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WestPoint · Redes · Teltonika Networks

Con una tarjeta SIM no se sube el vídeo. Se salva todo lo demás.

Enrutadores móviles para sitios sin línea, para respaldo de la que hay y para llegar a donde no llega un cable. Útiles de verdad, y con un límite que conviene entender antes de comprarlos.

Qué clase de casa es.

Una casa lituana de enrutadores y pasarelas móviles. Equipo pequeño, pensado para armario y para estar lejos.

Hace enrutadores que llevan dentro un módem de red móvil. Hay formatos de sobremesa y hay formatos de carril para meter en un cuadro, con alimentación de corriente continua y sin ventilador, y algunos con dos ranuras de tarjeta para tener dos operadores y cambiar al segundo cuando el primero se cae.

Lo que trae a los proyectos de seguridad es una combinación concreta: precio razonable, formato industrial y una gestión a distancia que funciona de verdad sobre redes móviles, que es donde las conexiones a distancia se complican. Y se usa más de lo que se cuenta: casi cualquier instalación repartida acaba teniendo un punto al que no llega la línea de nadie —una caseta, una parcela, un aparcamiento, una obra—, y ahí no hay debate de marcas.

Lo que se puede hacer con esto, y lo que no.

Es la sección importante de la página, y va antes que las demás a propósito.

Lo que sí, y muy bien: gestión y avisos. Llegar al grabador desde fuera para mirar una configuración o bajar un trozo de grabación. Que la alarma salga hacia la central aunque la línea fija esté muerta. Mandar el aviso de un evento con una imagen, o con unos segundos de vídeo, en vez del flujo entero. Mantener en línea una barrera, un portero o un punto con dos cámaras cuyo vídeo se queda grabando allí mismo. En todos esos casos el móvil hace un trabajo que nada más puede hacer.

Lo que no, casi nunca: subir el vídeo entero. Y no es por el aparato. El sentido de subida —de tu instalación hacia fuera— es el pequeño, y el vídeo va justo en ese sentido. El medio se comparte con todo el que esté en esa celda, así que lo que se mide un martes a las once no es lo que habrá un viernes a las siete. Y las cámaras no hacen ráfagas: envían el mismo caudal todas las horas, también de madrugada y también en agosto.

A eso hay que sumarle el dinero, que es la parte que nadie presupuesta. Un flujo sostenido contra una tarifa móvil se come cualquier plan de datos en días, y lo peor no es el caso previsto: es el día que el respaldo se activa solo porque se cayó la línea fija, las cámaras siguen enviando como si nada y el consumo de un mes se va en una noche. Eso se evita con reglas escritas en el enrutador, no confiando en que no pase.

Hay matices y se dicen: con una o dos cámaras, con calidad reducida, enviando sólo cuando hay un evento y con buena cobertura, el móvil puede llevar vídeo. Lo que no hace es sustituir una línea para una instalación de verdad. Si alguien te lo ha dicho, pídele la cuenta.

La dirección que da el operador, y por qué complica el acceso.

Es el punto que más sorpresas da, y se resuelve antes de instalar o no se resuelve.

En una línea fija de empresa es normal tener una dirección pública: un número que identifica tu instalación en internet y al que se puede llamar desde fuera. En una tarjeta móvil normal eso no pasa: el operador da una dirección privada, dentro de su propia red y compartida con mucha más gente. Tu enrutador puede salir hacia fuera sin problema, pero desde fuera no hay manera de llamarle. No hay puerto que abrir, y es justo el momento en que alguien propone publicar la cámara en internet con su clave de fábrica.

Las salidas son tres y conviene decidir cuál antes de comprar nada. Pedir al operador una tarjeta con dirección fija y alcanzable, que existe y se paga. Que sea el enrutador el que llame hacia fuera y monte un túnel cifrado contra un servidor, de modo que la conexión la inicia él y nadie tiene que llamarle: es lo que hacemos casi siempre. O la gestión en nube del propio fabricante, que hace algo parecido y sirve muy bien para una flota repartida.

Cuando esto no se decide antes pasa siempre lo mismo: la tarjeta está presupuestada, el acceso no, y el día de la puesta en marcha resulta que al grabador no se llega desde la central.

La cobertura del armario no es la del móvil en la puerta.

Parece una tontería y es la causa más frecuente de que un enlace móvil vaya justo.

La cobertura se mide donde va a estar la antena, no donde está el técnico con el teléfono. Y la antena suele acabar dentro de un armario metálico, que es casi lo peor que se le puede hacer a una señal de radio, o en un sótano, o detrás de una pared de hormigón armado.

La solución habitual es antena exterior en fachada o en tejado, con el cable bajando hasta el armario. Y ahí está el detalle que se olvida: ese cable también pierde, y pierde más cuanto más largo y más fino. Un tendido mal elegido se come la ganancia de haber subido la antena. Se calcula, se elige el cable y se mide después de montarlo.

