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WestPoint · Eagle Eye Networks

La nube no quita la caja de la sede. La hace más tonta.

Eagle Eye Networks es vídeo en nube que funciona con las cámaras que ya tienes. En cada sede sigue habiendo un aparato, pero deja de ser el grabador del que depende todo y pasa a ser un puente: recoge, guarda un poco y sube.

Veinte sedes, veinte grabadores, cero personas.

El problema que resuelve casi nunca es de vídeo: es de mantenimiento.

Una cadena con veinte tiendas tiene veinte grabadores, cada uno con su disco, su versión y su manera propia de fallar. Nadie en la tienda sabe que el disco de la trastienda lleva cuatro meses sin grabar la cámara del almacén, y no se va a saber hasta el día que haga falta esa imagen.

Aquí el reparto cambia: en cada sede un puente —un aparato pequeño— habla con las cámaras que ya hay por los protocolos de siempre, guarda lo reciente en local y sube el resto. La gestión, los usuarios y el estado de todas las sedes están en una sola página: si el puente de la tienda siete lleva un día sin mandar nada, sale ahí en rojo.

Y un detalle que lo separa de las plataformas con cámara propia: no hay que tirar lo puesto. Si las cámaras son decentes y hablan protocolos estándar, entran. Eso convierte una renovación de software en un proyecto de semanas en vez de una inversión de hardware.

Cómo está construido.

Todo gira alrededor del puente y de una decisión: qué sube, cuándo y con cuánta calidad.

  • El puente es el que trabaja: recoge los flujos, los guarda en su disco y los manda según lo configurado. El dimensionado consiste en elegir cuántos días aguanta en local, y eso no es capricho — es cuánto puede estar caída la línea de esa sede sin perder nada.
  • Lo que sube no es todo a lo bruto: de forma continua va una versión ligera del vídeo, y la calidad completa según la retención contratada o cuando se pide. Ese ajuste decide la factura de la línea y lo que de verdad tendrás dentro de tres meses, así que tiene que estar escrito en la entrega, cámara por cámara.
  • Escalado: se añaden sedes, no servidores. Cada sede es un puente más en la misma consola y no hay máquina central del lado del cliente, así que una cadena pasa de veinte a sesenta locales sin rediseñar nada.
  • Redundancia: la grabación vive en dos sitios —puente y nube—, lo que resuelve el problema clásico de que se lleven el grabador. Y al revés: una cámara colgada de un único puente depende de ese puente. Si la sede es crítica, o hay dos, o se acepta el riesgo a sabiendas.
  • Accesos e intrusión se integran, no se unifican, y los avisos de vídeo pueden viajar hacia una central receptora de alarmas. La API es de las más abiertas de este grupo: permite cruzar una venta del punto de cobro con la imagen de ese segundo, o montar un panel propio con el estado de las sesenta tiendas.

Las cinco preguntas de la nube.

Las mismas cinco, y aquí con respuestas distintas a las de una plataforma con cámara propia. Conviene no copiar conclusiones de una a otra.

Dónde viven las grabaciones: en dos sitios, el puente de la sede y el centro de datos del proveedor. Cuál es ese centro y en qué región está es una cláusula del contrato, y hay regiones europeas. Cuál te corresponde y qué pasa si mañana cambia se pide por escrito y se guarda con el expediente.

Si se cae la línea se sigue grabando en el puente y, al volver, se sube lo pendiente. Mientras está caída no hay acceso desde fuera ni alertas. Y hay un límite que sí puede perder vídeo: si el corte dura más de lo que aguanta el disco del puente, lo más viejo se va. Ese número se calcula y se escribe.

El coste de subir vídeo es la conversación de esta plataforma, y no es el pico: es el caudal sostenido, veinticuatro horas al día, en una línea contratada pensando en bajar. Se calcula cámara por cámara antes de firmar, y si no da hay tres salidas — menos calidad continua, subir a ciertas horas, o mejorar la línea. La cuarta, ponerlo y ver qué pasa, se paga en vídeo que no está.

RGPD y transferencias internacionales: el proveedor es de fuera de la UE aunque la región sea europea, así que hace falta lo de siempre — contrato de encargado, garantías de la transferencia, análisis previo cuando toca, información a la plantilla y registro de actividades veraz. Es un trámite, y se hace antes.

Y la dependencia, que aquí es de otra naturaleza: las cámaras son tuyas y hablan protocolos estándar, así que el día que te vayas se quedan y las coge otro sistema. Lo que no se lleva nadie es el archivo en nube, que hay que exportar antes de cerrar el servicio. Lo que se alquila aquí es el servicio, no la instalación.

La suscripción, y cómo crece.

Se paga por cámara y por lo que esa cámara guarda: días de retención y calidad. Tiene una trampa de presupuesto que conviene ver venir — el coste no crece sólo al añadir cámaras, crece cuando alguien decide que hace falta más retención. Pasar de treinta a noventa días en cien cámaras no es un ajuste, es otro contrato.

Por eso el trabajo útil está antes: cuántos días hacen falta en cada punto, porque la cámara de la caja y la del muelle no necesitan lo mismo que la del pasillo. Y en la misma tabla hay que meter lo que desaparece: renovaciones de grabadores, visitas por un disco, versiones desparejas y el coste de no saber que algo no grababa.

Para quién encaja, y para quién no.

La respuesta depende menos de la seguridad que de la línea de cada sitio.

