Cosmética y química de consumo
Llenado, sellado y etiqueta, con control visual en línea.
Teal Neural
La línea contada desde la cámara: unidades, ritmo y el momento exacto en que se rompió la cadencia. Sin tocar el autómata.
El PLC cuenta ciclos de máquina. Eso no es lo mismo que producto bueno saliendo: un ciclo puede terminar con la pieza mal puesta, caída o sin la etiqueta.
Así que el número de producción real se sabe al final del turno, contando cajas, o al día siguiente cuando cuadran el parte. Para entonces, lo que se hizo mal ya se hizo.
Y el porqué no lo sabe nadie: el parte dice 4.200 en vez de 4.600, y a partir de ahí empieza a preguntarse.
Se marca sobre la imagen el punto por el que pasa el producto y qué hay que contar. Sale el número de unidades, el ritmo por minuto y la curva del turno.
Cuando el ritmo cae, el vídeo del momento está ahí. No hay que reconstruir nada: se mira.
No hay que parar la línea para instalarlo ni tocar el autómata, y la cámara sirve para medir otra cosa el mes que viene sin volver a cablear.
Lo que Teal Neural entiende
Producción y línea de fabricación.
Cada una es una grabación del sistema funcionando. Pasa el ratón por encima —o tabula hasta ella— para verla en movimiento.
Una línea de envasado daba 4.200 unidades por turno cuando el nominal era 4.800. El parte solo registraba dos paradas largas.
Contando desde la cámara aparecieron 34 micro-paradas de entre 20 y 50 segundos, todas en el mismo punto: una curva donde el envase se atascaba de uno en uno. Sumaban 22 minutos de turno, que son casi exactamente las 600 unidades que faltaban.
Llenado, sellado y etiqueta, con control visual en línea.
Formato, temperatura de proceso y cadencia de línea.
Piezas por ciclo, roturas y temperatura de horno.
Ciclo de inyección, rebaba visible y consumo por unidad.
Unidades por minuto en llenadora y encajonadora, envases volcados y huecos en la línea de salida.
Producto que sale de horno o de túnel, formato correcto y piezas que se salen de la cinta.
Viales presentes en bandeja, blísteres completos y verificación de posición antes del sellado.
Piezas por ciclo, secuencia de montaje y presencia de elemento antes del siguiente puesto.
No se puede decir cuánto va a subir la producción, porque eso depende de qué se haga con lo que se ve. El sistema enseña dónde se pierde; recuperarlo es una decisión de planta.
Lo que sí se puede prometer es la medición: unidades reales, ritmo real y el reparto de las paradas. Y que ese número no lo escribe nadie a mano.
Si con eso delante no se encuentra margen, es que no lo hay — y saberlo también vale.
El ritmo medio de una línea esconde casi todo. Una línea que hace 300 unidades a la hora puede estar haciendo 5 por minuto de forma constante o 12 durante veinte segundos y ninguna durante cuarenta.
Midiendo el tiempo entre unidad y unidad sale la distribución real: cuántos ciclos buenos, cuántos lentos y dónde está la cola de los malos. Ahí es donde está el margen, y no en subir la velocidad nominal.
Y como el dato es por unidad y no por turno, cuando algo se degrada se ve el mismo día y no en el informe del mes.
Con cámara térmica, la misma instalación mide temperatura: un horno que no llega, una zona de sellado que se enfría, un motor que se calienta antes de romperse.
Y de las horas reales de máquina en marcha sale un reparto de consumo por línea y por producto que hoy se estima. No es un contador eléctrico, pero contesta la pregunta que casi nadie puede contestar: cuánta energía lleva encima cada unidad fabricada.
La cámara distingue lo que se ve: color fuera de rango, forma mal, sellado abierto, etiqueta ausente o torcida, envase deformado. Eso cubre una parte grande de los defectos que hoy se detectan al final, cuando ya se han hecho mil.
