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Control de intrusión · Satel

Hace cosas que las otras no hacen. Y eso no siempre es bueno.

INTEGRA es de las centrales más configurables que existen, y ahí está su virtud y su trampa. Qué se puede montar con ella y por qué hay que documentarla el doble que a las demás.

Qué es y dónde se la encuentra.

Una central profesional europea con una relación entre lo que cuesta y lo que hace que explica por qué está en tantos sitios.

Satel es un fabricante polaco de seguridad electrónica y su familia de centrales de intrusión profesionales es INTEGRA, con modelos que van de una instalación pequeña a varios cientos de zonas. Es una de las que se proyecta habitualmente en la parte alta de la escala de grados de la norma europea; qué certifica cada modelo y versión está en su certificado, y ahí es donde se mira.

Se la encuentra en industria, almacenes, oficinas, comercio, comunidades, instalaciones deportivas y naves agrícolas. Y se la encuentra mucho donde hay que hacer algo raro: automatizar una puerta con el armado, encender luces al disparar una zona, armar por horario con excepciones de festivos, condicionar el armado de una nave al estado de otra. Porque ésa es su característica real: tiene temporizadores, salidas lógicas y condiciones que permiten construir comportamientos en vez de elegirlos de una lista.

Cómo está construida.

Arquitectura clásica y ordenada: la central con sus zonas, un bus para los teclados y buses separados para los módulos de expansión, que aportan zonas, salidas o lectores y se reparten por el edificio para que el cable de zona sea corto. Las zonas se supervisan con resistencias de final de línea —en configuración doble, un solo par de hilos distingue alarma, manipulación y corte— y los valores los pone el fabricante.

El edificio se reparte en particiones con su armado, sus horarios y sus usuarios, con armado parcial y dependencias entre particiones. Teclados que dicen qué zona impide armar, alimentación supervisada, y transmisión a la receptora por red con respaldo por red móvil y supervisión. Y lo que marca el carácter de la familia: el software de configuración del instalador, que es profundo, con documentación detallada y sin cajas negras. Es uno de esos sistemas en los que, si te lees el manual, puedes.

La trampa de lo muy configurable.

Hay que decirlo porque es su pega real, y no aparece en ninguna oferta.

Una central que permite construir comportamientos permite también construir laberintos. Hemos abierto instalaciones de esta familia con quince temporizadores encadenados, salidas que dependen de otras salidas y condiciones que sólo existían en la cabeza de quien las montó. Funcionaba. Y nadie podía tocar nada, porque nadie sabía qué se iba a caer.

No es un defecto del equipo: es de documentación, y tiene solución. La configuración se guarda fuera del panel, con fecha, y se acompaña de una hoja en lenguaje normal con una frase por cada decisión no obvia: «la salida 6 abre el portón cuando se desarma el área 2 en horario laboral, porque el operario llega antes que el responsable».

Cómo se porta con las falsas alarmas.

Trae lo que hace falta y con mucho detalle ajustable: confirmación entre zonas antes de tratar un aviso como intrusión confirmada, exclusión automática de la zona que dispara repetidamente, supervisión por zona que separa alarma, manipulación y avería, tiempos y rutas por partición, y registro largo. Aquí casi todo eso se afina por zona en vez de por sistema, y eso es una ventaja real: la zona del muelle no tiene por qué tener los mismos criterios que la de las oficinas.

La otra cara es que el equipo no coloca los detectores. Microondas apuntando a un tabique de cartón yeso, que la microonda atraviesa, con una carretilla trabajando al otro lado. Infrarrojo en el chorro del climatizador, que dispara cuando arranca la máquina y por tanto a la misma hora cada día. Detector de interior cubriendo un patio: gato, lona y viento. Y el enmascaramiento, que es el malentendido más común: un detector que da fallo de máscara cada mañana a la misma hora no está averiado, es que a esa hora aparcan algo delante. El antienmascaramiento es un detector dentro del detector, y avisar es lo que tiene que hacer: sin él, la forma más fácil de entrar es cegar el detector y esperar.

El grado, y la central receptora.

