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WestPoint · Software de vídeo · Axis Camera Station Pro

Cámaras, puertas, altavoces y porteros. Un solo programa.

Camera Station Pro es el software de vídeo de Axis, la casa que hace las cámaras. Con cámaras, audio, porteros y controladoras de puerta de la misma marca sale un sistema con muy pocas piezas y un solo teléfono al que llamar. Lo que hay que saber antes es hasta dónde llega, y lo dice hasta el propio fabricante.

Qué es, y qué problema resuelve.

El escenario donde se entiende de golpe: un edificio, un centenar de cámaras, dos puertas, un portero en la verja, altavoces para avisar por voz, y nadie con ganas de una sala de servidores.

En un proyecto de ese tamaño el problema no es grabar: es que lo normal son tres sistemas distintos —vídeo de uno, accesos de otro, megafonía de un tercero— y dos integraciones que hay que mantener cada vez que alguien actualiza algo.

Aquí todo eso es el mismo programa. La puerta no es un panel integrado: es un elemento del sistema, con su titular de tarjeta y su horario dentro. El portero suena en el mismo cliente donde se ve la cámara. El altavoz se dispara desde la misma regla. Eso no baja el precio del hierro: baja las horas de proyecto y las averías de frontera.

Y lo que delimita su terreno, dicho por delante: esto es una plataforma de edificio o de unas pocas sedes. Para una instalación de miles de cámaras con federación y centro de control de turnos, el propio fabricante te va a llevar a una plataforma de otra casa, y lo dice él. Un fabricante que te avisa de cuándo su software no es lo tuyo es un dato, y conviene usarlo en vez de discutirlo.

Su control de accesos, contado aparte

Cómo está construido.

Pocas piezas, y eso es su virtud. Pero hay cinco cosas que deciden el dimensionado y una que decide el techo.

  • Un servidor sobre Windows que hace casi todo: configuración, grabación, eventos y usuarios, con un cliente de escritorio y clientes web y móvil. La casa también vende grabadores con el software y las licencias dentro, que es el camino corto para una instalación mediana.
  • Se crece añadiendo servidores y viéndolos desde un mismo cliente. Aquí hay que ser preciso: eso no es una federación de las que pide un pliego. Hay administración por servidor, y con cinco sedes se lleva bien; con treinta el trabajo se vuelve de inventario y de versiones, y ahí es donde el fabricante te señala otra plataforma.
  • Grabación en discos locales, NAS o cabina, con opciones de respaldo y de conmutación por fallo que se verifican gama por gama. Y una red de seguridad que en esta casa funciona bien: la cámara puede grabar en su propia tarjeta y subir lo que faltó cuando vuelve el enlace. Para cámaras al final de una línea que se cae cuando llueve, eso es exactamente lo que hacía falta.
  • Accesos dentro, no integrados: las controladoras de puerta de la marca son parte del sistema, con sus credenciales y sus horarios. Tiene un techo —no es una plataforma de accesos enterprise con flujos de aprobación y auditoría de pliego— y hay que decirlo. Para veinte o cincuenta puertas en un edificio, es una pieza menos que mantener.
  • Audio y porteros como ciudadanos de primera: altavoces que se disparan desde una regla, aviso hablado en vez de una sirena, y la llamada del portero en la misma pantalla. Es la parte del producto que menos se mira en la comparativa y la que más se usa después.
  • Hay interfaz de programación y SDK, y el catálogo de terceros es notablemente más corto que el de las plataformas que viven de ser abiertas. Con intrusión, el camino es integrar la tuya: se comprueba modelo y versión, y quién mantiene el conector, antes de ofertar.

Todo de una marca: qué se gana y qué se pierde.

Ésta es la plataforma de esta lista donde ir de una sola marca gana más. Por eso hay que ser exacto con lo que se deja fuera.

Lo que se gana: la cámara no es un periférico, es parte del sistema. Sus eventos llegan con lo que ha entendido, su configuración se toca desde el mismo sitio y el firmware, las contraseñas y los certificados de todo el parque se gestionan con las herramientas de la casa. Quien haya renovado las credenciales de ciento cincuenta cámaras de cuatro marcas sabe lo que vale eso.

Y se gana algo que casi nadie pone en la columna: esta marca permite instalar programas de terceros DENTRO de la cámara. Eso mete analítica especializada —un conteo raro, una detección de sector— sin servidor de analítica y sin cuota por canal analizado. Es una vía que las plataformas abiertas no tienen, porque dependen de la cámara que les toque.

Lo que se pierde: el día que entra una cámara de otra casa —una térmica, una óptica que esta marca no hace, un edificio comprado con cámaras puestas— entra por ONVIF. Se ve y se graba. No llegan sus eventos, no llegan sus programas a bordo, no se gestiona su firmware desde aquí y buena parte de su configuración se queda en su propio navegador.

Dicho de otro modo: todo lo que hace que esta plataforma sea cómoda es lo que no se aplica a la cámara ajena. No es que vaya peor; es que la mitad del producto se queda sin usar en esa cámara, y el operador lo nota cuando la busca y no aparece como las demás.

