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Un radioenlace se calcula antes de comprarlo.
Enlaces de radio para cuando no hay zanja y no la va a haber: dos puntos unidos sin obra, o un mástil que reparte a varios sitios. Lo que decide si funciona se decide antes de pedir el material.
Qué clase de casa es.
Una casa de radio con gama ancha: enlaces entre dos puntos, reparto desde un mástil a varios, y también Wi-Fi.
Viene del mundo de los operadores que llevan internet donde no hay cable, y eso se nota: equipo pensado para estar en un mástil años, con herramientas de cálculo y de alineación de verdad. Hay dos formas de usarla. El punto a punto une dos sitios: una antena aquí, otra allí. El punto a multipunto pone una antena que abre un sector desde un mástil alto y varios puntos pequeños que miran hacia ella, que es la forma de llevar red a seis casetas de una finca sin seis enlaces independientes.
En seguridad aparece cuando la obra civil es imposible o absurda: una parcela al otro lado de una carretera, una cantera, un parque solar, un puerto, una obra que va a durar dos años. En esos casos la alternativa no es otra marca: es no hacerlo.
Línea de vista no es «se ven».
Aquí se cae la mitad de los enlaces que alguien dio por hechos desde un plano.
Las dos antenas tienen que verse, y eso lo sabe todo el mundo. Lo que se sabe menos es que no basta: alrededor de la línea recta que las une hay que dejar un espacio libre, una especie de huso que se ensancha en el medio del vano, y si algo entra en ese espacio el enlace se degrada aunque las antenas se sigan viendo. Eso incluye el tejado del edificio de en medio, el peto de una azotea, el borde de una loma y, muy en especial, los árboles.
Los árboles merecen párrafo aparte porque son la causa número uno de enlaces que dejan de funcionar sin que nadie toque nada. Un chopo en febrero, sin hoja, deja pasar la señal; el mismo chopo en julio es una pared de agua. Y además crece: el enlace instalado con el árbol justo por debajo de la línea funciona tres años y luego no. Cuando hay vegetación en el camino se diseña contando con el verano y con el crecimiento, o se sube la antena.
La alineación, y por qué no se hace a ojo.
Dos grados de error en una antena directiva se comen la mitad del trabajo.
Una antena de enlace concentra la energía en un haz, y cuanto más ganancia tiene, más fino hay que apuntar. Apuntar «hacia aquel edificio» a ojo puede dejar el enlace funcionando, y ése es justo el problema: funciona, nadie sospecha, y trabaja con la mitad del margen que debería. Se alinea con la lectura del propio equipo, moviendo la antena despacio, buscando el máximo y comparándolo con el valor que salió del cálculo. Si el cálculo decía una cosa y la medida da bastante menos, hay algo en el camino que no estaba en el plano. Y hay una trampa clásica en antenas de mucha ganancia: existen posiciones secundarias, a los lados de la buena, en las que el equipo también engancha y la señal parece aceptable. Un enlace alineado ahí funciona el día de la instalación y se cae con la primera lluvia.
Y una cosa de montaje, no de radio: el soporte. Un mástil que se mueve con el viento o una abrazadera apretada a medias deshacen en un mes una alineación bien hecha. El enlace se pierde y nadie piensa en el tornillo.
Interferencia, lluvia y el margen.
Las tres razones por las que un enlace que iba bien en junio se cae en noviembre.
La interferencia primero, porque es la más frecuente en las bandas de uso libre, que son las de la mayoría de estos enlaces. Esas bandas son de todos: el polígono de al lado, el vecino que monta el suyo, la instalación que se amplía. Tu enlace puede degradarse un martes de noviembre porque alguien a dos kilómetros montó el suyo en el mismo canal, y no hay nada que hayas hecho mal. Por eso se mira qué hay en el aire antes de elegir banda y canal, y por eso el enlace se deja preparado para cambiar de canal sin desmontarlo.
La lluvia después. En estas bandas resta pero no es lo determinante: pesa más en vanos largos y con lluvia intensa. Lo que sí hace mucho daño aquí es el agua donde no toca —una antena mal sellada, un conector sin protección—: la instalación mecánica decide más averías que la radio.
Y el margen, que es la idea central de esta página. Un enlace bien diseñado no se diseña para que funcione: se diseña para que funcione con bastante de sobra, porque todo lo de arriba va en la misma dirección y se acumula con el tiempo —el árbol crece, el canal se llena, el soporte cede, llega el primer invierno de verdad—. Un enlace que el día de la instalación va justo y se acepta porque «ya va» es un enlace que va a fallar, y va a fallar en la peor noche del año.
Y el detalle del punto a multipunto que casi nadie cuenta.
Importa mucho en vídeo y se descubre cuando ya está montado.