Las normas europeas clasifican los sistemas de alarma en grados de seguridad según el riesgo, y cada grado exige cosas al equipo, al cableado, a la alimentación, a la detección de manipulación y a la supervisión de la transmisión. Lo marca la actividad, muy a menudo la póliza del seguro y a veces un pliego. Esta familia tiene fama de permitir proyectar alto sin que el presupuesto se vaya, y es cierto; lo que no se puede afirmar desde una web es qué grado certifica cada modelo —está en su certificado— ni qué grado cumple una instalación concreta, porque eso depende del montaje entero y lo firma quien lo entrega. La receptora va por su lado, con su contrato y su normativa, y con la obligación de verificar el aviso antes de movilizar a la policía: de ahí que la verificación por imagen convierta treinta avisos al mes en treinta descartes de diez segundos y el único real en una llamada inmediata.

Para quién encaja, y para quién no.

Encaja cuando hace falta bastante sistema con un presupuesto contenido y cuando la instalación tiene particularidades: varias particiones con dependencias, automatismos que conviven con el armado, horarios con excepciones, naves que se usan a ratos. Encaja muy bien en industria y en instalaciones que han crecido a trozos. Y encaja donde hay un técnico que va a mantenerla de verdad, porque premia a quien se la conoce.

No encaja si nadie va a documentarla: cuanto más se puede hacer, más imprescindible es escribir lo que se hizo, y si el cliente no va a tener la carpeta y el fichero de configuración, mejor una central más simple. Tampoco si lo que se quiere es una aplicación de móvil muy pulida como centro de la relación con el sistema. Y no encaja en la instalación muy grande con bus en anillo supervisado y transmisión multivía gestionada, donde hay centrales en esta lista diseñadas para eso.

Qué hacemos nosotros con ella.

  • El proyecto, con visita a la hora en que hay que proteger: qué detector en cada punto, a qué altura, mirando a dónde, qué hay al otro lado de esa pared y qué se mueve ahí de madrugada. Y las particiones y los horarios decididos con quien arma cada día.
  • La puesta en marcha disparando las alarmas a propósito: cada detector probado pasando por delante, cada contacto abierto, una lente tapada, una pila quitada en los dispositivos de radio, la vía principal cortada y una llamada a la receptora. Acta escrita antes y rellenada durante, con hora y resultado por elemento.
  • El fichero de configuración entregado al cliente con fecha y la hoja de automatismos en lenguaje normal — en esta central, la mitad del trabajo bien hecho. Más el mantenimiento con informe por elemento, baterías medidas y repaso de qué sigue inhibido y por qué.

Quién la maneja cuando nos vamos.

Más de lo habitual si se ha montado con cabeza. Y nada, si se ha montado como un laberinto.

El cliente lleva el día a día sin dificultad: usuarios y códigos, quién arma qué partición, armado parcial, horarios, inhibición puntual de una zona y consulta del registro. Los niveles de permiso son finos, así que se puede dar la gestión de usuarios sin dar nada de la configuración. Y hay un software de gestión para el usuario avanzado con el que un responsable de mantenimiento ve el estado, el registro y las zonas en un plano sin tocar la programación; en instalación industrial eso se usa y se agradece.

Lo que exige al instalador es la capa de abajo: añadir o quitar módulos y zonas, cambiar tiempos, rutas o la lógica de confirmación, tocar las salidas y los automatismos, rehacer particiones, cambiar lo que se transmite a la receptora y subir versión. Aquí hay una razón extra: la lógica avanzada está encadenada, y un cambio pequeño en un temporizador puede mover algo que pasa tres pasos después. Por eso se toca con la documentación delante y con una copia de la configuración anterior guardada. Y si la instalación se entregó con un grado, cualquier cambio en zonas, alimentación o transmisión obliga a revisar el papel. Lo que se entrega y se cobra: formación por papeles y documentación que sirva, incluida la hoja de automatismos y quién recibe qué aviso y en qué orden.

Empezar

¿Tienes una instalación que nadie se atreve a tocar?

Pasa mucho con las centrales muy configurables, y se arregla documentándolas. Cuéntanos qué hay puesto, qué automatismos dependen de la alarma y cuántos avisos entran al mes, y te decimos qué se simplifica, qué se deja y qué hay que escribir para que mañana lo pueda mantener cualquiera.