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Dos servidores en un armario cerrado son una estufa de mil vatios.
Armarios, refrigeración y energía de sala técnica. El calor no es un detalle de confort: es lo que decide si los discos duran seis años o dos, y es el problema que más veces hemos encontrado sin resolver.
Qué clase de fabricante es.
Vertiv · Sala tecnica — Armarios, refrigeracion y energia de sala. Es decir: la sala, no lo que va dentro de la sala.
Esta casa cubre tres cosas que van juntas: el armario —con su estructura, sus puertas, su guiado de cables y su cerradura—, la refrigeración, desde mover aire hasta equipos de climatización de fila, y la energía, con respaldo y distribución medida. Y la vigilancia de todo eso: sensores de temperatura, de humedad y de puerta abierta que avisan por red.
Para un sistema de vídeo eso es más importante de lo que parece, porque el armario es donde vive toda la seguridad del edificio: grabador, almacenamiento, conmutadores, controladoras de accesos y central de intrusión. Es el sitio con más consecuencias por metro cuadrado de la instalación, y casi siempre está en el cuarto que sobraba.
La cuenta del calor, que es una suma sencilla.
Todo lo que entra como electricidad sale como calor. No hay pérdidas misteriosas.
Si dentro del armario hay un grabador, un almacenamiento, dos conmutadores y un equipo de respaldo, y entre todos consumen mil vatios, ese armario está metiendo mil vatios de calor en el cuarto. Es el equivalente a un radiador eléctrico pequeño encendido a todas horas, todos los días del año. La cuenta es así de simple y casi nunca se hace.
Lo que pasa después depende del cuarto. Si hay volumen y alguna renovación de aire, la temperatura se estabiliza unos grados por encima de la del pasillo. Si es un cuarto pequeño y cerrado, sube hasta que algo se rinde: en julio, con el cuarto a treinta grados, dentro del armario se pasa de los cuarenta sin esfuerzo.
Y el efecto no es una avería inmediata, que sería casi mejor. Es que los discos duran dos años en vez de seis, las fuentes se degradan, las baterías del respaldo se gastan al doble de velocidad y los equipos con tarjeta gráfica bajan solos su rendimiento para no quemarse. Todo eso ocurre sin un solo mensaje de error, y cuando llegan las averías nadie las relaciona con la temperatura.
Por dónde entra el aire, y los huecos que lo arruinan.
Aquí van los dos detalles que distinguen un armario montado por alguien que sabe.
Los servidores cogen aire por delante y lo sueltan caliente por detrás. Eso obliga a dos cosas: que la puerta delantera deje pasar aire de verdad —una puerta de cristal es bonita y asfixia— y que el aire caliente de detrás no vuelva a entrar por delante. Cuando hay varios armarios, de ahí sale la organización por pasillos: todos los frentes mirando al mismo pasillo frío y todos los traseros al mismo pasillo caliente. Armarios enfrentados de cualquier manera hacen que cada uno respire el aire caliente del de al lado.
El segundo detalle es el que nadie espera: los huecos. Cada unidad libre del bastidor sin tapar es un atajo por el que el aire caliente de detrás vuelve a la cara del equipo, y eso arruina el trabajo de la refrigeración. Se arregla con paneles ciegos, que valen muy poco y casi nunca están puestos. Lo mismo con los pasos de cables: si el suelo del armario está abierto, el aire se escapa por donde no debe.
Y el cableado, que parece estética y no lo es. Cuarenta latiguillos cruzados detrás de los equipos bloquean la salida de aire y convierten cualquier cambio en una hora de riesgo, porque para mover uno hay que tocar treinta. Un armario ordenado se refrigera mejor y se mantiene sin miedo.
Cuándo basta con mover aire y cuándo hay que refrigerar.
Con pocos cientos de vatios dentro y un cuarto con algo de renovación de aire, basta con ventilar bien: rejillas, ventiladores con filtro y un camino claro para que el aire entre por abajo y salga por arriba. Es la solución de la mayoría de las instalaciones medianas y funciona si alguien ha pensado el camino del aire.
