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WestPoint · Hardware · APC by Schneider Electric

Un equipo de respaldo sin revisar es un adorno con luces verdes.

Respaldo de corriente, distribución dentro del armario y vigilancia de lo que pasa ahí dentro. El corte de luz es la avería más frecuente de un sistema de vídeo, y la que peor se prepara.

Qué clase de fabricante es.

APC by Schneider Electric · Energia — SAI, distribucion y monitorizacion del armario. Y en un sistema de seguridad hace tres trabajos, no uno.

El primero es el obvio: cuando se va la luz, las baterías sostienen el sistema. El segundo es menos obvio y pasa todos los días: limpiar la corriente. Lo que llega a un polígono no es una onda perfecta —hay bajadas cuando arranca una máquina, picos, pequeños cortes— y eso envejece las fuentes de los equipos. Un equipo de respaldo decente los aísla de eso, y ahí hay una diferencia de gamas: los hay que sólo intervienen cuando la corriente se sale de rango y los hay que reconstruyen la onda siempre, que es lo que conviene donde la red es mala.

El tercero es repartir y vigilar. Las regletas de armario de esta casa pueden medir el consumo de cada línea y apagar o encender una toma a distancia —que es poder reiniciar un equipo colgado sin ir hasta allí—, y hay sondas que avisan de temperatura y humedad dentro del armario. Esa vigilancia es la que convierte un problema futuro en un aviso.

La autonomía se mide, y casi nunca es la que se cree.

Ésta es la cuenta que más veces hemos encontrado mal hecha.

La autonomía depende de tres cosas: la capacidad de las baterías, cuántos vatios se están sacando y la edad de esas baterías. La trampa está en que la relación no es proporcional: al doble de carga no le corresponde la mitad de tiempo, le corresponde bastante menos. Por eso un equipo que al treinta por ciento de carga daría mucho tiempo, al ochenta da sorprendentemente poco.

Después está qué se ha enchufado de verdad, que nunca es lo que había el día del cálculo. Y luego la edad: unas baterías de seis años dan aproximadamente la mitad de lo que daban, y siguen enseñando las luces verdes hasta el día del corte. Ésa es la avería clásica: el sistema que aguantaba veinte minutos aguanta cuatro, y nadie lo sabía.

Así que la única autonomía que significa algo es la medida: con todo encendido, a la hora de más trabajo, quitando la corriente de entrada y cronometrando. Se hace al entregar y se repite una vez al año. Es media hora y es la diferencia entre un número del folleto y un dato.

La cuenta entera: días, discos, corriente y armario

Qué se conecta y qué no.

El error más repetido de este oficio: respaldar el grabador y dejarse el conmutador de red.

Si el grabador está respaldado y el conmutador que alimenta las cámaras no lo está, el grabador sigue encendido grabando nada. Suena absurdo y lo hemos visto muchas veces, porque el grabador es lo que parece importante. La regla es que tiene que sobrevivir la cadena entera: cámaras, conmutador que las alimenta, grabador, almacenamiento si está aparte, y el puesto desde el que alguien va a mirar si está mirando alguien.

Y hay cosas que NO se conectan. Monitores grandes que sólo sirven si hay alguien delante, impresoras, un calefactor, el ordenador de la oficina de al lado. Cada vatio que se enchufa se resta de los minutos de lo importante, y la toma libre de un equipo de respaldo es una tentación permanente: a los dos años hay enchufado algo que nadie decidió.

El caso de las puertas merece mención aparte, porque es una decisión de seguridad y no técnica: qué hacen los accesos durante un corte largo, si quedan cerrados o liberados, y qué dice de eso la normativa de evacuación del edificio. Eso se decide con el cliente y se escribe.

El apagado ordenado, que es la mitad del valor.

Un servidor de grabación cortado en seco pierde bastante más que unos minutos de vídeo.

