Control de accesos · SALTO · Space, KS y Homelok
Doscientas puertas controladas sin tirar un cable.
SALTO no es una plataforma con cerraduras: es una cerradura electrónica con una plataforma detrás. Eso permite controlar puertas donde cablear era imposible, y trae una contrapartida que hay que entender antes de firmar.
Qué es, y qué problema resuelve.
El problema es el cable. Controlar una puerta de la forma clásica significa llevar corriente y datos hasta ella, y hay edificios donde eso no se puede hacer.
Un control de accesos cableado pide, en cada puerta, una cerradura eléctrica, un lector, un cable hasta un armario y corriente. En obra nueva es lo normal. En un edificio en funcionamiento, en uno protegido, en un hotel lleno o en una planta alquilada, eso es una obra que nadie va a autorizar.
SALTO resuelve por otro lado: la electrónica va dentro de la propia cerradura o del cilindro, con su pila y su lector, y se monta en el hueco que la puerta ya tiene. Sin cable, sin armario y sin corriente. Lo que antes eran doscientas puertas imposibles son doscientas puertas controladas en unos días.
De ahí los sitios donde aparece: hoteles, residencias, edificios protegidos, oficinas en alquiler, clínicas y taquillas. Y la gestión tiene tres caras según el caso: Space con servidor propio, KS como servicio en la nube y Homelok para vivienda.
Cómo funciona, y por qué es distinto.
La idea central es que el permiso viaja en la credencial. La cerradura no está conectada a nada: lee la tarjeta o el móvil, comprueba lo que la credencial trae escrito —a qué puertas y en qué horario— y abre o no abre. El registro de lo que ha pasado se queda dentro de la cerradura y se recoge después.
Junto a eso hay puertas en línea, por cable o sin cable, que sí se enteran al momento de lo que se decide en la plataforma. Una instalación real es una mezcla de las dos cosas, y acertar con la mezcla es el proyecto entero: no es presupuesto, es qué puertas no pueden esperar.
Una ventaja que se agradece y que casi nunca está en la comparación: una cerradura electrónica permite salir siempre desde dentro por la propia mecánica, y tiene llave de emergencia. Frente a una ventosa o una cerradura eléctrica, eso quita de encima media conversación de evacuación.
Cuatro preguntas de ficha técnica.
- Qué puerta es cada puerta, en carpintería: tipo de hoja, espesor, herraje y si es cortafuegos. Una puerta con certificado no admite cualquier cosa, y el certificado manda sobre el catálogo.
- Qué puertas van en línea y cuáles no, y quién firma esa lista. Es la decisión que más pesa en la vida del sistema.
- Vida de las pilas en uso real, cómo avisa la cerradura antes de agotarse y cómo se abre si se agota del todo. Con un calendario de sustitución, no con un «ya avisará».
- Cuántos eventos guarda cada cerradura y cómo se recogen. Si hace falta auditoría seria de puertas interiores, eso se comprueba antes y no después.
Lo que cuesta no tener cable.
Esta sección es la razón por la que conviene leer esta página entera. No es una pega menor: es cómo se diseña bien esto.
Quitar a alguien el acceso no es instantáneo en las puertas que no están conectadas. La cerradura no sabe que has dado de baja esa tarjeta: lo sabrá cuando reciba esa información, y la recibe por donde pasan las credenciales. Mientras tanto, esa puerta interior sigue abriéndose. Quien no cuenta esto antes de firmar, lo cuenta después peor.
Y así se diseña en consecuencia, que es lo que no está en el folleto: las puertas de calle y las sensibles van en línea; las interiores, no. Y el lector de la entrada hace el trabajo de actualizar las credenciales de todo el que llega por la mañana, de modo que los cambios se reparten solos por el edificio. Con ese patrón el retraso deja de importar — salvo para quien no pasa por la entrada, y ésa es la pregunta que hay que hacerse puerta por puerta.
Las otras dos contrapartidas: las pilas se gastan, así que hay calendario de sustitución y no reacción a un aviso; y el registro de una puerta no conectada vive en la cerradura, con capacidad limitada, y hay que ir a por él. Y si la gestión se elige en nube, vuelve la conversación de siempre: región de alojamiento, contrato de encargado y transferencias, por escrito.
Para quién encaja, y para quién no.
