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WestPoint · Redes · NETGEAR

Veinticuatro puertos PoE no son veinticuatro cámaras.

Conmutación con alimentación por el cable de red para instalaciones pequeñas y medianas, administrable desde un navegador y sin curso. Hay sitios donde es la elección correcta, y tres donde se queda corta.

Qué clase de casa es.

Una casa de red de gama ancha, y en seguridad aparece por una parte concreta del catálogo.

Cubre desde el equipo de casa hasta el switch de armario con gestión, y eso explica por qué la marca despierta opiniones encontradas: no es lo mismo la caja de la estantería de un centro comercial que el switch gestionado con puertos de enlace rápidos de su gama profesional. En vídeo aparece por esa segunda parte, y en particular por la línea pensada para audio y vídeo sobre red.

Lo que aporta es una relación concreta: por un dinero contenido tienes un switch gestionado de verdad —redes separadas, visibilidad por puerto, prioridad de tráfico, apagar y encender un puerto a distancia— sin necesitar a nadie que sepa línea de comandos. Y conviene decirlo sin rodeos: una instalación pequeña con presupuesto medido es un caso legítimo, no un cliente de segunda. Lo que no es legítimo es montar gama de acceso donde hace falta otra cosa y no avisar.

El presupuesto de corriente, y por qué todos los puertos no son todos.

Es la línea de la hoja de características que menos se lee y la que más averías provoca.

Un switch que alimenta cámaras por el cable de red tiene dos números: lo máximo que puede dar por un puerto y lo máximo sumando todos. El segundo casi nunca es el primero multiplicado por el número de puertos, y ahí está el malentendido: un switch que anuncia corriente en todos sus puertos no la da en todos a la vez si las cámaras piden mucho.

Lo que pasa cuando se agota es lo interesante. El switch no reparte la escasez: deja puertos sin corriente, y cuáles es una decisión de prioridad que por defecto suele ser el orden del número de puerto. Nadie la ha configurado. Así que la cámara que se queda fuera es la del puerto más alto, que normalmente es la que se añadió la última, que suele ser la del sitio nuevo e importante.

Y el consumo no es el de la etiqueta: una cámara con calefactor y con motor pide bastante más en una noche de helada que la tarde de mayo en que se probó todo. De ahí sale la avería más bonita de este oficio: un par de cámaras se reinician de madrugada en invierno y por la mañana están impecables, así que nadie ve nada raro al ir a mirar. La cuenta se hace con el consumo de invierno, y nunca se llena el switch: dentro de dos años alguien va a poner dos cámaras en los puertos que sobraban.

El caudal cuando todas tiran a la vez.

El segundo sitio donde la gama de acceso se queda corta, y tampoco se ve en el folleto.

Las cámaras no se hablan entre ellas: todas envían al grabador. Así que todo lo que entra por los puertos de un switch sale por el puerto de enlace que va hacia el grabador o hacia el armario siguiente, y si ese puerto es de la misma velocidad que los de las cámaras, es el cuello de botella del armario entero por muchos puertos que tenga el switch. Es lo que distingue la gama que sirve para vídeo de la que no, y se mira antes del precio.

Hay un segundo número más escondido: la capacidad interna. Algunos switches de gama de acceso no pueden mover todos sus puertos a tope al mismo tiempo, porque la electrónica está dimensionada para un uso de oficina, donde jamás pasa. Con cámaras sí pasa: todas enviando, todo el día, y varias personas mirando en directo, que es tráfico de salida además del de entrada. Con muchas cámaras por armario, ese número hay que mirarlo.

Cómo se administra, y qué soporte hay el día que falla.

Lo primero es una ventaja real. Lo segundo es la conversación que nadie tiene antes de comprar.

La administración es por navegador y es sencilla de verdad: separar las cámaras en su propia red, ver cuánta corriente da cada puerto, reiniciar una cámara apagando su puerto, poner el vídeo por delante de otro tráfico. Todo eso se hace en una tarde sin saber línea de comandos, y para una instalación sin departamento de informática es exactamente lo que hace falta. Parte de la gama se puede además gestionar desde la nube del fabricante, que sirve bien para llevar varios sitios pequeños iguales.

El soporte es la otra cara. En esta gama es garantía de sustitución: cuando una caja muere, se tramita, se envía y llega. No hay un técnico que venga ni un contrato de reposición en horas, y hay que saberlo, porque mientras la caja viaja tu instalación está sin ese armario.

Lo que hacemos para compensarlo es mucho más barato que subir de gama: un switch de repuesto en la estantería del cliente, con su configuración guardada en un fichero. Sustituir se convierte en veinte minutos de alguien que esté cerca. Sin repuesto, cualquier avería dura lo que tarde el transporte, y eso en agosto puede ser una semana.

