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Control de intrusión · OPTEX

Fuera hay viento, niebla y conejos. Y los tres disparan.

OPTEX hace detección de exterior con cuatro tecnologías: infrarrojo pasivo, barreras, microondas y escáneres LiDAR. Qué detecta de verdad cada una, dónde falla, y por qué el mismo equipo funciona en un patio y es un infierno en el de al lado.

Qué es OPTEX, y por qué tiene cuatro tecnologías.

Fabricante japonés dedicado a la detección. En perímetro cubre cuatro tecnologías distintas: infrarrojo pasivo de exterior, barreras de haces, microondas y escáneres láser —LiDAR— que dibujan un plano de detección.

Que una casa tenga cuatro formas de detectar lo mismo suena a catálogo hinchado y no lo es. En exterior no existe la tecnología buena: existe la que aguanta ESE sitio. Un fabricante que sólo tiene una te va a vender ésa siempre.

Aparece en perímetros medianos y en puntos que hay que resolver bien: un patio de material, la fachada de un almacén, una cubierta plana por la que se entra, un hueco entre dos naves.

Qué detecta de verdad cada una.

El infrarrojo pasivo no ve: siente diferencias de calor. Detecta algo a temperatura de cuerpo moviéndose delante de un fondo a otra temperatura, así que funciona sin luz y sin nada enfrente. Los de exterior exigen que la señal aparezca en dos puntos del campo, y eso separa a una persona de una hoja caliente.

La barrera de haces es lo contrario: emisor, receptor y alarma cuando se corta el haz. Con varios haces se exige que se corten dos a la vez, y eso evita que un pájaro dispare un pasillo entero. Las microondas crean un campo entre dos cabezas: atraviesan lluvia y niebla mucho mejor que cualquier cosa óptica y detectan lo muy lento.

El LiDAR barre un plano con un haz láser midiendo distancias. Eso le da lo que las otras no tienen: sabe a qué distancia está lo que se movió y qué tamaño tiene, así que puede ignorar algo pequeño y lejano. Va en vertical, como una pared invisible delante de una fachada, o en horizontal sobre una cubierta plana. Y trabaja igual de noche, porque lleva su propia luz.

Dónde falla cada una. Esto es lo que hay que leer.

Ningún folleto lo cuenta así. Es lo que se aprende volviendo en invierno.

  • El infrarrojo pasivo se queda corto cuando el fondo está a temperatura de cuerpo: a mediodía en verano, con suelo y pared calientes, la diferencia que necesita casi desaparece.
  • Y se engaña con lo que cambia de temperatura rápido: una chapa que se enfría al atardecer, una salida de aire caliente, el sol de frente al amanecer. Lo que pasa cerca pesa mucho más, así que un animal a dos metros se parece a una persona a veinte.
  • Las barreras las ciega la visibilidad. Niebla, lluvia fuerte, nieve y polvo dejan el alcance útil en una fracción del de la ficha, medida en condiciones limpias. Un tramo que va bien once meses da avisos cada mañana de enero en una vaguada con niebla.
  • Las microondas las deforma el terreno y el agua quieta: un charco las refleja, la hierba las satura, la nieve estrecha el campo y un desnivel deja hueco para pasar a gatas. Y el metal que se mueve dentro —valla suelta, cartel, camión aparcado— es un aviso con cada ráfaga.
  • El LiDAR lo dispersan la lluvia fuerte y la niebla densa: el haz rebota en las gotas y ve movimiento donde sólo hay agua. Y lo ciega una telaraña delante de la lente, que las arañas construyen ahí porque el equipo atrae insectos.
  • Y el LiDAR ve un plano: lo que queda detrás de una furgoneta o de una pila de palés nueva es una sombra sin detección. Esa sombra aparece el día que alguien mueve la furgoneta, y nadie avisa de que la ha movido.

La instalación es el ochenta por ciento del resultado.

El mismo equipo puede ser impecable en un patio y un infierno en el de al lado. No es el equipo.

La altura y la inclinación deciden qué entra en el campo. Bajo de más mete lo que pasa a ras de suelo: gatos, conejos, bolsas. Alto de más deja un hueco por debajo. Y cada equipo tiene una zona muerta justo debajo de sí mismo, que no se ve en el plano y se ve de noche.

La zona despejada es la condición que más se incumple: delante de una barrera o de un campo de microondas no puede haber ramas, hierba alta ni una lona. Nada de eso estaba el día de la entrega — la vegetación crece en primavera, que es cuando aparecen las falsas alarmas de un perímetro que llevaba medio año tranquilo.

Y la alineación se pierde sola: el terreno se asienta, el metal se dilata, y el golpe de un camión desplaza un poste un grado que nadie ve. El solape evita el agujero de libro —dos tramos se cruzan, no terminan a tope— y la pendiente manda: lo que en plano es campo limpio, en una vaguada es un hueco. Eso se ve andando, no en una ortofoto.

