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Otra liga, otro presupuesto, y otra conversación distinta.
Almacenamiento de empresa: dos controladoras, actualizaciones sin parar el servicio y copias que se pueden replicar a otro sitio. No es la respuesta a una instalación mediana, y decirlo forma parte del trabajo.
Qué clase de fabricante es.
NetApp · Almacenamiento — Almacenamiento empresarial y gestion del dato. Y la diferencia con el almacenamiento de gama media no es el tamaño.
Es la continuidad. Una cabina de esta clase tiene dos controladoras: si se avería una, la otra sigue sirviendo el dato, y una actualización del programa interno se hace por mitades sin parar el servicio. En un almacenamiento de gama media hay una sola, y eso significa que cualquier avería o actualización detiene la grabación mientras dura. Para un sistema que no puede pararse ni media hora, ésa es toda la diferencia.
La segunda diferencia es la gestión del dato. Estas cabinas saben hacer fotografías instantáneas del estado del volumen, replicarlo a otra cabina en otro edificio y mover lo que ya no se toca a un almacenamiento más barato. Eso es lo que permite construir algo que SÍ es una copia de seguridad, al contrario que un conjunto de discos con redundancia, que sólo protege de que se rompa un disco.
Y la tercera es que viene con un servicio alrededor: contratos con plazos escritos, soporte que mira la cabina desde fuera y avisa de piezas antes de que fallen. Eso se paga, y en un sistema crítico se paga con gusto.
Dónde encaja en una instalación de vídeo.
Donde el vídeo es crítico y la instalación es grande: infraestructuras, aeropuertos, grandes campus, banca, industria con centro de datos propio. Sitios donde detener la grabación media hora para actualizar un almacenamiento no es una molestia, es un incumplimiento.
Y donde el vídeo tiene que salir de su sitio. Si la política dice que la grabación de una sede tiene que existir también en otra, la replicación entre cabinas lo hace de forma ordenada y vigilada, que es bastante mejor que un proceso casero copiando ficheros por la noche.
Y, muy a menudo, encaja porque ya está. Cuando el cliente tiene un equipo de almacenamiento con su cabina, su contrato y su procedimiento de copias, la conversación no es qué comprar: es si el vídeo puede vivir ahí, cuánto sitio se le asigna y quién responde de ello.
Lo que hay que pactar antes de meter vídeo en una cabina de empresa.
Porque el vídeo se porta distinto de todo lo que ya vive ahí dentro, y eso sorprende a los dos lados.
El vídeo escribe a todas horas, de forma constante y casi siempre en secuencia. Lo que esa cabina suele tener dentro es lo contrario: bases de datos y máquinas virtuales que hacen muchas peticiones pequeñas y desordenadas. Las dos cosas conviven bien si se ha contado el caudal; si no se ha contado, el vídeo puede molestar a lo que ya había o al contrario. Se mide antes, en megabits por segundo sostenidos, y se pacta con quien administra la cabina.
Después, el camino. Si la grabación viaja por la red de la empresa hasta el almacenamiento, hay que dimensionar ese camino como caudal constante y no como ráfagas, y hay que decidir qué pasa si se corta: el grabador necesita disco local suficiente para seguir grabando unas horas por su cuenta y volcar después. Sin eso, un corte de red es un hueco en la grabación.
Y el dinero, que aquí es una conversación real: el terabyte en una cabina de esta clase cuesta varias veces lo que cuesta en almacenamiento de gama media. Por eso casi nunca tiene sentido meter ahí los treinta días de todas las cámaras. Lo que tiene sentido es repartir: lo crítico y lo que hay que conservar, en la cabina; el resto, en almacenamiento más barato cerca del grabador.
Dónde no lo pondríamos.
Esta página tiene más «no» que «sí», y por una buena razón.
En una instalación mediana, no. Cuarenta o sesenta cámaras en una sede se resuelven con almacenamiento de otra clase, y hacerlo así no es conformarse: es no pagar por una continuidad y una gestión del dato que nadie va a usar. Una cabina de empresa sin un equipo que la opere es dinero dormido.
Tampoco como sitio único donde meter todo el vídeo de todas las cámaras durante todo el plazo. Esa cuenta casi nunca sale, y cuando sale es porque alguien ha recortado los días de grabación para que el presupuesto cuadre. Es mejor decir la verdad: aquí lo importante, allí el resto.
Y no lo pondríamos sin un responsable. Si la decisión es llevar el vídeo al almacenamiento corporativo, tiene que haber alguien de ese lado que diga sí, con un hueco asignado, una vigilancia y un sitio en el plan de recuperación. Una dependencia sin dueño es peor que no tenerla.
Qué hacemos nosotros con él.
Nuestro papel aquí es sobre todo traducir entre seguridad e informática, que no hablan el mismo idioma.
- Escribir el perfil del vídeo en los términos que el equipo de almacenamiento necesita: megabits por segundo totales de escritura, si son constantes, cuánto se lee, cuándo y desde cuántos puestos.
- Repartir las capas con plazos: qué se graba en disco local, qué se lleva a la cabina, qué se archiva, qué se borra y quién decide cada cosa.
- Dimensionar el disco local del grabador para sobrevivir a un corte del camino, y probar que el volcado posterior se hace solo y sin perder nada.
- Probar la recuperación delante del cliente, no la copia: sacar una grabación concreta de hace semanas y medir cuánto tarda. Es la prueba que nadie hace y la que más sorpresas da.
- Y decir cuándo esto sobra. Si lo que pide el contrato se cumple con la mitad de aparato, lo decimos aunque la propuesta quede más pequeña.
Quién lo administra cuando nos vamos.
Aquí no es que pueda tu equipo de informática: es que debe, y nosotros no lo pedimos.
Una cabina de esta clase la opera el departamento que ya opera el almacenamiento de la casa. No tendría sentido que una empresa de seguridad administrase la cabina corporativa, y no lo pretendemos. Lo que hace falta es que el vídeo entre ahí con las mismas reglas que el resto: su hueco, su vigilancia, sus avisos y su sitio en el plan de recuperación.
La frontera que escribimos es ésta: de la cámara al grabador, y del grabador al sitio donde se deja el dato, nosotros. De ahí hacia dentro —capacidad, fotografías del volumen, replicación, archivo—, el equipo del cliente. Y una revisión conjunta al año, porque las cámaras se multiplican y el plazo de conservación que se escribió el primer día nadie lo vuelve a mirar.
Una cosa no se delega aunque el dato viva en informática: quién puede sacar una grabación y con qué registro. Que el vídeo esté en la cabina corporativa no significa que cualquiera de informática pueda verlo. Eso se decide aparte, se escribe y se puede auditar.
Dónde seguir.
Antes de decidir en qué clase de almacenamiento vive el vídeo hay que saber cuántos días hacen falta y qué parte de ello es crítica.
Empezar
¿Tu vídeo tiene que estar siempre disponible?
Cuéntanos cuántas cámaras hay, qué parte del vídeo es crítica, qué plazo obliga tu norma y qué almacenamiento tiene ya la casa. Con eso te decimos qué parte merece una cabina de empresa y qué parte no, que normalmente es la mayoría.