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Mucho caudal, vanos cortos, y la lluvia manda.
Radioenlaces de onda milimétrica: un haz muy estrecho en bandas muy altas, con mucha capacidad y poca interferencia. Y con una condición que no se puede disimular, porque decide el diseño entero.
Qué clase de casa es.
Una casa especializada en una sola cosa: enlaces de onda milimétrica.
La onda milimétrica trabaja en bandas mucho más altas que el radioenlace corriente, y eso tiene tres consecuencias que van juntas. Hay muchísimo sitio en esas bandas, así que se puede llevar bastante más caudal. El haz es un lápiz y no un cono, así que casi no hay interferencia de nadie: tendría que estar exactamente en tu línea. Y esas ondas se quedan por el camino enseguida, así que los vanos son cortos.
El formato habitual es una caja pequeña con la antena integrada, de las que se atornillan a un peto o a un poste y se alimentan por el propio cable de red, montadas en parejas y mirándose. En seguridad aparece en un caso concreto y cada vez más frecuente: hay que llevar muchas cámaras de un edificio a otro, la distancia es corta, hay vista de tejado a tejado, y entre los dos hay una calle, una vía de tren o una parcela ajena que hace imposible la obra.
La lluvia, que es lo primero.
Va antes que cualquier prestación, porque decide la longitud del vano y hay quien lo cuenta al final.
En estas bandas la lluvia intensa absorbe la señal. No es un matiz: es el factor que manda en el diseño. Una llovizna no se nota; una tormenta fuerte puede bajar el enlace a una fracción de su capacidad, o tirarlo. Y cuanto más largo es el vano, más lluvia tiene dentro y más cae.
Por eso el diseño no se hace con la distancia que el equipo «alcanza», sino al revés: se parte de cuántas horas al año se acepta que el enlace vaya degradado, se mira qué clase de lluvia cae en ese sitio, y de ahí sale cuánto puede medir el vano. El mismo par de equipos da un vano bastante más largo en un sitio seco que en uno de tormentas gordas. Quien te proponga un vano sin esa cuenta te está vendiendo una distancia de catálogo.
Y de aquí sale una decisión de arquitectura que conviene tomar en el mismo momento: qué pasa con la grabación la tarde que caiga esa tormenta. La respuesta que damos casi siempre es que el vídeo se grabe también en el extremo, de modo que el enlace transporte lo que se está mirando y los avisos, y que los huecos se recuperen cuando la lluvia pase. Con eso, la peor tormenta del año es una hora sin directo y no una hora sin grabación. Sin eso, la meteorología decide qué se guarda.
El haz es un lápiz: la ventaja y el problema.
Lo que hace bueno a este enlace es lo mismo que lo hace intolerante.
La ventaja: como el haz es tan estrecho, el aire está prácticamente limpio. No hay que pelear con el polígono de al lado ni con el enlace que alguien montó en noviembre, que es la plaga de las bandas libres convencionales.
El problema es el mismo dato visto del otro lado: apuntar es mucho menos tolerante y moverse no es una opción. Unas décimas de grado importan, y eso convierte el soporte en parte del enlace: un mástil que flexiona con el viento, una abrazadera a medio apretar, un peto que se mueve con el sol, un poste compartido con un cartel. Todo eso, que una banda baja perdona, aquí se traduce en un enlace que va y viene según el día y según la hora.
Y el despeje es igual de estricto. En banda baja se habla de dejar espacio alrededor de la línea; aquí, directamente, no puede haber nada: ni una rama, ni una grúa que trabaje dos semanas en medio, ni un camión alto si el vano pasa bajo. Una hoja en el camino no atenúa un poco: corta. Conviene mirar también qué se va a construir en medio, porque un edificio nuevo no se negocia.
Y el permiso, que se pregunta antes.
Según el país y la banda, el uso de estas frecuencias puede estar coordinado.
No todas las bandas de onda milimétrica funcionan igual desde el punto de vista administrativo: algunas se usan libremente y otras están sujetas a coordinación o a algún trámite de registro del enlace, y eso depende del país y de la banda concreta. No es un obstáculo, es papeleo previsible, pero tiene plazo.
Lo tratamos como cualquier otra condición del proyecto: se pregunta al principio, se comprueba qué aplica en ese emplazamiento y se mete el plazo en el calendario de la obra. Descubrirlo al final es lo que convierte una instalación de una semana en una espera de un mes con el material ya comprado.
Cómo se administra.
Poco que administrar, y eso es bueno. Lo que hay que saber leer es la señal.