Verificar: lo que convierte un aviso en una decisión.

Cuando un detector de exterior dispara a las tres de la mañana, quien está de guardia tiene dos malas opciones: mover a alguien a ciegas cada vez —cuesta dinero y se deja de hacer a las tres semanas— o no mover a nadie y confiar. Las dos acaban con el aviso sin significado.

Con imagen, el aviso llega con los segundos de vídeo de lo que lo ha disparado: treinta falsas alarmas al mes se convierten en treinta descartes de diez segundos, y la única real en una llamada inmediata.

Y aquí hay que declarar una cosa: en la misma casa está IRIS Neural, el NVMS de Infinity Neural, la otra empresa de este grupo. Es producto nuestro, y lo decimos porque recomendar lo propio sin avisar tira por tierra todo lo demás. Aporta la imagen de lo que disparó la alarma; no sustituye al detector ni a la central. Con otro software de vídeo también se hace. Sin nada que permita mirar, no.

IRIS Neural, el NVMS de la casa

No hay tecnología buena. Hay tecnología adecuada a ese perímetro.

«¿Qué es mejor, infrarrojo o microondas?» no tiene respuesta, igual que no la tiene «¿qué es mejor, un destornillador o una llave?». La que sí la tiene es «¿qué aguanta este tramo?», y para contestarla hay que saber el terreno, la vegetación, la orientación y qué se mueve ahí todas las noches.

Y casi siempre se combinan dos. No es vender más: dos tecnologías que fallan por motivos distintos, exigiéndose la una a la otra, dan un perímetro que no salta con la niebla ni con el conejo y sí salta con la persona. El precio es algo de sensibilidad, y es decisión por tramo.

El reparto típico: la valla con una tecnología, el hueco entre naves con otra, la cubierta plana con un escáner, la puerta de camiones con barreras, y cámaras encima de todo. No vamos a decir que esta marca sea mejor que las otras cuatro; sí para qué sirve su catálogo: cuando un recinto pide tres tecnologías, tenerlas en una casa ahorra piezas y repuestos.

Qué hacemos nosotros con ella.

  • El recorrido del perímetro a pie, tramo por tramo, antes de mirar ningún catálogo: pendiente, vegetación, dónde se encharca, qué se mueve de noche y por dónde se entra de verdad. De noche, y en la temporada mala si la hay.
  • El proyecto con los solapes dibujados, las zonas muertas marcadas, qué tramos exigen coincidencia de dos tecnologías, y qué cámara mira cada tramo — decidido en el mismo plano.
  • La obra que sostiene la detección: postes rígidos anclados a hormigón, canalización estanca, alimentación con respaldo, antimanipulación en cada caja y drenaje donde se encharca. El drenaje es obra civil y es parte de la detección.
  • La puesta en marcha con acta escrita antes: andando, corriendo, a gatas, por los bordes de cada tramo y en las uniones, con hora y resultado. Lo que no está en el acta no se probó.
  • El ajuste estacional en el contrato desde el principio: el sol cambia de ángulo, la vegetación crece y el poste alineado en septiembre no lo está en enero. Si esa visita no está escrita, no se hace.
  • Y la limpieza de ópticas como tarea con nombre propio. Parece una tontería hasta que un perímetro entero da avisos una semana por una telaraña.

El grado, la central receptora y el después.

Un detector de exterior es una zona de una central. Las normas EN 50131 clasifican los sistemas en grados de seguridad, y cada grado exige cosas concretas a los equipos, al cableado, a la alimentación y a la manipulación. Qué grado soporta cada modelo se lee en su documentación; que la instalación cumpla ese grado es otra cosa. Aquí no decimos cuál entregamos: depende del proyecto, y lo afirma por escrito quien firma.

Conectar a una central receptora es una decisión aparte, con su normativa y su contrato. En exterior hay que escribir además qué se hace con un aviso de fuera, que no se trata igual que uno de dentro. Quién presta ese servicio se concreta en una oferta, no en una web.

Y el después: el día a día lo lleva el cliente, pero no toca la sensibilidad de un detector de exterior ni su alineación. Tocarlo sin saber qué se toca es la forma más rápida de que ese tramo deje de detectar sin que nadie se entere. Igual con las anulaciones: el tramo que se anuló «un día» es exactamente por donde se entra. Cada una con fecha de caducidad y con su fecha en el informe.

Empezar

¿Cuántas veces saltó tu perímetro esta semana?

Ese número dice más que cualquier ficha técnica. Cuéntanos cuántos metros hay que cubrir, qué terreno es, qué hay puesto ahora y cuántos avisos eran de verdad. Te decimos qué tecnología pide cada tramo y si con ajustes ya se arregla.