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El servidor no se elige por la marca. Se elige por la cuenta.
Servidores de bastidor de catálogo, con gestión remota de serie y contratos de soporte que se pueden leer antes de firmar. Lo que decide si el de grabación aguanta tres años es el dimensionado, y eso no lo pone en la etiqueta.
Qué clase de fabricante es.
Dell Technologies · Servidor — Servidores y almacenamiento para video y analitica. En la práctica eso significa tres cosas.
La primera es que se configura por catálogo. Se elige el chasis por número de bahías, el procesador, la memoria, la controladora de disco y las fuentes, y lo que sale es una máquina con una referencia que existirá mañana. Eso parece poco y es lo que permite repetir la misma instalación en ocho sedes y que las ocho se mantengan igual.
La segunda es la gestión remota, que viene de serie en la gama de servidor. Es una electrónica aparte, con su propia dirección de red, que sigue encendida aunque el servidor esté apagado: desde ella se enciende la máquina, se ve qué dice la pantalla al arrancar, se monta una imagen de instalación y se lee qué pieza ha fallado. Para un grabador que está en una nave a cuarenta kilómetros, eso es la diferencia entre un desplazamiento y cinco minutos.
La tercera es el soporte, y es la que más se paga y menos se compara. Hay contratos de varios niveles y la diferencia entre ellos no es el precio: es cuántas horas pasan hasta que alguien llega con la pieza.
Dónde encaja en una instalación de vídeo.
En el sitio más habitual: el servidor de grabación y gestión de una instalación mediana o grande, en bastidor, con discos dentro y la posibilidad de colgar una cabina de expansión cuando haga falta más. También como servidor del software de accesos o de la base de datos, que es un trabajo distinto y conviene que no comparta máquina con el vídeo.
Y encaja especialmente donde el cliente ya tiene servidores de esta casa. No por comodidad nuestra: porque el equipo de informática ya tiene la herramienta de inventario, el procedimiento de actualización de firmware y el contrato de soporte montados. Meter una marca distinta sólo para el vídeo añade un proveedor, un procedimiento y una contraseña más a un sitio donde ya había orden.
Lo que decide de verdad en el dimensionado.
Cuatro números, y ninguno es la velocidad del procesador.
Cuántos flujos hay que descomprimir a la vez, que no es lo mismo que cuántas cámaras hay. Grabar es copiar lo que llega al disco y cuesta poco; mostrar obliga a descomprimir cada vídeo, y un mosaico de dieciséis cámaras abierto por tres personas son cuarenta y ocho vídeos descomprimiéndose al mismo tiempo. Ése es el pico, y es el que hay que dimensionar aunque ocurra dos veces al año.
Cuántas bahías, y cuántas quedan libres. Si la máquina entra con todas ocupadas, ampliar es cambiar de máquina. Y conviene mirar también la controladora de disco: si lleva memoria de escritura, si esa memoria está protegida con batería, y qué hace el sistema si se va la luz con media escritura en el aire.
Cuánta memoria, que en vídeo se consume por flujos simultáneos y por clientes conectados, y si se deja un zócalo libre o se entra con todos llenos. Y si hace falta sitio de tarjeta gráfica, que no es una pregunta de hoy sino de dentro de dos años: un chasis con espacio, fuente suficiente y aire para una tarjeta cuesta muy poco más y evita cambiar el servidor el día que alguien quiera analizar el vídeo.
Y el cuarto, que no es del servidor sino del contrato: cuánto tarda en llegar una pieza. En un servidor de oficina una avería de tres días es una molestia; en un grabador son tres días de vídeo que no existen y que nadie podrá pedir después. Por eso el nivel de garantía se elige mirando qué hace esa máquina, no el presupuesto.
Dónde no lo pondríamos.
Nadie encaja en todas partes, y esto tampoco.
En una instalación de ocho o doce cámaras en un local, no. Un servidor de bastidor pide armario, aire, corriente de respaldo y alguien que lo administre, y ahí un equipo de grabación cerrado hace el trabajo con una fracción del aparato y del precio. Montarlo por si acaso es vender hierro.
Tampoco donde no hay sala técnica ni armario con ventilación. Un servidor de bastidor en un cuarto cerrado de cuarenta grados funciona los primeros meses y se lleva por delante los discos; si el sitio no existe, lo honesto es decir que hay que hacerlo o poner otra cosa.
Y no lo pondríamos como almacenamiento masivo si lo que hace falta son muchos terabytes baratos por cámara de poco detalle: llenar de discos un servidor de cómputo sale más caro por terabyte que poner el almacenamiento donde corresponde y dejar al servidor trabajar.
Qué hacemos nosotros con él.
Primero la cuenta, después el pedido. Nunca al revés.
- La cuenta escrita antes de configurar nada: cuántas cámaras, con qué detalle, cuántas horas de movimiento delante, cuántos días hay que guardar y cuánta gente va a mirar a la vez. De ahí salen los discos, la memoria y el procesador, en ese orden.
- El margen, que es una decisión y no un descuido: una máquina que el día de la entrega va al noventa por ciento no tiene sitio para las seis cámaras que se van a añadir, y siempre se añaden.
- La gestión remota configurada de verdad: en su red, con su contraseña a nombre del cliente, avisando por correo cuando una fuente o un disco falla. Sin eso, el aviso llega el día que alguien echa en falta una grabación.
- Las pruebas antes de entregar: quitar una fuente con el sistema grabando, sacar un disco y ver cuánto tarda en reconstruirse, abrir el mosaico más grande que se vaya a usar con todos los puestos a la vez, y apagar la corriente para ver si la máquina se apaga sola y ordenada.
- El papel: qué lleva dentro, qué contrato de soporte tiene y en qué fecha se acaba, qué piezas conviene tener a mano y cuándo deja de haber recambios.
Quién lo administra cuando nos vamos.
Aquí la respuesta es que tu equipo de informática, sí. Y es mejor así.
Un servidor de esta clase es territorio conocido para cualquier equipo de informática: ya saben mirar la gestión remota, aplicar firmware, vigilar discos y abrir una incidencia con el fabricante. Si en la empresa ya hay un criterio y unas herramientas para los servidores, el de vídeo debe entrar por ahí y no vivir aparte como una caja negra que sólo entiende el instalador.
Lo que pedimos es que se decida quién manda en dos cosas concretas, porque son las que rompen instalaciones de vídeo: las actualizaciones —de firmware y del sistema— no se aplican a mediodía ni sin saber si el software de vídeo las admite, y el espacio de disco no se comparte con nada más, porque el día que otro proceso llena ese volumen la grabación se para sin avisar.
Lo nuestro después es lo que exige conocer la instalación: qué pasa si se cambia la máquina, cómo se recupera la configuración del software de vídeo, y rehacer la cuenta cuando se añaden cámaras. Eso es media hora de alguien que lo ha hecho antes y varios días de quien lo hace por primera vez.
Dónde seguir.
Lo que sostiene un sistema de vídeo no es sólo el servidor: son los discos que hay dentro, la corriente que lo mantiene encendido y el armario donde vive.
Empezar
¿Te han presupuestado un servidor y no sabes si da?
Mándanos cuántas cámaras hay, con qué detalle graban, cuántos días hay que guardar y cuánta gente mira a la vez. Con eso hacemos la cuenta y te decimos si esa máquina llega, si sobra o si le falta sitio para lo que vas a añadir el año que viene.