WestPoint · Accesos · Paxton
Sencilla de verdad. Y eso también tiene letra pequeña.
Net2 y Paxton10 son la respuesta sensata para entre cinco y cincuenta puertas: se gobiernan desde dentro, no hay licencia por puerta y el día a día lo lleva quien está en recepción. Lo que no son es una plataforma para doce sedes y un comité de auditoría.
Qué es, y para qué sirve.
Paxton es una casa británica que lleva mucho tiempo haciendo una sola cosa y haciéndola simple: control de accesos para instalaciones que no tienen un departamento de seguridad. Net2 es su plataforma clásica, con software en un PC o un servidor pequeño y controladoras en armario. Paxton10 es la generación nueva: se administra desde el navegador, no hay software que instalar y trae el vídeo en la misma pantalla.
El problema que resuelve es el de la mayoría de las instalaciones de España, que no tienen doscientas puertas: una clínica, un colegio, un polideportivo, unas oficinas, una nave con taller y almacén. Sitios donde hacen falta tarjetas, horarios, un registro consultable y alguien de dentro que pueda dar de alta a una persona un martes a las nueve sin llamar a nadie.
Y resuelve algo que no es técnico y pesa mucho: el coste de tener el sistema. El software no se paga por puerta ni por usuario, así que el presupuesto del año dos no trae sorpresa. En instalaciones de este tamaño ésa es la diferencia entre un sistema que se mantiene y uno que se abandona.
Cómo está construida.
Sencilla por fuera no significa floja por dentro. Significa que las decisiones vienen tomadas.
En Net2 cada controladora guarda su copia de quién puede abrir y con qué horario. Se apaga el PC, se va la red, se cae el servidor: las puertas siguen funcionando y apuntan lo que pasa para contarlo cuando alguien encienda. Eso no es un extra, es la arquitectura, y es la razón de que se vean instalaciones trabajando años con el ordenador de administración apagado casi siempre.
Paxton10 cambia el planteamiento: la parte de servidor vive en el propio equipo de la instalación y se entra desde el navegador o desde el móvil, sin mantener un PC con Windows como pieza crítica. Y junta acceso y cámaras en la misma pantalla, que para un sitio de veinte puertas es justo lo que hace falta: un acceso denegado con su imagen al lado, sin integrar nada.
En credencial hace lo que tiene que hacer: tarjeta cifrada de las familias habituales, llavero, código, móvil y manillas inalámbricas para las puertas interiores que no se quieren cablear. Con vídeo e intrusión hay integraciones razonables, y hay interfaz de programación para conectar con nóminas o con un sistema de visitas.
Dónde se queda corta, dicho claro: federar muchas sedes con administraciones separadas y jerarquía por inquilino, redundancia de servidor de verdad, flujos de aprobación de permisos y un registro de auditoría del nivel que pide un auditor exigente. No es que no haya nada de eso; es que no es para lo que está construida, y estirarla hasta ahí sale más caro que haber elegido otra cosa.
El riesgo que trae ser fácil.
Es el que vemos más en instalaciones de este tamaño, y no lo causa el sistema.
Cuando administrar es fácil, administra todo el mundo. Empieza con una persona, luego su compañera para las vacaciones, luego el de mantenimiento para no esperar, y al año hay siete personas con permiso para dar de alta a quien quieran. Ninguna ha hecho nada mal. Simplemente ya no hay nadie que pueda contestar quién dio permiso a quién y cuándo.
El segundo síntoma es el grupo de permisos que crece solo. En vez de decidir qué perfiles hay, se copia el de alguien parecido y se cambia una cosa. A los dos años hay cuarenta grupos con nombres como «oficinas 2 bis» y nadie se atreve a borrar ninguno, porque nadie sabe quién está dentro.
Las dos cosas se evitan el primer día y cuestan una reunión: dos administradores con nombre y apellido, un suplente, una lista corta de perfiles decidida a propósito y una revisión trimestral de las credenciales activas. Con eso esto aguanta diez años. Sin eso se degrada igual que cualquier otra, sólo que más rápido.
Para quién encaja, y para quién no.
- Encaja de cinco a unas decenas de puertas, en un sitio o en unos pocos, con un responsable de dentro que quiere llevarlo él.
- Encaja cuando el coste de tener el sistema importa tanto como el de montarlo: sin licencia por puerta, el mantenimiento se dedica a mantener.
