WestPoint · Redes · Moxa
Viene de la planta, no de la oficina. Y eso se nota en todo.
Conmutación sin ventilador para cuadro eléctrico, veinticuatro voltios, montaje en carril y la especialidad que no tiene casi nadie: meter en la red equipo antiguo que nunca fue pensado para estar en una red.
Qué clase de casa es.
No es una marca de red que además hace cajas robustas. Es una casa de automatización industrial que entre otras cosas hace red.
Ese origen explica casi todo. El cliente habitual de esta casa no es un departamento de informática: es quien lleva la planta, quien mantiene las bombas, quien tiene un cuadro con autómatas dentro. Por eso el catálogo está lleno de cosas que en una oficina no hacen falta y en una fábrica no se pueden evitar.
En seguridad aparece por dos caminos. El obvio: switches que aguantan el cuadro de una nave, el armario de un muelle o la caseta de una cantera, con anillos de fibra entre naves que se recomponen rápido. Y el que nadie espera y más veces nos ha salvado un proyecto: pasarelas que meten en la red equipo que habla por un par de hilos y no por cable de red.
Conviene decir lo que no es. No es una casa de red de campus ni de Wi-Fi de oficina, ni pretende serlo: aquí no está el switch que recoge la fibra de doce plantas de un edificio corporativo. Lo que hay es la red de fuera de la sala técnica, que resulta que es donde están las cámaras.
El cacharro viejo que sigue funcionando.
Es lo que hace que una marca de planta acabe dentro de un proyecto de vídeo, y casi no se cuenta en ningún sitio.
En cualquier instalación con años hay equipo que funciona, que nadie va a cambiar porque funciona, y que no habla por cable de red: domos antiguos que se mueven con una orden por un par de hilos, barreras de aparcamiento, básculas, paneles de alarma de hace quince años, megafonía. Todo eso tiene su conexión de serie y su cable tendido, y tirar el cable nuevo cuesta más que el equipo.
Una pasarela coge ese par de hilos y lo convierte en algo que viaja por la red, de modo que el software del puesto de control habla con ese cacharro como si lo tuviera al lado. No lo moderniza: lo alarga. Es la forma de que una instalación nueva conviva con la que ya estaba en vez de sustituirla entera.
Y es donde hace falta saber lo que se hace. Una orden que antes llegaba al instante ahora cruza una red, y si la red va justa el operador mueve el joystick y el domo se mueve medio segundo después: funcionalmente correcto e inútil para seguir a alguien. Y hay dos o tres formas de cablear una conexión de serie, que en los equipos viejos casi nunca está documentada.
Dónde vive el equipo.
Carril, veinticuatro voltios y nada de ventiladores. No es una estética: es una lista de decisiones.
En una nave no hay rack: hay un cuadro eléctrico con un carril y cosas enganchadas a él. Un switch que se monta en ese carril entra en el cuadro que ya existe, al lado del autómata, y se alimenta de la misma fuente de veinticuatro voltios que todo lo demás: eso ahorra un armario entero, y en una instalación con doce cuadros ahorra doce. Sin ventilador, que es la pieza que se come el polvo y la primera que falla. Y con dos entradas de alimentación, para que una fuente pueda morirse sin llevarse la red.
El calor es el enemigo de verdad. Un cuadro cerrado en una nave en agosto pasa de largo la temperatura a la que un equipo de oficina se pone nervioso, y lo que hace ahí un switch de oficina no es romperse: es reiniciarse de madrugada y estar impecable por la mañana. Hemos ido tres veces a instalaciones así antes de mirar el armario en vez de la cámara.
Y en planta hay más que calor: vibración, polvo fino y ruido eléctrico de variadores y de motores arrancando. Esto último da una avería preciosa: la red va perfecta y empieza a dar errores a la hora exacta en que arranca una máquina. No es la red, es el cable pasando por la bandeja equivocada.
Y los sectores con reglas propias.
Agua, energía, ferrocarril y marina no eligen equipo por catálogo.
Esta casa tiene presencia en sectores donde el equipo que se instala tiene que estar aprobado para ese uso. Ahí existen certificaciones sectoriales, y lo que significan en la práctica es que la lista de equipo admisible es parte del pliego: la conversación deja de ser «qué switch es mejor» y pasa a ser «qué switch está admitido aquí».
Así que proponer un cambio de marca no es una decisión técnica: es una modificación que alguien tiene que aprobar, con su plazo. Lo preguntamos antes de dibujar nada, y son cinco minutos que se comen semanas cuando se hacen al final.
Cómo se administra.
