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WestPoint · Accesos · ASSA ABLOY

La puerta que no se puede cablear. Y nada más.

Aperio no es un sistema de control de accesos: es una cerradura sin cables que se cuelga del sistema que ya tienes, para llegar a las puertas donde pasar un cable cuesta más que la cerradura. Saberlo antes de comprarla evita el único error grave que se comete con ella.

Qué es, y qué no es.

Aperio es tecnología de cerradura inalámbrica del grupo ASSA ABLOY. Son dos piezas: la cerradura —un herraje, un cilindro, una cerradura de armario o de bastidor— y un concentrador que se instala cerca y habla con la controladora del sistema que ya está puesto. Desde el software de siempre, esa puerta aparece como una más: con su permiso, su horario y su línea en el registro.

Lo que no es: un sistema. No tiene pantalla, ni usuarios, ni registro propio. No sustituye a nada y no se compra «en vez de»: se compra para extender lo que ya tienes a las puertas a las que no llegaste. Dicho así parece poco; en una instalación real es justo lo que falta.

El problema se ve de un tirón en cualquier edificio con control de accesos. La puerta de calle tiene lector, y dentro hay treinta puertas con llave: despachos, salas, el archivo, el cuarto de comunicaciones, los bastidores del centro de datos. Ninguna se cableó porque habría habido que abrir techos. Y ahí están, con una llave que lleva cuatro años circulando sin que nadie sepa cuántas copias hay.

Cómo está construida.

La pieza que decide el proyecto no es la cerradura. Es el concentrador.

La cerradura habla por radio de corto alcance con un concentrador, y el concentrador va cableado a la controladora igual que un lector. Atiende de una a varias cerraduras según el modelo, y tiene que estar cerca: unos metros, y menos con una puerta metálica, un muro grueso o un armario por medio. Por eso el proyecto de Aperio no es una lista de puertas, es un estudio de radio. Donde salen mal, casi siempre es aquí.

Funciona en línea: cada lectura sube y cada cambio de permiso baja en el momento. Ésa es la razón de elegirla en vez de una cerradura de las que guardan los permisos en la propia tarjeta, donde quitar el acceso depende de que la persona pase por un punto de actualización. Aquí una baja es una baja, y el registro de quién entró en el archivo el jueves existe.

Va con pilas, y eso se gestiona. Lo que duran depende de cuántas veces se abre la puerta al día. El sistema avisa cuando una se queda baja, y ese aviso tiene que llegar a una persona con una caja de pilas y no a un buzón que nadie lee. Una cerradura sin pila es una llave mecánica y una llamada un lunes.

En credencial usa la misma tarjeta que el resto del sistema, y eso es medio proyecto: la cerradura tiene que leer la misma tecnología con las mismas claves. Si eso no está bien resuelto, acabas con una segunda tarjeta para las puertas interiores, que es lo contrario de lo que venías a comprar.

Y la familia que hay al lado.

El grupo tiene tres formas distintas de resolver una puerta, y elegir mal es caro.

Aperio es la que se cuelga de una plataforma de terceros: la eliges cuando ya tienes un sistema y quieres extenderlo sin añadir otro. Al lado está la línea propia de sistema pequeño, que trae su software y se gobierna sola, pensada para quien no tiene nada puesto. Y está la capa de plataforma del propio grupo, que es otra cosa otra vez.

No son intercambiables y se parecen lo suficiente en el folleto para confundirse. La pregunta que lo resuelve es una: ¿vas a administrar estas puertas desde el sistema que ya tienes, o van a tener su propia administración? Si es lo primero, Aperio. Si es lo segundo, pagarías un concentrador y una integración para nada.

El mismo grupo trae también cilindros electrónicos para puertas que no admiten herraje y armarios de custodia de llaves, para las llaves mecánicas que van a seguir existiendo. En un proyecto de verdad hay algo de las tres cosas, y hay que pedir que alguien dibuje dónde acaba cada una.

Para quién encaja, y para quién no.

