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WestPoint · Accesos · C•CURE 9000

C•CURE 9000 se diseña dos veces. La primera es la arquitectura.

Plataforma de accesos para instalaciones grandes, con controladoras que deciden entre ellas sin preguntar al servidor. La decisión que más pesa no se toma en la puerta: se toma eligiendo si hay un sistema o varios.

Qué es C•CURE 9000, si no la has visto nunca.

Johnson Controls · Software House · C•CURE 9000 — Enterprise y grandes instalaciones. Empezando por lo que la hace distinta.

Es la cabecera: el software donde viven las personas, los permisos, los horarios y el registro, mientras las controladoras de la pared son las que abren. Hasta ahí, como las demás de su clase. Lo que la distingue es cuánto trabajo baja a esas controladoras: se agrupan y hablan entre ellas, de modo que reglas que normalmente necesitan al servidor —que nadie pase dos veces con la misma tarjeta, que hagan falta dos personas para abrir una sala— siguen aplicándose aunque el servidor no esté.

Eso importa donde la red es grande y no siempre está entera: un campus, un hospital con pabellones, una planta con varias naves, una sede con diez plantas y cuatro cuartos de comunicaciones. El día que se cae un tramo, el sistema no se vuelve tonto: sigue aplicando las reglas de verdad y no sólo la lista de quién puede pasar.

Uno la encuentra en sanidad, industria, centros de datos, administración y grandes sedes corporativas, a menudo junto al vídeo de la misma casa, porque el fabricante tiene también plataformas de vídeo y la unión entre las dos está hecha desde dentro.

Cómo está construida.

Servidor Windows, base de datos SQL y servicios que se pueden separar por máquinas cuando la instalación lo pide. Clientes de administración instalados, cliente web para lo cotidiano y aplicación de móvil para operación. La base de datos es la pieza que hay que dimensionar con cabeza: aquí el volumen no lo marca el número de puertas, lo marcan los eventos al día y el tiempo que hay que conservarlos.

Habla con dos familias de controladoras: la propia del fabricante, que es la que permite el trabajo en grupo y el cifrado entre controladoras, y la familia más extendida del mercado, que comparten varias plataformas de esta gama. Poder elegir importa más de lo que parece: la primera da funciones que la segunda no, y la segunda permite entrar en una instalación que ya existe sin cambiar la pared.

De credencial admite lo esperable —tarjeta cifrada, móvil, código, biometría de terceros, credenciales de identidad de alta seguridad— y hacia fuera tiene vías de integración por programa y para importar personas desde recursos humanos. Con el vídeo de la misma casa hay una sola consola; con vídeo de otros fabricantes también se integra, y entonces hay una matriz de versiones que vigilar.

La decisión que se paga tres años después.

En esta plataforma es una y es muy concreta: un sistema o varios.

Una empresa con cinco sedes puede montar cinco sistemas independientes o un sistema principal con satélites que se gobiernan solos y comparten las personas y las políticas. La primera opción es más barata, arranca antes y cada sede hace lo que quiere. La segunda cuesta más y es la que permite que una baja en personal cierre las puertas de las cinco sedes esa misma mañana.

Lo importante es que pasar de la primera a la segunda no es una casilla: es juntar cinco bases de datos con personas duplicadas, permisos con el mismo nombre y distinto significado y numeraciones de tarjeta que chocan. Eso es un proyecto con parada y con revisión de todos los permisos, y llega siempre en el peor momento: cuando la empresa acaba de comprar la sexta sede. Elegirlo el primer día, aunque se implante por fases, es la diferencia entre crecer y rehacer.

Para quién encaja, y para quién no.

Encaja en instalaciones grandes de verdad, con muchas puertas, muchos eventos al día y exigencias que van más allá de abrir: dos personas para entrar en una sala, recuentos, zonas que no se pueden pisar sin haber pasado por otra antes, registros que hay que poder defender. Y encaja donde la continuidad manda: si la red se parte, lo que sigue funcionando aquí es más que en la mayoría.

No encaja en una instalación pequeña, ni en una mediana que no vaya a usar nada de eso. El coste no está sólo en la licencia: está en el servidor, la base de datos, el mantenimiento anual, las ventanas de actualización y en que alguien tiene que entenderla. Un edificio con veinte puertas y horario de oficina se resuelve con mucho menos, y montar esto allí es comprar capacidad que nadie va a encender.

