WestPoint · Redes · TP-Link Omada
Una sola consola para el switch, el Wi-Fi y el router.
Gama de entrada gobernada desde una única controladora: conmutación con corriente por el cable, puntos de acceso y pasarela, todo en la misma pantalla. Muy cómodo en instalaciones pequeñas, con límites que hay que conocer.
Qué clase de gama es.
Lo que la define no es el equipo: es la controladora que lo gobierna.
Omada es la gama de TP-Link para empresa, y su idea central es que todo se administra desde el mismo sitio: los switches, los puntos de acceso Wi-Fi y la pasarela que sale a internet. Esa controladora puede ser un aparatito que se queda en el armario, un programa instalado en un ordenador o un servicio en la nube del fabricante.
La diferencia con comprar equipo suelto es de trabajo, no de prestaciones. Se adopta un equipo nuevo y hereda la configuración del sitio. Se cambia la separación de redes una vez y baja a todos. Se ve el consumo de corriente de cada puerto en la misma pantalla donde se ve cuánta gente hay en el Wi-Fi. En una instalación pequeña donde una sola persona lleva todo, esa comodidad es el argumento entero.
Y hay que decir lo que es: gama de entrada. No significa mala; significa dimensionada para instalaciones pequeñas y medianas con un uso normal, y que cuando se sale de ahí se nota. Dónde está ese borde es lo que cuenta el resto de la página.
Dónde encaja bien, de verdad.
Hay instalaciones donde ésta es la elección correcta y cualquier otra cosa es gastar de más.
Cuando el Wi-Fi y las cámaras son el mismo proyecto y los lleva la misma persona, que pasa constantemente: un hotel pequeño, una clínica, un colegio, un restaurante, una nave con oficina, una comunidad. Ahí tener una sola consola para el Wi-Fi de los clientes, la red de los ordenadores y la red de las cámaras ahorra tiempo todas las semanas.
Cuando hay varios sitios pequeños con la misma configuración —una cadena de locales, varias delegaciones—, porque la controladora en nube permite tenerlos a la vista y replicar la configuración en vez de reinventarla en cada uno.
Y cuando el presupuesto está medido y la alternativa real no es equipo mejor: es menos cámaras o una red sin gestionar. Entre una caja que reparte y no cuenta nada y un switch de esta gama con redes separadas y visibilidad por puerto, la segunda es mejor red por poco más dinero, y eso hay que decirlo igual que se dicen los límites.
La controladora es la virtud y el punto único.
Conviene entender qué pasa el día que la controladora no está.
Si se apaga o se pierde la conexión con ella, los switches siguen pasando tráfico y los puntos de acceso siguen dando Wi-Fi: la red no se cae. Lo que se pierde es el gobierno —no se cambia nada de forma centralizada y se deja de ver lo que pasa—. Es soportable, pero hay que tenerlo decidido.
De ahí salen dos decisiones que tomamos siempre. Dónde vive la controladora y quién la respalda: si es un programa en el ordenador de alguien, ese ordenador es parte de la instalación de seguridad, y eso casi nunca está escrito en ninguna parte. Y la importante: la controladora no se publica en internet. Es la pieza que gobierna la red entera, y en esta gama es donde más veces nos hemos encontrado consolas alcanzables desde fuera con una contraseña mediocre, por la prisa de poder entrar a mirar. Si hay que llegar desde fuera, se llega por un túnel cifrado. Y la cámara no se publica, nunca.
Y en la gama de entrada hay un tercer asunto, de higiene: el ritmo con el que se actualiza el equipo. Estos aparatos reciben correcciones, y una red de cámaras con equipo sin actualizar durante años es el camino más cómodo para entrar en una instalación. Actualizar es un procedimiento con ventana y con vuelta atrás, no algo que se hace cuando sobra un rato.
Corriente y caudal, que aquí tienen un invitado más.
El mismo asunto que en cualquier gama de acceso, con una particularidad: el Wi-Fi también come.
El switch tiene un total de corriente para repartir entre todos sus puertos, y ese total se agota antes de que todos den su máximo; cuando se agota, deja puertos sin alimentar según una prioridad que nadie ha configurado. Y el consumo de las cámaras en una noche de helada es bastante mayor que el de la tarde de pruebas: de ahí los reinicios de madrugada que por la mañana no dejan rastro.
