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WestPoint · Software de vídeo · Digifort

Hace casi todo y entra barata. La pregunta es otra.

Digifort es un software de vídeo brasileño con un catálogo que se parece al de las plataformas grandes —matrículas, analítica, mapas, tolerancia a fallos, cliente web y móvil— y una licencia perpetua y modular que entra bastante más baja. La ficha técnica no es el problema. Lo que hay que mirar es quién sostiene este sistema dentro de ocho años.

Qué es, y dónde aparece.

El escenario: un pliego o un proyecto privado cuya lista de funciones obligatorias es la de una plataforma enterprise y cuyo presupuesto no lo es.

Pasa más de lo que parece. Alguien escribe «matrículas, analítica de zonas, planos, cliente web, tolerancia a fallos y aplicación móvil» porque es lo razonable, y el dinero que hay da para la mitad. Ahí es donde esta plataforma se presenta, y cumple la lista.

No fabrica cámaras, y eso define lo demás: su interés es funcionar con todas, así que la lista de dispositivos es larga y ONVIF cubre el resto. Servidor sobre Windows, grabación en tus discos, licencia por cámara y módulos por función.

Está muy implantada en Latinoamérica y llega a España y a Europa por distribución, y eso importa para la parte que no es técnica de esta página. Que esté menos extendida aquí no dice nada de cómo graba; dice bastante de lo que hay que pedir por escrito antes de firmar.

Cómo está construido.

Una plataforma clásica en tus servidores, con un motor de reglas que es más generoso de lo que el precio hace esperar.

  • Servidor sobre Windows, y sólo sobre Windows. Eso no es una queja: es un dato de proyecto. Hay departamentos de TI que prefieren Linux y hay pliegos que lo piden, y en esos casos esta conversación se acaba aquí. Conviene saberlo el primer día y no el de la oferta.
  • Se crece añadiendo servidores y gestionándolos desde una consola central, con la configuración y los usuarios compartidos. La tolerancia a fallos —que otro servidor recoja las cámaras del que cayó— existe y se licencia aparte, así que entra en la tabla de licencias desde el principio o no entra nunca.
  • Grabación en discos locales, NAS o cabina, con grabación condicionada por eventos y por horarios, que es donde se ahorra disco sin perder lo que importa: continuo a menos calidad de día y a plena calidad cuando pasa algo.
  • Clientes de escritorio, web y móvil, y planos con las cámaras encima. Los planos parecen cosmética y no lo son: en una instalación de varios edificios, un operador nuevo que encuentra la cámara en el plano en vez de en una lista de cuatrocientos nombres es media formación menos.
  • Un motor de eventos y acciones bastante completo: este evento abre esta cámara, manda este aviso, mueve esta cámara a esta posición, activa esta salida. Es la pieza que convierte esto en un sistema en vez de un grabador, y la que decide si la compra sale bien.
  • Accesos e intrusión por integración y por entradas y salidas físicas, más interfaz de programación y SDK. El catálogo de integraciones es más corto que el de las plataformas que viven de ser abiertas, así que se comprueba sistema, versión y quién mantiene el conector antes de ofertar.

La licencia modular: donde está el coste de verdad.

La base entra baja. Lo que sube la factura no son las cámaras: son las funciones multiplicadas por cámaras.

El modelo es perpetuo y por canal, con módulos por función: matrículas, analítica, reconocimiento, tolerancia a fallos, clientes. Cada módulo se licencia por los canales en los que se usa, y ahí está el cálculo que hay que hacer antes: cuarenta cámaras con analítica no es lo mismo que cuarenta cámaras.

Eso tiene una consecuencia que no es culpa del fabricante: es la plataforma donde más fácil es presentar una oferta barata. Un presupuesto con la base y dos módulos gana la comparación, y a los dieciocho meses alguien pide matrículas en seis accesos y reconocimiento en dos puertas y aparece una factura que nadie había visto.

Por eso la tabla de licencias se hace al principio, con las funciones de hoy y las de dentro de tres años en la misma hoja, con su precio. Lo hacemos así incluso cuando eso sube nuestra oferta y la deja peor que la de al lado. Es la única forma de que la comparación sea real.

Encima va el mantenimiento anual, que es lo que da derecho a versiones nuevas. Lo de siempre con un matiz propio: en una plataforma con muchos módulos, quedarse atrás en versión significa quedarse atrás en módulos, y una analítica de hace cuatro años no es la misma que la de ahora. Las condiciones de renovación y de reincorporación se piden por escrito.

Quién sostiene esto dentro de ocho años.

Un sistema de vídeo vive entre ocho y doce años. Las preguntas técnicas se contestan en una maqueta en una semana; éstas no se contestan nunca si no se hacen ahora.

