WestPoint · Cámaras · Avigilon
Avigilon no vende cámaras. Vende un sistema, y las cámaras van dentro.
Norteamericana, hoy parte de Motorola Solutions. Vino del software de vídeo y de la búsqueda, no de la óptica, y eso explica dónde rinde de verdad y qué compromiso se firma al elegirla.
Qué clase de fabricante es.
Al revés de lo habitual: no es un fabricante de cámaras que añadió un programa, es un sistema que fabrica sus propios ojos.
Empezó haciendo software de vídeo y analítica, y las cámaras llegaron después para alimentarlo bien. Por eso el equipo está pensado para que el sistema saque partido de lo que graba, y no sólo para que la imagen quede bonita en una pantalla.
Prioriza dos cosas muy concretas: que el disco dure y que buscar sea rápido. Su forma de comprimir recorta mucho almacenamiento sin llevarse por delante el detalle de lo que se mueve, y su buscador permite señalar a una persona o un coche y pedir otras apariciones parecidas. En cien cámaras, lo primero es dinero y lo segundo son horas de quien revisa.
Lo que sacrifica es la neutralidad. Fuera de su propio sistema la cámara funciona con el software de otro, pero se queda en una cámara buena y cara: lo que la hace distinta vive en la otra mitad. Y parte de la gama va hacia la nube con suscripción, que es otro modelo de coste y hay que verlo con números a cinco años, no a uno.
Dónde se porta bien.
Donde hay muchas cámaras y poca gente para mirarlas: un campus, un centro logístico, un hospital, un polígono. Y donde hay que cubrir superficies grandes desde pocos soportes, porque sus equipos de varios sensores en un mismo cuerpo cubren un cruce de pasillos o una explanada sin repartir cuatro cámaras con sus cuatro cables.
Rinde sobre todo el día que hay que encontrar algo. Buscar a una persona con chaqueta clara en cuatro horas de grabación de sesenta cámaras es el trabajo que de verdad se hace con un sistema de vídeo, y es justo lo que esta casa lleva años puliendo. Y si además el control de accesos es suyo, cámaras, puertas y usuarios quedan en el mismo sitio, con un solo registro de quién ha mirado qué.
Dónde no la pondríamos.
El compromiso que trae es real, y hay tres casos donde no compensa.
Como cámara suelta en una instalación que va a seguir con el software de vídeo de otra casa. Está bien hecha y funcionará, pero se paga una mitad del sistema y se usa la otra: para eso hay equipos equivalentes más baratos.
En los puntos difíciles y pequeños —un contraluz extremo, leer una matrícula a distancia larga, una escena con luz casi nula—, donde lo que decide es la óptica y el sensor y hay fabricantes más especializados en eso. Y en instalaciones pequeñas, donde montar el sistema entero es desproporcionado para ocho cámaras.
La analítica que lleva dentro, y dónde se acaba.
Es su terreno y se nota: clasificación de personas y vehículos en la propia cámara, aviso de intrusión en una zona, y búsqueda por apariencia, que es lo que de verdad cambia el día a día de quien revisa vídeo. Lleva años rodando y está bien resuelto.
El límite está en la clase de pregunta que se puede hacer. Encuentra cosas que se parecen y avisa de reglas que se pueden dibujar sobre la imagen. No entiende situaciones: que alguien esté forzando una puerta, que un operario trabaje sin el equipo que hoy toca, que lo anómalo sea la hora y no el sitio.
Lo que viene ahora es una recomendación con parte interesada, así que va declarado: en la misma casa está IRIS Neural, el NVMS de Infinity Neural, la otra empresa del grupo. Es producto nuestro. Preferimos que lo sepas leyendo esta línea.
Lo que aporta es esa comprensión de la escena, y relacionar lo que pasa en varias cámaras como una sola historia. Conviven: el sistema de esta casa gobierna la grabación y la búsqueda, que es lo que el cliente ya tiene montado y pagado. Y si con buscar por apariencia se resuelve el problema, sobra todo lo demás y lo decimos.
Qué hacemos nosotros.
Aquí buena parte del trabajo es que el número final no dé una sorpresa en el año tres.
- Las cuentas completas antes de elegir: equipos, licencias, almacenamiento real con la calidad que de verdad hace falta, y qué se paga cada año. Con la parte de nube, el mismo cálculo a cinco años.
- La elección entre un equipo de varios sensores y varias cámaras sueltas, que no es una cuestión de gusto: depende de si hay un punto desde el que se vea todo sin que una columna o un camión aparcado tape la mitad.
- La óptica y el encuadre con el plano, y el cálculo del detalle que llega al sitio exacto donde hay que reconocer a alguien.
- La instalación y la puesta a punto a la hora mala, con el sol de frente y de noche. Y el ajuste de la analítica sobre la escena real, con una semana de avisos a la vista antes de dar nada por bueno.
- El mantenimiento: firmware, contraseñas a nombre del cliente y revisión del encuadre cámara por cámara en cada visita.
El ángulo y la altura no se discuten en el montaje.
Con un equipo de varios sensores esto se multiplica por cuatro. Mal puesto no se pierde una cámara: se pierden los cuatro sensores a la vez, porque todos miran desde el mismo punto. Un soporte elegido por comodidad de cableado deja dos sensores mirando el techo de una nave y otro contra una luminaria.
El ángulo, la altura y la luz deciden para siempre qué se va a poder hacer con esa imagen. Se calcula en el proyecto, con el plano y las horas malas delante, porque después la corrección no es mover un tornillo: es volver a pagar la mano de obra.
Dónde seguir.
Antes de comparar marcas conviene tener claro qué le vas a pedir a cada imagen. De eso habla el área.
Empezar
¿Lo que te hace falta es buscar, o es ver?
Esa es la pregunta que hace interesante a esta casa. Cuéntanos cuántas cámaras hay, cuánta gente las mira y qué pasa el día que hay que encontrar algo en la grabación. Con eso te decimos si compensa el sistema completo o sólo parte.