría de instalaciones.

Lo segundo que define a esta casa es que el software de gestión viene con la familia de equipos y no como una factura aparte por cámara. En una instalación mediana eso cambia el presupuesto de forma visible.

Lo que sacrifica es la apertura total. Funciona con software de terceros, pero lo mejor que tiene —la analítica y la gestión fina— se saca dentro de su propio familia de equipos. Cuanto más mezclada esté la instalación, menos de eso se aprovecha.

Dónde se porta bien.

En el interior industrial y logístico con luz irregular: naves con lucernarios, pasillos de estantería con sombra profunda, puertas de muelle abiertas al sol. El equipo de gama media de esta marca aguanta ese salto de luz mejor de lo que su precio hace esperar, y en una nave con veinte cámaras eso se traduce en dinero.

Y donde el cliente quiere un sistema completo y sencillo: cámaras, grabación y programa de la misma casa, con el personal de seguridad buscando y exportando sin llamar a nadie. El catálogo es ancho —domo, bala, multisensor, ojo de pez, motorizadas—, así que se cubre la instalación entera sin forzar ningún punto. Ahí la ventaja no es técnica: es que el sistema se usa de verdad.

Dónde no la pondríamos.

Hay dos situaciones donde proponerla sería vender cómodo.

En instalaciones donde el software de vídeo ya está decidido y es de otra casa, y lo que se espera de la cámara es analítica embarcada gobernada desde ese programa. Funciona, pero se paga una parte del equipo que no se va a usar, y algunos ajustes hay que ir a hacerlos a la interfaz de la cámara, que es exactamente lo que se quería evitar.

Y en los puntos de verdad difíciles: un acceso a contraluz total con el sol de poniente de frente, una lectura de matrícula a mucha distancia, una escena con luz casi nula y sin posibilidad de poner un foco. Ahí la conversación ya no es de marca, es de qué óptica y qué sensor hacen falta, y a veces sale otra casa — o sale mover la cámara, que es más barato y nadie lo propone.

La analítica que lleva dentro, y dónde se acaba.

La gama con analítica a bordo clasifica lo que se mueve —persona, vehículo, cara, matrícula—, cuenta pasos por una línea y avisa de intrusión en una zona, y lo hace dentro de la cámara. Eso baja muchísimo el número de avisos tontos frente a la detección de movimiento de toda la vida, que salta con una sombra y con una bolsa de plástico.

Y ahí está el techo. Clasificar un objeto no es entender una situación. La cámara sabe que eso es una persona; no sabe si esa persona está discutiendo con otra, si lleva el casco que hoy hace falta porque hay una grúa trabajando, o si lo raro es que esté ahí a esa hora. Pedírselo acaba en reglas cada vez más complicadas que alguien desactiva un martes.

Lo que viene ahora es una recomendación con parte interesada, así que va declarado: en la misma casa está IRIS Neural, el NVMS de Infinity Neural, la otra empresa del grupo. Es producto nuestro. Preferimos que lo sepas leyendo esta línea.

Lo que aporta es esa comprensión de la escena sobre las mismas cámaras que ya están puestas. Conviven sin problema: la cámara filtra en el borde y el sistema se ocupa de lo que necesita contexto. Y si clasificar persona o vehículo es todo lo que hacía falta, la cámara sola basta y lo decimos.

Qué es IRIS Neural

Qué hacemos nosotros.

  • Separar los puntos fáciles de los difíciles antes de pedir precio. El catálogo es ancho y la tentación es cotizar todo con el mismo modelo; la diferencia entre gamas en esta casa se paga justo en los dos o tres puntos donde la luz es mala.
  • La óptica y el encuadre con el plano: cuánta escena coge cada cámara y cuánto detalle llega al sitio exacto donde hay que reconocer a alguien. El cálculo se hace antes de comprar, no al subir al poste.
  • La instalación: altura e inclinación, sellado, alimentación por el cable de red con reserva, y las cajas de conexión accesibles sin montar un andamio dentro de dos años.
  • La puesta a punto en la hora mala y de noche, con la luz que de verdad tiene ese sitio. En esta marca hay mucho margen de ajuste en exposición y en el tratamiento del contraluz, y sin tocarlo se está tirando la mitad de lo que se ha pagado.
  • El mantenimiento: firmware, contraseñas a nombre del cliente, y revisión del encuadre cámara por cámara en cada visita. Una revisión que no comprueba qué se ve desde cada punto es una visita, no una revisión.

El ángulo y la altura no se discuten en el montaje.

Con el contraluz pasa algo que sólo se aprende montando: casi nunca se gana ajustando la cámara. Se gana girándola quince grados, bajándola un metro o pasándola al otro lado de la puerta.

El ángulo, la altura y la luz deciden para siempre qué se podrá hacer con esa imagen: si algún día se podrá leer una matrícula ahí, contar personas o reconocer una cara. Se discute en el proyecto, con el plano y a la hora mala, y no el día del montaje.

Qué le vas a pedir a esa imagen

Dónde seguir.

Empezar

¿Instalación nueva o ampliación de la que ya tienes?

Cuéntanos cuántos puntos hay, cómo es la luz en cada uno y qué programa de vídeo usas hoy. Con eso te decimos dónde conviene la gama media de esta marca, dónde hace falta subir y dónde lo que toca es mover la cámara de sitio.