Quién coge el teléfono, en qué idioma y en qué horario. No el del distribuidor: el del soporte que resuelve de verdad cuando un servidor no arranca un domingo. Se pregunta con nombres y con el acuerdo de servicio escrito, y se pregunta antes.

Cuántos integradores en tu país pueden hacerse cargo de este sistema si el tuyo desaparece. Ésta es la pregunta de verdad, y con una plataforma poco extendida la respuesta es un número pequeño. No es un motivo para no comprarla; es un motivo para exigir una documentación que sirva sin nosotros, y para tener las claves de administrador a tu nombre desde el primer día.

Con qué periodicidad se publican correcciones de seguridad y cómo te enteras. Un sistema de vídeo es software expuesto en la red de una empresa, y «eso ya lo mira el instalador» no es una respuesta. Se pide el canal por el que se avisa y quién va a aplicar los parches, con nombre.

Y la parte de compras, que decide antes que la técnica: una política que exija fabricante europeo, una lista de referencias locales o determinadas certificaciones puede dejar fuera esta plataforma sin que nadie haya mirado cómo graba. Esa conversación hay que tenerla al principio y a veces no se gana; perder tres meses para descubrirlo es lo que hay que evitar.

Y lo decimos de una plataforma con la que trabajamos, que es lo que da valor a decirlo. Si en tu provincia los que sostenemos esto somos nosotros, eso es una dependencia de nosotros, y preferimos que lo sepas leyéndolo aquí que descubriéndolo el año que decidas cambiar de proveedor. La forma de quitarle peso es la documentación, y por eso la entregamos como se entrega: para que otro pueda continuar.

Para quién encaja y para quién no.

Aquí la frontera no la pone el tamaño de la instalación. La ponen el pliego y quién va a mantenerla.

Encaja si…

Necesitas una lista larga de funciones con un presupuesto que no llega a una plataforma enterprise y prefieres gastar la diferencia en cámaras y en disco, que es de donde sale la imagen. Si tienes parque de varias marcas. Si quieres todo en tus servidores, sin nube obligatoria ni suscripción que gobierne el sistema. Y si hay quien ajuste las reglas, porque ahí está su valor.

No encaja si…

Tu política de compras exige fabricante de una procedencia concreta, referencias locales o certificaciones que esta plataforma no vaya a traer: esa conversación se pierde antes de empezar. Si TI sólo trabaja sobre Linux. Si hace falta federar muchas sedes con auditoría de pliego. O si no va a haber nadie que ajuste nada, porque entonces se paga un catálogo que se queda apagado.

La comprobación que no se salta

La maqueta con las cámaras reales. La lista de dispositivos es larga y «está en la lista» no es «con sus funciones»: qué llega de cada modelo y con qué firmware se ve en media jornada. Y la tabla de licencias con los módulos de dentro de tres años dentro, que es la otra mitad de la comprobación.

Qué hacemos nosotros.

En esta plataforma el integrador se nota mucho, y por eso la parte más importante de nuestro trabajo es dejarla en un estado en el que otro pueda continuarla.

  • La tabla de licencias completa antes de la oferta: base por canal, módulo por módulo y con qué canales, más el coste de ampliar dentro de tres años en la misma hoja. Es el modelo donde más fácil es llevarse una sorpresa al crecer, y la sorpresa se evita aquí.
  • La maqueta con las cámaras que de verdad hay, de todas las marcas que haya, y la lista escrita de qué funciones llegan y cuáles no. La hacemos aunque deje nuestra oferta por debajo de otra que no la ha hecho.
  • El dimensionado: cámaras por servidor, disco para la retención acordada a la resolución y los fotogramas reales, y qué carga añade cada módulo de analítica sobre qué máquina. Con el cálculo entregado y los supuestos a la vista.
  • La implantación: red de vídeo separada de la de la empresa, alta de cámaras de todas las marcas, perfiles de usuario por función y no por persona, planos montados de verdad, y la tolerancia a fallos probada apagando una máquina delante del cliente.
  • El motor de reglas configurado y, sobre todo, ESCRITO: qué evento hace qué, a quién avisa y por qué se decidió así. Es el trabajo que decide si esto es un sistema o un grabador, y es el que se pierde cuando cambia la gente.
  • La migración: el histórico anterior no entra, como en ninguna. Convivencia con lo viejo en sólo lectura mientras caduca su retención o exportación de lo imprescindible en un formato que se abra sin su programa, con ese tiempo presupuestado.
  • Y el mantenimiento con calendario, más la documentación en español y pensada para que la lea otro: arquitectura, qué cámara graba en cuál, tabla de licencias y módulos, tabla de reglas con su porqué, cálculo de retención y las claves de administrador a nombre del cliente. En esta plataforma eso no es cortesía, es la forma de que no dependas de nadie.

