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WestPoint · Software de vídeo · Salient CompleteView

Graba bien, no te ata a una cámara y se queda ahí.

CompleteView es el software de vídeo de Salient Systems, y no hace una sola cosa llamativa. Graba, se gestiona fácil, vale para cualquier marca de cámara y sale contenido por canal. En la tabla aparece sin apellido y eso es exacto. Para una parte de las instalaciones es justo lo que hacía falta; conviene saber qué parte.

Qué es, y para qué tipo de instalación se hizo.

El escenario: un ayuntamiento, una red de colegios, un grupo industrial mediano. Entre ciento cincuenta y seiscientas cámaras repartidas en veinte o cuarenta sitios, una o dos personas de informática, y ninguna sala de control con turnos.

Lo que esa instalación necesita se puede escribir en cinco líneas: que todo grabe, que la retención sea la que se prometió, que cualquiera de los cuarenta sitios se abra desde un cliente, que se sepa el mismo día cuando una cámara deja de grabar, y que exportar para una denuncia sean tres clics y un fichero que se abra en el juzgado.

Eso es lo que hace CompleteView, y no mucho más. Y «no mucho más» es una característica cuando la alternativa es una plataforma de la que se va a usar un quinto: lo que no está no se configura mal, no se actualiza a destiempo y no se paga.

No fabrica cámaras, así que no empuja ninguna: lista de dispositivos larga, ONVIF para el resto, y la libertad de poner en cada punto la cámara que pide el punto. En una instalación pública que compra por concurso cada dos años, eso no es ideología: es poder comprar.

Cómo está construido.

Sencillo a propósito, con dos piezas que deciden si una instalación de cuarenta sitios envejece bien o mal.

  • Servidores de grabación sobre Windows, como software sobre tu hierro o como equipos de la casa con todo dentro. El camino del equipo cerrado es más corto de poner en marcha y más rígido de ampliar; se elige al principio y según quién vaya a mantenerlo.
  • Un cliente que ve muchos servidores y muchos sitios desde un sitio, con los usuarios y los permisos gestionados arriba. Eso no es una federación de las que pide un pliego con auditoría, y hay que decirlo; para cuarenta sedes medianas es exactamente lo que hace falta.
  • La vigilancia del estado del conjunto: qué servidor, qué cámara y qué disco están mal. En una instalación de un edificio esto es un lujo; en una de cuarenta sitios es la pieza que justifica la compra, porque el problema real de esas instalaciones no es la calidad de imagen, es que nadie sabe que el colegio siete dejó de grabar en marzo.
  • Grabación en discos locales, NAS o cabina, con reglas por horario y por evento para estirar la retención. La tolerancia a fallos y el respaldo de grabación se verifican por gama: como en casi todas, puede no ser añadir una licencia sino cambiar de gama.
  • Clientes web y móvil, con el aviso que en una instalación repartida es el que más duele: lo que consume no es grabar, es cuánta gente mira desde fuera a la vez. Se cuenta para dentro de dos años, cuando haya veinte directores de centro con la aplicación instalada.
  • Interfaz de programación y SDK, e integraciones con accesos y con terceros cuyo catálogo es una fracción del de las plataformas abiertas. Nada se promete sin comprobar sistema, versión y quién mantiene el conector.

Lo que no tiene, dicho antes de la demostración.

Con una plataforma así, la página honesta es la lista de lo que falta. Y después, por qué sigue encima de la mesa.

No tiene federación de cientos de sedes con administración jerárquica y procedimientos certificados. No tiene capa de procedimientos de sala —eso es un PSIM y es otra cosa—. No tiene capa de datos de negocio para cruzar el vídeo con una transacción. Y su catálogo de integraciones de terceros es corto: si tu proyecto se apoya en conectar cinco sistemas de cinco fabricantes, ésta no es la conversación.

Tampoco tiene una analítica propia que justifique la compra. La analítica que vas a tener la deciden en buena medida las cámaras que pongas, y eso no cambia el presupuesto de licencias: cambia el de cámaras. Conviene hacer esa cuenta antes y no después.

Y tiene la misma pregunta que cualquier fabricante sin mucha presencia local, que es de contrato y no de producto: quién coge el teléfono, en qué idioma y en qué horario; cuántos integradores en tu país pueden hacerse cargo de este sistema si el tuyo desaparece; y cómo te enteras de que hay una corrección de seguridad que aplicar. Se pide por escrito, con nombres, antes de firmar. Y si la respuesta a la segunda es «pocos», la forma de quitarle peso es una documentación que sirva sin nosotros y las claves de administrador a tu nombre desde el primer día.