Cuando la corriente desaparece a mitad de una escritura, lo que se puede estropear no es el vídeo de ese instante: es la base de datos que dice qué vídeo hay y dónde está. Un sistema puede quedarse con todos los discos llenos de grabación y sin poder encontrarla, y reconstruir eso son horas o días.

Por eso el equipo de respaldo tiene que hablar con el servidor. Se instala un programa que ve cuánta batería queda y, cuando baja de un umbral, apaga el sistema de forma ordenada: cierra el software de vídeo, vacía lo que estaba en memoria y apaga la máquina. Y después, cuando vuelve la luz, todo tiene que arrancar solo y en el orden correcto, porque nadie va a ir a las tres de la mañana a encender un servidor.

La secuencia también se decide: si el corte es largo, qué se apaga primero —lo que no es esencial— y qué se apaga último. Y el conjunto se prueba de verdad, quitando la corriente, el día de la entrega. Es la prueba que más instalaciones suspenden.

Dónde no lo pondríamos.

Un equipo de respaldo no es un generador. Sirve para que un parpadeo no se note y para apagar con orden; si la instalación tiene que seguir funcionando durante un corte de horas, la respuesta es un grupo electrógeno y el respaldo de baterías cubriendo el minuto que tarda en arrancar. Vender dos horas de baterías para resolver un corte de cuatro es hacer una cuenta que el cliente descubrirá el día malo.

Tampoco lo pondríamos dentro de un armario cerrado sin pensar en el calor: las baterías odian el calor, y un equipo grande dentro de un armario sin ventilación envejece sus propias baterías a toda velocidad.

Y no lo pondríamos sin vigilancia por red en un sitio donde no hay nadie. Un equipo de respaldo que no avisa del estado de sus baterías es exactamente igual de útil que no tenerlo, porque el día que falla es el día que hacía falta.

Qué hacemos nosotros con él.

  • La lista escrita de lo que tiene que seguir encendido, con sus vatios sumados y la autonomía que se pretende. Y la lista de lo que NO se conecta, que es igual de importante y nadie escribe.
  • La medida real de autonomía el día de la entrega: todo encendido, corriente fuera, cronómetro. El número que se entrega es ése y no el de la ficha.
  • El apagado ordenado configurado y probado, con el arranque automático en el orden correcto cuando vuelve la luz.
  • La vigilancia por red: aviso cuando el equipo pasa a baterías, cuando las baterías están gastadas y cuando la temperatura del armario sube. A una dirección que alguien lea.
  • Y el calendario de baterías, con la fecha de puesta en marcha anotada: así la sustitución entra en un presupuesto en vez de llegar como una urgencia.

Quién lo administra cuando nos vamos.

Tu equipo puede llevarlo entero, y hay una sola cosa que no se puede delegar al olvido.

La parte de informática es cómoda: estos equipos se vigilan por red, avisan por correo y su estado se puede integrar en el sistema de avisos que el cliente ya tenga. Apagar y encender una toma a distancia para reiniciar un equipo colgado también lo lleva cualquier equipo de informática, y ahorra desplazamientos.

Lo que no se puede dejar al olvido es el mantenimiento físico, porque es lo único que decide si el respaldo existe: las baterías se agotan, y un equipo de respaldo sin revisar es un adorno con luces verdes. Eso significa una prueba de autonomía al año con todo encendido y una sustitución de baterías por calendario, no por avería.

Nosotros podemos hacer esa revisión, o la puede hacer el mantenimiento del cliente si queda escrito cómo y cuándo. Lo que no vale es que nadie lo tenga en su lista, que es lo que pasa casi siempre: es el equipo del que nadie se acuerda hasta el día que se va la luz.

Mantenimiento y asistencia técnica

Empezar

¿Cuántos minutos aguanta tu sistema sin luz?

Si el número que tienes viene de la caja, no es una medida. Dinos qué hay enchufado hoy —todo, incluido el conmutador que alimenta las cámaras— y lo medimos con el sistema funcionando. Normalmente es menos de lo que pone el contrato.