Las mismas cinco, y aquí con respuestas distintas a las de una plataforma con cámara propia. Conviene no copiar conclusiones de una a otra.
Dónde viven las grabaciones: en dos sitios, el puente de la sede y el centro de datos del proveedor. Cuál es ese centro y en qué región está es una cláusula del contrato, y hay regiones europeas. Cuál te corresponde y qué pasa si mañana cambia se pide por escrito y se guarda con el expediente.
Si se cae la línea se sigue grabando en el puente y, al volver, se sube lo pendiente. Mientras está caída no hay acceso desde fuera ni alertas. Y hay un límite que sí puede perder vídeo: si el corte dura más de lo que aguanta el disco del puente, lo más viejo se va. Ese número se calcula y se escribe.
El coste de subir vídeo es la conversación de esta plataforma, y no es el pico: es el caudal sostenido, veinticuatro horas al día, en una línea contratada pensando en bajar. Se calcula cámara por cámara antes de firmar, y si no da hay tres salidas — menos calidad continua, subir a ciertas horas, o mejorar la línea. La cuarta, ponerlo y ver qué pasa, se paga en vídeo que no está.
RGPD y transferencias internacionales: el proveedor es de fuera de la UE aunque la región sea europea, así que hace falta lo de siempre — contrato de encargado, garantías de la transferencia, análisis previo cuando toca, información a la plantilla y registro de actividades veraz. Es un trámite, y se hace antes.
Y la dependencia, que aquí es de otra naturaleza: las cámaras son tuyas y hablan protocolos estándar, así que el día que te vayas se quedan y las coge otro sistema. Lo que no se lleva nadie es el archivo en nube, que hay que exportar antes de cerrar el servicio. Lo que se alquila aquí es el servicio, no la instalación.