Puertos y terminales
Maquinaria pesada, colas de acceso y ocupación de explanada.
Ruby Neural
Carretillas, toros y vehículos de planta: por dónde van, cuánto están parados y en qué zonas entran.
En una planta con doce carretillas, saber dónde está cada una se resuelve por radio. Funciona, y consume una conversación cada vez.
Lo que no se resuelve por radio es lo otro: cuánto tiempo están paradas, cuántos kilómetros hacen en vacío y por qué zonas pasan que no deberían.
Poner un sistema de localización en la flota es un proyecto. Las cámaras ya están puestas.
Se marcan las zonas y los pasos. A partir de ahí se sabe qué máquina pasa por dónde, cuántas veces y cuánto se queda.
Con eso salen dos cosas: la operativa —dónde hay una libre ahora— y la de fondo, que es la que ahorra dinero: cuántos trayectos se hacen en vacío y qué rutas se repiten.
Y las zonas donde una carretilla no debería entrar dejan de depender de que el conductor se acuerde.
Lo que Ruby Neural entiende
Logística, carga y almacén.
Cada una es una grabación del sistema funcionando. Pasa el ratón por encima —o tabula hasta ella— para verla en movimiento.
En una planta de fabricación, el 38 % de los trayectos de carretilla medidos en una semana eran en vacío. La mitad de esos iban del punto A al punto B por la mañana y de B a A por la tarde, siempre a la misma hora.
Era una consecuencia de cómo estaba puesto el almacén intermedio. Moverlo veinte metros quitó unos ochenta trayectos vacíos al día.
Maquinaria pesada, colas de acceso y ocupación de explanada.
Flota interna, tráfico de camiones y parking de espera.
Puntos de recarga, ocupación y vehículos que ya han terminado de cargar.
Dúmperes, rutas repetidas y báscula con lectura de matrícula.
Carretillas entre puestos, trayectos en vacío y zonas de paso.
Toros y transpaletas por pasillo, y tiempo parado en playa.
Maquinaria pesada, radios de giro y zonas de exclusión.
Vehículos de rampa y ocupación de puesto de estacionamiento.
El motivo por el que casi nadie mide esto es que se da por hecho el resultado: «las carretillas están ocupadas todo el día». Y suele ser verdad — están ocupadas. La pregunta es en qué.
Cuando aparece que un tercio de los trayectos son en vacío, la reacción no suele ser comprar menos máquinas: es mover un almacén intermedio, cambiar un horario de reposición o dejar de bajar a por una cosa cada vez.
Y eso son decisiones que no cuestan dinero, que es lo que las hace interesantes.
Una planta grande tiene dos tráficos distintos y suele gestionar solo uno. Dentro, carretillas y maquinaria; fuera, camiones que entran, esperan, pesan y salen.
El de fuera es el que genera colas en la vía pública y llamadas del ayuntamiento. Contando camiones en la entrada y midiendo la cola se puede regular la llegada por franjas antes de que el tapón exista.
Y el de dentro es el que decide cuánto se tarda en mover una tonelada de un sitio a otro, que es un coste que casi nadie tiene medido.
En cruces internos, en accesos y en rampas de una sola dirección, la solución habitual es un semáforo con tiempos fijos. Funciona con el tráfico medio y falla con el real.
Si el semáforo sabe qué hay esperando a cada lado, puede dar paso al que lo necesita. Y puede dar preferencia por tipo: primero el camión cisterna, después la carretilla.
Eso no es un proyecto de tráfico: es la cámara que ya está mirando el cruce, conectada al semáforo que ya está puesto.
Con flotas que se están electrificando aparece un problema nuevo: los puntos de recarga son pocos y se quedan ocupados por vehículos que ya han terminado de cargar.
Sabiendo qué plaza está ocupada, por qué vehículo y desde cuándo, se puede avisar cuando un punto lleva parado sin cargar. Es la diferencia entre tener seis cargadores y tener seis cargadores disponibles.
Y lo mismo con el parking de camiones: plazas libres, tiempo de estancia y ocupación por franja.
Con el número virtual por vehículo, la traza deja de ser «han pasado 40 carretillas» y pasa a ser el recorrido de cada una a lo largo del turno.
Ahí aparecen los patrones que nadie ve desde dentro: dos máquinas haciendo el mismo trayecto en sentidos opuestos, una ruta que pasa tres veces por el mismo punto, un almacén intermedio mal colocado.