Dónde encaja bien.

Y encaja en más sitios de los que un pliego reconocería.

En instalaciones de un armario o dos, con una o dos docenas de cámaras, en un edificio con temperatura normal, donde el presupuesto está medido y no hay un departamento de informática detrás: comercios, despachos, clínicas, talleres, comunidades, naves con oficina, colegios, hoteles pequeños. Ahí es la elección correcta: gestionada, diagnosticable, suficiente y sin pagar por funciones que nadie va a encender.

Y encaja como switch de planta en una instalación más grande cuyo núcleo es de otra casa, que es muy común: el armario del pasillo con ocho cámaras no necesita el mismo equipo que el armario que recoge toda la fibra.

Dónde no la pondríamos.

Cuatro casos. Ninguno es «porque es barata».

En un armario que se calienta. Esta gama no lleva el refuerzo de un equipo industrial, y el armario cerrado de la calle en agosto es donde eso se nota: reinicios de madrugada y ninguna pista de por qué. Antes de elegir el switch hay que resolver el armario.

Donde el anillo tiene que recomponerse en milisegundos. Esta gama sabe hacer caminos alternativos, pero con el mecanismo genérico, que tarda segundos, y segundos de corte en una red de cámaras son huecos de grabación y una avalancha de avisos de cámara perdida.

En el núcleo de una instalación grande, donde se concentra el caudal de todos los armarios y donde un fallo deja ciego todo. Ahí hay que mirar capacidad interna, redundancia de alimentación y contrato de soporte, y esta gama no compite en eso.

Y donde ya existe un equipo de TI con su casa, su política y su repuesto en el almacén. No porque este equipo sea peor, sino porque una marca más significa una consola más y una discusión más el día de la avería. Si lo que tienen aguanta el vídeo, montamos sobre lo que tienen y no traemos nada.

Lo que decide el proyecto de verdad.

Cinco cosas, y la marca del switch es la última.

  • El total de corriente del switch frente al consumo de invierno de las cámaras, con margen y con puertos libres de sobra.
  • La velocidad del puerto de enlace que sale del armario. Si es igual que la de los puertos de las cámaras, es el cuello de botella y no hay configuración que lo arregle.
  • La temperatura del armario en agosto, medida y no supuesta. Va antes de todas las demás decisiones.
  • Si hace falta segunda ruta, y cuánto tiempo de corte aguanta la grabación. Eso decide la gama, no el precio.
  • Qué pasa el día que muere una caja. Repuesto con la configuración guardada, o aceptar que el armario está fuera hasta que llegue el envío: las dos son válidas, y lo que no vale es no tener respuesta.

Quién la administra cuando nos vamos.

De las diez, ésta es la que más fácilmente se queda en casa del cliente. Y es una de sus razones de ser.

La consola de navegador está pensada para que la use alguien que no vive de esto: el responsable de mantenimiento de un edificio, el informático que lleva también los ordenadores, el propio dueño del negocio. Con una sesión de una hora y un procedimiento de una página llevan el día a día sin llamar a nadie. Se entrega su cuenta de administrador con su contraseña y no la nuestra, la configuración en un fichero y el mapa de qué cámara está en qué puerto.

La frontera está en dos cosas, y las dos son cuentas y no ajustes: añadir cámaras sin recalcular la corriente del switch —que es lo que produce los reinicios de madrugada seis meses después— y cambiar la separación de redes, que mal hecho deja la red pasando tráfico y con la frontera abierta, que es peor que una red caída porque no se nota.

Y si en tu casa ya hay un equipo de TI con otra marca, se monta con la suya. En esta gama, más que en ninguna, la marca concreta es lo menos importante: lo que decide si el vídeo va bien es la cuenta de corriente, la velocidad del enlace de salida y la temperatura del armario. Eso se lo llevamos hecho para el equipo que ellos quieran usar, y cuando su equipo no da, se explica con los números y antes de firmar.

Lo que se decide antes de elegir marca

Dónde seguir.

El presupuesto de corriente y la velocidad del enlace de salida se deciden antes de elegir marca. De eso habla el área.

Empezar

¿Se te reinician cámaras de madrugada?

Cuéntanos cuántas cámaras cuelgan de cada switch, si alguna lleva calefactor, qué velocidad tiene el puerto que sale hacia el grabador y qué temperatura hace en el armario en agosto. Con eso te decimos si el problema es corriente, caudal o calor, y qué se arregla sin cambiar de gama.