El reparto entre informática y seguridad cambia mucho según sea Unity o Alta, y eso es media razón para elegir uno u otro.
Con Unity, informática se queda equipos, almacenamiento, red y copias. Al ser un equipo cerrado del fabricante es bastante menos trabajo que una plataforma de varios servicios sobre servidores propios, y para un departamento pequeño eso es una ventaja real.
Con Alta se queda casi nada: red, subida y accesos. Es el argumento de la nube, y con una sola persona de sistemas es un argumento fuerte. Lo que gana lo pierde en control: la versión la decide el fabricante y se aplica cuando él quiere.
Seguridad se queda lo mismo en los dos casos: usuarios y permisos, qué cámara ve quién, retención por zona, alarmas y exportación. Ésta es la más fácil de las seis para que el equipo de seguridad trabaje solo, y es un punto a su favor que merece decirse.
Lo que no se deja en el uso diario: la retención y la calidad de grabación, que son dos casillas y mueven terabytes. Y el reconocimiento facial, que pide autorización escrita y una conversación legal antes, no un permiso de usuario. Ahí decimos no con frecuencia.
Al integrador le quedan los saltos de versión en Unity, las ampliaciones con su licencia y el ajuste de la analítica cuando la escena cambia. En Alta, más tarea de contrato: vigilar que el tramo de almacenamiento cuadra con lo que de verdad se guarda.
Formación: media jornada para el operador centrada en la búsqueda, que es lo que justifica la compra, y una jornada para quien administre permisos y retención. Más una lista de qué cámara tiene qué analítica: contesta el 80 % de las preguntas de los dos primeros años.