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Wi-Fi donde el Wi-Fi va mal. Y una advertencia sobre las cámaras.
Es la casa a la que se llama cuando hay mil personas en una nave y la red inalámbrica se cae. Lo que hace bien lo hace muy bien. Lo que no conviene es colgar de ahí la vigilancia, y eso también se cuenta.
Qué clase de fabricante es, y en qué se le reconoce.
RUCKUS Networks — Wi-Fi en entornos densos y dificiles. Su especialidad es muy concreta y muy real.
RUCKUS prioriza el comportamiento de la radio en condiciones malas, y lo hace de una forma que es suya: las antenas de sus puntos de acceso no radian igual en todas las direcciones todo el rato, sino que cambian de forma para apuntar a cada aparato que está hablando, esquivando reflejos e interferencias. Además eligen canal según lo que de verdad funciona en ese sitio y no según lo que parece libre.
Eso no se nota en una oficina con veinte portátiles: ahí cualquier marca decente sirve. Se nota en un pabellón con dos mil personas, en una nave con estanterías metálicas hasta el techo, en un hotel con paredes gruesas, en un aparcamiento subterráneo con pilares. Lo que sacrifica es el precio, que no es el de la gama de entrada, y una gama de conmutación que existe y no es la razón por la que se elige esta casa.
Se le reconoce donde la densidad manda: recintos deportivos, ferias, hoteles, residencias, hospitales, colegios, almacenes grandes. Y en instalaciones exteriores donde hay que dar cobertura a gente que se mueve.
Cómo se administra.
Tres modos, y elegir el modo es casi más importante que elegir el punto de acceso.
El primero es sin controladora: uno de los puntos de acceso hace de jefe y los demás se configuran desde él. Para una instalación de unos pocos puntos es la opción sensata, sin servidor y sin cuota. El segundo es con controladora propia, dentro de casa, física o como máquina virtual: es la que se usa en instalaciones grandes y la que permite afinar de verdad, con perfiles, con zonas y con informes. El tercero es la gestión desde la nube del fabricante, que es cómodo para muchas sedes.
La diferencia importa porque condiciona quién puede mantenerla y cuánto cuesta cada año. Pasar del primer modo al segundo cuando la instalación crece es un cambio de proyecto, no un ajuste, así que la pregunta de cuántos puntos va a haber dentro de tres años se hace al principio.
Dónde encaja bien en una instalación de seguridad.
En la gente, no en las cámaras. Un recinto grande tiene vigilantes que se mueven con una tableta, personal de mantenimiento que consulta un plano, lectores de credenciales inalámbricos, terminales de ronda, y un puesto de control que necesita seguir funcionando mientras su usuario camina. Todo eso es Wi-Fi, y en un recinto lleno de gente es Wi-Fi difícil.
En la cobertura exterior de un recinto: aparcamientos, muelles, perímetros, zonas de espera. Hay gama para intemperie y es donde la forma de radiar de sus antenas se nota más, porque en exterior hay reflejos y obstáculos que cambian según la hora y el tiempo.
Dónde no la pondríamos, y aquí va la advertencia.
Las cámaras por Wi-Fi. Se puede, casi nunca conviene, y la razón es física y no de marca.
Una red inalámbrica es un medio compartido donde sólo uno habla a la vez. Cuando algo no llega bien, se repite, y repetir consume tiempo de todos. Una cámara no es un portátil: envía sin parar, en la misma dirección, todo el día, también de noche. Cuatro cámaras colgadas del mismo punto de acceso pueden convivir; veinte lo saturan y además estropean el Wi-Fi de las personas, que era para lo que se puso.
Y el caudal de una cámara no es fijo: sube cuando la escena se mueve, que es precisamente cuando importa. Una cámara que gasta poco mirando un pasillo vacío puede gastar el triple mirando un aparcamiento con árboles de noche, y es exactamente la noche en la que nadie quiere huecos de grabación. Un enlace inalámbrico que iba justo, ese día no llega.
Así que la regla de la casa es: cable siempre que haya forma de llevar cable, y Wi-Fi sólo cuando de verdad no la hay —una cámara temporal, un punto al que no se puede abrir zanja, una obra—. Y cuando se hace, se hace bien: radio dedicada para eso y no compartida con las personas, caudal medido durante días, y grabación también en la propia cámara para que un corte no sea un hueco. Lo que no hacemos es poner cámaras por Wi-Fi para ahorrar cable y no decirlo.
