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WestPoint · OpenEye

La nube gestiona. El disco de la sede sigue grabando.

OpenEye es el camino del medio: el vídeo se graba en un equipo que está en tu instalación, como siempre, y lo que sube a la nube es la administración — usuarios, actualizaciones, estado de cada sede y la entrada desde fuera. Para mucha gente es el reparto que quería y no sabía que existía.

El problema no era dónde se graba. Era quién lo cuida.

Cuando alguien se plantea irse a la nube, casi nunca es por la nube. Es por no tener que cuidar veinte máquinas.

Un grabador en cada sede funciona bien el primer año. Lo que no funciona es el resto: versiones distintas en cada sitio, discos que se llenan sin avisar, contraseñas circulando por correo, una cámara que dejó de grabar en marzo y se descubre en octubre.

Lo que propone esta plataforma es separar dos cosas que siempre van juntas y no tienen por qué: el vídeo se queda grabando en el equipo de la sede y la gestión sube. Desde una página web se ve el estado de todas las sedes, se actualizan los equipos, se dan y quitan usuarios y se entra a ver sin abrir un puerto en ningún router.

El problema que resuelve, en una frase: tener veinte o cien sedes con grabación local y enterarse de lo que pasa en ellas sin ir. Y sin la factura de subida de una plataforma que manda todo el vídeo fuera, porque aquí el vídeo no se va.

Cómo está construido.

Es una arquitectura híbrida de verdad, no una nube con disco de consuelo.

  • El equipo de la sede graba y guarda, y hay que dimensionarlo igual que siempre: canales, resolución, días de retención de verdad y el disco que pide eso. La nube no quita ese cálculo, y quien lo haga mal tendrá el mismo problema que tenía antes.
  • La nube es el plano de gestión: usuarios y permisos centralizados, estado de salud de cada equipo y de cada cámara, actualizaciones empujadas sin ir a la sede, configuración remota y acceso desde fuera. Ése es el producto, y es el que se paga.
  • Cámaras: funciona con equipos de terceros por los protocolos estándar y también hay cámaras propias. La diferencia con una plataforma de hardware cerrado se ve en la factura de una renovación — si lo puesto sirve, se queda.
  • Redundancia: lo que protege el vídeo es el equipo de la sede, con discos en espejo y la posibilidad de mandar copia de lo importante fuera. Y ese equipo sigue siendo algo que puede fallar y que se pueden llevar, así que dónde se pone es una decisión de proyecto y no de almacén.
  • Accesos e intrusión se integran, no se unifican: eventos que marcan el vídeo y avisos que viajan hacia donde tengan que ir. Hay API para sacar estado, eventos y vídeo hacia otros sistemas — no es la plataforma más abierta de esta lista, y para lo que se usa normalmente llega.

Las cinco preguntas de la nube.

Con este reparto, tres tienen respuesta corta. Y la quinta hay que hacerla con más cuidado que en ninguna.

Dónde viven las grabaciones: en tu instalación, en tu disco, y eso resuelve media conversación con el departamento legal. Fuera están los usuarios, los permisos, el estado de los equipos y la vía por la que se entra a ver — y por esa vía se ve el vídeo, así que el proveedor tiene por diseño una puerta de administración. Permisos mínimos, doble factor y registro de accesos visible: lo mismo que en las demás.

Si se cae la línea se sigue grabando todo en la sede, sin perder nada, porque el grabador no necesita la nube para trabajar. Lo que se cae es la gestión y el acceso desde fuera. Para sitios con conexiones malas, ése es el argumento principal.

El coste de subir vídeo: pequeño y previsible, porque no se sube el vídeo. Suben datos de estado y miniaturas, y vídeo cuando alguien mira o cuando se haya configurado copia de algo concreto. Una sede con línea modesta aguanta esto, lo que con muchas sedes pequeñas no es un detalle menor.

RGPD y transferencias internacionales: hay menos superficie que en una nube pura porque las imágenes no se almacenan fuera, y sigue habiendo tratamiento —cuentas, registros de acceso, metadatos y la posibilidad de visualizar a través del servicio—. Pide lo de siempre: contrato de encargado, garantías de la transferencia, región por escrito e información a la plantilla.

Y la dependencia, que aquí hay que preguntar mejor: ¿qué pasa con el equipo de la sede si se deja el servicio? ¿Sigue grabando? ¿Se puede entrar a verlo y a exportar en local, sin la nube, y con qué funciones? Esa respuesta hay que tenerla del fabricante, por escrito, antes de comprar. Del lado bueno: las cámaras son estándar y se quedan.

La suscripción, y cómo crece.

El equipo de grabación se compra y el servicio de gestión se paga por cámara y por plazo: consola, actualizaciones, soporte, estado de salud y acceso desde fuera. Si hay archivo fuera de la sede, va aparte y se elige cámara por cámara.

Al crecer el coste es lineal y aburrido, que es un elogio. Lo que se descuida es el hardware: el equipo aguanta las cámaras para las que se compró, y el día que esa sede pasa de dieciséis a veinticuatro hay que volver a calcular disco y capacidad. Y la comparación honesta con una nube pura: aquí pagas un equipo por sede y menos línea; allí no pagas equipo y pagas subida todos los meses. Cuál sale a cuenta se calcula con números de tu caso.

Para quién encaja, y para quién no.

Aquí la frontera es nítida y casi siempre la marca la conexión de las sedes.