Cuando un mástil reparte a varios puntos, la capacidad de ese sector es una y se reparte entre todos. Para navegar eso va bien, porque la gente navega a ráfagas. Las cámaras hacen lo contrario: el mismo caudal las veinticuatro horas, todas a la vez y en la misma dirección.
Y la dirección es el problema. El reparto entre el sentido de bajada —del mástil a los puntos— y el de subida —de los puntos al mástil— no es mitad y mitad: está configurado, y por defecto suele favorecer la bajada, porque así navega la gente. El vídeo va en el sentido de subida, que es el pequeño. Un enlace que en una prueba de velocidad da una cifra muy buena puede dar una tercera parte en el sentido que de verdad necesitas. Se ajusta, pero hay que saber que existe y hacer la cuenta con el número de subida y no con el del folleto.
Nuestra regla en estos casos: cuando hay varias cámaras al otro lado, el vídeo se graba en el punto y por la radio viaja lo que hace falta —avisos, lo que alguien quiera ver, y la recuperación de los trozos que se piden—. Así un mal día de radio es un día sin directo y no un día sin grabación.
Dónde encaja bien, y dónde no la pondríamos.
Las dos cosas juntas, porque el límite del radioenlace es geográfico y no comercial.
Encaja donde la zanja es imposible, prohibida o absurda: cruzar una carretera, una vía, un río, una finca de otro dueño. En instalaciones extensas y con pocos edificios —canteras, parques solares, explotaciones, puertos—. En lo temporal: una obra, un recinto de eventos, una parcela mientras se tramita una línea. Y como segunda ruta de una fibra que ya existe, para que un corte de obra no deje ciega la instalación.
No la pondríamos cuando hay una traza de fibra viable y la radio se elige porque este mes sale más barata: la fibra se paga una vez y no se entera de la lluvia, de los árboles ni del vecino. No la pondríamos sin línea de vista, y en particular cuando alguien propone «pasar entre los árboles»: eso no es un enlace, es un enlace hasta julio. No la pondríamos sin haber medido el espectro y hecho el perfil del vano, porque entonces no estamos diseñando, estamos probando con el dinero del cliente. Y no como camino único de todo el vídeo de una instalación grande sin grabación en el extremo.
Lo que decide el proyecto de verdad.
Cinco cosas, y cuatro son antes de comprar.
- El perfil del vano: qué hay entre los dos puntos, a qué altura, y si el espacio alrededor de la línea queda libre también en verano y dentro de cinco años.
- La altura de las antenas. Es la variable que más arregla y la que más cuesta, porque a veces significa un mástil y un permiso.
- Qué hay en el aire en ese punto. Se mide el espectro antes de elegir banda y canal, y el enlace se deja preparado para cambiar de canal sin desmontar nada.
- El caudal que hace falta en el sentido de subida, calculado con el peor rato del día, y en punto a multipunto con todos los puntos del sector a la vez.
- El margen, y qué pasa el día que el enlace está abajo. Si la cuenta sale justa, el enlace está mal dimensionado aunque funcione el día de la prueba.
Quién lo administra cuando nos vamos.
El día a día sí. El cálculo y la alineación, no, y no por celo profesional.
La administración corriente la lleva cualquier equipo de TI: mirar el estado del enlace, la calidad de la señal y cómo ha ido el último mes, actualizar, reiniciar, cambiar de canal cuando aparece interferencia. Entregamos la cuenta de administrador a nombre del cliente, la configuración guardada y —esto es lo importante— el informe del cálculo y la medida de señal del día de la puesta en marcha. Sin ese informe, dentro de dos años alguien mirará la señal, verá un número y no sabrá si es bueno o malo; con él, comparar lleva un minuto.
La frontera está en dos sitios. El cálculo de un enlace nuevo o la modificación de uno existente —cambiar de banda, mover una antena, alargar el vano— se hace con el perfil del terreno y la medida de espectro delante; a ojo sale un enlace que funciona y no dura. Y la alineación, que es trabajo de mástil con instrumento.
Y si tu equipo ya trabaja con otra marca de radio, nos adaptamos a ella. La marca es lo menos importante de un radioenlace: lo que decide si funciona es el vano, la altura, la banda y el margen, y eso no cambia con el logotipo de la caja. Lo que no hacemos es firmar un enlace sin esa cuenta hecha, con la marca que sea.
Dónde seguir.
Antes de decidir si un tramo va por radio o por fibra conviene tener claro qué caudal va a pasar por él. De eso habla el área.
Empezar
¿Tienes que cruzar algo sin cavar?
Cuéntanos qué dos puntos hay que unir, a qué distancia, qué hay en medio, a qué altura se puede poner una antena en cada lado y cuántas cámaras van al otro lado. Con eso te decimos si el enlace es viable, con cuánto margen y qué hace falta para que aguante el primer invierno.