Cada extremo tiene su consola por navegador —estado del enlace, calidad de la señal, caudal que pasa y registro de cómo ha ido—, herramientas de alineación en el propio equipo, que es lo que se usa en el tejado, y gestión centralizada para ver varios enlaces.
Lo que de verdad hay que dejar montado es la vigilancia de la señal a lo largo del tiempo. Un enlace de onda milimétrica no se degrada poco a poco: o va o no va. Pero el margen sí baja —porque un soporte cede, porque crece algo, porque se ensucia el radomo—, y el margen que baja hoy es la tormenta que te tira el enlace en marzo. Con el histórico guardado eso se ve venir; sin él se descubre el día de la tormenta.
Y una pieza de instalación que parece menor: por el mismo cable de red sube la corriente y bajan los datos, y ese cable va a un tejado. El sellado del conector, el soporte del cable y la protección contra sobretensiones en la entrada al edificio no son accesorios: son la mitad de las averías de estos enlaces.
Dónde encaja bien.
Vanos cortos con mucho vídeo y sin posibilidad de cavar. Ése es su sitio.
Para unir dos edificios con vista de tejado a tejado cuando hay que cruzar una calle, una vía, un canal o una parcela que no es tuya, y cuando lo que tiene que pasar es el tráfico de muchas cámaras y no el de una oficina. Como sustituto de una línea alquilada entre dos sedes cercanas. Como enlace provisional mientras se hace la zanja, que es un uso muy agradecido: se monta en un día y el material se recupera después. Y como segunda ruta de una fibra.
Y en un caso de ciudad que aparece cada vez más: varias cámaras en una plaza, un mercado o un aparcamiento que hay que traer al centro de control del ayuntamiento, con tejados de por medio y sin permiso para levantar la calle.
Dónde no la pondríamos.
Cinco casos, y los cinco se detectan en la visita.
En vanos largos: esta tecnología es de distancia corta y todo lo que se estire se paga en disponibilidad el día de lluvia. Y donde no hay despeje total y permanente no hay versión suave de esto: si hay vegetación, si hay una grúa, si va a haber obra, no es el sitio. Tampoco donde el único soporte posible es un mástil que se mueve.
En sitios de lluvia muy intensa con un vano que ya iba al límite. Ahí el enlace existe once meses al año, y el mes que falta es el que alguien va a preguntar por la grabación.
Como único camino del vídeo sin grabación en el extremo. Es el error de diseño que hemos visto más veces en esta tecnología: el enlace es magnífico y la tormenta se lleva una hora de grabación que no se recupera.
Y donde hay una traza de fibra viable. Si se puede poner fibra, se pone fibra: no le afecta la lluvia, no le afecta el viento, no hay que alinearla y dura décadas. La radio entra cuando la fibra no puede, no cuando la fibra es más caro este trimestre.
Quién lo administra cuando nos vamos.
Se queda en casa del cliente sin problema, y hay una sola cosa que no.
El día a día lo lleva cualquier equipo de TI: mirar el estado, ver el caudal, consultar el histórico de señal, actualizar, reiniciar. No hay mucho que configurar en un enlace de estos una vez está apuntado, y eso es una ventaja. Se entrega la cuenta de administrador a nombre del cliente, la configuración guardada y el informe de la puesta en marcha con la señal y el margen medidos, que es el documento contra el que se comparará todo durante años.
Lo que no se queda en casa es el tejado. Alinear uno de estos enlaces es trabajo de instrumento y de paciencia, y un enlace mal apuntado parece correcto: engancha, da caudal y se cae con la primera tormenta. Igual que el diseño del vano: alargarlo, mover una antena o cambiar de banda no es un ajuste de consola, es volver a hacer la cuenta de la lluvia.
Y si tu equipo de TI ya tiene su marca de radio, nos adaptamos sin discutir. En onda milimétrica la marca decide poco: lo que decide es la longitud del vano, la lluvia del sitio, el despeje y la rigidez del soporte. Lo que no firmamos, con ninguna marca, es un vano sin esa cuenta hecha, porque el que lo paga es el que se queda sin grabación en marzo.
Dónde seguir.
Un enlace de radio es una de las decisiones del proyecto de red, y se toma con el caudal calculado delante. De eso habla el área.
Empezar
¿Dos edificios y una calle en medio?
Cuéntanos la distancia entre los dos puntos, qué hay en medio, a qué se puede atornillar una antena en cada lado y cuántas cámaras tienen que cruzar. Con eso te decimos si el vano es razonable para esta tecnología, qué pasa el día de tormenta y cómo se monta para que no se pierda grabación.