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WestPoint · Redes · Extreme Networks

Añadir un edificio sin tocar el resto de la red.

Conmutación y Wi-Fi para recintos grandes, con una forma propia de construir la red que cambia dos cosas que en vídeo importan: lo que se tarda en ampliar y lo que se tarda en recuperarse de un corte.

Qué clase de fabricante es, y en qué se le reconoce.

Extreme Networks — Conmutacion y Wi-Fi para campus y grandes recintos. Su terreno es el recinto grande y se nota en todo lo que hace.

Extreme prioriza el campus y el recinto con mucha gente: estadios, hospitales, aeropuertos, universidades, centros de convenciones, puertos. Equipo de gama alta, mucho Wi-Fi denso, y una gestión centralizada que se puede tener en la nube o dentro de casa — las dos, que es una flexibilidad que no todas ofrecen.

Lo que sacrifica es la cuota de mercado, y eso tiene una consecuencia práctica que hay que decir: hay menos gente disponible que sepa configurarlo. En una instalación grande donde el cliente depende de encontrar un técnico, eso es un factor real, y no se arregla diciendo que el producto es bueno.

Se le reconoce por una forma propia de construir la red, heredada de una tecnología que viene del mundo de los operadores: en vez de configurar cada switch del camino para que un servicio atraviese la red, se configura sólo en los dos extremos y el interior se entera solo. Es la diferencia entre tocar ocho armarios para añadir una red de cámaras a un edificio nuevo y tocar dos.

Cómo se administra.

Hay línea de comandos, interfaz web y una plataforma de gestión centralizada que administra switches y Wi-Fi juntos, con plantillas por tipo de sitio y con visibilidad de lo que pasa en cada puerto. Lo que la distingue de las marcas de nube pura es que esa plataforma se puede instalar dentro de la instalación del cliente, lo cual resuelve de golpe los pliegos que prohíben que la gestión viva fuera.

Y hay una cosa que conviene saber antes de decidir: su forma propia de construir la red es potente y NO es la forma estándar que conoce todo el mundo. Quien la administra tiene que aprenderla. Eso es una decisión de proyecto, no un detalle, y se habla antes con el equipo de TI del cliente — porque si al final nadie de esa casa la entiende, se habrá construido una red que sólo puede tocar quien la montó.

Dónde encaja bien en una instalación de seguridad.

En recintos grandes que crecen por trozos. Un hospital que abre un pabellón, un puerto que amplía una terminal, un campus que añade un edificio: ahí la ventaja de configurar sólo los extremos se nota en cada ampliación, y las ampliaciones en estos sitios son continuas. Cada una que no obliga a tocar el interior de la red es un fin de semana de trabajo que no se hace.

En instalaciones con muchas redes separadas que tienen que llegar a muchos sitios: cámaras, control de accesos, megafonía, incendios, Wi-Fi de público, Wi-Fi de personal, equipos de gestión del edificio. Todas por el mismo cable físico y rigurosamente separadas entre ellas. Eso es exactamente lo que esta casa hace con comodidad.

Dónde no la pondríamos.

En instalaciones pequeñas y medianas. Todo su valor está en la escala y en la frecuencia de los cambios; en una nave con cuarenta cámaras no hay ampliaciones continuas ni decenas de armarios, y se paga una forma de construir la red que nadie va a aprovechar.

Donde el cliente no va a tener a nadie capaz de aprender su forma propia de trabajar, y no quiera depender del integrador. Aquí está la honestidad de esta página: la tecnología que la hace buena es también la que hace que no cualquiera pueda continuarla. Si el equipo de TI no quiere entrar en eso, lo correcto es montarlo de la forma estándar aunque se pierda parte de la ventaja, o poner otra marca.

Y en exterior severo o en planta, como todas las casas de campus: ahí toca equipo industrial con rango de temperatura, sin ventilador y con doble alimentación. Mezclar marcas por entorno es lo normal y no es un problema si la frontera está escrita.

Lo que decide de verdad en un proyecto de vídeo.

Cuatro, y la primera es su mejor argumento medido con cronómetro.