Quién lo opera después.

Se reparte como cualquier plataforma sobre Windows, con una frontera propia que hay que nombrar: el motor de reglas.

  • TI se queda servidores, discos, copias, cuentas, actualizaciones y la red de cámaras. Es un servidor Windows con sus servicios, así que un departamento que ya mantiene servidores está en su terreno y no aprende nada extraño.
  • Seguridad se queda la operación: vistas, planos, búsquedas, alarmas, retención por zona y exportación. Quién saca imágenes, con qué autorización y qué queda registrado es una decisión de protección de datos y de criterio, y tiene que poder tomarla quien responde de ella.
  • La frontera que se pelea es el motor de reglas. Lo configura quien entiende el software y lo decide quien responde del riesgo: configurado por TI sin preguntar, salen reglas correctas que no avisan a nadie útil. Y lo que es propio de esta plataforma: con tantas acciones posibles, una regla hecha hace dos años y sin escribir es imposible de entender después. La tabla de reglas se mantiene o el sistema se vuelve opaco.
  • Lo que no se deja en el uso diario: la retención, la calidad y el reparto del almacenamiento. Dos casillas, consecuencias de terabytes.
  • Al integrador le quedan los saltos de versión, el alta de modelos de cámara nuevos, la revisión de módulos al renovar el mantenimiento y el ajuste de la analítica cuando la escena cambia. Esta plataforma premia la continuidad y castiga el mantenimiento por visitas sueltas, y eso se dice al principio.
  • Formación en tres niveles: el operador que mira, busca y exporta; el administrador del lado del cliente, que va a tocar reglas y permisos; y una sesión técnica con TI. Las tres con guion escrito y en español, porque la gente cambia y porque aquí la documentación es la forma de no depender de una sola empresa.

Analítica: qué trae, qué se le añade y dónde está el techo.

Es una de las cosas que hace que esta plataforma aparezca en una comparación, y conviene ser preciso con lo que es y con lo que pide.

Lo que trae por módulo: zonas y cruces de línea, objeto abandonado o retirado, merodeo, conteo y aforo, matrículas, y reconocimiento donde la ley lo permita y con la autorización escrita que eso exige. Para el dinero que cuesta, el catálogo es amplio, y ése es su argumento honesto.

Lo que se le añade: la analítica que traigan dentro las cámaras buenas que haya, que llega como evento, y lo que se integre por la interfaz de programación. Con la advertencia de siempre: cada cosa añadida es otro fabricante y otra versión que tiene que cuadrar.

Y lo que la analítica de módulo pide y nadie presupuesta: ajuste. Zonas, tamaños, horarios y sensibilidad, cámara por cámara, con una semana de seguimiento viendo qué avisa y qué no. Una analítica recién instalada no está terminada, está empezada, y sin esa semana el resultado es ruido que alguien apaga en un mes.

El techo, que con tanto catálogo hay que decir más claro: son detectores de patrones definidos. Funcionan bien en lo delimitado —una zona, una línea, un recuento— y se quedan cortos cuando la pregunta es interpretativa: si lo que pasa ahí es normal o no, con tres cosas a la vez. Ningún número de módulos llega a eso.

Y la declaración obligada antes de la recomendación: en la misma casa está IRIS Neural, el NVMS de Infinity Neural, la otra empresa del grupo. Es producto nuestro, lo hacemos nosotros, y si no lo dijéramos todo lo anterior valdría menos.

En muchas instalaciones conviven, y aquí la convivencia es técnica y sin sorpresas porque todo vive en tus servidores: Digifort gobierna cámaras, grabación, retención y permisos, e IRIS aporta la comprensión de la escena, que es la pregunta interpretativa de la que acabamos de hablar. Las dos partes miran los mismos flujos, sin duplicar cámaras y sin sacar vídeo de la instalación.

Y el cierre, que es el mismo en las veinte: si lo que hace falta son dos zonas, una línea y un conteo, el módulo de esta plataforma lo hace y cuesta menos. Entonces ésa es la respuesta correcta y lo decimos.

Qué es IRIS Neural

Empezar

¿Qué te obliga a cumplir el pliego, y con cuánto?

Dinos qué funciones son obligatorias, cuántas cámaras hay y de qué marcas, cuántos edificios, qué dice tu departamento de compras sobre procedencia y referencias, y si hay alguien que vaya a ajustar reglas. Con eso te damos la tabla de licencias completa con los módulos de dentro de tres años dentro, y te decimos si esta plataforma te vale o si el pliego la va a tumbar antes de mirar cómo graba.