Qué hacemos nosotros con ella.

La mitad del trabajo está antes de instalar nada, y la otra mitad es probar lo que no se prueba nunca.

  • La decisión de arquitectura, escrita y razonada: un sistema o varios, qué sedes son satélites, qué se comparte y qué se gobierna en local. Con el coste de cada opción delante, porque es una decisión de negocio y no de instalador.
  • El dimensionado de la base de datos a partir de los eventos reales, no del número de puertas: cuántos pasos al día, cuánto hay que conservar y qué se archiva. Es lo que decide si en el año tres los informes salen en segundos o en minutos.
  • La elección de familia de controladora puerta por puerta cuando hay hierro existente, conservando lo que se pueda sin renunciar a las funciones que se han pedido. Esa frontera se dibuja en el proyecto y se escribe.
  • La importación de personas desde recursos humanos con el trabajo sucio incluido: duplicados, gente que se fue, tarjetas sin dueño, campos que nadie rellenó. Limpio antes de entrar.
  • Las pruebas que casi nadie hace: desconectar el servidor y comprobar que las reglas duras siguen aplicándose, partir la red por la mitad, cortar la corriente por controladora, probar la liberación por incendio y que el cliente saque sus propios informes. Más la copia restaurada de verdad y el plan de actualización escrito.

Quién la configura cuando nos vamos.

Reparte bien el trabajo, si alguien se ha tomado la molestia de definir los permisos de operador.

El día a día lo lleva el cliente: altas, bajas, horarios, permisos por zona, visitas, tarjetas, informes. Los permisos de operador son finos —se acota qué ve y qué puede tocar cada persona, y se puede separar por sedes o por empresas dentro del mismo sistema—, así que es posible que recursos humanos gestione personas, que seguridad gestione accesos y que ninguno de los dos pueda tocar la configuración. Esa separación hay que construirla: no viene hecha.

Lo estructural no es del cliente: añadir puertas, cambiar grupos de controladoras, tocar reglas duras, mover la arquitectura, actualizar versiones. Y hay un caso que parece cotidiano y no lo es: modificar qué hacen las puertas en una emergencia. Eso toca al sistema de incendios y a la evacuación, y no se cambia sin revisar las dos cosas. Si alguien del cliente quiere poder hacerlo, se le forma para eso y se deja escrito quién firma cada cambio.

Para que puedan llevarlo hace falta lo de siempre —documento del modelo, cuentas propias y acotadas, procedimiento de altas y bajas, formación por perfiles— y una cosa más: el inventario de versiones y el plan de actualización. El cliente tiene que saber que eso existe y que toca cada cierto tiempo. Una instalación cuya informática no sabe que hay ventanas de actualización se queda congelada sin decidirlo.

Venir de otro sistema, y poder irse de éste.

Si en la pared hay controladoras de la familia extendida, se conservan: se cambia la cabecera y el hierro de campo se queda con sus placas, sus lectores y su cableado. Es el camino que convierte una migración en una actualización y el que permite hacerlo por edificios. Si lo que hay es electrónica propietaria de otro fabricante, se cambia, y entonces lo que se conserva es el cableado y la obra.

Hay un matiz que conviene tener claro al entrar: las funciones que hacen fuerte a esta plataforma —el trabajo en grupo entre controladoras, el cifrado entre ellas— viven sobre su propia familia. Conservar hierro ajeno es posible y a veces es lo más sensato, y significa renunciar a parte de eso en las puertas que lo usan. Una instalación mixta, con electrónica propia en las zonas críticas y la heredada en el resto, es una buena decisión si se toma a propósito.

Lo que se decide antes de elegir plataforma

Dónde seguir.

Si la decisión todavía no es de marca sino de qué se le pide al control de accesos, empieza por el área.

Empezar

¿Una sede o varias?

Es la primera pregunta y la que más dinero mueve. Cuéntanos cuántas sedes hay, cuántas puertas, qué controladoras están puestas y si las altas y las bajas salen del sistema de personal. Con eso se puede hablar de arquitectura antes de hablar de licencias.