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WestPoint · Software de vídeo · Johnson Controls · exacqVision

Entra donde ya hay algo puesto. Hasta un punto concreto.

exacqVision es el software de vídeo de Johnson Controls y su argumento es siempre el mismo: se mete en instalaciones que ya existen, con cámaras de muchas marcas y muchos años, con analógico por codificador y con equipos de la propia casa. Eso es verdad y es útil. Lo que hace falta contar es dónde deja de ser verdad.

Qué es, y qué problema resuelve.

El escenario: un hospital, un complejo municipal, una red de colegios o una fábrica con quince años de capas encima.

Analógico en el ala vieja, tres marcas de IP compradas en años distintos, dos grabadores que nadie sabe quién puso y un cableado que en parte aguanta. Pedir «un sistema nuevo» ahí significa casi siempre cambiarlo todo, y cambiarlo todo es un proyecto que no se aprueba.

exacqVision ataca eso: lista de dispositivos larga, incluidos modelos con años encima, analógico por codificador, servidor sobre Windows o sobre Linux y equipos cerrados de la propia casa para quien no quiere montar nada. Con eso el proyecto se puede hacer por fases, edificio a edificio, en vez de de golpe.

Y hay una segunda razón por la que aparece en un proyecto, que no es técnica: es de la misma casa que una plataforma de control de accesos enterprise y que una línea clásica de intrusión y accesos. Cuando el cliente ya tiene alguna de las dos, el vídeo de esta casa llega con la integración resuelta y un solo contrato de soporte.

El control de accesos de la misma casa

Cómo está construido.

Una plataforma clásica, en tus servidores, con dos piezas que se olvidan en el presupuesto.

  • El servidor corre sobre Windows y también sobre Linux, y esa segunda opción no es un detalle de catálogo: para un departamento de TI que ya mantiene Linux significa una licencia menos, menos superficie que parchear y un equipo que no se reinicia un martes. Para uno que sólo sabe Windows, significa lo contrario, y entonces se monta en Windows.
  • Se vende como software sobre tu hierro o como equipos cerrados de la casa, con gamas según el número de cámaras y el almacenamiento. El camino del equipo cerrado es más corto de poner en marcha y más rígido de ampliar; el del software es lo contrario. Se elige, y se elige al principio.
  • Cada servidor graba sus cámaras, y por encima hay una capa de gestión para ver muchos sistemas desde un sitio: estado, usuarios, actualizaciones. Ésa es la pieza que se olvida en el presupuesto y la que hace la diferencia cuando hay catorce edificios — sin ella, catorce sistemas son catorce visitas.
  • Grabación en discos locales, NAS o cabina. La tolerancia a fallos —que otro servidor recoja las cámaras del que cayó— es función de gama y no una casilla: si el proyecto la necesita, puede no ser añadir una licencia sino cambiar de gama, que es uno de los saltos de precio más desagradables y el que más se descubre tarde.
  • Clientes de escritorio, web y móvil. Con el aviso de siempre, que aquí pesa porque muchas de estas instalaciones son de varias sedes con líneas justas: el consumo no lo marca la grabación, lo marca cuánta gente mira a la vez desde fuera, y eso se cuenta para dentro de dos años y no para la semana de la entrega.
  • Interfaz de programación y SDK, más las integraciones con los accesos y la intrusión de la propia casa, que son las que llegan hechas. Con terceros se comprueba sistema, versión y quién mantiene el conector antes de ofertar: «es compatible» no contesta ninguna de las tres.

Convivir con lo heredado: dónde deja de ser cierto.

Lo primero, lo que sí es verdad. Y después los cuatro sitios donde la frase se rompe, que son los cuatro que aparecen en una migración real.

Verdad: la lista de dispositivos llega a modelos que otras plataformas ya han dejado atrás, el analógico entra por codificador, ONVIF cubre el resto y un servidor modesto hace el trabajo. Eso permite entrar sin derribar, y permite hacerlo por fases con el presupuesto de cada año.

Primer límite, y es absoluto: las grabaciones antiguas no migran. Ni aquí ni en ninguna plataforma de esta lista, diga lo que diga quien te lo venda. Se deja el sistema viejo en sólo lectura hasta que caduque su retención, o se exporta lo imprescindible en un formato que se abra sin su programa dentro de dos años. Esa convivencia cuesta espacio, licencias y horas, y va en el presupuesto desde el primer día.

Segundo: conservar la cámara no conserva la imagen. Una cámara analógica a través de un codificador da exactamente la imagen que daba: no se lee una matrícula que no se leía, ni una cara. El codificador es un puente para que esa cámara siga en el sistema mientras se sustituye, no una mejora — y además consume su licencia de canal como cualquier otra.