Encaja si…

Tienes muchas sedes pequeñas o medianas, cámaras ya puestas y nadie técnico en ellas. Si necesitas saber desde una pantalla qué sede no está grabando. Si el vídeo tiene que viajar hacia una central receptora de alarmas o hacia un sistema propio. Y si la línea de cada sede da para subir, que es la condición que manda sobre las demás.

No encaja si…

Es una sola instalación grande con cientos de cámaras de mucha resolución: ahí la cuenta de la nube deja de salir. Tampoco si hay conexiones malas o caras que no se pueden mejorar, si el pliego exige que las imágenes no salgan de las instalaciones, o si hay un centro de control vigilando en directo muchas cámaras a la vez.

Analítica: qué trae, qué se le pone y dónde está el techo.

De serie: búsqueda por movimiento y por objeto, filtros para encontrar una persona o un vehículo en horas de grabación, avisos por zona y por horario, y el estado de salud de cada cámara — que en una cadena es la función más rentable de todas aunque no la venda nadie.

Lo que se le añade: matrículas, analítica extra contratada como servicio y, sobre todo, lo que se monta por la API. Cruzar vídeo con las ventas, con los tiempos de cola o con las entradas de almacén es trabajo de integración, y aquí se puede hacer.

El techo de la incluida es el de su arquitectura: a calidad completa y al momento se analiza lo que tiene delante el puente; en la nube, lo que haya subido. Si se sube poca calidad para ahorrar línea, la analítica trabaja con esa poca calidad. Es una cadena, y el eslabón más estrecho manda.

Y lo que nos toca declarar: en la misma casa está IRIS Neural, el NVMS de Infinity Neural, la otra empresa del grupo — producto nuestro, y lo decimos antes de recomendarlo. En muchas instalaciones conviven: el VMS gobierna cámaras, grabación y retención; IRIS aporta la comprensión de la escena. Aquí la convivencia es de las limpias, porque las cámaras son estándar y los dos sistemas pueden tomar la imagen en la propia sede, a calidad completa, sin pelearse por la subida.

Qué hacemos nosotros.

En una plataforma de nube el trabajo se va todo a la preparación.

  • El estudio de cada sede antes de prometer nada: qué cámaras hay, cuáles sirven, qué protocolos hablan, qué línea tiene y cuánta subida real da un martes a las once. Medida, no la del folleto del operador.
  • El dimensionado: qué puente va en cada sitio, cuántos días aguanta en local, qué calidad sube cada cámara y cuántos días de nube merece cada una. Con el número de subida sostenida al lado, que es el que decide si esto funciona.
  • La implantación: puentes, red de vídeo separada de la de la empresa, cámaras dadas de alta una por una y comprobadas de día y de noche, y perfiles de usuario por puesto.
  • La puesta en marcha de lo que avisa: qué eventos generan qué aviso, a quién, en qué horario y qué hace el que lo recibe. Con la integración con la central receptora de alarmas probada provocando el evento de verdad.
  • La migración y el mantenimiento: convivencia con los grabadores viejos, exportación de lo que haya que conservar y después la retirada. Luego encuadres, control de que cada cámara sube lo que debe, aviso de sedes silenciosas y una revisión anual del contrato.

Quién lo opera después de nosotros.

El reparto es más fácil que en un sistema clásico, y hay un sitio donde sigue haciendo falta un técnico: la red.

  • TI: la red de cada sede, la línea, la separación del tráfico de vídeo, las cuentas y el doble factor. No hay servidores de vídeo, pero sí una dependencia nueva y permanente de la conexión. Cuando la tienda siete cambia de operador y nadie avisa, el que se entera es el sistema de vídeo.
  • Seguridad o el responsable de cada sede: ver, buscar, marcar, exportar para la policía o el seguro y atender un aviso. Es una página web y se aprende en una mañana, lo que permite dar al encargado de cada local acceso a sus cámaras y a nada más.
  • El matiz que en una cadena importa: con veinte sedes hay veinte encargados, y cambian. Si nadie revisa quién sigue teniendo acceso, el sistema acaba con cuentas de gente que ya no trabaja ahí. Esa revisión es de alguien con nombre, y se decide en la entrega.
  • Al integrador le exige saber de redes y de ancho de banda más que de software de vídeo. Los problemas aquí casi nunca son del programa: son de la línea, del conmutador, de la calidad configurada o de una cámara vieja que cierra la conexión cada dos horas.
  • Formación: una mañana para el uso diario, con una página por sede. Y una sesión con TI sobre qué ocurre cuando se cae la línea y cómo se comprueba el estado de un puente. Que alguien del cliente sepa distinguir «no graba» de «no sube» ahorra la mitad de las llamadas.
  • Documentación: lista de sedes con su puente, su línea y su subida calculada; hoja de cada cámara con lo que ve, lo que sube y los días que guarda en local y en nube; mapa de perfiles; región de almacenamiento y contrato de tratamiento; y las cuentas de administrador a nombre del cliente.

Empezar

¿Cuánta subida tiene tu sede más floja?

Con esta plataforma es la primera pregunta y casi la única que puede tumbar el proyecto. Si nos dices cuántas sedes son, qué cámaras hay, qué línea tiene cada una y cuántos días de grabación necesitas, te damos el cálculo de subida y de coste antes de que compres nada — y si no sale, te lo decimos entonces.