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WestPoint · Hardware · Rittal

En una nave el problema no es el calor. Es el polvo.

Armarios y climatización, también para ambiente industrial y para exterior. Ahí la solución de oficina —ventilar más— es exactamente la equivocada, porque ventilar es meter la nave dentro del armario.

Qué clase de fabricante es.

Rittal · Sala tecnica — Armarios y climatizacion, tambien en ambiente industrial. Y su terreno propio es el que peor se resuelve en seguridad.

Hace armarios de bastidor para sala técnica, como cualquiera de esta clase, y hace además lo que en una instalación industrial hace falta de verdad: armarios cerrados con grado de protección declarado, climatizadores que se montan en la puerta o en el lateral, intercambiadores de calor aire-aire, y armarios para exterior.

La diferencia entre un armario de oficina y uno industrial no es la chapa: es que el segundo declara cuánto protege de polvo y de agua, y eso es un número normalizado que se puede exigir en un pliego. Y trae consigo una consecuencia que hay que entender antes de elegir: un armario que no deja entrar polvo tampoco deja entrar aire.

Por qué un armario cerrado no se puede ventilar.

Es la decisión central de esta página y se explica en tres frases.

Un armario de sala técnica se refrigera dejando pasar aire: entra fresco por abajo, sale caliente por arriba. En una nave con polvo en suspensión eso mete el polvo dentro, y el polvo hace tres cosas: tapa los filtros, se acumula en los ventiladores y forma una capa sobre la electrónica que actúa como una manta. En una carpintería, un ventilador con filtro puede quedarse ciego en semanas.

Así que en ambiente sucio el armario se cierra, y entonces hay que sacar el calor sin intercambiar aire. Hay dos formas. Si el aire de la nave está más frío que el de dentro del armario, basta un intercambiador de calor, que pasa el calor de un aire al otro sin mezclarlos. Si la nave está a treinta y cinco grados en verano, hace falta un climatizador de armario, que es un aparato de frío pequeño montado en la propia puerta.

Y de ahí sale el detalle que demuestra si alguien lo ha montado antes: un climatizador de armario produce agua de condensación, y ese agua hay que evacuarla a algún sitio. La bandeja que nadie vacía y el tubo que nadie conectó son la avería clásica de estos montajes, y acaban con agua dentro del armario, que es justo lo que se quería evitar.

La cuenta entera: días, discos, corriente y armario

Armario de exterior: otro problema distinto.

Un armario en la calle tiene dos estaciones y las dos dan guerra.

En verano hay que contar dos calores: el que producen los equipos y el que mete el sol sobre la chapa. Un armario al sol en agosto puede estar muy por encima de la temperatura del aire, y la solución más barata del mundo es un techo de sombra separado de la tapa, que cuesta poco y quita muchos grados.

En invierno el problema es el contrario y menos evidente: cuando la temperatura baja y la humedad es alta, se condensa agua dentro del armario. Por eso en exterior se pone a veces una resistencia de calefacción con termostato, que suena absurdo —calentar un armario— y es lo que evita que la electrónica amanezca mojada.

Y están las dos cosas que se olvidan siempre: por dónde entran los cables, que tiene que ser por abajo y con pasos sellados para que no entre agua ni bichos, y quién tiene la llave. Un armario de calle con la electrónica de unas cámaras dentro es el punto más accesible de toda la instalación: conviene que esté cerrado con algo serio y que avise cuando se abre.

Dónde encaja en una instalación de vídeo.

En armario de bastidor para sala técnica, igual que cualquiera de esta lista: estructura, puertas, guiado de cables y accesorios de ventilación. Ahí la conversación es la de siempre: camino del aire, paneles ciegos en los huecos libres y cableado ordenado.

Y, sobre todo, en lo que no cubre un armario de oficina: el armario cerrado y climatizado de una nave, el de una zona con polvo o con producto en suspensión, el de un cuarto de máquinas con vibración, y el armario de calle donde vive la electrónica de un tramo de cámaras o de una barrera de acceso.

En esos sitios el armario no es un mueble: es lo que decide si la electrónica dura cinco años o dieciocho meses. Y es una de esas partidas que se recortan en el presupuesto porque no se ve, y que se paga entera después.

Dónde no lo pondríamos.

En una oficina con un cuarto fresco, un armario industrial cerrado y climatizado es gastar de más: ahí un armario normal bien ventilado hace el trabajo, y además consume menos.

Tampoco pondríamos un armario cerrado sin climatización en una nave caliente pensando que aguanta. Cerrado y sin sacar el calor es la peor combinación posible: un horno hermético. La regla es que cerrar obliga a refrigerar, y si no hay presupuesto para refrigerar hay que cambiar el sitio.

Y no pondríamos un climatizador de armario donde nadie vaya a mantenerlo. Tiene filtro, tiene condensados y tiene una vida; en una nave sin nadie que lo mire, a los dos años es una caja atascada colgada de la puerta. Si no hay mantenimiento posible, a veces la mejor decisión es llevar el equipo a otro sitio y dejar en la nave sólo lo imprescindible.

Qué hacemos nosotros con él.

  • Mirar el ambiente antes del armario: si hay polvo, de qué clase, si hay humedad, si hay vibración, si hay productos químicos en el aire y qué temperatura alcanza el sitio en agosto. De ahí sale el grado de protección y si hay que cerrar.
  • La suma de vatios de lo que va dentro, porque es el calor que habrá que sacar. Y el margen para lo que se añadirá.
  • Decidir entre intercambiador y climatizador con la temperatura real del sitio en la mano, no con la media del año. Y si es climatizador, dejar resuelta la evacuación de condensados desde el primer día.
  • En exterior: sombra sobre la tapa, calefacción con termostato si el sitio condensa, pasos de cable sellados por abajo y aviso de apertura de puerta.
  • Y el sensor de temperatura dentro, avisando por red. En un armario cerrado es más importante que en uno ventilado, porque cuando la refrigeración falla ahí dentro el calor sube muy rápido.

Quién lo administra cuando nos vamos.

Aquí el dueño natural es el mantenimiento del cliente, y es trabajo sencillo si está escrito.

En una industria ya hay un equipo de mantenimiento que limpia filtros, revisa climatizadores y atiende avisos. El armario de seguridad tiene que entrar en esa misma ronda: filtro del climatizador, condensados, ventiladores y una mirada a la temperatura. Son minutos, y sin ellos el armario se degrada sin que nadie lo note.

La parte de informática es el aviso: que el sensor de temperatura y el de puerta abierta lleguen al sistema de avisos de la casa. Con eso, un climatizador que se ha quedado atascado se detecta el día que pasa, y no el día que se rompe un disco.

Lo nuestro es volver a hacer la cuenta cuando cambia el contenido del armario, y revisar una vez al año si el sitio sigue siendo el que era: las naves cambian de uso, se pone una máquina nueva al lado, se cierra una ventilación. El armario que estaba bien hace tres años puede estar en otro sitio sin haberse movido.

Empezar

¿Tienes el equipo de seguridad en una nave?

Cuéntanos qué ambiente hay —polvo, humedad, calor, vibración—, qué equipo vive ahí y cómo está montado hoy. Te decimos si el armario es el adecuado, si hay que cerrarlo y refrigerarlo, o si lo sensato es sacar el equipo de ahí.