Es la plataforma de las seis donde el reparto importa más, porque hay una tercera cosa que no es de informática ni de seguridad: los procedimientos.
Informática se queda la infraestructura de las dos capas, más una responsabilidad que hay que asignarle explícitamente: no actualizar ningún sistema conectado sin mirar la matriz de versiones. Es lo que evita que la sala se quede sin ver las puertas un lunes.
Seguridad se queda la operación de la capa de vídeo —usuarios, permisos, retención, exportaciones— y la de la sala: qué avisos llegan, con qué prioridad y a qué puesto.
Los procedimientos no son de ninguno de los dos, y ése es el hueco donde se mueren estos proyectos. Uno de hace dos años que cita un teléfono que ya no existe es una trampa: el operador lo sigue, falla y pierde la confianza en el sistema entero.
El cliente puede llevar solo bastante: crear procedimientos sencillos, ajustar prioridades, cambiar teléfonos. Hay que formar a alguien, porque si cada número pasa por el integrador el catálogo se queda viejo.
Al integrador le quedan los conectores, los saltos de versión coordinados entre las dos capas, los procedimientos con lógica entre sistemas, y el diagnóstico cuando algo no llega. Con nueve fabricantes dentro, eso es la mitad del valor del contrato.
Formación: la más larga de las seis, con tres destinatarios. Los operadores, por turnos y con simulaciones reales. El dueño de los procedimientos, varias jornadas, porque va a editarlos él. E informática, con la matriz de versiones y por qué existe.