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WestPoint · Software de vídeo · Avigilon Unity y Alta

Dos productos con el mismo apellido. Y no son lo mismo.

Unity vive en tu instalación. Alta vive en la nube y se paga por suscripción. Comparten dueño y se están acercando, y hoy son dos decisiones distintas, con dos facturas y dos formas de envejecer. Quien no elige acaba administrando las dos.

Qué es, y por qué son dos.

Avigilon hace las cámaras y hace el software. Eso define en qué es fuerte esta plataforma y qué no va a hacer nunca.

Unity Video es el camino clásico: un grabador —muchas veces un equipo de la marca con el software dentro— en tu edificio, grabando en tu disco. Se compra una vez y lo que pagas después es mantenimiento.

Alta es el otro: la cámara manda el vídeo a la nube, no hay grabador ni servidor que mantener, y se paga una cuota por cámara y año. Lo que llega después es que la cuota no se acaba, y que el precio lo fijan los días que quieras guardar, no las cámaras.

El problema que resuelven los dos: buscar en el vídeo y no sólo mirarlo. «Una persona con chaqueta roja entró sobre las seis» es, en un sistema normal, una hora moviendo la barra del tiempo. La búsqueda por apariencia es la función por la que se vende esta marca.

Cómo está construido.

En Unity, servidores que forman un conjunto. En Alta, nada tuyo salvo las cámaras y la línea. Las dos tienen un punto débil y no es el mismo.

Unity se organiza en emplazamientos: varios servidores que comparten configuración y se reparten las cámaras, sin uno central del que dependa todo para grabar. En las ediciones altas se cubren entre ellos, y eso se diseña: no sale solo por tener dos máquinas.

Su pieza distintiva es cómo gestiona los flujos: envía a cada ventana el detalle que esa ventana necesita, así que viendo dieciséis cámaras en mosaico ninguna te manda sus doce megapíxeles. Es lo que le permite aguantar cámaras muy grandes sin ahogar la red.

Para varias sedes, Unity ve varios emplazamientos desde un cliente y funciona. Lo que hay que mirar es el enlace, y que la gestión sigue siendo por emplazamiento: con cinco sedes se lleva bien, con treinta el trabajo se vuelve de inventario y de versiones.

En Alta sólo se dimensiona la línea de subida, y ahí está su punto débil. Si no da, el sistema se apoya en la grabación local de la cámara y rellena cuando puede: eso salva el día malo. Medimos la línea real en hora punta, no la del contrato.

Lo que se conecta, y lo que cuesta.

La misma casa hace el control de accesos, y eso ahorra trabajo de verdad. Fuera de la casa, el catálogo es más corto de lo que la gente supone.

Su control de accesos se integra con su vídeo sin pasarelas, tanto en la línea clásica como en la de nube —que viene de la compra de un fabricante de accesos en nube, y por eso tiene esa lógica de credencial en el móvil—. Son semanas menos y un solo soporte.

Con intrusión y con terceros, el camino es el SDK y los módulos de su programa de integración. El catálogo es notablemente más corto que el de las plataformas que viven de ser abiertas, así que aquí no prometemos nada sin comprobar modelo y versión exactos.

Las cámaras de terceros entran por ONVIF y se ven y se graban; lo que no entra es la analítica, que es el motivo de la compra. Hay una vía intermedia: un equipo que aplica los motores sobre cámaras ajenas, con su coste y su límite de canales.

Cómo se licencia, y qué llega el tercer año.

Unity, por canal y por edición, y la edición marca qué se puede hacer: varios servidores, cobertura entre ellos, algunas funciones de búsqueda. Encima, el mantenimiento anual del fabricante, que da derecho a versiones nuevas.

Alta es suscripción por cámara y año, y el tramo de almacenamiento es lo que mueve el precio. Treinta días y noventa no son la misma factura ni parecido, y la retención no es técnica: sale de lo que diga el abogado o el seguro. Esa conversación va antes.

La cuenta que casi nunca se hace es a cinco años. El primer año la nube gana casi siempre; en el quinto depende. Y en su columna hay que poner lo que el grabador no compra: ningún servidor, ningún salto de versión, ningún disco muerto al cuarto año.

Para quién encaja y para quién no.

Aquí la pregunta que decide no es el tamaño. Es de quién van a ser las cámaras.

La aprovecha

Quien va a poner cámaras de la marca y quiere la búsqueda por apariencia desde el primer día: retail, campus, hospitales, transporte. Y quien quiere puertas y cámaras del mismo fabricante. En nube, además: muchas sedes pequeñas, sin nadie técnico y con buena subida.

Paga de más

Quien tiene doscientas cámaras de otra marca que funcionan: sobre ONVIF pierde casi todo lo que hace especial a esta plataforma y está pagando por ello. También quien necesita integrar muchos terceros. Y en nube, quien tenga mala subida: eso no se arregla configurando.

El caso que hay que pensar dos veces

Quien quiere nube por comodidad y tiene una retención larga impuesta por normativa o por su seguro. Son los dos factores que más encarecen la suscripción, y juntos convierten la opción cómoda en la cara. La cuenta a cinco años la hacemos aunque salga en contra.