Por qué sigue encima de la mesa, entonces. Porque una plataforma que hace exactamente lo que esa instalación necesita, a un precio por canal que deja dinero para cámaras y para disco —que es de donde sale la imagen—, es una decisión perfectamente defendible. La plataforma que lo hace todo también lo es. La que falla es la que se elige por la ficha y no por la instalación, y eso pasa en las dos direcciones.

La licencia, y qué llega el tercer año.

Por canal, con gamas encima donde viven las funciones altas: respaldo de grabación, tolerancia a fallos, algunas funciones de cliente. Elegir gama es elegir techo, y es la decisión más cara de deshacer. Y los equipos de la casa vienen con el software y las licencias dentro, que cambia la cuenta de una instalación mediana lo bastante para mirarlo.

Encima va el plan anual de soporte y actualizaciones, que es lo que da derecho a versiones nuevas. Dejarlo caer no apaga nada y deja el sistema quieto, con el efecto de siempre: las cámaras que compres dentro de tres años necesitan un controlador que viene en versiones nuevas. Y en una instalación pública que compra cámaras por concurso cada dos años, eso es más grave que en otras: quedarte quieto es quedarte sin poder comprar lo que salga del siguiente concurso.

Fuera de la licencia queda lo que crece solo: almacenamiento, Windows y hierro. Y aquí está el aviso honesto sobre esta plataforma: el precio por canal hace que la comparación parezca ganada el primer año. La comparación que importa es a cinco, con el plan de soporte y la renovación del hierro dentro, y esa cuenta la hacemos aunque salga en contra.

Y una partida propia de las instalaciones de cuarenta sitios: mantener cuarenta servidores en la misma versión. No es dinero de licencia, son horas, y si no se presupuestan no se hacen — y a los tres años hay cuatro versiones distintas repartidas por la provincia.

Para quién encaja y para quién no.

La frontera es clara, y está en si la instalación va a usar lo que una plataforma grande trae de más.

Encaja si…

Tienes muchas sedes medianas y una o dos personas de informática. Si lo que pesa es que todo grabe y que se note el mismo día cuando algo deja de grabar. Si compras cámaras por concurso y no quieres atarte a una marca. Y si prefieres poner el dinero en cámaras y disco antes que en funciones de plataforma que nadie va a tocar.

No encaja si…

Hay un centro de control con turnos, procedimientos que tienen que cumplirse igual a las cuatro de la mañana o muchos subsistemas de fabricantes distintos que hay que juntar. Si el pliego pide federación con auditoría. Si se espera analítica potente de fábrica. O si compras necesita un fabricante con mucha implantación local demostrable.

La cuenta que hay que hacer igual

La de cinco años con todo dentro: licencias, plan de soporte, renovación de hierro y las horas de mantener cuarenta servidores a la misma versión. Es la única forma de comparar esto con una plataforma más cara por canal, y a veces el resultado sorprende en la dirección contraria a la que se esperaba.

Qué hacemos nosotros.

En una instalación repartida, el valor no está en montar un sitio: está en que los cuarenta queden iguales y en que alguien se entere cuando uno se rompe.

  • El dimensionado escrito, sitio por sitio: cámaras, resolución y fotogramas reales, días de retención, disco y línea. Con el cálculo entregado y los supuestos a la vista, porque casi todos los problemas de una instalación de vídeo grande son de dimensionado y no de software.
  • La elección de gama y de camino —software sobre tu hierro o equipos de la casa— justificada por escrito contra un horizonte de tres años, y la cuenta a cinco años con el plan de soporte y el hierro dentro.
  • El guion de instalación repetible: mismo esquema de nombres, misma configuración, misma numeración en los cuarenta sitios. En una instalación repartida, un nombre de cámara inventado por el técnico que fue ese día es una hora más en cada incidente durante ocho años.
  • La puesta en marcha de la vigilancia del estado con destinatario y no sólo con pantalla: a qué correo llega que el colegio siete dejó de grabar, quién lo mira los lunes y qué se hace. Una alerta sin dueño es un icono rojo que nadie ve.
  • La exportación probada de verdad, con el formato que va a pedir quien la reciba y comprobando que se abre en una máquina que no tiene nada instalado. Es lo que más se usa en una instalación pública y lo que nunca se prueba antes.
  • La migración: el histórico anterior no entra, como en ninguna. Convivencia en sólo lectura mientras caduca su retención o exportación de lo imprescindible, con su coste en el presupuesto. Y las pruebas de entrega escritas antes: apagar un servidor, llenar un disco a propósito, abrir el número real de accesos remotos previstos y medir.
  • Y el mantenimiento con calendario, que aquí tiene una tarea que es la que de verdad importa: mantener los cuarenta sitios en la misma versión, con la fecha del plan de soporte del fabricante dentro. Más la documentación: inventario por sitio, esquema de nombres, mapa de licencias y gamas, cálculo de retención, procedimiento de exportación y las claves de administrador a nombre del cliente.

