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WestPoint · Software de vídeo

El software decide qué se puede hacer con las cámaras.

Veinte plataformas con las que trabajamos, y una de ellas es nuestra. Aquí está lo que hay que saber para elegir; dentro de cada una, lo que hay que saber de ella.

Qué es un VMS, y por qué importa más que la cámara.

Un VMS —un sistema de gestión de vídeo— es el programa que gobierna la instalación: qué cámara graba, cuánto tiempo se guarda, quién puede ver qué, cómo se busca hacia atrás y cómo se exporta una grabación para que sirva ante alguien de fuera.

Y decide más que la cámara, aunque la cámara sea lo que se ve. Una instalación con cámaras normales y un buen sistema detrás funciona; una con cámaras excelentes y un sistema que nadie sabe usar acaba siendo un archivo que se consulta cuando ya ha pasado algo. La diferencia se nota a los dos años, no el día de la puesta en marcha.

La otra razón por la que importa es que es lo más difícil de cambiar. Las cámaras se sustituyen de una en una y sin drama. El sistema se cambia entero, con su histórico, sus usuarios, sus reglas y la costumbre de quien lo usa todos los días. Elegirlo mal no se arregla el año siguiente.

Una sala de control al anochecer, vista desde arriba con la pared del fondo quitada. Al fondo, tres filas de pantallas ocupan todo el muro con imágenes de calles, accesos y aparcamientos; a la derecha, un armario de servidores con las luces encendidas. Delante, en un mostrador curvo, dos personas trabajan cada una con su hilera de monitores. Debajo, el vestíbulo del edificio está iluminado y vacío.

VMS y NVMS: en qué se diferencian.

Un VMS clásico resolvió la grabación y la resolvió bien. Lo que cambió no fue el VMS: fue el número de cámaras. Cuando pasas de doce a seiscientas, guardar deja de ser el problema y mirar se convierte en el problema, porque una sala con cuarenta pantallas no tiene cuarenta pares de ojos.

Un NVMS —Neural Video Management System— empieza justo ahí: además de gestionar el vídeo, entiende qué ocurre en la escena y aplica las reglas que ha escrito la organización. Casi todos los VMS de esta lista traen hoy algo de analítica; la diferencia está en si la comprensión de la escena es el centro del sistema o algo colgado de un lado.

No hay que elegir entre las dos cosas, y de hecho en muchas instalaciones conviven: el VMS gobierna cámaras y grabación, y el NVMS aporta lo que entiende. Eso también se monta, y es más habitual de lo que parece.

Aviso: el primero es nuestro.

Va aquí y no enterrado, porque éste es el sitio donde se compara.

IRIS Neural, que encabeza la lista, es un producto de Infinity Neural, la otra empresa de Upon Group. Con las otras diecinueve somos integradores; con ésa, además, somos quien la hace.

Lo decimos porque una lista de veinte donde la primera es tuya y no lo pone es un anuncio con forma de comparativa — y quien lo descubre por su cuenta deja de creerse también las otras diecinueve páginas, que están escritas en serio.

Ver IRIS Neural en esta lista

Las siete preguntas que de verdad eligen.

No las hace la marca. Las hace la instalación, y casi siempre en este orden.

  • ¿Cuántas cámaras hay hoy y cuántas va a haber? El salto de cien a mil no es el mismo sistema, y el modelo de licencia que sale barato con veinte puede no salirlo con doscientas.
  • ¿Una sede o varias? Federar sedes, con su latencia y sus permisos cruzados, separa a unas plataformas de otras más que ninguna otra cosa.
  • ¿Dónde tiene que vivir el vídeo? Local, nube o mezcla. Y detrás de esa pregunta van otras cuatro: qué pasa cuando cae la línea, cuánto ancho de banda se sube de verdad, dónde están los servidores para el RGPD, y qué te llevas el día que quieras irte.
  • ¿Con qué se tiene que hablar? Accesos, intrusión, incendios, el sistema de personal, el ERP. Una integración que el fabricante llama nativa da trabajo igual, y eso se prueba en maqueta antes de prometerlo.
  • ¿Quién lo va a usar cada día? No es lo mismo una sala con operadores a turnos que un responsable que entra dos veces por semana. La plataforma más potente en manos de quien no la va a aprender es la peor elección posible.
  • ¿Quién lo va a administrar? Si lo lleva el equipo de TI del cliente, hay plataformas que lo permiten casi entero y otras que dependen del integrador para casi todo. Está contado plataforma por plataforma.
  • ¿Qué hay puesto ya? Cámaras, grabadores, cableado y licencias existentes. Lo que se conserva y lo que no es la mitad del presupuesto, y se sabe mirando, no estimando.