La particularidad es que los puntos de acceso Wi-Fi también se alimentan por el cable de red y también salen del mismo total. Y son lo primero que se amplía, porque el Wi-Fi nunca llega a todas partes el primer año. Así que la cuenta hay que hacerla contando con los puntos de acceso que todavía no están, o la ampliación del Wi-Fi apagará una cámara sin que nadie relacione las dos cosas.
Del caudal, lo mismo que en cualquier gama de acceso y un apunte propio: aquí el tráfico de los invitados de un hotel o de los portátiles de un colegio entra por los mismos puertos que el vídeo. Separar las redes no crea capacidad y la prioridad tampoco: sólo deciden quién se queda fuera cuando no cabe todo. El puerto de salida del armario tiene que ser más rápido que los de acceso, y con muchas cámaras, bastante más.
Dónde no la pondríamos.
Cuatro casos, y el último es de trato y no de técnica.
En el cuadro de una nave, en un armario de calle o en cualquier sitio con calor, polvo o vibración. No es equipo industrial y no pretende serlo, y meterlo ahí produce la avería que no se encuentra.
Donde el corte de un cable no puede costar segundos de grabación: esta gama hace caminos alternativos con el mecanismo genérico, que tarda segundos, y eso en vídeo son huecos y avisos en avalancha.
Donde el vídeo es el negocio: una instalación grande, con muchas cámaras por armario y un centro de control atendido. Ahí hacen falta la capacidad interna, la redundancia y el contrato de soporte de otra gama, y el repuesto no puede depender de un envío.
Y donde ya hay un departamento de TI con su casa de red, su política de acceso y su gente formada. Llegar ahí con una segunda consola que gobierna un trozo de la red es la forma más rápida de atascar el proyecto, y además tienen razón: una red con dos gobiernos es una red con dos culpables. Si lo que tienen aguanta el vídeo, se monta sobre lo suyo.
Lo que decide el proyecto de verdad.
Cinco cosas, y dos son de la controladora.
- Dónde vive la controladora, quién la respalda y qué pasa el día que no está.
- Que la controladora no esté alcanzable desde internet, y que el acceso desde fuera vaya por un túnel cifrado. En esta gama es el fallo que más veces hemos encontrado.
- El total de corriente del switch contando las cámaras de invierno y los puntos de acceso que se van a añadir después.
- La velocidad del puerto de salida del armario, con el Wi-Fi y las cámaras compartiendo switch.
- Quién actualiza el equipo y cada cuánto, con ventana y con vuelta atrás.
Quién la administra cuando nos vamos.
Casi siempre el cliente, y en esta gama eso es parte de lo que se compra.
La consola está hecha para que la lleve una persona que tiene otras cosas que hacer, y cumple. El día a día —ver puertos y consumo, reiniciar una cámara apagando su puerto, dar de alta un punto de acceso, cambiar la clave del Wi-Fi de invitados, añadir una cámara a su red— lo lleva el cliente con una sesión de una hora y un procedimiento corto. Entregamos su cuenta de administrador con su contraseña, la configuración exportada y el inventario de qué hay en cada puerto.
La frontera está en tres sitios. La separación de redes y las reglas de quién habla con qué, porque un cambio rápido ahí deja la red funcionando y con la frontera abierta. El acceso desde fuera, por lo mismo y más. Y la cuenta de corriente cuando se amplía, que es aritmética: cada punto de acceso nuevo y cada cámara nueva salen del mismo bote.
Y si en tu casa ya hay un equipo de TI con su marca y su forma de trabajar, nos adaptamos a eso. Esta gama tiene sentido cuando simplifica la vida de quien va a cuidar la red; si quien la va a cuidar ya tiene su consola, añadir una segunda no simplifica nada, la complica. Lo que llevamos entonces es la cuenta hecha de cuánto vídeo vamos a meter en su red y qué no le vamos a pedir nunca, y si su equipo no da para eso, se dice con los números encima de la mesa y antes de firmar.
Dónde seguir.
La separación de redes y el presupuesto de corriente se deciden antes de elegir marca. De eso habla el área.
Empezar
¿El Wi-Fi y las cámaras son el mismo proyecto?
Cuéntanos cuántas cámaras hay, cuántos puntos de acceso, de qué switch cuelga todo y quién va a administrarlo cuando esté montado. Con eso te decimos si esta gama te resuelve el caso, dónde se va a quedar corta y qué hay que dejar escrito para que no se degrade en un año.