Control de intrusión · Paradox
Tres familias, y tres instalaciones que no se parecen.
Paradox no es una central: son tres líneas que se cablean, se amplían y se mantienen distinto. Qué hace cada una, cómo se porta con las falsas alarmas y qué hay que decidir antes del primer metro de bus.
Qué es Paradox y dónde aparece.
Casa canadiense de centrales y detectores, que en España se vende por distribución. Se la encuentra en gama media: chalés, clínicas, oficinas, comercios de cadena, talleres y naves pequeñas. No es la marca de un pliego de infraestructura crítica y no pretende serlo.
Hay tres líneas y elegir mal no se arregla con un módulo. EVO es la grande, con bus al que se cuelgan expansores, teclados y lectores. Spectra es híbrida: unas zonas por cable y otras por radio. Magellan es la inalámbrica, para donde no se puede pasar un cable.
Y está el escenario del que salen casi todas las llamadas: una central de esta casa en un armario, montada por alguien que ya no vuelve, con dos zonas anuladas desde una reforma y sin que nadie tenga la clave de instalador.
Cómo está construida.
Un bus de cuatro hilos sale de la central y recoge los módulos, llevando datos y alimentación por el mismo cable. Eso se paga en obra: cuanto más lejos y más consumo, más cae la tensión. Un bus mal dimensionado da fallos que parecen de software y se arreglan con fuentes auxiliares repartidas.
Las zonas se pueden doblar para meter dos detectores en un par de hilos. En una reforma es legítimo; en obra nueva es pereza: dos detectores en la misma entrada se diagnostican peor el día que uno falla.
Las particiones deciden si el sistema seguirá armado dentro de un año: si para cerrar la oficina hay que armar el almacén donde todavía trabaja alguien, no es que se arme mal, es que no se arma. Y lo inalámbrico tiene sus reglas — pila con fecha, supervisión para que un detector mudo dé avería, y cobertura medida en el sitio y no en el plano.
Lo que se decide en la ficha.
Seis respuestas que conviene tener antes de pedir precio.
- Cuántas zonas hoy y cuántas en tres años, y qué va por cable y qué por radio. Ampliar un bus con el techo cerrado cuesta mucho más que el módulo que falta.
- Alimentación y autonomía calculadas con todo colgado, sirenas incluidas. La batería es un consumible con fecha, y una de seis años es una central que no avisa de noche.
- Por dónde avisa, y por dónde avisa si el primer camino cae: IP y datos móviles con supervisión. Ojo a las antiguas que marcaban por teléfono — muchas dejaron de reportar el día que el cliente pasó a fibra, y nadie se enteró.
- Si el aviso va a una central receptora, a un teléfono o a los dos. Una notificación en el móvil no es una central receptora: es un aviso a alguien que puede estar durmiendo.
- Cómo se junta con el vídeo y los accesos. Por contactos y relés es tosco y funciona siempre; lo que un folleto llame integración se prueba en maqueta antes de prometerlo.
Cómo se porta con las falsas alarmas.
La central no es la que más manda aquí. Pero tiene tres herramientas, y casi nunca están configuradas.
Quien decide es el detector y el sitio donde está puesto. Uno apuntando a una lona, a una salida de aire caliente o a una chapa que se enfría al atardecer dará guerra con cualquier central.
La central aporta tres cosas: exigir que dos detectores distintos vean lo mismo antes de disparar, que es decisión por zona porque cuesta algo de sensibilidad; aislar sola la zona que ha disparado varias veces en el mismo armado; y el registro de eventos, donde está el patrón de hora y zona antes de tocar un tornillo. Lo que no se hace es bajar la sensibilidad: eso convierte una alarma escandalosa en una alarma sorda.
Y hay un escalón más: mirar antes de mover a alguien. Un detector dice que algo ha cruzado; la imagen dice qué. Aquí declaramos lo que hay que declarar: IRIS Neural es el NVMS de Infinity Neural, la otra empresa de este grupo, o sea producto nuestro. No sustituye a la central: le pone imagen a sus avisos.
El grado, y la central receptora.