Más sencilla de lo que un equipo de TI se teme, y distinta de lo que espera.
Se configura por navegador y, en la gama gestionada, también por línea de comandos. Hay software propio para descubrir los equipos de una red y configurarlos en tanda, que es lo que se agradece cuando hay que poner en marcha veinte cajas iguales en doce cuadros: se hace una y se replica.
La fricción real no es la dificultad, es la extrañeza. Un administrador acostumbrado a la consola de una casa de campus abre ésta y no encuentra las cosas donde las busca: parte del vocabulario viene del mundo de la automatización y no del de la informática. Se resuelve en una tarde, pero hay que saber que esa tarde existe.
Y una advertencia que damos siempre: en la gama no gestionada no hay nada que administrar y, por tanto, nada que mirar el día que algo va mal. En el camino principal del vídeo, gestionada siempre.
Dónde encaja bien, y dónde no la pondríamos.
Las dos cosas juntas, porque en esta marca la frontera es muy clara.
Encaja en planta y en exterior severo: naves, cuadros eléctricos, muelles, canteras, depuradoras, bombeos, instalaciones de agua y de energía, cámaras colgadas de una estructura que vibra. Encaja donde hay que meter en la red equipo antiguo que no habla por cable de red, que es su especialidad y casi nadie más la cubre bien. Y encaja donde el anillo de fibra entre naves tiene que recomponerse antes de que la grabación note el corte.
No la pondríamos en el armario de una oficina con rack, enchufe y temperatura normal: ahí pagas la caja de planta para nada, y por el mismo dinero tienes más puertos y más corriente para las cámaras. Tampoco como switch central de un campus grande, porque el caudal agregado y el Wi-Fi denso no son su terreno. Y no la pondríamos como excusa para no arreglar un armario malo: el equipo industrial aguanta el calor, y el calor sigue acortando la vida de todo lo que hay dentro, empezando por las baterías del sistema de alimentación.
Lo que decide el proyecto de verdad.
Cinco cosas, y dos son de electricista.
- De dónde sale la corriente del switch, y si hay dos caminos. Con una sola fuente, esa fuente es el punto único de fallo de la red de ese edificio. Y esa fuente tiene que dar lo que el switch va a repartir a las cámaras, con margen para la noche de helada en que las que llevan calefactor piden más.
- Por dónde pasa el cable de red dentro de la nave. Junto a la bandeja de potencia no, y menos cerca de variadores: es el origen de la avería que aparece a la hora en que arranca una máquina.
- Qué equipo antiguo tiene que seguir funcionando, y cómo habla. Se mira en la visita, con el cable en la mano, porque en los planos nunca está.
- Si hay pliego o lista de equipo aprobado en ese sector. Se pregunta el primer día.
Quién la administra cuando nos vamos.
Y aquí hay una pregunta previa que no hay en las demás: quién es «tu gente».
En una instalación industrial casi siempre hay dos equipos con criterio: informática, que lleva la red de la empresa, y mantenimiento, que lleva los cuadros. Este equipo vive físicamente en el terreno del segundo y lógicamente en el del primero, y el reparto hay que acordarlo el primer día. Cuando no se acuerda, no lo toca nadie: informática no abre un cuadro eléctrico y mantenimiento no entra en una configuración de red.
Con eso decidido, el día a día lo lleva el cliente sin problema —ver puertos, reiniciar una cámara apagando su puerto, añadir una cámara a su red, guardar la configuración—, y quien ya configura autómatas se maneja con estos aparatos mejor de lo que cree. La frontera está en el anillo, en las pasarelas de equipo antiguo y en el reparto de corriente: el anillo porque un cambio mal hecho deja la red pasando tráfico y sin segunda ruta; las pasarelas porque su configuración depende de cómo habla un cacharro concreto y eso no está escrito más que en nuestra documentación.
Y si la red de la empresa ya es de otra casa, se queda como está. Lo que proponemos casi nunca es cambiar la red: es añadir la parte que está fuera de la sala técnica, que es la que la red de oficina no cubre. Si lo que hay aguanta también eso, mejor para todos y se monta encima. Cuando no aguanta, se explica con la medida delante y antes de firmar.
Dónde seguir.
La red de planta se proyecta con la instalación, no después. De lo que se decide antes de elegir marca habla el área.
Empezar
¿Las cámaras están en una nave?
Cuéntanos qué hay en los cuadros, de dónde sale la corriente, qué temperatura hace ahí dentro en agosto y qué equipo antiguo tiene que seguir funcionando. Con eso te decimos qué aguanta lo que ya tienes y qué hace falta cambiar de verdad.