Lo que no cubre es lo que no se ve: peso, hermeticidad real, composición. Para eso hay básculas y equipos de inspección, y esto no los sustituye.
La combinación que funciona es visual en línea para lo evidente y muestreo para lo demás — con la diferencia de que ahora el muestreo se hace sabiendo dónde mirar.
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No mide lo que no se ve. Si el producto va dentro de una caja cerrada o a una velocidad que la cámara no resuelve, esto es un sensor y no una cámara.
Y necesita luz estable. Una línea donde la iluminación cambia cada hora obliga a fijar la luz antes que nada.
Otras cosas que la misma familia entiende, sobre las mismas cámaras.
Casi nunca todas, y a veces ninguna. Lo que decide no es la marca ni los megapíxeles: es el ángulo, la distancia y la luz. Una cámara modesta bien puesta sirve mejor que una buena mirando desde donde no toca.
Lo primero que pedimos es una imagen de la cámara tal cual está. Con eso se ve si da, si hay que moverla o si hace falta otra. Y si hace falta otra, se dice entonces y no después de firmar.
Donde haga falta. Puede ser en un equipo en la propia instalación, sin que la imagen salga de ahí, o en servidor. En instalaciones donde el vídeo no puede salir por política o por normativa, se procesa dentro y punto.
Lo que sale hacia fuera en ese caso no es imagen: son los avisos y los números.
Nada de esto identifica a personas. Se distinguen figuras, posturas, objetos y vehículos, no caras ni nombres.
Aun así, un sistema que trata imágenes de un centro de trabajo tiene sus obligaciones: informar, definir para qué se usa y cuánto se guarda. Eso se resuelve al principio, con quien lleve la protección de datos en la empresa, y no es un trámite que se deje para el final.
No. Se mide desde la imagen y por eso funciona en líneas donde el autómata no da acceso o no existe.
Si hay PLC y se puede leer, mejor: se cruzan las dos cifras y la diferencia entre ciclos y producto bueno es en sí misma un dato.
El conteo, desde el primer día. Lo que tarda es tener con qué comparar: hasta que no hay dos o tres semanas de historia, el número está pero no dice si es bueno o malo.
Por eso lo primero que se mira no es la media, son las micro-paradas: ésas se ven el primer turno.
Lo que se ve: forma, color, sellado, etiqueta, deformación. Eso es una parte grande de los defectos.
Lo que no se ve —peso, hermeticidad, composición— sigue necesitando su equipo. Y decirlo antes evita la conversación incómoda de después.
Sí, y es lo normal. Cada línea tiene su configuración y sus umbrales, y los datos se comparan entre ellas: la misma máquina en dos líneas distintas rindiendo diferente es una pregunta interesante.
No. Se trabaja sobre la cámara que ya está o se pone una nueva en una parada programada. Lo que no se hace es tocar el autómata ni intervenir en el proceso.
La configuración —marcar el punto de conteo y decir qué se cuenta— se hace con la línea en marcha, y se comprueba comparando con el parte durante unos días antes de darla por buena.
Casi nunca, y ése es el punto. El autómata cuenta ciclos; esto cuenta producto que sale. La diferencia entre las dos cifras es exactamente lo que se está perdiendo.
Lo normal es dejar los dos contadores conviviendo: el del autómata para la máquina y éste para la producción real.
Depende del formato y de la cámara, no hay un número universal. Con producto grande y separado se cuenta muy rápido; con producto pequeño, pegado y de canto, mucho antes.
Es lo primero que miramos con un vídeo de tu línea. Si no da, lo decimos entonces y no después de instalar.
Es lo habitual y se contempla al montarlo: se configura un perfil por formato y se cambia con el cambio de producción, igual que se cambia una receta.
Empezar
Esto ya está grabado funcionando. Lo que falta es ver si tu cámara lo permite: dónde está puesta, qué ángulo tiene y qué se ve desde ahí. Si no da, te lo decimos.