Y hasta dónde llega el soporte de terceros de verdad: existe, y lo que garantiza es imagen y grabación. Qué funciones viajan en el modelo exacto y con el firmware exacto se comprueba en maqueta, y si no se ha comprobado la respuesta honesta es «todavía no lo sé». Lo que no vale es prometerlo por la lista.

La otra cara de ir de una marca es comercial y no técnica, y sale en el año cuatro: dependes de un catálogo, de unos plazos de entrega y de unos precios. Cuando un modelo se descataloga y el sustituto cuesta un tercio más, no hay segunda oferta. Eso no es un motivo para no hacerlo; es una línea que va en el acta de la decisión.

Las cámaras de esta casa

La licencia, y qué llega el tercer año.

Por dispositivo: cada cámara, cada portero y cada controladora consume su licencia, y un codificador con cuatro cámaras analógicas consume cuatro, no una. Los grabadores de la marca vienen con el software y un número de licencias dentro, y eso cambia la cuenta de una instalación mediana lo suficiente para mirarlo.

Y aquí va un aviso que es más importante que en ninguna otra de las veinte: este fabricante ha movido su modelo de licencia. Lo que era verdad hace tres años no es necesariamente lo que es verdad hoy, y hay condiciones distintas según el país. Así que no lo escribimos aquí: lo que hacemos es pedirlo por escrito para tu caso —qué incluye la licencia, si hay cuota anual, y qué pasa con las versiones el día que dejas de pagarla— y ponerlo en la oferta con el número delante.

Lo que queda fuera de la licencia y crece solo: el almacenamiento, el Windows donde vive el servidor y el hierro. Y la cadena de versiones, que en una plataforma tan atada a sus cámaras aprieta más: las cámaras nuevas piden software nuevo, el software nuevo pide un sistema operativo que todavía tenga soporte, y esa escalera se sube entera o no se sube.

El escenario que hay que ver venir es el de siempre y aquí llega por la puerta de al lado: se entra con un edificio, sale bien, y a los tres años hay cuatro sedes más y alguien pide un centro de control con turnos. Eso no es ampliar licencias: es otra conversación. Preguntamos a qué se va a parecer la instalación en tres años aunque incomode.

Para quién encaja y para quién no.

Tiene el perfil más definido de estas seis, y eso hace la conversación fácil en los dos sentidos.

Encaja si…

Vas a poner cámaras de esta marca y quieres puertas, audio y porteros en el mismo programa: oficinas, colegios, clínicas, naves, edificios públicos de tamaño medio. Si tienes un solo administrador de sistemas y quieres una pieza en vez de tres. Y si te interesa meter analítica dentro de la cámara en vez de montar un servidor para ello.

No encaja si…

Tienes un parque grande de otra marca que no se va a cambiar: pagas una plataforma y dejas fuera casi todo lo que la hace cómoda. Si hay que federar muchas sedes con administración central y auditoría de pliego. Si necesitas un catálogo grande de integraciones de terceros. O si la política de la casa prohíbe depender de un proveedor para hardware y software a la vez.

El caso dudoso

Quien hoy tiene un edificio y dice que va a tener diez. Puede tener todo el sentido empezar aquí y cambiar de plataforma cuando llegue —las cámaras se quedan, que es la parte cara—, pero esa mudanza hay que escribirla hoy, con su coste, en vez de descubrirla como un problema. Decidirlo a tiempo es barato.

Qué hacemos nosotros.

Aquí el valor no está en instalar, que es sencillo. Está en decidir el techo y en la parte que no es vídeo.

  • El dimensionado escrito: cámaras por servidor, disco para la retención acordada a la resolución y los fotogramas reales, y qué cámaras llevan tarjeta para rellenar huecos y de qué tamaño. Eso depende de cuánto se cae el enlace de cada punto, y se mide o se pregunta, no se supone.
  • La decisión del techo, por escrito y contra un horizonte de tres años: si esto se queda corto, mejor saberlo antes de la primera factura que en la segunda sede. Es la única parte de este proyecto que es caro deshacer.
  • El proyecto de puertas, audio y porteros junto al de vídeo, porque van en el mismo sistema: qué puerta, con qué lectora, quién abre, qué pasa en caso de incendio y qué mensaje suena por qué altavoz. Esa parte se deja siempre para el final y es la que el cliente usa a diario.
  • La implantación: permisos por perfil y no por persona, reglas con su destinatario, y las contraseñas y certificados del parque de cámaras puestos en orden desde el primer día. Con la red de vídeo separada de la de la empresa.
  • La migración: el histórico del sistema anterior no entra aquí, como en ninguna plataforma de esta lista. Se deja el viejo en sólo lectura hasta que caduque su retención o se exporta lo imprescindible en un formato que se abra sin su programa dentro de dos años. Esa convivencia cuesta espacio y horas, y va en el presupuesto.
  • Las pruebas de entrega escritas antes de montar: desconectar una cámara y comprobar que rellena el hueco; abrir una puerta desde el cliente y ver el vídeo asociado; disparar el aviso por voz; y llenar un disco a propósito. Unas pruebas escritas después se escriben para que las pase lo que se montó.
  • Y el mantenimiento con calendario: versiones del software y del firmware subidas en el orden correcto, retención medida de verdad, encuadres revisados y aviso cuando una cámara deja de grabar. Más la documentación y las claves de administrador a nombre del cliente.

