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WestPoint · Hardware · Western Digital

Hay discos que escriben las pistas solapadas. En un grabador, no.

Discos preparados para grabación continua, y varias gamas que se parecen mucho en la caja y se portan muy distinto dentro de un grabador. La diferencia que más daño hace no aparece en ninguna comparativa de precio.

Qué clase de fabricante es, y qué gamas tiene.

Western Digital · Disco — Discos preparados para grabacion continua. Y lo primero es entender que no hay un disco, hay familias.

En el catálogo de cualquiera de las dos grandes casas de discos hay cuatro mundos: el disco de ordenador de sobremesa, el de almacenamiento en red, el de vigilancia y el de centro de datos. Por fuera son casi iguales y el precio se parece más de lo que debería. Lo que cambia es para qué carga están pensados: cuántos terabytes al año aguantan, cuántas horas al día trabajan, con cuántos discos al lado están probados y qué hacen cuando encuentran un trozo que no leen bien.

Esa última es la diferencia que decide si un grabador va bien. Un disco de sobremesa insiste mucho tiempo intentando recuperar un sector dudoso, porque en un ordenador lo importante es el fichero. En un grabador lo importante es no dejar de escribir, así que el disco adecuado se rinde antes y avisa: mientras insiste, el vídeo que está llegando se pierde.

Y hay una segunda trampa que sólo se conoce habiéndola sufrido: algunos discos, para meter más capacidad, escriben las pistas solapadas como las tejas de un tejado. Eso va bien para guardar cosas y leerlas, y va mal para reescribir sin parar, porque cada cambio obliga a rehacer una zona entera. En un grabador, que sobrescribe lo más antiguo todos los días, eso se nota; y durante la reconstrucción de un conjunto con redundancia puede convertir unas horas en varios días. Hay que comprobar en la ficha que el modelo elegido no es de ésos.

Qué disco va en cada sitio de un sistema de vídeo.

Porque en un grabador hay tres volúmenes distintos y la gente pone el mismo disco en los tres.

El volumen del vídeo: discos giratorios pensados para grabación continua, del tamaño que haga falta, con la carga anual declarada por encima de lo que van a escribir las cámaras en un año y probados para el número de bahías de la caja.

El volumen del sistema y de la base de datos del software de vídeo: ahí no van discos de vigilancia. Van dos discos de estado sólido en espejo, porque es el volumen que decide si una búsqueda por fecha y hora responde rápido, y es el que se corrompe cuando la máquina se queda sin corriente a mitad de escribir. Que sea pequeño no significa que sea menos importante: sin ese volumen no hay sistema, aunque el vídeo esté intacto.

Y el volumen de lo que hay que conservar más tiempo, si existe: ahí lo que importa es capacidad barata y que aguante estar escribiendo y leyendo poco. Son tres decisiones distintas y ahorrar en la segunda es la que más caro sale.

La cuenta entera: días, discos, corriente y armario

La cuenta de los días, hecha despacio.

Con números de ejemplo, para que se pueda repetir con los de tu instalación.

Una cámara que manda tres megabits por segundo escribe algo más de treinta gigabytes al día. Veinte cámaras así, más de seiscientos gigabytes diarios. Con cuarenta terabytes salen unos sesenta días, y ése es el número que se pone en la oferta.

Después vienen las restas. La capacidad que pone en la caja no es la que queda al formatear. Los discos dedicados a la redundancia no son capacidad. Un volumen lleno al tope se porta mal, así que se reserva margen. Y los tres megabits son una media: en una escena con movimiento, con luz de verano y con el aparcamiento lleno, se van bastante más arriba. Los sesenta días acaban en treinta y cinco, y nadie ha hecho nada mal: la cuenta estaba incompleta.

Así que el número honesto sale en dos pasos: la cuenta antes de comprar, con las restas a la vista, y la medida del caudal real a las dos semanas de estar grabando. El segundo paso es lo que convierte una estimación en un plazo que se puede firmar.

Dónde no los pondríamos.

Un disco de sobremesa en un grabador, nunca, aunque la diferencia de precio sea tentadora y aunque el primer año funcione. Y un disco con pistas solapadas tampoco, por lo que se ha explicado arriba: el día de una reconstrucción se convierte en el problema.

Tampoco mezclaríamos discos de gamas distintas en el mismo conjunto, ni pondríamos un modelo probado para dos bahías en una caja de dieciséis: la vibración de los vecinos le acorta la vida y nadie lo relaciona con eso.

Y no los pondríamos en un armario caliente dando por hecho nada. El calor es lo que mata a los discos, y lo hace sin avisar: duran la mitad de lo que tenían que durar y la avería parece mala suerte.

Qué hacemos nosotros con ellos.

  • Comprobar modelo por modelo tres cosas en la ficha del fabricante: carga anual declarada, número de bahías para el que está probado y si escribe las pistas solapadas. Las tres están publicadas y las tres se olvidan.
  • Repartir los tres volúmenes: vídeo en giratorios de grabación continua, sistema y base de datos en estado sólido en espejo, archivo donde corresponda.
  • No comprar todos los discos del mismo lote, para que no se agoten el mismo mes, y tener un repuesto esperando: uno dentro de la cabina si los discos son grandes y otro en el estante.
  • Dejar el estado de los discos vigilado y avisando por correo a alguien que lo lea, y la fecha de puesta en marcha de cada uno anotada para poder cambiarlos por calendario.
  • Y la medida del caudal real a las dos semanas, para corregir el plazo de grabación antes de que sea un problema.

Quién los administra cuando nos vamos.

Tu gente, con un procedimiento de una página.

Cambiar un disco es abrir la bahía y meter el nuevo, sin apagar nada. Atender el aviso es leer un correo. Con un papel que diga qué modelo exacto se pide, dónde está el repuesto y cómo se comprueba que la reconstrucción terminó, lo lleva el equipo de informática o el de mantenimiento del cliente. Y conviene que lo lleven, porque así el disco se cambia el mismo día.

Lo que hay que escribir en ese papel es justo lo que se olvida: el modelo exacto, porque poner el disco que había a mano es la forma más habitual de degradar un conjunto; y que hay que reponer el repuesto usado, porque una cabina con el hueco vacío está otra vez sin protección.

Y queda una cosa que no es de administración diaria y conviene revisar con nosotros una vez al año: cuántos años llevan puestos los discos, si la redundancia elegida sigue siendo razonable para el tamaño que tienen hoy, y si los días de grabación que promete el contrato son los que el sistema da de verdad.

Empezar

¿Te han ofrecido discos y no sabes si son los buenos?

Mándanos el modelo exacto y te decimos si está pensado para grabar sin parar, cuántos terabytes al año aguanta, si escribe las pistas solapadas y cuántos caben en tu caja. Son tres minutos y evitan un disgusto de dos años.