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WestPoint · Rhombus

Pensado para el que entra por la consola.

Rhombus hace seguridad de vídeo nacida en la nube: cámaras con memoria propia, análisis dentro de la cámara y una consola donde está todo — vídeo, puertas, sensores y avisos. Es de las más cómodas de usar, y la que obliga a hacer más preguntas sobre la empresa que está detrás.

El sistema de vídeo que usa el de TI.

Explica bastante saber quién la compra: muchas veces no es el departamento de seguridad.

Hay organizaciones con varias ubicaciones, gente técnica en la central, ninguna en las delegaciones y ningún centro de control con turnos: empresas medianas, colegios, logística, clínicas. Para ellas el vídeo es una herramienta que se consulta cuando pasa algo, y el mosaico de dieciséis cámaras no lo mira nadie.

Rhombus está construido para eso. Las cámaras graban dentro de sí mismas, analizan lo que ven en la propia cámara y suben lo ligero: qué ha visto, cuándo y una imagen. El vídeo se trae cuando alguien lo pide. Se busca por lo que pasó en lugar de rebobinar, y se administra desde un navegador como cualquier otra herramienta de la empresa.

Y añade lo que una organización así necesita junto: puertas, sensores de temperatura o humedad, aviso de puerta abierta o de ruido, y los avisos llegando donde esa gente ya trabaja —el chat de la empresa, el correo, el móvil—. Eso no es una función más: es lo que hace que el aviso lo lea alguien.

Cómo está construido.

Arquitectura de nube con el trabajo pesado en la cámara.

  • La cámara graba y piensa: memoria dentro para los días que toque según modelo y calidad, y el análisis corriendo ahí mismo. Es lo que hace que una línea normal aguante el sistema, porque lo que sube de forma continua son datos y miniaturas.
  • No hay grabador ni servidor en la sede, así que no hay nada que dimensionar ahí dentro. Sí hay que dimensionar la red: puertos y potencia del conmutador, consumo por cámara y subida para cuando varias personas miren a la vez.
  • Retención: la de la cámara, más la que se contrate en nube para conservar más tiempo o tener segunda copia. Qué cámaras la merecen es una decisión de riesgo y se toma una por una — si se arranca una cámara, lo que tuviera dentro y no estuviera copiado se fue con ella.
  • Accesos, intrusión y sensores viven en la misma consola y son de la misma casa: comparten usuarios, registro y avisos, así que una puerta forzada trae su vídeo sin integración. Si ya tienes una plataforma de accesos grande, entonces se integra por API y hay que comprobar qué se puede hacer en las dos direcciones.
  • API y avisos: interfaz de programación abierta, avisos salientes hacia otros sistemas y entrada con el directorio de identidad de la empresa. Para un equipo de TI que quiere que el vídeo sea una pieza más y no una isla, eso vale más que media lista de funciones.

Las cinco preguntas de la nube.

Y aquí hay una sexta, que es sobre la empresa y no sobre el producto.

Dónde viven las grabaciones: el vídeo en la cámara; el índice, los usuarios, los permisos y lo archivado, en la nube del proveedor — que por diseño tiene una vía de administración. Lo exigible es lo mismo que en las demás: permisos mínimos, doble factor obligatorio, registro de accesos visible y por escrito quién puede ver qué desde el lado del proveedor.

Si se cae la línea se sigue grabando en la cámara y se caen el directo desde fuera, los avisos y la búsqueda. Al volver, la nube se pone al día. Vale para casi todo menos para vigilancia en directo.

El coste de subir vídeo: bajo y constante mientras nadie mira. El pico aparece al mirar y al archivar en nube — si se archiva mucho y de muchas cámaras, el caudal sostenido deja de ser pequeño. Se calcula con la lista de lo que se va a archivar delante.

RGPD y transferencias internacionales: proveedor de fuera de la UE, con lo que eso arrastra —contrato de encargado, garantías de la transferencia, región por escrito, análisis previo donde toque, información a la plantilla—. Y una pregunta que en plataformas jóvenes se hace sin rodeos: qué región te toca a ti, con tu contrato, y qué sucede si el proveedor la cambia.

La dependencia, y la sexta pregunta. Las cámaras propias no se reutilizan con otro sistema, así que irse implica cambiar hardware; las de terceros se quedan. Y la que no es técnica: es un fabricante más joven y más pequeño que los grandes de esta lista, lo que trae cosas buenas —desarrollan rápido, se les llega al soporte— y obliga a preguntar por el soporte y las sustituciones en tu país, por las referencias en Europa y por qué pasaría si la empresa se vende.

La suscripción, y cómo crece.

Cámara y licencia por plazo, con la consola, las actualizaciones y el soporte dentro. Aparte van el archivo en nube y las funciones que se contraten por encima de la base.

Al crecer se olvidan dos cosas y las dos se ven en el año tres. Las fechas: si las cámaras entraron en tandas, las renovaciones se desparraman por el calendario. Y el archivo: se contrata para unas pocas cámaras críticas, crece sin que nadie lo decida y acaba siendo la mitad de la factura. Por eso pedimos el coste estimado a cinco años por escrito, que es el número con el que hay que comparar una licencia perpetua más su mantenimiento.

Para quién encaja, y para quién no.

Tiene un perfil muy definido. Cuando encaja, encaja mucho.