Encaja si…

Tienes muchas sedes con cámaras ya puestas, nadie técnico en ellas y líneas normales o malas. Si necesitas retención larga y completa —semanas o meses— que por subida no cabe en una nube pura. Si el departamento legal o el pliego exigen que las imágenes se queden en tus instalaciones. Y si lo que buscas es dejar de cuidar grabadores sin cambiar el modelo de grabación.

No encaja si…

Quieres quitar todo el hardware de la sede: aquí sigue habiendo una máquina, con su garantía y su final de vida. Tampoco si necesitas un centro de control grande con funciones de plataforma unificada, ni si el proyecto pide mucha integración a medida por API. Y conviene comprobar la presencia del fabricante y del soporte en tu país antes de comprometer cien sedes.

Analítica: qué trae, qué se le pone y dónde está el techo.

De serie, lo que hace falta para operar: búsqueda por movimiento y por tiempo, avisos por zona y por horario, y una vigilancia del estado del sistema que en una cadena vale su peso en oro — cámara que no graba, disco que se acaba, equipo que no responde, retención que cayó por debajo de lo pactado.

Lo que se le añade: la analítica que viene dentro de las cámaras, que es el camino natural aquí. La cámara detecta y el sistema recoge el evento, lo marca y avisa. Matrículas, cruce de línea, conteo: se elige la cámara por la analítica que tiene que hacer, y eso se decide en el proyecto y no al año siguiente.

El techo de la incluida, sin rodeos: detecta que algo se ha movido o ha cruzado una línea, y no entiende la escena. En un almacén con carretillas, una analítica de movimiento avisa cien veces al día de cosas normales y a la semana nadie mira los avisos. No es un defecto de esta plataforma: es dónde acaba su trabajo.

Y la declaración que toca: en la misma casa está IRIS Neural, el NVMS de Infinity Neural —la otra empresa del grupo—, así que lo recomendamos con interés propio y lo decimos antes. En muchas instalaciones conviven: el VMS gobierna cámaras, grabación y retención, e IRIS aporta la comprensión de la escena. Aquí la convivencia es sencilla, porque las cámaras son estándar y los dos sistemas pueden tomar la imagen dentro de la sede, a calidad completa y sin cargar la línea.

Qué hacemos nosotros.

Una plataforma híbrida tiene trabajo de los dos lados: el cálculo clásico de grabación y la parte de servicio.

  • El dimensionado de cada sede a la vieja usanza, porque aquí sigue haciendo falta: canales, resolución, fotogramas, días de retención reales y el disco que eso pide, con margen para las cámaras que entrarán después.
  • La decisión de qué sube y qué no: estado siempre, vídeo cuando alguien mira, y copia fuera de la sede sólo de lo que hay que conservar aunque desaparezca el equipo.
  • La implantación: equipos, red de vídeo separada de la de la empresa, cámaras comprobadas de día y de noche, permisos por puesto, doble factor, y el estado de salud configurado para que avise a alguien con nombre y no a un buzón genérico.
  • Lo que pedimos por escrito al fabricante antes de que el cliente firme: qué se puede hacer en local sin la nube, qué pasa con el equipo si se deja el servicio, región de los datos y contrato de tratamiento, y soporte y sustituciones en tu país.
  • La migración y el mantenimiento: aquí muchas veces las cámaras se quedan y lo que cambia es el grabador. Conviven unas semanas, se exporta lo que haya que conservar, y después encuadres, discos, versiones, retención medida —no estimada— y una revisión anual del inventario de cámaras y suscripciones.

Quién lo opera después de nosotros.

Este reparto es el que mejor se entiende dentro de una empresa con TI, porque se parece a cómo ya gestionan el resto de sus equipos.

  • TI: cuentas, doble factor, la red de cada sede, la ventana de actualizaciones y el seguimiento del estado. A diferencia de una nube pura, aquí hay máquinas físicas con garantía, final de vida y discos que se sustituyen, y eso entra en el inventario de TI como cualquier otro servidor.
  • Seguridad o el responsable de cada sede: mirar, buscar, marcar y exportar. Se hace desde el navegador, se aprende en una mañana y permite dar a cada encargado acceso sólo a sus cámaras.
  • La frontera que hay que dejar clara: el estado de salud lo vigila TI, pero quién decide que una cámara que lleva dos semanas sin grabar es urgente no es TI. Hay que escribir qué se mira, cada cuánto y a quién se escala.
  • Al integrador le exige saber de grabación y de red, y además saber explicar el modelo. Muchos clientes llegan creyendo que «nube» quiere decir que el vídeo está fuera, y aquí es al contrario; si el integrador no cuenta esa diferencia, el cliente firma esperando otra cosa.
  • Formación: una mañana para el uso diario, con una hoja por sede. Y una sesión con TI sobre el equipo local —discos, sustituciones, actualizaciones, qué hacer cuando una sede no responde— y sobre qué se puede hacer sin conexión. Esa última parte se olvida y es la que hace falta el día del corte.
  • Documentación: inventario de equipos por sede con su garantía y su disco, hoja por cámara con lo que ve y la retención real medida, mapa de perfiles, qué sube a la nube y qué no, tabla de suscripciones con fechas, y las cuentas de administrador a nombre del cliente.

Empezar

¿Quieres dejar de cuidar grabadores sin mandar el vídeo fuera?

Ése es el reparto de esta plataforma, y no le encaja a todo el mundo. Si nos dices cuántas sedes tienes, qué cámaras hay, cuántos días de grabación necesitas y qué línea tiene la peor de ellas, te ponemos el cálculo al lado del de una nube pura y lo decides con los dos números delante.