Qué hacemos nosotros.

La decisión grande aquí es Unity o Alta, y se toma con números.

  • La comparación Unity frente a Alta a cinco años con los datos de esa instalación: cámaras, retención, sedes, si hay informática local y cuánto cuesta mandar a alguien. Un documento, no una opinión.
  • El dimensionado de Unity: cámaras por servidor, disco para la retención, y si hace falta cobertura entre servidores —lo cual puede significar otra edición, y eso se dice antes—.
  • La colocación de cámaras pensando en la analítica. La búsqueda por apariencia funciona mucho mejor con la cámara a la altura y el ángulo correctos: una para ver un pasillo y una para reconocer a una persona no van en el mismo sitio.
  • Las pruebas de entrega escritas antes: apagar un servidor y ver qué sigue grabando; cortar la línea de una sede de nube y comprobar que la cámara rellena el hueco; y probar la búsqueda con un caso real del cliente, no con el de la demostración.
  • La documentación: inventario con qué analítica trae cada cámara —porque no todas traen lo mismo—, mapa de almacenamiento, retención por zona y, si hay nube, la renovación y qué incluye exactamente el tramo contratado.

Quién lo opera después.

El reparto entre informática y seguridad cambia mucho según sea Unity o Alta, y eso es media razón para elegir uno u otro.

Con Unity, informática se queda equipos, almacenamiento, red y copias. Al ser un equipo cerrado del fabricante es bastante menos trabajo que una plataforma de varios servicios sobre servidores propios, y para un departamento pequeño eso es una ventaja real.

Con Alta se queda casi nada: red, subida y accesos. Es el argumento de la nube, y con una sola persona de sistemas es un argumento fuerte. Lo que gana lo pierde en control: la versión la decide el fabricante y se aplica cuando él quiere.

Seguridad se queda lo mismo en los dos casos: usuarios y permisos, qué cámara ve quién, retención por zona, alarmas y exportación. Ésta es la más fácil de las seis para que el equipo de seguridad trabaje solo, y es un punto a su favor que merece decirse.

Lo que no se deja en el uso diario: la retención y la calidad de grabación, que son dos casillas y mueven terabytes. Y el reconocimiento facial, que pide autorización escrita y una conversación legal antes, no un permiso de usuario. Ahí decimos no con frecuencia.

Al integrador le quedan los saltos de versión en Unity, las ampliaciones con su licencia y el ajuste de la analítica cuando la escena cambia. En Alta, más tarea de contrato: vigilar que el tramo de almacenamiento cuadra con lo que de verdad se guarda.

Formación: media jornada para el operador centrada en la búsqueda, que es lo que justifica la compra, y una jornada para quien administre permisos y retención. Más una lista de qué cámara tiene qué analítica: contesta el 80 % de las preguntas de los dos primeros años.

Analítica: aquí es el argumento de venta.

Es la plataforma de las seis donde la analítica viene más trabajada de fábrica. Por eso conviene ser preciso con lo que hace y con lo que no.

Lo que trae, y lo trae bien: clasificación de lo que ve en la propia cámara, búsqueda por apariencia entre cámaras, detección de movimiento poco habitual, matrículas, y reconocimiento facial donde la ley lo permita.

La condición, por última vez: eso vive en las cámaras de la marca. Con terceros por ONVIF la mayoría no está, y el equipo que aplica los motores sobre cámaras ajenas tiene su coste y su límite de canales. No hay versión gratuita de esto.

El límite real: responde muy bien a «qué hay» y a «dónde más ha aparecido esto», y no a «qué está pasando aquí». Encuentra a una persona; no entiende que está haciendo algo que no debería. La detección de lo poco habitual marca lo raro sin saber qué es.

Y puesto que esto es una recomendación con parte interesada, va declarado: en la misma casa está IRIS Neural, el NVMS de Infinity Neural, la otra empresa del grupo. Es producto nuestro. Quien recomienda lo suyo sin decirlo pierde el derecho a que se le crea.

Conviven: Unity gobierna las cámaras, la grabación y los permisos, y aporta una búsqueda visual excelente sobre su hardware; IRIS aporta la comprensión de la escena. Si lo que necesitas es encontrar rápido a alguien en el vídeo de ayer, esto ya lo hace.

Qué es IRIS Neural

Si estás comparando.

Si dudas entre un sistema de fabricante de cámaras y una plataforma abierta, la pregunta de fondo es si quieres la analítica resuelta de fábrica o la libertad de elegir cámara. Las dos respuestas son defendibles.

Empezar

¿Unity o Alta? Depende de tres datos.

Cuántas cámaras, cuántos días de vídeo hay que guardar y si hay alguien técnico en cada sede. Con esos tres hacemos la cuenta a cinco años de las dos opciones y te la enseñamos entera, incluida la columna donde la nube sale más cara. Si lo que tienes puesto es de otra marca, dínoslo: cambia la conversación.