  • Encaja en puertas interiores que nunca se van a cablear: despachos, salas, archivos, almacenes pequeños, cuartos técnicos.
  • Encaja en armarios y bastidores, y ahí es donde más se agradece: un centro de datos donde se puede decir quién abrió qué bastidor y a qué hora.
  • Encaja para quitar llaves de circulación sin rehacer el amaestramiento entero: puerta por puerta, según presupuesto y según prisa.
  • No encaja en la puerta principal ni en ninguna de mucho paso: ahí quieres cable y un lector que no dependa de una pila.
  • No encaja si no hay forma de poner un concentrador dentro del alcance. Eso se sabe en la visita, y cuando no hay forma, lo decimos.
  • No encaja sin mirar la normativa de la puerta: en recorridos de evacuación y en puertas cortafuegos manda la herrería y su certificación, y eso va por delante de lo electrónico. Hay puertas donde la respuesta es que no.
  • No encaja si no tienes ya una plataforma de accesos, o no piensas tenerla. Entonces necesitas otra cosa de la misma casa.

Qué hacemos nosotros con ella.

  • La visita con el plano delante: qué puertas admiten herraje, cuáles piden cilindro, dónde cabe cada concentrador y qué paredes hay por medio. Sin esto no hay presupuesto honesto, sólo una lista de cerraduras.
  • La comprobación de que tu plataforma y tu controladora admiten de verdad esta integración, con qué límite de puertas y en qué versión. Antes de pedir material, no después.
  • La decisión de credencial y de claves: que la cerradura lea la misma tarjeta que el resto, con las claves del cliente. Una segunda tarjeta para el interior es un proyecto fracasado aunque funcione.
  • La instalación del herraje con criterio de carpintería y no sólo de electrónica: qué aguanta la puerta, cómo queda el cierre y cómo se abre desde dentro siempre, sin excepción.
  • La puesta en marcha con pruebas escritas antes de montar: cada cerradura, el permiso, el registro que llega arriba, el aviso de pila baja y el de cerradura que deja de comunicar.
  • El mantenimiento con la ronda de pilas planificada y el firmware de cerraduras y concentradores dentro. Y el repaso de las llaves mecánicas que quedan, que es el motivo por el que se empezó.

Quién la configura después de nosotros.

Es la mejor noticia de Aperio: no hay nada nuevo que administrar.

Las altas y las bajas, los horarios y los permisos por zona de estas puertas se llevan desde la plataforma que ya está puesta, con las mismas pantallas y las mismas personas. Quien administre hoy el control de accesos —el equipo de seguridad, el de informática o quien lleve personal— administra mañana treinta puertas más sin aprender nada nuevo. Eso es exactamente la razón de elegir esta tecnología y no un sistema aparte.

Lo que sí cambia es una rutina de mantenimiento. Las pilas y los avisos de cerradura que no comunica son tareas nuevas, y hay que decidir de quién son: del cliente o nuestras. De nadie no puede ser, porque entonces la primera cerradura muerta la descubre el usuario.

Lo que no es del cliente: emparejar una cerradura con su concentrador, el firmware y la configuración de la propia cerradura. Eso se hace con una herramienta del fabricante y no desde la pantalla de accesos, y conviene saberlo para no llevarse la sorpresa de que una cerradura nueva no se da de alta sola.

Lo que dejamos: el plano de qué cerradura va con qué concentrador —el documento que salva al siguiente técnico—, el inventario con el modelo y la fecha de cada pila, el procedimiento de pila baja con quién recibe el aviso, y la formación, que aquí es de verdad corta.

Migrar desde otra cosa.

La migración típica es desde llave mecánica, y se hace por fases sin tocar el amaestramiento entero. Se empieza por las puertas donde más duele no saber quién entra, se quitan esas llaves de circulación y se sigue el año siguiente con el siguiente grupo. Es una de las pocas migraciones de seguridad que se puede hacer a trozos sin que el resultado intermedio sea un problema.

La otra es desde cerraduras que guardan los permisos en la tarjeta. Ahí se gana lo que importa: la baja es inmediata y el registro existe. A cambio hay que cablear los concentradores, que es obra menor pero es obra.

Y una advertencia para no repetir el error de siempre: poner cerraduras nuevas con la tarjeta antigua insegura es cambiar una llave que se copia por una tarjeta que se clona. Si la credencial hay que renovarla, se renueva primero o se renueva a la vez. No después.

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¿Cuántas puertas siguen con llave?

Cuéntanos cuántas son, qué hay dentro y qué sistema de accesos tienes puesto. Te decimos a cuántas se puede llegar sin cable, a cuántas no y en qué orden conviene hacerlo.