Tercero: «soportado» tiene grados, y el folleto los junta. ONVIF significa que se ve y se graba. Las funciones propias de la cámara —sus metadatos de analítica, sus posiciones, su doble flujo configurado desde el software— piden un controlador específico para ese modelo y ese firmware. Y una cámara que ya no recibe firmware es un problema de seguridad en tu red, la vea el VMS o no.

Cuarto: los sistemas heredados de otras marcas se miran uno a uno. Qué equipo, qué versión, qué funciones viajan y quién mantiene ese conector. Se verifica antes de la oferta, no después de firmarla, porque es el punto exacto donde una transición tranquila se convierte en una sustitución no presupuestada.

Y la conclusión incómoda, que es la parte que hace útil esta página: a veces la respuesta honesta después del inventario es que media instalación se tiene que ir. Decirlo antes de firmar es la diferencia entre una transición y una sorpresa, y lo decimos aunque estropee la oferta — también la nuestra.

La licencia, y qué llega el tercer año.

Por canal, con gamas encima. Las gamas no son cosméticas: ahí viven la tolerancia a fallos, la capa que gestiona muchos sistemas y algunas integraciones. Elegir gama es elegir techo, y es la decisión más cara de deshacer de todo el proyecto.

Encima va el contrato anual de soporte del fabricante, que es lo que da derecho a las versiones nuevas. Y aquí está la factura que sorprende tres años después: dejarlo caer no apaga nada —el sistema sigue grabando y se queda quieto—, pero retomarlo dos años más tarde no siempre se arregla pagando los dos años. Las condiciones de reincorporación se preguntan por escrito ANTES de dejarlo caducar, no después.

Y el efecto de quedarse quieto en una instalación como ésta aprieta más que en otras: las cámaras que compres dentro de tres años necesitan un controlador que viene en versiones nuevas. En un parque que ya es mixto, quedarse sin poder añadir modelos nuevos es quedarse sin poder seguir el plan por fases que justificaba la compra.

Fuera de la licencia queda lo que de verdad crece: el almacenamiento, los codificadores del analógico —que se pagan por canal y se olvidan en la primera hoja— y el sistema operativo donde viva el servidor.

Para quién encaja y para quién no.

Tiene el perfil de cliente más claro de estas seis, y eso hace la conversación fácil en los dos sentidos.

Encaja si…

Tienes un parque hecho por capas que no se va a tirar y un presupuesto que obliga a ir por fases. Si ya tienes accesos o intrusión de esta casa. Si tu TI prefiere Linux, o prefiere un equipo cerrado que no haya que montar. Y si hay muchos edificios y hace falta verlos y actualizarlos desde un sitio.

No encaja si…

Es una instalación nueva que quiere analítica potente de fábrica: ahí el mejor argumento de esta plataforma no aplica. Si hace falta un catálogo grande de integraciones de terceros o federación con procedimientos certificados. O si lo que se espera es que las grabaciones antiguas aparezcan en el sistema nuevo, porque eso no va a pasar con ninguna.

La comprobación que no se salta

Si el proyecto se apoya en integrar equipos o cámaras que ya están puestos, eso se verifica antes de la oferta con el modelo y la versión delante. Es media jornada de trabajo y es lo único que separa un plan por fases de una sustitución completa descubierta en el mes tres.

Qué hacemos nosotros.

En esta plataforma la mitad del valor está antes de instalar nada: en el inventario y en decir la verdad sobre lo que se conserva.

  • El inventario real, equipo por equipo y cámara por cámara, con modelo, firmware y estado. Sin eso no se puede decir qué se integra y qué se sustituye, y en una instalación con años encima ese inventario es la mitad del proyecto y la mitad del presupuesto.
  • La comprobación de integración antes de ofertar: qué se ve desde el cliente nuevo, con qué limitaciones y qué hay que sustituir, con su precio, aunque estropee la oferta. Y el plan por fases edificio a edificio, con lo que sobrevive a cada fase escrito.
  • El dimensionado: cámaras por servidor, disco para la retención acordada a la resolución y los fotogramas reales, y —la parte que casi nadie cuenta— cuánta gente va a mirar desde fuera dentro de dos años. Con el cálculo entregado, no el total.
  • La elección de gama y de camino —software sobre tu hierro o equipo cerrado, Windows o Linux— justificada por escrito contra un horizonte de tres años, porque es la decisión que marca el techo.
  • La migración, que es donde se tuerce todo: convivencia con lo viejo en sólo lectura mientras caduca su retención, exportación de lo que haya que conservar en un formato abierto, y el coste de esas semanas en el presupuesto y no en una conversación incómoda de mayo.
  • Las integraciones con los accesos y la intrusión, probadas provocando el evento en el sistema real y no en la demostración del fabricante. Y las pruebas de entrega escritas antes de montar: apagar un servidor, llenar un disco a propósito, abrir el número real de accesos remotos previstos y medir.
  • Y el mantenimiento con calendario, con la fecha del contrato de soporte del fabricante dentro: es el que se deja caducar sin darse cuenta, y aquí caducarlo sale caro. Más documentación: inventario vivo, qué servidor graba qué, mapa de licencias y gamas, cálculo de retención y las claves de administrador a nombre del cliente.