Dos cosas más que miramos siempre: con qué operador hay cobertura en ese punto concreto —se prueba allí, con tarjetas distintas y a horas distintas, no en un mapa— y si el sitio se llena de gente en determinados momentos, porque ahí la capacidad se hunde justo los días que importa.

Cómo se administra.

Navegador, configuración guardada y una gestión en nube que en una flota cambia el trabajo.

Se configura desde el navegador, y la configuración se puede sacar a un fichero y volver a cargarla, que es lo que convierte poner en marcha doce puntos iguales en hacer uno y copiar. La gestión en nube del fabricante es prescindible en un solo punto y, en quince, la diferencia entre mantenerlos y olvidarlos.

Lo que siempre configuramos y casi nadie pide: el aviso de consumo antes de llegar al límite, las reglas de qué puede salir por el móvil, y el respaldo con sus condiciones de vuelta. Un respaldo que salta solo y no vuelve solo cuando se arregla la línea fija es un recibo sorpresa a final de mes.

Dónde encaja bien, y dónde no la pondríamos.

Las dos cosas juntas, porque en esta marca la frontera es la página entera.

Encaja como respaldo de la línea fija en cualquier instalación donde avisar sea lo crítico: mientras el operador arregla su avería, la alarma sigue saliendo y se sigue pudiendo entrar a mirar. Encaja en puntos aislados donde el vídeo se graba allí mismo y por el móvil sólo viajan avisos y consultas puntuales. Encaja en instalaciones temporales —obra, evento, una parcela mientras se tramita la línea—. Y encaja para mantener en línea aparatos que necesitan poco: una barrera, un portero, un panel de alarma.

No la pondríamos como camino principal del vídeo, por todo lo que dice la segunda sección. No la pondríamos para ahorrarse una zanja que sí se puede hacer: un cable cuesta una vez y una tarifa cuesta todos los meses, y el cable no se llena de gente un viernes por la tarde. Y no la pondríamos sin haber medido en el punto exacto y con el operador concreto, porque un enlace móvil que va justo el día que se instala no va a mejorar nunca más.

Lo que decide el proyecto de verdad.

Cinco cosas, y ninguna es el enrutador.

  • Qué tiene que viajar por el móvil, escrito: avisos, acceso de gestión, imágenes de evento, directo sólo cuando alguien lo pide. Lo que no está en esa lista se bloquea en el enrutador.
  • Cómo se va a llegar desde fuera. Tarjeta con dirección alcanzable, túnel que abre el propio enrutador, o gestión en nube. Se decide antes de comprar la tarjeta.
  • Dónde va la antena y con qué cable. La cobertura se mide en el armario, no en la puerta.
  • El plan de datos, el aviso antes del límite y la regla de vuelta cuando la línea fija se arregla.
  • Qué pasa cuando el móvil tampoco está. Si el vídeo se graba en el punto, es un día sin directo. Si sólo existe al otro lado, es un día sin grabación.

Quién la administra cuando nos vamos.

Ésta es de las que más fácilmente se queda en casa del cliente, con dos cautelas.

Un equipo de TI lleva esto sin ayuda: la consola es sencilla y la lógica es la de cualquier enrutador. Cambiar una tarjeta, mirar el consumo, reiniciar a distancia, actualizar, añadir una regla: trabajo normal. Entregamos su propia cuenta, la configuración en un fichero y el inventario de qué tarjeta está en qué punto y con qué contrato, que es el dato que siempre falta cuando hay que renovar.

La primera cautela es el diseño del túnel y de quién puede llegar a qué: es la pieza por la que se entra a la instalación desde fuera, y un cambio hecho con prisa ahí no deja la red caída, deja la red abierta. La segunda es el respaldo: cuándo salta, qué se le permite pasar y cuándo vuelve es el equilibrio entre seguir avisando y no gastar un año de datos en una noche, y se entrega escrito.

Y si tu equipo de TI ya tiene su marca de enrutador y su forma de montar túneles, nos adaptamos sin discutir: el aparato concreto es lo menos importante de esta página. Lo que nos importa es que el camino que abra tu casa permita lo que la instalación de seguridad necesita —salida de alarmas con prioridad y acceso de gestión controlado— y que las reglas de consumo estén puestas. Si eso se cumple con lo que ya tienes, perfecto.

Lo que se decide antes de elegir marca

Dónde seguir.

El enlace con la calle es una de las decisiones del proyecto de red, y casi siempre la peor calculada. De eso habla el área.

Empezar

¿Tienes un punto sin línea?

Cuéntanos dónde está, cuántas cámaras hay, si el vídeo se graba allí o tiene que viajar, y qué necesitas poder hacer desde fuera. Con eso te decimos si el móvil resuelve tu caso de verdad, qué plan de datos hace falta y qué no te va a dar por ese camino.