Quién lo opera después.

De estas seis es la que más fácil es dejar enteramente en manos del cliente, y en una instalación con un solo administrador eso vale dinero.

  • TI se queda servidores, discos, copias, cuentas, red de vídeo y actualizaciones. Son servidores Windows corrientes, así que no hay nada que aprender que no se sepa ya; y tiene una tarea específica que no es de oficina: los discos de grabación se llenan y se desgastan con un patrón distinto al de un servidor de gestión, y eso se vigila aparte.
  • Y la tarea que decide si esta instalación envejece bien: que los cuarenta sitios vayan a la misma versión. Es aburrida, no la pide nadie y es lo primero que se deja — y es la razón por la que a los tres años una integración dejó de funcionar en doce colegios y en los otros veintiocho no.
  • Seguridad se queda la operación: vistas, búsquedas, alarmas, retención por zona y exportación. Y en un ayuntamiento o en una red de colegios la exportación es la decisión importante: quién saca imágenes, con qué autorización y qué queda registrado. Eso es protección de datos, no informática, y tiene que poder hacerlo quien responde de ella sin abrir un ticket.
  • El reparto de permisos por sitio es lo que más se configura mal: dar al director de un centro acceso a su centro y a ninguno más se hace con perfiles desde el primer día, porque repartirlo después con cuatrocientas cámaras dentro se hace a mano.
  • Al integrador le queda poco de instalación y bastante de continuidad: las campañas de versión en los cuarenta sitios, el alta de modelos de cámara nuevos cuando entra un concurso, el crecimiento del almacenamiento y el diagnóstico cuando un sitio deja de verse y no está claro si es la línea, el servidor o la red del edificio.
  • Formación corta y bien documentada, que es lo que esta plataforma permite: media jornada para quien mira, busca y exporta, con un guion de una página para la exportación; y una sesión técnica con TI sobre servidores, copias, vigilancia del estado y qué hacer cuando una máquina no vuelve. Por escrito, porque en una administración la gente cambia de puesto.

Analítica: qué trae, qué se le añade y dónde está el techo.

Es el punto donde esta plataforma es más modesta, y lo dice mejor esta página que una demostración.

De serie, detección de movimiento por zonas —geometría sobre píxeles que cambian, y la razón de que un turno se llene de avisos cuando cambia la luz—, más la recogida de los eventos que las cámaras generen por su cuenta, búsqueda sobre lo grabado y marcadores. Resuelve más de lo que parece: encontrar el momento en que algo cambió.

Y la consecuencia que hay que decir de frente: la analítica que vas a tener la deciden las cámaras que compres, no este software. En una instalación que compra por concurso, eso significa que el pliego de cámaras es donde se decide si dentro de dos años hay conteo o no hay conteo. Esa cuenta se hace al escribir el pliego y no al instalar.

Lo que se le añade: matrículas y analítica de terceros por integración, con una advertencia mayor que en las plataformas grandes abiertas — la que quieras puede existir o no, y eso se comprueba antes de ponerla en una oferta.

El techo, sin rodeo: si lo que necesitas es entender lo que pasa en la escena, esta plataforma por sí sola no es donde vas a encontrarlo. Es un sistema de gestión de vídeo y en eso es sólido y sobrio. La comprensión hay que traerla de fuera.

Y va la declaración, porque lo que sigue es una recomendación con parte interesada: en la misma casa está IRIS Neural, el NVMS de Infinity Neural, la otra empresa del grupo. Es producto nuestro, lo hacemos nosotros, y decirlo es la única forma de que lo anterior siga valiendo algo.

Conviven, y el reparto es de los más naturales: CompleteView gobierna cámaras, grabación, retención, permisos y la salud de los cuarenta sitios, que es lo que el cliente necesita y ya tiene pagado; IRIS aporta la comprensión de la escena donde hace falta, que casi nunca son las cuarenta sedes sino tres o cuatro puntos concretos. Eso además es más barato que cambiar de plataforma.

Y el cierre, que vale para las veinte: si lo que hace falta es lo que este software ya hace —grabar bien, encontrar rápido y exportar sin discusión—, este software basta y no hay que comprar nada más. Lo decimos igual.

Qué es IRIS Neural

Empezar

¿Cuántos sitios, y quién los mantiene?

Dinos cuántas sedes hay y de qué tamaños, cuántas cámaras y de qué marcas, cuántos días hay que guardar y cuánta gente de informática tienes. Con eso te decimos si esta plataforma es la que te hace falta, qué gama, y la cuenta a cinco años con el plan de soporte y la renovación del hierro dentro. Si lo que necesitas es una plataforma más grande, te lo diremos con el número delante.