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WestPoint · Accesos · HID

Esto no es una plataforma. Está debajo de ellas.

HID no es el software que ves: es la controladora del armario, el lector de la pared y la tarjeta del bolsillo. Saber qué placa tienes puesta cambia lo que cuesta cambiar de sistema, y es lo primero que preguntamos.

Qué es, y por qué no se parece a las demás.

En esta lista casi todo son plataformas: software con su pantalla, sus usuarios y su registro. HID es la capa de debajo, y hace tres cosas: controladoras —el aparato del armario que decide si esa puerta abre—, lectores y credenciales. Pertenece al grupo ASSA ABLOY, el mismo del que sale Aperio.

Y aquí está el dato que cambia conversaciones enteras: Mercury es la controladora que varias de las plataformas de esta misma lista usan por debajo. Distintos fabricantes de software montan la misma familia de placas, con su firmware y su etiqueta. Lo que hay en tu armario puede ser lo mismo que en el de alguien con otro sistema.

Eso no es trivia. Significa que cambiar de plataforma no siempre es tirar el hardware: a veces es cambiar el firmware y la licencia de la placa que ya está puesta, y seguir usando cableado, lectores y armarios. A veces. Pero la diferencia puede ser la mitad del presupuesto.

Qué significa eso en tu armario.

Con los matices, que son los que hacen que el consejo sirva.

El camino existe porque la placa es la misma, pero el firmware y la licencia van atados al fabricante que te la vendió: pasar de uno a otro suele exigir reprogramar la placa y licenciarla de nuevo. Se hace. No se improvisa.

Hay generaciones, y ahí está el filtro. Las más antiguas ya no tienen camino: fuera de soporte, sin el protocolo de lector cifrado moderno, y lo honesto es cambiarlas. La forma de saberlo es abrir el armario y leer lo impreso en la placa. Lo hacemos en la primera visita, con foto.

También hay módulos de puerta colgados de la controladora, que se reaprovechan mejor. Y está Aero, la línea propia de la casa: para instalaciones que no necesitan la estructura de las grandes y para quien quiere el protocolo abierto de lector desde el primer día.

La conclusión es incómoda para quien vende: antes de elegir plataforma, averigua qué hardware tienes.

La tarjeta, el cable y quién tiene las llaves.

Tres cosas que casi nadie mira y que deciden si el sistema protege algo.

La primera es la tarjeta. Buena parte del parque instalado en España usa tecnologías antiguas que se copian con un aparato que cuesta menos que la comida de un día: se acerca a la tarjeta en un bolsillo, se clona y abre. Y el formato más extendido es corto —255 códigos de instalación y algo más de sesenta mil números—, así que las coincidencias entre instalaciones vecinas no son una hipótesis.

La segunda es el cable del lector. El protocolo clásico que une lector y controladora va en claro y sin autenticar: un aparato escondido detrás del lector captura credenciales y luego las repite. El sustituto —el protocolo abierto con canal cifrado— lo hablan los lectores modernos, pero hay que pedir que se active: se puede instalar sin activarlo.

Y la tercera, la importante: de quién son las claves de cifrado de tus tarjetas. Una tarjeta moderna sólo es segura si la clave que la abre es tuya y de nadie más. Si el instalador usa el mismo juego para todos sus clientes, tus tarjetas abren la puerta de otro y las de otro la tuya. Pide tu propio juego y que esté en tu poder: quien tiene las claves manda en la instalación.

Origo: la credencial en el móvil.

Resuelve un problema real y abre otra conversación.

Origo es la parte de credencial en el móvil: un servicio en la nube desde el que se emite y se retira la credencial de un teléfono, y que se puede llevar en la aplicación de la propia empresa o en la cartera del móvil. Cambia el gesto: dar acceso pasa de entregar una tarjeta a mandar una invitación, y quitarlo, de perseguir la tarjeta a retirarla en remoto.

Lo que se gana: el móvil no se presta tan alegremente, no se queda en el cajón de casa y cuando alguien se va no hay que recuperar nada. Se nota sobre todo con gente que visita varias sedes y con contratas.

Lo que hay que mirar antes: se paga por credencial y por tiempo, así que entra en el presupuesto de todos los años y no en el de la obra, y hacen falta lectores que lo admitan. Y hay una conversación de teléfono personal que tener con personal: qué se instala en el móvil de alguien y qué alternativa tiene quien no quiere usar el suyo para entrar a trabajar. Esa alternativa hay que tenerla, y suele ser una tarjeta — también porque un móvil se queda sin batería.

