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WestPoint · Accesos · Suprema

Biometría. Y la conversación que va antes.

BioStar 2 es de lo más sólido que hay para identificar a una persona por su huella o su cara. Antes de comprar un solo lector hay que poder justificar por qué esa puerta no se resuelve con una tarjeta, porque un dato biométrico no es un dato más.

Qué es, y qué problema resuelve.

Suprema es una casa coreana que lleva décadas haciendo sensores y algoritmos de huella y de cara, y buena parte de su negocio es vender esa pieza a otros: hay lectores con otro logotipo y tecnología suya por dentro. BioStar 2 es el software que gobierna sus lectores: se administra desde el navegador, vive en un servidor del cliente y lleva acceso, presencia, visitas y algo de vídeo.

El problema que resuelve es muy concreto: la credencial que se presta. Una tarjeta pasa de mano en mano en dos segundos y el registro queda a nombre de quien no estaba. Hay sitios donde eso es el fallo entero del control: la cámara del producto acabado, el laboratorio, el pasillo de servidores, la zona donde hay que demostrar ante un auditor que entró esa persona y no su credencial.

Su sitio natural no es la puerta de calle: es un puñado de puertas interiores de una instalación que ya tiene control de accesos. Y es también la forma de comprarlo sin meterse en un problema.

Lo que hay que saber antes de comprarlo.

Una huella y una cara no son una contraseña: son datos de categoría especial, y el RGPD los trata aparte en su artículo 9.

Categoría especial significa que el punto de partida es que no se pueden tratar, y que hace falta una excepción concreta. No basta con que el empleado firme: en una relación laboral el consentimiento no vale casi nunca, porque quien tiene que pedir permiso a su jefe para negarse no está consintiendo libremente. Hace falta una base jurídica reforzada, y hay que poder escribirla.

Hace falta también una evaluación de impacto —el artículo 35— hecha antes del primer lector. Y dentro, la pregunta incómoda: por qué no basta una tarjeta en ESTA puerta. «Porque la biometría es más moderna» no lo sostiene. «Porque aquí entran cuatro personas y el préstamo de tarjeta está documentado» ya es un argumento.

Y un aviso sobre el uso más pedido de todos: la autoridad española ha sido especialmente restrictiva con la biometría para control de presencia. Fichar con la huella es donde la proporcionalidad es más difícil de defender, porque saber a qué hora entra alguien se consigue de cinco maneras menos invasivas. Lo decimos antes de presupuestar, y a veces nos cuesta la venta.

Nada de esto dice que la biometría esté prohibida. Dice que es una decisión que se justifica, se documenta y se limita a las puertas donde se sostiene. No es la respuesta por defecto para una puerta.

Cómo está construida, y las dos formas de usarla.

Aquí está el dato que cambia el proyecto, y es el que menos se explica.

La primera forma es la obvia: BioStar 2 como sistema completo, con su servidor, sus puertas, sus horarios y su registro. Escala bien para una instalación de tamaño medio, se administra desde el navegador y tiene interfaz de programación para hablar con lo que ya tengas.

La segunda resuelve la mitad de los casos reales: el lector colgado de OTRA plataforma, la que ya está puesta. Compara la huella dentro de sí mismo y hacia arriba envía sólo un número de credencial, igual que un lector de tarjeta. La plataforma de siempre sigue llevando altas, bajas, horarios y registro. Menos sistemas, menos administradores, menos sitios donde vive el dato.

Y hay una tercera decisión, la más importante para el RGPD: dónde vive la plantilla. Puede estar en el servidor, en el lector o en la tarjeta de la propia persona, que la lleva en el bolsillo y la presenta junto con el dedo. Esa última cambia la conversación entera: ya no hay una base central de rasgos biométricos que robar, y quien pierde la tarjeta ha perdido su plantilla y la de nadie más.

Conviene saber también qué se guarda: no una foto de la huella, sino una plantilla matemática sacada de ella. Eso reduce el daño, no lo elimina, y no saca el dato del artículo 9. Quien diga lo contrario está vendiendo.

Para quién encaja, y para quién no.