Las normas EN 50131 clasifican los sistemas de alarma en grados de seguridad, y cada grado exige cosas concretas a los equipos, al cableado, a la alimentación y a lo que pasa si alguien manipula un detector. El grado lo marca el riesgo de la actividad y, muchas veces, la póliza del seguro. No es una etiqueta comercial.
Hay dos cosas que se confunden: que un equipo esté declarado para un grado, y que una instalación cumpla ese grado. Lo segundo incluye cableado, alimentación, autonomía, respuesta a la manipulación y lo que hay escrito. Qué grado soporta cada modelo de esta casa se lee en su documentación, equipo por equipo.
Así que la pregunta —también a nosotros— es qué grado se entrega, y que se entregue por escrito. Aquí no lo decimos: depende del proyecto y del equipo, y lo afirma quien firma. Y conectar a una central receptora es otra decisión, con su normativa y su contrato: quién la presta y en qué condiciones se concreta en una oferta, no en una web.
Para quién encaja, y para quién no.
Encaja en un edificio o unos pocos, con particiones de verdad —vivienda y nave, oficina y almacén—. Y en ampliaciones: un bus al que se cuelga un expansor es la forma más barata de crecer.
La línea inalámbrica encaja donde el cable no entra: edificios protegidos, reformas con el suelo puesto, locales alquilados. A cambio se asume mantenimiento con fecha — pilas, cobertura, y un plan para cuando muevan el mobiliario y tapen un detector.
No encaja si hay muchas sedes que gobernar desde un sitio, con usuarios sincronizados con el directorio y auditoría centralizada: no es el número de zonas, es que esta gama no está pensada para administrarse en flota. Y no encaja si nadie va a mantenerla: con la batería vieja y dos zonas anuladas, una central está encendida y no protege.
Qué hacemos nosotros con ella.
- El proyecto antes de la marca. Zona por zona: qué detector, a qué altura, mirando a dónde, y qué hay en ese campo que se mueve y no es una persona.
- La visita de noche cuando la protección es de noche. Lo que se mueve en un patio a las tres no se parece a lo que se ve en una visita de media mañana.
- El dimensionado con los números delante: zonas, teclados, particiones, consumo del bus y la autonomía que sale de ahí. Calculada, no estimada.
- La instalación: bus con su sección, antimanipulación en cada elemento, sirenas donde se oyen y no donde son fáciles de montar, y los dos caminos de aviso.
- La puesta en marcha con acta escrita antes: por delante de cada detector, comprobando que el aviso llega al final del camino —central, receptor y teléfono de quien tiene que enterarse—, con hora y resultado. Lo que no está en el acta no se probó.
- El mantenimiento con calendario, el registro leído para cazar las falsas alarmas que el cliente ya ni reporta, y la documentación y las claves a nombre del cliente: si mañana quiere cambiar de proveedor, tiene que poder.
Quién la opera cuando nos vamos.
El día a día lo lleva el cliente. La capa de abajo, no.
Armar y desarmar, gestionar usuarios y códigos, anular una zona porque hay obra en una sala y consultar el registro de anoche: eso lo lleva él y debería llevarlo él. Para eso hay niveles de usuario: quien abre por la mañana no tiene por qué poder cambiar lo que hace una zona.
Lo que no toca el cliente es añadir un expansor, cambiar el tipo de una zona, tocar los tiempos de entrada y salida, modificar el reporte a la central receptora o subir firmware. No por guardarnos el trabajo: un error ahí no se ve hasta el día que hacía falta la alarma.
Y la anulación que se quedó puesta —la zona que molestaba— es la forma más común de que un sistema bueno deje de servir. Cada anulación con fecha de caducidad, la revisión cazándolas, y un expediente que diga qué detector es cada número del teclado y a quién llama el sistema.
Las otras ocho de este grupo.
Cuatro centrales y cinco casas de perímetro exterior. Ninguna es mejor que otra: cambia cómo crecen, cómo se portan con la falsa alarma y en qué terreno aguantan.
Empezar
¿Cuántas veces saltó el mes pasado?
Ese número dice si tu sistema funciona o sólo está encendido. Cuéntanos qué central hay, cuántas zonas, cuántos avisos entran y cuántos eran de verdad, y te decimos si se arregla con ajustes, con otros detectores o cambiando de central.