Para quién encaja, y para quién no.

  • Encaja si quieres que la controladora y la credencial no te aten a un fabricante de software. Es la razón para elegir esta capa a propósito.
  • Encaja si tienes varias sedes con plataformas distintas y quieres una credencial única para quien se mueve entre ellas.
  • Encaja si el proyecto es largo y por fases: hardware y credencial hoy, software después. Es el orden correcto y casi nadie lo sigue.
  • Encaja si hay que migrar de una tarjeta insegura sin parar la actividad: los lectores que leen lo viejo y lo nuevo son el camino.
  • No encaja esperando una pantalla: aquí no hay sistema que administrar, y la plataforma de encima hay que elegirla igual.
  • Origo no encaja si no hay móvil de empresa y hay resistencia a usar el personal: se puede mezclar, pero entonces gestionas dos credenciales.

Qué hacemos nosotros con ella.

  • El inventario con el armario abierto: qué controladora, qué generación, qué módulos, qué lectores y qué tarjeta. Con fotos y por escrito, en la primera visita.
  • El dictamen honesto de qué se reaprovecha y qué no, con el motivo. Decir que todo se cambia es más fácil de presupuestar y más caro para ti.
  • El plan de credencial: a qué tarjeta se va, cómo se convive con la vieja y con qué fecha de corte. Una convivencia sin fecha de fin no es un plan.
  • La gestión de claves como entregable con nombre: juego propio del cliente, quién lo custodia y dónde está la copia. Esto se firma.
  • Si va Origo: prueba con un grupo pequeño, procedimiento de emisión y retirada, y la alternativa para quien no use el móvil resuelta antes de anunciarlo a la plantilla.
  • El mantenimiento con el firmware de controladoras y lectores dentro: de lo primero que se abandona y de lo que más importa aquí.

Quién la configura después de nosotros.

Aquí la respuesta es distinta, porque lo que se administra está en dos sitios.

Las altas y las bajas, los horarios y los permisos por zona no se llevan desde aquí, sino desde la plataforma de encima. Ahí la respuesta es la de esa plataforma, y en casi todas es que sí: lo lleva el equipo de seguridad o el de informática con la formación adecuada.

Lo que sí es del cliente en esta capa, y desde el primer día, es la emisión de credenciales en el móvil. Invitar, reemitir y retirar se hace desde el navegador: no tiene sentido llamar a un instalador para dar acceso a alguien que entra mañana. Lo mismo con la codificación de tarjetas.

Lo que no debe tocar: el firmware de las controladoras, la configuración de los lectores, la activación del canal cifrado y, sobre todo, las claves de la tarjeta. Que las claves sean suyas no significa manejarlas a diario: significa que cualquier proveedor futuro puede trabajar con ellas sin pedirnos nada.

Para que puedan de verdad hace falta: formación de la consola de credenciales a quien vaya a emitir, un procedimiento de alta y baja que encaje con el de personal, el inventario de hardware con sus generaciones y el acta de custodia de claves. Esas cuatro cosas, y no un manual de trescientas páginas.

Migrar: aquí es casi todo el trabajo.

Las migraciones de esta capa son tres y suelen ir juntas. De tarjeta insegura a cifrada, con lectores que leen las dos cosas mientras dura la reemisión. De cable en claro a canal cifrado, que a veces es configuración y a veces cambiar el lector. Y de plataforma, reaprovechando la controladora cuando se puede.

El orden importa. Primero el inventario. Después la credencial, que afecta a toda la plantilla y marca el calendario. El software al final. Hacerlo al revés es lo que genera esos proyectos donde se cambia el sistema entero y se siguen usando las tarjetas clonables de hace quince años.

Y una cosa que decimos aunque incomode: si el inventario sale mal —generaciones fuera de soporte, tarjetas antiguas, cable en claro— el proyecto es más grande de lo que te han contado. Mejor saberlo en la primera visita.

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Empezar

¿Sabes qué hay en tu armario?

Si no lo sabes, es la pregunta más rentable que puedes hacer antes de pedir un presupuesto. Cuéntanos qué sistema tienes y qué tarjeta usáis, y te decimos qué se reaprovecha y qué no.