  • Encaja en pocas puertas con mucho que proteger, donde el préstamo de credencial es el riesgo principal: laboratorio, cámara de producto, sala técnica, armario de llaves.
  • Encaja donde hace falta un segundo factor de verdad: tarjeta Y dedo, no una cosa o la otra. Ahí la biometría hace lo que mejor hace, que es atar la credencial a la persona.
  • Encaja si ya tienes una plataforma que te funciona y quieres biometría sólo en esas puertas, sin montar un sistema paralelo.
  • No encaja en la puerta por la que entran doscientas personas en diez minutos. El problema no es la precisión: es la cola. Un segundo más por persona a las siete de la mañana acaba con la puerta calzada.
  • No encaja para fichar, salvo que alguien pueda defender la proporcionalidad por escrito. Y casi nadie puede.
  • No encaja donde el trabajo estropea el dedo: obra, guantes, frío. La cara resuelve parte de eso y trae sus propios problemas de luz.
  • No encaja si no hay nadie dispuesto a firmar la evaluación de impacto. Sin eso no es un proyecto, es una multa aplazada.

Qué hacemos nosotros con ella.

  • La conversación de proporcionalidad primero, puerta por puerta. Salimos con una lista corta de puertas donde se sostiene y otra donde proponemos tarjeta y procedimiento.
  • El diseño con la decisión de dónde vive la plantilla tomada a propósito, la alternativa para quien no quiera dar su huella, y el plazo de conservación y el borrado escritos antes de instalar.
  • La instalación con el cable del lector cifrado y no en claro. Un lector biométrico cuyo cable se puede pinchar en el marco es un lector caro haciendo de lector barato.
  • El alta de las personas hecha bien, que es donde fracasan casi todos estos proyectos. Una huella registrada con prisa da un lector que falla tres veces al día durante dos años, y la culpa se la lleva la tecnología.
  • La puesta en marcha midiendo lo que importa: cuánto tarda de verdad una persona en pasar y cuántas veces repite. Con la gente real, en su hora punta.
  • El mantenimiento con limpieza del sensor, revisión de los lectores que fallan de más y repaso del registro de plantillas: quién sigue dado de alta y por qué.

Quién la configura después de nosotros.

Aquí hay una línea que no es técnica, y conviene respetarla.

La administración corriente la puede llevar el cliente sin problema: se usa desde el navegador y las altas, las bajas, los horarios y los permisos por zona no tienen misterio. Lo lleva bien el equipo de seguridad y lo lleva bien el de informática, y en instalaciones pequeñas lo lleva recepción con dos horas de formación.

La diferencia con cualquier otra plataforma es el alta biométrica. Dar de alta una huella no es teclear un nombre: es una tarea con técnica, y quien la hace mal genera un problema que aparece semanas después. Esa tarea debe tener dos o tres personas designadas y formadas, no quien esté libre ese día.

Y hay una parte que no debería ser del cliente ni nuestra en solitario: quién puede consultar y exportar el registro, y con qué motivo. Eso se acuerda con quien lleva la protección de datos y se refleja en los permisos de operador, que son finos y sirven justo para esto.

Lo que dejamos por escrito: la formación a los responsables del alta sobre el sistema real, el manual corto de los procedimientos de cada semana, el procedimiento de borrado cuando alguien se va y los permisos de operador documentados. Las claves de administrador son del cliente desde el primer día.

Migrar desde otra cosa.

La migración más habitual no es migrar: es añadir. Hay un sistema de tarjeta que funciona y se quiere subir el nivel en cuatro puertas. Lo sensato es dejar la plataforma como está y colgar el lector de ella, con la tarjeta de siempre como primer factor: nadie cambia de credencial y el registro sigue en un solo sitio.

Si lo que hay es un sistema biométrico viejo de otra marca, las plantillas no se llevan: cada fabricante guarda lo suyo en su formato. Hay que volver a dar de alta a todo el mundo, persona por persona. Es una campaña de semanas, y quien no la planifica la sufre el primer lunes.

Y al revés, si se sale de la biometría: el borrado de las plantillas hay que hacerlo y hay que poder demostrar que se hizo. No es desinstalar un servidor y tirar los lectores a un contenedor.

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Cuéntanos en qué puertas y para qué. Te decimos en cuáles se sostiene, en cuáles proponemos otra cosa y qué hace falta tener escrito antes de comprar un solo lector.