Casi siempre la conclusión no es comprar otra carretilla: es mover algo veinte metros.
Casos grabados
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El número virtual vive dentro de la zona cubierta. Si una carretilla sale del alcance de las cámaras y vuelve media hora después, para el sistema puede ser otra: enlazar los dos tramos exige que haya cámara en el camino.
Y la lectura de matrícula tiene sus condiciones —ángulo, distancia, luz— y sus reglas de tratamiento de datos, que no son las mismas que contar vehículos. Es una instalación aparte y se dice así desde el principio.
Otras cosas que la misma familia entiende, sobre las mismas cámaras.
Casi nunca todas, y a veces ninguna. Lo que decide no es la marca ni los megapíxeles: es el ángulo, la distancia y la luz. Una cámara modesta bien puesta sirve mejor que una buena mirando desde donde no toca.
Lo primero que pedimos es una imagen de la cámara tal cual está. Con eso se ve si da, si hay que moverla o si hace falta otra. Y si hace falta otra, se dice entonces y no después de firmar.
Donde haga falta. Puede ser en un equipo en la propia instalación, sin que la imagen salga de ahí, o en servidor. En instalaciones donde el vídeo no puede salir por política o por normativa, se procesa dentro y punto.
Lo que sale hacia fuera en ese caso no es imagen: son los avisos y los números.
Nada de esto identifica a personas. Se distinguen figuras, posturas, objetos y vehículos, no caras ni nombres.
Aun así, un sistema que trata imágenes de un centro de trabajo tiene sus obligaciones: informar, definir para qué se usa y cuánto se guarda. Eso se resuelve al principio, con quien lleve la protección de datos en la empresa, y no es un trámite que se deje para el final.
No hace falta cubrir toda la planta. Con cámaras en los puntos de paso —cruces, accesos a pasillo, entradas de zona— sale el recorrido por tramos, que para decidir es suficiente.
Cubrir cada metro sería un sistema de localización, y para eso hay otras tecnologías más baratas que llenar la nave de cámaras.
Dentro de la zona cubierta, sí. Si el vehículo sale del alcance y vuelve mucho después, puede recibir otro identificador.
Cuando hace falta seguirlo de verdad —para medir uso por máquina— se le pinta un número grande o se le pone un color, y entonces el identificador se ata a la máquina concreta.
Detectar exceso, sí; limitarlo, no desde la cámara. Lo que se hace es avisar en la zona con una baliza y registrar la incidencia.
Limitar de verdad exige un dispositivo en la máquina, que es otra instalación y otro proveedor.
Se leen en accesos y en báscula, con cámara y ángulo específicos para eso. No es la misma cámara que cuenta el tráfico interno.
Y tiene implicaciones de tratamiento de datos que hay que resolver antes: qué se guarda, cuánto tiempo y para qué. Eso se define con la empresa, no se decide sobre la marcha.
Sí, si hay semáforo y una entrada donde mandar la orden. El sistema ve qué hay esperando en cada rama y da paso en consecuencia, con prioridad por tipo de vehículo si se quiere.
Es de las cosas que más se notan en el día a día y de las más baratas de montar, porque el semáforo y la cámara suelen estar ya.
Dentro de una nave, el GPS no funciona bien: el techo y la estructura lo degradan. Hay sistemas de localización interior y funcionan, pero son un proyecto con balizas y etiquetas.
Las cámaras ya están puestas. No dan la posición continua, dan los pasos por los puntos que importan, que para casi todas las decisiones es suficiente.
Sí, con número virtual. El sistema le asigna un identificador a cada vehículo la primera vez que lo ve y lo mantiene mientras siga dentro de la zona cubierta. No hace falta pegarle nada ni instalar un equipo a bordo.
Eso es lo que permite pasar de «han pasado 40 carretillas» a «la número 3 ha hecho 18 trayectos y 11 fueron en vacío».
Si el vehículo lleva además una marca visible —un número pintado, un color— el identificador se puede atar a la máquina concreta y sobrevive a salir y volver.
Estima velocidad aparente, que sirve para detectar excesos evidentes en zonas limitadas. No es un radar y no da un número que valga para sancionar.
A través de una baliza o una señal luminosa en la zona, sí. Dentro de la cabina hace falta un dispositivo, y eso es otra instalación.
Empezar
Esto ya está grabado funcionando. Lo que falta es ver si tu cámara lo permite: dónde está puesta, qué ángulo tiene y qué se ve desde ahí. Si no da, te lo decimos.