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Lo que se agradece a las tres de la mañana es la consola.
Servidores de bastidor, almacenamiento y una gestión remota que permite encender, mirar y diagnosticar una máquina sin ir hasta ella. En un grabador que vive en una nave, eso no es comodidad: es el tiempo que tarda en volver la grabación.
Qué clase de fabricante es.
HPE · Servidor — Servidores, almacenamiento y gestion remota. Con dos cosas que lo caracterizan.
La primera es la misma que en cualquier fabricante grande y conviene no darla por hecha: se pide por catálogo, existe una referencia, hay una lista de piezas compatibles y hay un contrato de soporte con un plazo escrito. Una instalación de seguridad vive diez años, y en diez años lo que importa no es cuánto corría la máquina el primer día: es que haya una fuente igual cuando se queme una.
La segunda es la gestión remota, que en esta casa es una de las señas. Una electrónica independiente, con su dirección de red y su contraseña, que sigue respondiendo con el servidor apagado. Desde ahí se enciende, se ve el arranque como si estuvieras delante, se lee el registro de averías y se cambia un ajuste que obligaría a viajar. Hay funciones que van en la versión de serie y otras que se habilitan con licencia, y eso se pregunta antes de comprar, porque la que hace falta para trabajar a distancia suele ser la de arriba.
Dónde encaja en una instalación de vídeo.
Como servidor de grabación y de gestión en bastidor, y como máquina del software de control de accesos o de la base de datos. Y muy bien donde las sedes son varias y hay que repetir la misma configuración en todas: cuando los ocho servidores son iguales, el procedimiento de actualización se escribe una vez y la pieza de repuesto sirve en cualquiera.
Encaja también cuando el cliente ya tiene esta casa en el centro de datos. El equipo de informática ya tiene el inventario, el aviso de avería y el contrato; entrar por ahí es más barato de mantener que añadir una marca nueva para el vídeo solo. Y tiene una ventaja que se nota en la primera reunión: la discusión deja de ser sobre hierro y pasa a ser sobre lo que de verdad hay que decidir, que es cuántos días de grabación y quién mira.
Lo que decide en el dimensionado.
Las mismas cuatro preguntas de cualquier servidor de vídeo, y una más que aquí se olvida.
El pico de descodificación, que es lo que cuesta de verdad. Escribir en disco lo que llega de las cámaras no agota una máquina moderna; lo que la agota es descomprimir vídeo para mostrarlo, y eso pasa cuando varias personas abren mosaicos grandes al mismo tiempo. Se dimensiona para el momento malo, no para la media.
Las bahías, la controladora de disco y si su memoria de escritura está protegida. Los zócalos de memoria que quedan libres. Y el sitio físico para una tarjeta gráfica, con fuente y aire suficientes, aunque hoy no se vaya a poner ninguna: reservarlo cuesta poco y no tenerlo obliga a cambiar el servidor el día que alguien quiere analizar el vídeo.
La que aquí se olvida es el firmware. En un servidor de esta clase la recomendación es aplicar el firmware como un conjunto coherente, no pieza a pieza, y eso hay que planificarlo: cuándo se para el grabador, qué versión admite el software de vídeo y cómo se vuelve atrás. Una instalación estable que se rompe un lunes suele haber sido actualizada el viernes.
Dónde no lo pondríamos.
En instalaciones pequeñas, no. Doce cámaras en un local no necesitan un servidor de bastidor con contrato anual: necesitan un equipo de grabación cerrado, bien dimensionado y con discos adecuados. El servidor funcionaría, y el cliente estaría pagando capacidad de gestión que nadie va a usar.
Tampoco donde no hay armario en condiciones ni corriente de respaldo para la cadena entera. Y no lo pondríamos si lo que se busca es capacidad pura y barata: llenar de discos un servidor de cómputo es la forma más cara de comprar terabytes.
Y hay un caso que no es técnico: si el cliente ya tiene estandarizada otra marca de servidor y un equipo que la domina, traer ésta sólo porque a nosotros nos resulte cómoda es empeorar su mantenimiento. La marca del servidor de vídeo debería ser la que ese equipo ya sabe llevar.
Qué hacemos nosotros con él.
- La cuenta antes del pedido: cámaras, detalle, horas de movimiento, días a guardar y puestos simultáneos. Y el margen escrito, porque siempre se añaden cámaras.
- La gestión remota en su red y con contraseña del cliente, enviando avisos de avería a una dirección que alguien lea. Un servidor que avisa de un disco roto y nadie lo ve es un servidor que no avisa.
- El plan de firmware y de actualizaciones, con ventana, con la versión que admite el software de vídeo y con la forma de volver atrás escrita antes de empezar.
- Las pruebas con el sistema grabando: quitar una fuente, sacar un disco, medir la reconstrucción, abrir el mosaico más grande desde todos los puestos y cortar la corriente para comprobar que la máquina se apaga sola y ordenada.
- El papel que se queda el cliente: configuración, contrato, fecha de fin de soporte, piezas recomendadas en estante y cómo se levanta el sistema en una máquina nueva.
Quién lo administra cuando nos vamos.
Tu equipo de informática puede, y conviene que lo haga.
Estos servidores se administran con las mismas herramientas con las que un departamento de informática administra los demás: inventario, avisos, firmware y consola remota. Si ya hay un criterio en la casa, el servidor de vídeo tiene que entrar en él. Un grabador que sólo entiende el instalador es un punto ciego, y se nota el día que el instalador no está.
Hay dos fronteras que conviene dejar por escrito. Una, que el volumen donde se graba no se comparte con nada: el día que otro proceso lo llena, la grabación se detiene y casi nunca se detecta a tiempo. Dos, que el software de vídeo manda sobre las versiones: el sistema operativo y el firmware se actualizan cuando ese software los admite, no cuando toca por calendario.
Lo que seguimos llevando nosotros es lo que exige conocer la instalación: rehacer la cuenta al añadir cámaras, recuperar la configuración del vídeo en una máquina nueva y decidir qué se toca cuando hay que subir de versión. La red por la que pasa todo eso es otra conversación, y también la tenemos.
Dónde seguir.
El servidor es una pieza. Los discos que lleva dentro y la corriente que lo mantiene encendido deciden tanto como él.
Empezar
¿Cuántos servidores tienes y qué hace cada uno?
Cuéntanos qué hay puesto, cuántas cámaras graba, cuánta gente mira y si alguien puede entrar a la consola remota cuando algo falla. Con eso te decimos qué se arregla configurando, qué hay que ampliar y qué conviene cambiar antes de que se rompa.