Tampoco la pondríamos como columna vertebral de la red cableada de una instalación grande de vídeo. Tiene switches y cumplen en el acceso; el centro de una red por la que pasan cientos de cámaras no es el terreno por el que se elige esta marca.
Lo que decide de verdad en un proyecto de vídeo.
Cuatro cosas, y sólo la primera es de radio.
- Cuántos puntos de acceso y dónde, decidido midiendo en el sitio y no sobre un plano. En un recinto grande la diferencia entre un estudio de cobertura hecho a pie y uno hecho en la oficina son zonas muertas en los pasillos donde pasa la gente. Y se mide con el recinto en su peor momento, que es lleno: una nave vacía y la misma nave con dos mil personas son dos sitios de radio distintos, porque el cuerpo humano absorbe señal.
- La potencia de los puntos de acceso, que es una cuenta de PoE como cualquier otra y se olvida siempre. Los modelos de gama alta piden más de lo que da un puerto básico, y un switch que alimenta veinte puntos de acceso y además quince cámaras tiene que tener el presupuesto de vatios para los dos. Es una de las averías más comunes: puntos de acceso que se reinician por la tarde y nadie relaciona con las cámaras que se añadieron en marzo.
- Qué pasa cuando se cae la controladora. Según el modo elegido, los puntos de acceso siguen dando servicio con lo último que sabían o dejan de autenticar gente nueva. No es lo mismo y hay que saber cuál de las dos cosas se ha montado, porque el día que haga falta será el día en que todo el mundo esté dentro del recinto.
Licencias y suscripciones, y qué pasa cuando caducan.
Depende del modo. Sin controladora no hay licencia: los puntos de acceso se compran y funcionan. Con controladora propia hay licencias por número de puntos de acceso gestionados, que se compran una vez y se amplían cuando se añaden puntos. Con gestión en nube hay suscripción por aparato y por periodo, como en cualquier servicio.
Cuando caduca el soporte de una controladora propia, los puntos de acceso siguen dando Wi-Fi y la controladora sigue gobernándolos. Lo que se pierde es el derecho a firmware nuevo y a soporte. En la gestión en nube, la suscripción es el servicio, así que conviene preguntar en cada caso concreto qué queda funcionando si se deja de pagar, y dejarlo escrito en el presupuesto.
Lo que siempre hay que presupuestar es la ampliación. En Wi-Fi la instalación crece porque aparece una zona nueva o porque alguien se queja de una esquina, y cada punto de acceso añadido puede necesitar su licencia además del aparato. Se explica el primer día para que la ampliación del año siguiente no sea una sorpresa.
Quién la administra cuando nos vamos.
El Wi-Fi es casi siempre de informática, y es lógico que lo siga siendo.
Lo que conviene que no toque nadie sin criterio es la planificación de radio: potencias, canales, qué velocidades se permiten y cuáles no. Es la parte donde un cambio bien intencionado —subir la potencia de un punto porque alguien se quejaba— empeora el recinto entero, porque en radio más potencia no es más cobertura: es más interferencia. Esa regla se explica y se deja escrita.
Y el tono que va en las diez: si tu departamento de informática ya tiene su marca de Wi-Fi y funciona, no venimos a cambiarla. La conversación útil es otra: decirles cuánta potencia vamos a pedirle a sus switches, cuánta capacidad vamos a ocupar, qué redes necesitamos separadas y —si alguien propone cámaras por Wi-Fi— por qué conviene no hacerlo. Eso se explica con números y antes de firmar.
Dónde seguir.
El caudal que genera el vídeo, la potencia por el cable de red y lo que pasa cuando se corta un enlace están contados en el área.
Empezar
¿El Wi-Fi se cae cuando el recinto está lleno?
Cuéntanos qué superficie hay que cubrir, cuánta gente hay en el peor momento, qué hay puesto y en qué zonas falla. Y si estabas pensando en poner cámaras por Wi-Fi, dínoslo: te explicaremos cuándo tiene sentido y cuándo vas a tener huecos de grabación la noche que importe.