Encaja donde el cable es el problema y donde las credenciales circulan mucho. En un hotel es casi la definición del producto: la tarjeta caduca a la hora de salida y recepción la emite en el momento. Igual en residencias, edificios protegidos y oficinas en alquiler.
No encaja como sistema único donde hace falta lógica en tiempo real en todas las puertas: esclusas, recuento de evacuación fino, revocación inmediata en cualquier punto. Se puede forzar poniéndolo todo en línea, y entonces se pierde el motivo por el que se eligió.
Lo normal, y es la recomendación honesta, no es SALTO en vez de una plataforma: es SALTO para las puertas que no se van a cablear, dentro de una instalación donde otra cosa lleva el perímetro y las zonas críticas. Eso sí obliga a hablar de integración, y ahí hay letra pequeña.
Qué hacemos nosotros con ella.
- El levantamiento de puertas, que aquí es carpintería antes que electrónica: hoja, espesor, herraje, sentido, condición cortafuegos. Es donde se atascan estos proyectos, y se resuelve midiendo, no pidiendo.
- El diseño de la mezcla: qué puertas en línea, cuáles no, dónde se ponen los puntos que actualizan las credenciales y cuánto retraso se acepta en cada zona. Escrito y firmado por quien responde de la seguridad del sitio.
- El montaje y la puesta en marcha: cerraduras y cilindros, puertas en línea, emisión de credenciales, horarios y grupos, y prueba puerta por puerta con acta.
- La integración que haga falta: con el sistema de reservas en hotel, o con la plataforma que ya lleve el resto del edificio. Probada en maqueta y con sus límites escritos.
- El mantenimiento, que en cerradura electrónica es distinto: calendario de pilas, estado de herrajes, recogida de registros, revisión del listado de credenciales y control de las llaves de emergencia.
Quién la configura cuando nos vamos.
Aquí lo lleva el cliente más que en ninguna otra, porque el día a día es emitir credenciales. Pero hay una cosa que no puede perder.
En un hotel, recepción emite tarjetas todo el día sin llamar a nadie, y eso funciona desde el primer turno. En una empresa, las altas y las bajas, los grupos, los horarios y los permisos por puerta los lleva el equipo del cliente, normalmente personal o informática, con seguridad decidiendo quién entra dónde.
Lo que no toca el cliente: inicializar una cerradura nueva, cambiar el esquema de la instalación, añadir puertas en línea o modificar la integración. Y hay algo específico de este tipo de sistema que conviene saber: existe una clave propia de la instalación, la que hace que tus cerraduras sólo acepten tus credenciales. Eso se custodia, se documenta y se deja a nombre del cliente. Perderla no es un inconveniente: es un problema caro.
La formación aquí es concreta y corta, y se agradece por escrito: emitir y anular credenciales, saber cuánto tarda una baja en hacerse efectiva en cada tipo de puerta, cambiar una pila, abrir con la llave de emergencia y recoger el registro de una cerradura. Y la documentación: mapa de puertas con su modo, calendario de pilas y dónde están las llaves.
Venir de otra cosa.
Viniendo de llave mecánica, que es el caso más frecuente, se conserva la puerta y a veces el herraje, y desaparece el amaestramiento. Ahí hay una decisión que se olvida siempre: qué se hace con las llaves que están fuera, en manos de gente que ya no debería tenerlas. Ése es el problema por el que se llamó, y sólo se resuelve si no se deja el bombín antiguo «por si acaso».
Y la integración con una plataforma de accesos ya instalada, que es donde se tropieza: el fabricante puede llamarla certificada y normalmente funciona para distribuir credenciales y abrir puertas, pero no da paridad de funciones. Acabas haciendo algunas cosas en una consola y otras en la otra. Eso se dice antes, se prueba en maqueta y se escribe en el acta, porque es lo que el cliente va a notar todas las semanas.
Las otras seis de este grupo.
Las otras seis son plataformas: cuatro de nube o híbridas, una de edificio grande y una que viene del vídeo. Ésta viene de la cerradura, y muchas veces conviven.
Empezar
¿Cuántas de tus puertas no se pueden cablear?
Ésa es la pregunta que decide si esto es lo tuyo. Cuéntanos cuántas puertas hay, cómo son —si alguna es cortafuegos, mejor— y qué sistema lleva hoy el perímetro, y te decimos qué se resuelve con cerradura electrónica y qué no.