Lo que hacemos con cualquiera de ellas.

Diseño y dimensionado: cuántos servidores, cuánto almacenamiento para los días de grabación que hacen falta de verdad, qué red lo aguanta y qué pasa cuando se cae algo. Casi todos los problemas de un sistema de vídeo grande son de dimensionado, no de software.

Implantación, puesta en marcha y migración desde lo que hubiera. Formación de quien lo va a usar, que es la parte que más se recorta y la que más se echa de menos. Y documentación que sirva sin nosotros: si mañana cambias de proveedor, te llevas un sistema que se entiende.

Y mantenimiento con calendario. Un sistema de vídeo se degrada en silencio —una cámara que deja de grabar no avisa— y eso se vigila o no se sabe.

Cómo trabaja WestPoint

Lo que no vamos a decirte.

Cuál es la mejor. No existe: existe la que encaja con tu instalación, tu gente y lo que ya tienes puesto. Cualquiera que te diga cuál es la mejor sin haber visto tu red de cámaras te está diciendo con cuál trabaja él.

Ni que seamos partner oficial, canal autorizado o integrador certificado de éstas. Cuando lo somos de alguna, se dice con el papel delante; en una lista de veinte, insinuarlo de todas es exactamente el tipo de cosa que esta web no hace.

Lo que preguntan sobre el software.

Las que más se repiten. Hay 35 sobre esto, y las otras 29 están en el índice de preguntas.

Todas las preguntas, por tema
¿Qué diferencia hay entre un VMS y un grabador NVR?

Un grabador es una caja cerrada que hace una cosa: grabar las cámaras que le caben y dejarlas mirar. Un sistema de gestión de vídeo —un VMS— es un programa que se instala sobre servidores y separa las funciones: uno graba, otro guarda la configuración y los usuarios, otro atiende a los clientes que miran, y cada pieza crece por su lado.

Esa separación es lo que cambia el comportamiento al crecer. Un grabador se llena y se compra otro, y acabas con seis grabadores que son seis islas con seis listas de usuarios y seis relojes que no coinciden. Un VMS añade un servidor de grabación más y sigue siendo un solo sistema, con una lista de usuarios, una búsqueda que cruza todas las cámaras y un solo sitio donde mirar qué está fallando.

La contrapartida es que un VMS es un sistema informático, con sus servidores, su base de datos, sus actualizaciones y alguien que lo administre. Para una tienda con ocho cámaras, un grabador bien elegido es la respuesta correcta y montar un VMS es complicarse. El punto donde cambia la respuesta no es un número de cámaras: es cuando hay varias sedes, cuando hace falta control fino de quién ve qué, o cuando el vídeo tiene que hablar con otros sistemas.

VMS y grabadores: en qué se diferencian Qué es un NVMS, contado en IRIS

¿Necesito un VMS o me basta con el grabador que ya tengo?

Te basta con el grabador mientras se cumplan tres cosas: cabe todo en un sitio, todos los que miran pueden ver todas las cámaras, y no hay que integrar el vídeo con nada más. En cuanto falla una de las tres, el grabador empieza a costar en horas lo que ahorró en licencias.

Las señales de que se ha quedado corto son bastante concretas. Hay dos o tres grabadores y nadie sabe en cuál está la cámara que se busca. Hay que dar acceso a un jefe de turno a unas cámaras sí y a otras no, y la única forma es darle la contraseña de todo. Hay que exportar a menudo y siempre acaba haciéndolo la misma persona. O alguien pide que la alarma de la puerta abra la cámara de la puerta, y no hay por dónde.

También hay un camino intermedio que se olvida: varios grabadores unidos bajo un programa de gestión del mismo fabricante. Resuelve la vista única y la lista de usuarios sin montar servidores, y se queda corto cuando hacen falta integraciones o una política de permisos detallada. Es una opción razonable cuando lo que molesta es la dispersión y no la falta de funciones.

VMS y grabadores: en qué se diferencian Qué es un NVMS, contado en IRIS

¿El VMS funciona con las cámaras que ya tengo?

Casi siempre sí, por dos vías distintas y conviene saber cuál te toca. La primera es la integración específica: el fabricante del software ha escrito el soporte para ese modelo concreto y expone todo lo que la cámara sabe hacer. La segunda es ONVIF, el estándar común, que garantiza lo básico —ver, grabar, mover una motorizada, recibir eventos— con cualquier equipo que lo cumpla.