Encaja si…

Manda TI o la dirección de operaciones más que un departamento de seguridad clásico. Si hay varias ubicaciones sin nadie técnico, si quieres vídeo, puertas y sensores en una consola, si te importa que los avisos lleguen al chat y al móvil de quien tiene que actuar, y si vas a integrar por API. También si la instalación es nueva y el hardware propio no es un problema.

No encaja si…

Tienes un centro de control con operadores mirando en directo y manejando domos: no es para eso. Si el pliego exige grabación en las instalaciones del cliente, proveedor europeo o un listado largo de referencias locales. Si hay un parque grande de cámaras recientes que no entran como terceros. O si la casa tiene por norma no depender de un solo proveedor para hardware y software.

Analítica: qué trae, qué se le pone y dónde está el techo.

Trae bastante y funcionando desde el primer día: personas y vehículos, búsqueda por lo que se vio en vez de por la hora, matrículas y caras en los modelos y licencias que lo incluyen, zonas, horarios, merodeo, puerta que se queda abierta, aforo. Corre en la cámara, así que no hay servidor de analítica que comprar.

Sobre lo que reconoce caras, dos cosas: está sujeto a reglas estrictas de protección de datos, en muchos centros de trabajo no se puede activar sin una base legal bien construida, y activarlo «porque viene incluido» es la clase de decisión que se paga en una inspección. Se decide con el responsable de datos delante y se documenta.

El techo: es analítica de categorías y de búsqueda. Sabe que hay una persona, un coche, una puerta abierta. No entiende una escena con varias cosas a la vez ni situaciones propias de un proceso industrial, y no hay ajuste que la lleve ahí. Lo que sí se puede es sacar los eventos por API y que decida otro sistema.

Y la parte que declaramos: en la misma casa está IRIS Neural, el NVMS de Infinity Neural —la otra empresa del grupo, así que lo recomendamos con interés propio y lo decimos aquí mismo—. En muchas instalaciones conviven: el VMS gobierna cámaras y grabación, IRIS aporta la comprensión de la escena. Con cámara propia hay que ser concretos: si hay cámaras de terceros, IRIS toma esos mismos flujos; si todo es hardware del fabricante, lo normal es poner cámaras propias en los puntos que hay que entender, o comprobar antes qué acceso al vídeo permite tu licencia.

Qué hacemos nosotros.

Sin servidores que montar, todo lo que decide el resultado pasa antes de encender nada.

  • El diseño punto por punto: qué tiene que ver cada cámara, a qué altura, con qué óptica, qué se ve desde ahí de noche y cuántos días tiene que guardar. Y qué zonas no cubre bien el modelo elegido, dicho antes y no después.
  • El dimensionado de lo que queda: red, puertos y potencia del conmutador, subida disponible, y el cálculo de archivo en nube cámara por cámara en vez de un paquete para todas.
  • La parte de contrato y de datos, que aquí es trabajo técnico: plazos y renovaciones, región de almacenamiento, contrato de encargado de tratamiento, soporte y sustitución de equipos en tu país, y coste estimado a cinco años.
  • La implantación: alta de ubicaciones, entrada con el directorio de la empresa, doble factor sin excepciones, perfiles por puesto, y los avisos conectados donde los va a leer alguien —con la lista de quién recibe qué a qué hora, escrita—. Más las integraciones por API, probadas con el sistema real.
  • La migración y el mantenimiento: convivencia con lo anterior, exportación de lo que haya que conservar antes de apagar, y después encuadres, imagen nocturna, cámaras que han dejado de ver bien, permisos que sobran y el archivo en nube que creció solo.

Quién lo opera después de nosotros.

Es la plataforma que más cómodamente se queda en manos del cliente. Y la que más necesita que alguien mande en los permisos.

  • TI, que aquí suele llevar casi todo: identidad y doble factor, entrada con el directorio de la empresa, red y alimentación de las cámaras, y revisión del registro de accesos. Es una herramienta más del catálogo de TI.
  • Seguridad, o quien haga ese papel: el uso diario y el criterio. Qué se considera un aviso, qué se hace cuando llega, qué se exporta y cómo se entrega una prueba. Eso no lo puede decidir TI, porque no es una decisión técnica.
  • El matiz importante, y aquí más que en ninguna: cuando dar acceso es fácil, se da de más. El sistema termina con gente viendo cámaras que no le corresponden, y eso ya no es un problema informático: es de protección de datos, con responsable y con multa. Perfiles escritos y revisados dos veces al año por alguien con nombre.
  • Al integrador le exige menos instalación y más criterio: elegir los puntos, construir los avisos para que los lea alguien, conectarlo con lo que ya usa el cliente y sostener la conversación de protección de datos. Quien sólo sepa colgar cámaras aquí aporta poco.
  • Formación: una mañana para quien usa, y una sesión con TI y con el responsable de datos sobre permisos, registro de accesos, qué analítica se activa y con qué base legal. Esa segunda es la que nadie pide y la que evita los problemas caros.
  • Documentación: hoja por cámara con lo que ve y los días que guarda, mapa de ubicaciones y perfiles, lista de avisos con destinatario y horario, qué analítica está activada y por qué, región de almacenamiento y contrato de tratamiento, tabla de renovaciones, y las cuentas de administrador a nombre del cliente.

Empezar

¿Quién va a administrar esto dentro de dos años?

Con Rhombus esa pregunta decide más que la ficha técnica: funciona muy bien cuando hay alguien de TI que la adopta y se queda a medias cuando nadie la hace suya. Cuéntanos cuántas ubicaciones tienes, qué hay puesto y quién va a llevarlo.