- Encaja si quieres acceso y unas cámaras en la misma pantalla sin montar un centro de control. Ahí Paxton10 hace un trabajo muy limpio.
- Encaja donde la continuidad manda: las puertas siguen decidiendo solas aunque no haya red ni servidor.
- No encaja en una organización con muchas sedes que necesiten administraciones separadas y permisos que se aprueban en un flujo.
- No encaja si hay que rendir cuentas ante una auditoría exigente de quién concedió cada permiso y cuándo, con trazabilidad fina.
- No encaja si intrusión, vídeo y acceso tienen que vivir bajo un mismo escritorio de operador con turnos. Eso es otra liga y otro presupuesto.
Qué hacemos nosotros con ella.
En una instalación así el valor no está en el equipo: está en las decisiones y en dejarla gobernada.
- El proyecto con la visita delante: qué puertas se controlan de verdad, qué pasa al salir, qué hace cada puerta cuando se va la luz y cómo se coordina con el incendio. Controlar la principal y dejar la de carga abierta toda la mañana es registrar a quien iba a pasar igual.
- La lista de perfiles de horario y de zona decidida con quien los va a usar, no con su jefe. La fábrica a las siete de la mañana no se parece a la reunión donde se escribió la lista.
- La elección de credencial con la tarjeta cifrada en vez de la de baja seguridad de siempre, que se copia con un aparato de veinte euros.
- La instalación: armario, alimentación, respaldo, el cable del lector protegido y la red separada de la que usa la empresa para trabajar.
- La puesta en marcha contra pruebas escritas antes de montar, incluida la de quitar la corriente de una puerta y comprobar que hace lo que dice el proyecto para ella.
- El gobierno: dos administradores designados, el procedimiento de altas y bajas acordado con personal y la revisión de credenciales activas metida en el mantenimiento.
Quién la configura después de nosotros.
En ésta la respuesta es sí, y es la razón principal para elegirla.
Altas y bajas, horarios, permisos por zona, emitir una tarjeta, anular la de quien se va y sacar el informe de quién entró dónde: todo eso lo lleva el cliente, y lo lleva gente sin perfil técnico. No hace falta ni informática ni seguridad; en muchas instalaciones lo administra recepción o quien lleva personal, desde el navegador o desde el móvil.
Lo que sigue siendo nuestro: añadir una controladora o una puerta, cambiar el cableado, tocar la configuración de los lectores, las actualizaciones de firmware y el día en que algo deja de comunicar. Y el hueco intermedio que nadie prevé: rediseñar los perfiles porque la empresa ha cambiado de organización. Eso no es dar de alta a alguien, es volver a proyectar una parte.
Para que puedan de verdad hace falta poco, pero hace falta. Una sesión de un par de horas sobre su propio sistema, con sus puertas y sus nombres, y con las dos o tres personas que lo van a tocar. Una hoja con los cinco procedimientos de la semana —alta, baja, tarjeta perdida, visita, sacar un informe—. Y la lista de quién es administrador, con fecha, porque es la que se pierde primero.
Las claves de administrador son del cliente. Si mañana quiere cambiar de proveedor, tiene que poder hacerlo sin pedirnos permiso ni pagar un rescate.
Migrar desde otra cosa.
Lo más frecuente es venir de un sistema antiguo de la misma casa o de un invento a base de teclados y relés. En el segundo caso no hay nada que migrar y se agradece: se proyecta de cero, se reaprovecha el cable que esté bien y se tira el resto.
Pasar de Net2 a Paxton10 merece una advertencia, porque suena a actualización y no lo es. Son dos plataformas distintas, con otra forma de guardar los datos y otro hardware debajo. Hay caminos y hay equipos que se reaprovechan, pero eso se comprueba puerta por puerta y armario por armario antes de prometer nada. Quien diga que es un clic no ha abierto el armario.
Y de la tarjeta vieja: si es de las de baja seguridad, migrar de verdad incluye cambiar las credenciales. Se puede convivir unos meses con lectores que leen las dos cosas, pero la convivencia es el camino, no el destino.
Otras plataformas con las que trabajamos.
Si al leer esto te has visto en la columna de «no encaja», la conversación sigue en otra de estas. Con gusto te decimos cuál y por qué.
Empezar
¿Cinco puertas o cincuenta?
Cuéntanos cuántas son, cuántas sedes hay y quién va a llevar las altas y las bajas. Con eso te decimos si esto es lo tuyo o si te estaríamos vendiendo pequeño.