Cuando el consumo sube —un grabador grande, almacenamiento con muchos discos, y más aún si hay tarjetas gráficas—, ventilar ya no llega, porque no se puede enfriar un cuarto echándole el aire del propio cuarto. Ahí hace falta climatización: de sala si hay varios armarios, o de fila pegada al armario si el calor está concentrado en uno.
Y hay una tercera decisión que se olvida: qué pasa si la refrigeración se para. Un cuarto con mucha potencia dentro y sin refrigeración se calienta en minutos, no en horas. Por eso la temperatura tiene que estar vigilada con aviso por red, y conviene decidir de antemano qué se apaga si llega a un umbral. Un termómetro que avisa es la inversión más rentable de todo el armario.
Dónde no lo pondríamos.
En una instalación pequeña, no hace falta nada de esto. Un grabador y un conmutador en un armario mural bien ventilado, en un sitio fresco, resuelven el problema. Proponer sala técnica para seis unidades de equipo es vender aparato.
Tampoco tiene sentido un armario y una climatización de esta clase si el cuarto elegido es malo de origen: sin ventilación, sin espacio delante y detrás para trabajar, con una humedad rara o con una tubería pasando por encima. Primero se elige el sitio; el armario viene después.
Y en ambiente industrial con polvo —una nave de carpintería, una planta de áridos, una zona de molienda— la respuesta no es ventilar más, porque ventilar es meter ese polvo dentro. Ahí el armario tiene que ser cerrado y refrigerado, que es otro planteamiento distinto.
Qué hacemos nosotros con él.
- La suma de vatios de todo lo que va dentro, con el calor que eso significa, antes de elegir armario. Y el margen para lo que se va a añadir, que siempre se añade.
- El camino del aire dibujado: por dónde entra, por dónde sale, qué puerta lleva y si el cuarto tiene renovación. Con paneles ciegos en los huecos libres y los pasos de cable cerrados.
- El sensor de temperatura avisando por red a alguien que lo lee, con un umbral decidido y una acción asociada. Es lo que convierte un problema de agosto en un correo de junio.
- La distribución de corriente medida, para saber cuánto consume cada línea y no descubrir el límite el día que se enchufa un equipo más.
- Y el orden de dentro: cableado etiquetado y guiado, espacio libre reservado, y la llave del armario controlada — porque todo el sistema de seguridad del edificio vive ahí dentro y llegar hasta él suele ser más fácil que entrar en lo que las cámaras vigilan.
Quién lo administra cuando nos vamos.
Esto se reparte entre informática y mantenimiento, y funciona cuando está escrito quién hace qué.
La vigilancia es de informática: los sensores de temperatura y humedad y la distribución medida avisan por red, y eso entra en el sistema de avisos de la casa como cualquier otra cosa. Con eso, un armario que se está calentando se detecta en primavera.
El mantenimiento físico es del equipo de mantenimiento del edificio y es poca cosa, pero hay que hacerla: limpiar o cambiar los filtros, comprobar que los ventiladores giran, revisar la climatización si la hay y mirar que nadie haya dejado cajas delante de la rejilla de entrada de aire. Eso último pasa constantemente.
Lo nuestro es la cuenta cuando algo cambia: añadir un servidor, meter una tarjeta gráfica o llenar el armario obliga a rehacer la suma de vatios y a comprobar que la refrigeración y el respaldo siguen dando. Es media hora y evita descubrirlo en agosto.
Dónde seguir.
El armario y la corriente son la misma decisión: lo que metes dentro consume, y lo que consume calienta.
Empezar
¿Has metido la mano en tu armario un día de calor?
Si el aire de dentro está caliente y quieto, ya sabes qué se va a romper primero. Dinos qué hay dentro y en qué cuarto está, y te decimos cuánto calor está generando, si basta con ventilar y qué pasa en agosto.