Por ONVIF se obtiene lo común y se pierden las funciones propias de cada marca: su analítica de a bordo, sus ajustes finos de imagen, sus modos especiales. Si esas funciones son las que justificaron comprar esas cámaras, hay que comprobar que el sistema las trae integradas de verdad y no sólo que «soporta la marca», que no es lo mismo.

La comprobación se hace antes de firmar y con las cámaras reales: modelo por modelo y versión de firmware incluida, porque la lista de equipos soportados de un fabricante de software se refiere a modelos concretos y no a familias enteras. Una cámara antigua que ya no recibe firmware es el caso que más veces se cae en esa comprobación.

Software de vídeo: qué manda sobre las cámaras Cámaras y software: qué habla con qué

¿Cómo se licencia un VMS?

Lo normal es pagar por canal, es decir, por cámara conectada, y además una licencia base del sistema. Sobre esa estructura cada fabricante añade lo suyo: niveles de producto con funciones distintas, licencias aparte para la redundancia, para las integraciones con otros sistemas, para la analítica o para cada puesto de operador.

Hay dos detalles que cambian el presupuesto y no aparecen en la primera oferta. Uno: qué cuenta como cámara. Una multisensor con varios objetivos suele consumir varias licencias, y en un proyecto con muchas puede ser una diferencia grande. Dos: qué se paga aparte. Un sistema barato por canal con la federación de sedes, la redundancia y el módulo de accesos facturados por separado acaba en otro sitio.

Por eso la comparación entre plataformas se hace con el mismo alcance escrito: mismas cámaras, mismos puestos, mismas integraciones, misma redundancia y el mismo horizonte de años de mantenimiento. Comparar precio por canal a secas es la manera más fácil de equivocarse.

Licencias de VMS: cómo se cuentan

¿Licencia perpetua o suscripción?

Son dos formas de repartir el mismo coste en el tiempo, y la elección depende de cómo compra la empresa. La perpetua es una compra grande al principio, la usas mientras quieras, y aparte se paga un contrato anual de software que da las actualizaciones y el soporte del fabricante. La suscripción es una cuota que incluye actualizaciones y derecho de uso, y deja de haber licencia si dejas de pagar.

La perpetua encaja donde hay presupuesto de inversión y la instalación es estable, y donde importa que el sistema siga funcionando aunque un año no se renueve el mantenimiento. La suscripción encaja donde se prefiere gasto corriente previsible, donde el número de cámaras se mueve, y en los sistemas alojados en la nube, que casi siempre se licencian así.

La cuenta hay que hacerla a varios años y no al primero, porque a partir de cierto punto las dos curvas se cruzan. Y hay que meter en la cuenta lo que suele quedarse fuera: qué pasa con el precio de la renovación cuando toque, y si las licencias que compraste hoy valen para la versión mayor que salga dentro de unos años o hay que actualizarlas.

Licencias de VMS: cómo se cuentan

¿Qué pasa si dejo de pagar el mantenimiento del software?

Con licencia perpetua, el sistema sigue funcionando y grabando: lo que se pierde es el derecho a las nuevas versiones y el soporte del fabricante. Con suscripción, lo que se pierde es el derecho de uso, y ahí sí se para —cada fabricante define qué ocurre y durante cuánto tiempo se puede seguir accediendo a lo grabado.

El problema de dejar caer el mantenimiento en un sistema perpetuo no aparece el primer año, aparece el tercero. Sin actualizaciones no llegan los parches de seguridad, y el sistema se queda anclado a una versión que poco a poco deja de admitir las cámaras nuevas que se compran y los sistemas operativos nuevos de los puestos. El día que hay que ampliar, la puesta al día cuesta más que los años que no se pagaron.

Además, muchos fabricantes tienen una regla para volver: reincorporarse al mantenimiento después de haberlo dejado implica pagar los años intermedios o comprar de nuevo. Conviene preguntarlo antes de firmar, porque es una de esas condiciones que sólo se descubren cuando ya hace falta.

Licencias de VMS: cómo se cuentan Soporte técnico: mantenimiento del sistema

Empezar

¿Cuál te toca?

Cuéntanos cuántas cámaras hay, cuántas sedes, qué hay puesto ya y quién lo va a usar. Con eso se puede decir cuáles tienen sentido y cuáles no — y si ninguna de las nuestras encaja, también.