Y aquí hay una sexta, que es sobre la empresa y no sobre el producto.
Dónde viven las grabaciones: el vídeo en la cámara; el índice, los usuarios, los permisos y lo archivado, en la nube del proveedor — que por diseño tiene una vía de administración. Lo exigible es lo mismo que en las demás: permisos mínimos, doble factor obligatorio, registro de accesos visible y por escrito quién puede ver qué desde el lado del proveedor.
Si se cae la línea se sigue grabando en la cámara y se caen el directo desde fuera, los avisos y la búsqueda. Al volver, la nube se pone al día. Vale para casi todo menos para vigilancia en directo.
El coste de subir vídeo: bajo y constante mientras nadie mira. El pico aparece al mirar y al archivar en nube — si se archiva mucho y de muchas cámaras, el caudal sostenido deja de ser pequeño. Se calcula con la lista de lo que se va a archivar delante.
RGPD y transferencias internacionales: proveedor de fuera de la UE, con lo que eso arrastra —contrato de encargado, garantías de la transferencia, región por escrito, análisis previo donde toque, información a la plantilla—. Y una pregunta que en plataformas jóvenes se hace sin rodeos: qué región te toca a ti, con tu contrato, y qué sucede si el proveedor la cambia.
La dependencia, y la sexta pregunta. Las cámaras propias no se reutilizan con otro sistema, así que irse implica cambiar hardware; las de terceros se quedan. Y la que no es técnica: es un fabricante más joven y más pequeño que los grandes de esta lista, lo que trae cosas buenas —desarrollan rápido, se les llega al soporte— y obliga a preguntar por el soporte y las sustituciones en tu país, por las referencias en Europa y por qué pasaría si la empresa se vende.