Quién lo opera después.

Aquí el reparto depende de una decisión que se tomó al principio, y conviene saberlo antes de tomarla: sobre Linux o sobre Windows, y con equipo cerrado o sin él.

  • TI se queda servidores, discos, copias, red de vídeo, cuentas y actualizaciones. Si se montó sobre Linux, eso exige un TI que lo mantenga de verdad —y si lo tiene, está en su terreno y gana—. Si se montó con equipos cerrados de la casa, es bastante menos trabajo y bastante menos margen para tocar. Las dos son decisiones defendibles; la que falla es la que se tomó sin preguntar a TI.
  • Y se queda la tarea que en una instalación de muchos edificios decide si esto envejece bien: usar la capa de gestión central para saber qué versión tiene cada sistema. Sin eso, a los tres años hay catorce versiones distintas y nadie capaz de decir cuál.
  • Seguridad se queda usuarios y permisos, qué cámara ve quién, reglas de grabación y alarmas, y sobre todo la exportación. En un hospital o en un colegio quién saca imágenes, con qué autorización y qué queda registrado es una decisión de protección de datos, y tiene que poder tomarla quien responde de ella sin pedir permiso a informática.
  • Lo que no se deja en el uso diario: la retención, la calidad de grabación y el reparto del almacenamiento. Dos casillas, consecuencias de terabytes.
  • Al integrador le quedan los controladores de cámara cuando entra un modelo nuevo, los saltos de versión, el crecimiento del almacenamiento y —lo más propio de esta plataforma— los equipos heredados que se hayan quedado dentro. Eso envejece, y cuándo se retira cada uno se revisa todos los años con fecha. Más la coordinación con el lado de accesos: misma casa, productos distintos y calendarios de versión distintos, y eso es trabajo real.
  • Formación: media jornada para el operador sobre sus vistas y su exportación; una jornada para quien administre permisos y retención; y una sesión técnica con TI sobre servidor, gestión central y copias. Las tres con guion escrito para quien entre el año que viene, porque entrará.

Analítica: qué trae, qué se le añade y dónde está el techo.

Esta plataforma no se compra por su analítica, y en un parque heredado eso tiene una consecuencia que conviene ver antes de la demostración.

De serie está la detección de movimiento por zonas y la recogida de los eventos que las cámaras generen por su cuenta, más búsqueda sobre lo grabado y marcadores. Resuelve el día a día: encontrar el momento en que algo cambió.

Y la consecuencia del parque heredado: las cámaras de diez años no traen nada dentro. Así que en una instalación por capas la analítica no la decide el software, la decide con qué cámaras acabas — y eso cambia el presupuesto de cámaras, no el de licencias. Es una cuenta que hay que hacer al principio, porque decide el orden de las fases.

Lo que se le añade: analítica de terceros y matrículas por integración, con una advertencia mayor que en las plataformas que viven de ser abiertas — la que quieras puede existir o no, y eso se comprueba antes de ponerla en una oferta, no después.

El techo, sin rodeo: son reglas sobre geometría y sobre clasificación. Una zona, una línea, un tiempo. Cubre la mayoría de lo que se pide y es suficiente en muchas instalaciones. Lo que no llega es entender la escena: que una situación se está poniendo mal, que alguien hace algo inseguro que no consiste en cruzar una línea.

Y va la declaración, porque lo que sigue es una recomendación con parte interesada: en la misma casa está IRIS Neural, el NVMS de Infinity Neural, la otra empresa del grupo. Es producto nuestro, y decirlo es la única forma de que lo anterior siga valiendo algo.

Conviven, y en un parque heredado la convivencia tiene una ventaja que aquí pesa: exacqVision gobierna cámaras, grabación, retención y permisos sobre lo que ya está puesto; IRIS mira los mismos flujos y aporta la comprensión de la escena sin obligar a cambiar las cámaras. Y si lo que hace falta son dos zonas y una línea, eso ya lo tienes y no hay que comprar nada: lo decimos igual.

Qué es IRIS Neural

Si estás comparando.

Si tu problema es un parque de muchas marcas y muchas edades, hay más de una respuesta en el índice y conviene mirarlas juntas: la diferencia entre ellas no está en la lista de funciones, está en qué parte de lo que tienes puesto sobrevive.

Empezar

¿Qué tienes puesto, exactamente?

En esta plataforma la respuesta decide el proyecto entero, y casi nadie la tiene por escrito. Dinos qué cámaras y qué equipos hay, de qué años, cuántos edificios, cuántos días hay que guardar y si ya tienes accesos o intrusión de esta casa. Con eso te decimos qué se conserva, qué se sustituye, qué cuesta cada fase y qué no va a pasar nunca por mucho que se prometa.