  • En cuánto se recupera un corte. Su forma propia de construir la red recompone caminos muy rápido —del orden de milisegundos, no de segundos— y eso en vídeo tiene una traducción directa: si la red vuelve antes de que se rompan las conversaciones entre las cámaras y el grabador, no se pierde grabación. Con un árbol de red estándar mal cerrado, un corte de cinco segundos puede ser un minuto de grabación perdida en cientos de cámaras, porque el grabador tiene que reconectarlas todas. Se mide cortando un cable con el cronómetro en la mano y contando después los huecos en la grabación.
  • La potencia, con la cuenta de siempre y un matiz de recinto grande: en estos sitios hay cámaras de exterior con calefactor, domos motorizados y focos de infrarrojos, que son los que más piden. Se suma el consumo de la noche más fría, se calcula con una sola fuente viva y se deja margen para las cámaras que se van a añadir cuando se amplíe el recinto, que se va a ampliar.
  • La separación de verdad entre los sistemas del edificio. Cámaras, accesos, incendios y gestión del edificio comparten cable y no deben compartir red. Es lo que mejor hace esta casa y es también donde más instalaciones heredadas hemos visto con todo junto, porque el día de la puesta en marcha todo junto funciona.
  • La multidifusión en recintos donde muchas pantallas ven lo mismo. Si el sistema de vídeo manda una sola copia que la red reparte, hay que decidir quién la reparte y quién pregunta quién la quiere. Sin eso, una sola cámara en multidifusión llega a todos los puertos de su red y satura lo que no debería ni enterarse.

Licencias y suscripciones, y qué pasa cuando caducan.

El equipo se compra. Lo que va por suscripción es la plataforma de gestión centralizada y el soporte, con niveles según cuánta visibilidad y cuánto histórico se quieran, y hay opción de tenerla dentro de casa en lugar de en la nube del fabricante, con su propio modelo de licencia.

Cuando la suscripción caduca, los switches siguen conmutando y siguen alimentando cámaras. Lo que se pierde es la pantalla central, el histórico y el derecho a firmware nuevo y a soporte. La red sigue administrable en local, que es una diferencia importante respecto a las marcas donde la licencia mantiene el equipo encendido.

Lo que sí conviene tener claro de entrada es el ciclo de vida del modelo concreto que se compra, y eso vale para cualquier marca que no sea la dominante: en una instalación que va a crecer durante ocho años, poder comprar el mismo switch dentro de cuatro es parte de lo que se está comprando. Se pregunta antes y se pone en el acta, no se supone.

Quién la administra cuando nos vamos.

Aquí la pregunta tiene una respuesta honesta que condiciona la decisión de marca.

En recintos de este tamaño hay siempre un equipo de informática, y la red tiene que seguir siendo suya. El día a día —ver qué puerto está caído, qué cámara no responde, mover un punto de red, mirar el consumo— se lleva desde la plataforma central sin saber nada de la tecnología de fondo, y eso lo hace el cliente sin problema.

Lo estructural es otra cosa, y es la conversación que hay que tener ANTES de elegir marca: si la red se construye con su tecnología propia, alguien de esa casa tiene que aprenderla o aceptar que depende de quien la montó. Nosotros lo planteamos así de claro, con las dos opciones encima de la mesa, y la decisión la toma el cliente. Una red que sólo puede tocar el integrador no es una ventaja del integrador: es un problema del cliente y acaba siendo un problema de los dos.

Y el tono de siempre: si el equipo de TI tiene ya su marca y sus procedimientos, no venimos a cambiárselos. Nos adaptamos a la red que hay, pedimos por escrito lo que el vídeo necesita —potencia, caudal, separación, tiempo máximo de recuperación— y cuando lo que hay no llega, lo explicamos con números y antes de firmar.

Lo que se decide antes de elegir marca de red

Dónde seguir.

Empezar

¿Un recinto grande que crece por trozos?

Cuéntanos cuántos edificios hay, cuántas cámaras por edificio, cada cuánto se amplía y cuánto tiempo puede estar ciega una zona. Con eso te decimos qué forma de red te conviene y, sobre todo, quién va a poder mantenerla dentro de cinco años.