Quién lo opera después.

De estas seis es la más fácil de dejar en manos del cliente, y eso es un argumento de compra que rara vez se pone en la tabla.

  • TI se queda un servidor Windows, su disco, sus copias y la red de cámaras. Es una sola pieza y no un conjunto de servicios, así que para un departamento de una o dos personas esto es bastante menos trabajo que una plataforma de varios roles. Más la gestión del parque de cámaras, que con una sola marca es una tarea de TI normal.
  • Seguridad se queda la operación entera: usuarios y permisos, qué cámara ve quién, vistas, alarmas, exportación y —lo que aquí es nuevo— las credenciales de las puertas. Dar de alta a alguien y quitarle el acceso el mismo día que se va es suyo, y tiene que poder hacerlo sin abrir un ticket: un responsable que depende de otro para eso acaba compartiendo contraseñas.
  • Y de ahí sale la decisión delicada de esta plataforma, que no es técnica: cuando el vídeo y las puertas viven en el mismo programa, quien administra uno puede ver el otro. Quién puede ver imágenes y quién puede abrir una puerta son dos permisos distintos y se separan por escrito, con nombres, antes del primer usuario.
  • Lo que no se deja en el uso diario: la retención, la calidad de grabación y el esquema de almacenamiento. Dos casillas, consecuencias de terabytes.
  • Al integrador le queda menos instalación y más criterio: los saltos de versión coordinados con el firmware del parque, la integración de intrusión cuando la hay, el diagnóstico cuando no está claro si es la cámara, la red o el software, y —la parte incómoda— decir cuándo el proyecto se ha hecho mayor para esta plataforma.
  • Formación: media jornada para el operador en su puesto y con sus cámaras, incluida la parte de puertas y de audio porque es la que da miedo; media jornada para quien administre permisos y credenciales; y una sesión con TI sobre servidor, copias y firmware. Más un guion de media página por tarea repetitiva, que es lo que de verdad se usa a los seis meses. Y la documentación: inventario con modelo y firmware, matriz de permisos, reglas, cálculo de retención y el mapa de puertas.

Analítica: qué trae, qué se le añade y dónde está el techo.

Aquí hay una vía que no tienen las demás, y también el mismo techo que todas. Las dos cosas, en orden.

De serie, lo esperable: detección de movimiento por zonas, que es geometría —píxeles que cambian dentro de un rectángulo— y la razón de que un turno se llene de avisos cuando llueve o cambia la luz. Más la recogida de los eventos que las cámaras generan por su cuenta, que en esta marca es bastante.

Lo que se le añade, y es su vía propia: programas que corren DENTRO de la cámara. Conteo, cruce de línea, merodeo, objeto abandonado, matrículas, y analíticas de sector hechas por terceros. No hace falta servidor de analítica ni cuota por canal analizado, y el aviso llega al software como un evento más con el que se puede hacer una regla.

El precio de eso, que no es dinero: cada programa dentro de una cámara es un fabricante más con su versión, y hay que cuadrarlo con el firmware de la cámara y con la versión del software. Dos proveedores en el mismo sistema es trabajo de coordinación, y lo hace el integrador o no lo hace nadie.

El techo, igual que en casi todo el software de vídeo y sin rodeo: son reglas sobre formas y sobre clasificaciones. Describes una zona, un cruce o un tiempo y se vigila eso. Cubre la mayoría de lo que se pide. Lo que no llega es entender la situación: que dos personas discuten, que un operario hace algo inseguro que no consiste en cruzar una línea, que lo que se ve es raro aunque cumpla todas las reglas.

Y como lo que viene es una recomendación con parte interesada, va declarado antes: en la misma casa está IRIS Neural, el NVMS de Infinity Neural, la otra empresa del grupo. Es producto nuestro. Si no lo dijéramos, todo lo de arriba valdría menos.

En muchas instalaciones conviven: Camera Station gobierna cámaras, puertas, audio, grabación y permisos, que es lo que el cliente ya tiene pagado; IRIS aporta la comprensión de la escena. Y si lo que hace falta son dos zonas, una línea y un conteo, eso ya lo hacen tus cámaras: entonces esto basta y no hay que comprar nada.

Qué es IRIS Neural

Si estás comparando.

Si dudas entre el software del fabricante de tus cámaras y una plataforma abierta, la pregunta no es cuál tiene más funciones: es si quieres la comodidad resuelta de fábrica o la libertad de elegir cámara. En el índice están las veinte con ese criterio.

Empezar

¿A cuántas sedes vas a llegar?

Es la pregunta que decide si esta plataforma te vale tres años o diez. Dinos cuántas cámaras hay, cuántas puertas, si quieres audio o porteros, cuántas sedes y de qué marca es lo que ya está puesto. Con eso te decimos si esto te encaja, qué licencias hay que contar y en qué punto tendrías que cambiar de plataforma. Si te sobra, te lo diremos.